_FC Barcelona

Tres derrotas por el precio de una

derrota2.

(De rota, fuga de un ejército, con infl. del fr. déroute).

1. f. Acción y efecto de derrotar o ser derrotado.

2. f. Mil. Vencimiento por completo de tropas enemigas, seguido por lo común de fuga desordenada.

La mentira es muchas veces un simple tema de perspectiva, sobre todo para el que miente. Todos conocemos a gente que lo ha hecho, lo hace y lo hará. En esta vida hay conceptos cómo puede ser el de ‘derrota’ que son realmente subjetivos. No es el caso del Barça ayer, que por caer, lo hizo de forma objetiva hasta de tres maneras diferentes, siendo cada una de ellas más grave que la anterior. Derrota deportiva, derrota ante la masa social y derrota por la imagen internacional proyectada.

El Barça cayó este jueves noche eliminado de la Europa League al perder ‘en su casa’ por 2-3 ante un Eintracht de Frankfurt pletórico que dio una clase magistral de contragolpe liderado por dos peloteros excelsos como son el nipón Daichi Kamada y el serbio Filip Kostic. Más allá del duro varapalo deportivo que supone esa inesperada derrota ante los alemanes, lo cierto es que a esta hora, eso tal vez sea lo de menos. Se antoja aún más grave el hecho que el chispeante Pedri González se rompiera el bíceps femoral de su muslo izquierdo. Lesión compleja que hace que sea muy complicado ver al talentoso canario en un terreno de juego hasta finales de agosto.

El partido estuvo marcado inexorablemente por la presencia de unos 30.000 aficionados alemanes que tras marchar en procesión por la Ciudad Condal tiñeron de blanco las gradas del Camp Nou. Esa presencia masiva de hinchas del Eintracht envalentonó a los jugadores del cuadro teutón, sorprendió a los jugadores blaugranas e indignó sobremanera a los aficionados del Barça que no daban crédito a lo que estaba sucediendo en las gradas de ‘su casa’. Siempre hubo turistas en el campo del Barça, sí, pero lo de ayer fue otra cosa. Fue histórico y fue bochornoso.

A la indignación de la parroquia local, se suma la imagen que el propio Barça ha proyectado al exterior. La sensación arraigada es que los socios / club mercadean con los asientos de su estadio, aunque eso pueda perjudicar a su propio equipo sobre el césped. Es el desarraigo llevado al extremo. Anteponer el dinero al sentimiento. Haaland no llegará gratis, pensará alguno que concibe el fútbol como una máquina de facturar. A la derrota deportiva, se une por tanto una derrota interna y sin paliativos en el marco de tu masa social, y el sonrojo galopante con que te proyectas a ojos del extranjero. En el fútbol puedes caer, sí, pero te vas a levantar. Todos los grandes de Europa han sufrido y sufrirán algún revés deportivo.

Mucho más difícil de enderezar, especialmente a nivel comunicativo, resultará justificar desde el club como es posible que en un estadio de 95.000 asientos, haya 30.000 que son ocupados por hinchas del rival, en un partido de cuartos de final de la Europa League y con la clasificación en jaque.

El propio Xavi Hernández pidió los días antes al duelo una presencia masiva de aficionados para arropar al equipo. Lo que se encontró el técnico egarense es a 30.000 alemanes, muy pasionales ellos y con zamarra blanca, repartidos por todo el estadio gracias a que 25.000 socios ‘culés’ pensaron que era mejor idea irse a la Costa Brava y dejar que el club gestionara ese espacio como vio oportuno. Sin obviar, que otros muchos socios gestionaron el alquiler del abono por sus medios en una práctica execrable, recurrente y habitual en Can Barça desde hace años.

El Barça debía dar 5.000 entradas al Eintracht por protocolo UEFA. ¿Cómo accedieron 25.000 alemanes más a zonas ilustres del estadio como son lateral, gol y tribuna?. Un superado y afligido Joan Laporta compareció al acabar el partido para afirmar que era un vergüenza, que lo estaban investigando y que se tomarían medidas. Lo cierto es que hay una gran masa de socios que prefieren ir a su segunda residencia que ver a su equipo. Eso no sería grave si el sitio que liberan acabará en aficionados culés que desean poder ir al coliseo blaugrana. Y créanme, ‘haberlos haylos’.

La única realidad a esta hora es que los mecanismos de ‘seient lliure’ y la gestión que hace el club del aprovechamiento de esas entradas liberadas es turbio, muy turbio. Los canales de venta directos son cuestionables y los indirectos son ciertamente opacos. Al final, los vídeos y fotografías de la marea blanca en el Camp Nou dejan retratado a un club que con la mano izquierda desea seducir a su masa social pero con la mano derecha debe cuadrar números; y los turistas son siempre bien recibidos, aunque sean 30.000 alemanes del rival de tu propio equipo.

Lo visto ayer es más grave de lo que pueda parecer, pues deja al Barça como una institución sin alma, más cerca de ser un parque temático que un club que vela por los suyos. La eliminación europea se superará y el Barça probablemente pueda competir por todo desde junio, pero la herida abierta ayer en el barcelonismo más romántico y el bochorno vivido a nivel de imagen es algo que va a costar de cicatrizar. Y es que en esta vida, los valores no se anuncian, se ejercen.

Ser más que un club también es habilitar las 25.000 entradas liberadas para que las clases populares del extrarradio barcelonés puedan acceder a ellas a precios asequibles, en vez de poner facilidades para que diferentes tour operadores y entes especuladores se puedan hacer con ellas. Puede parecer tan solo un tema ético, pero se esconden muchas cosas detrás. Corromper, mercadear y especular con las sillas de tu casa puede ser algo banal para unos y una línea roja que no debería cruzarse para otros. Lo que parece claro es que la clase y la valía de un club, también se mide por estas cosas, no solo por los títulos o la historia.



Foto cabecera: Getty Images




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(De rota, fuga de un ejército, con infl. del fr. déroute).

1. f. Acción y efecto de derrotar o ser derrotado.

2. f. Mil. Vencimiento por completo de tropas enemigas, seguido por lo común de fuga desordenada.

La mentira es muchas veces un simple tema de perspectiva, sobre todo para el que miente. Todos conocemos a gente que lo ha hecho, lo hace y lo hará. En esta vida hay conceptos cómo puede ser el de ‘derrota’ que son realmente subjetivos. No es el caso del Barça ayer, que por caer, lo hizo de forma objetiva hasta de tres maneras diferentes, siendo cada una de ellas más grave que la anterior. Derrota deportiva, derrota ante la masa social y derrota por la imagen internacional proyectada.

El Barça cayó este jueves noche eliminado de la Europa League al perder ‘en su casa’ por 2-3 ante un Eintracht de Frankfurt pletórico que dio una clase magistral de contragolpe liderado por dos peloteros excelsos como son el nipón Daichi Kamada y el serbio Filip Kostic. Más allá del duro varapalo deportivo que supone esa inesperada derrota ante los alemanes, lo cierto es que a esta hora, eso tal vez sea lo de menos. Se antoja aún más grave el hecho que el chispeante Pedri González se rompiera el bíceps femoral de su muslo izquierdo. Lesión compleja que hace que sea muy complicado ver al talentoso canario en un terreno de juego hasta finales de agosto.

El partido estuvo marcado inexorablemente por la presencia de unos 30.000 aficionados alemanes que tras marchar en procesión por la Ciudad Condal tiñeron de blanco las gradas del Camp Nou. Esa presencia masiva de hinchas del Eintracht envalentonó a los jugadores del cuadro teutón, sorprendió a los jugadores blaugranas e indignó sobremanera a los aficionados del Barça que no daban crédito a lo que estaba sucediendo en las gradas de ‘su casa’. Siempre hubo turistas en el campo del Barça, sí, pero lo de ayer fue otra cosa. Fue histórico y fue bochornoso.

A la indignación de la parroquia local, se suma la imagen que el propio Barça ha proyectado al exterior. La sensación arraigada es que los socios / club mercadean con los asientos de su estadio, aunque eso pueda perjudicar a su propio equipo sobre el césped. Es el desarraigo llevado al extremo. Anteponer el dinero al sentimiento. Haaland no llegará gratis, pensará alguno que concibe el fútbol como una máquina de facturar. A la derrota deportiva, se une por tanto una derrota interna y sin paliativos en el marco de tu masa social, y el sonrojo galopante con que te proyectas a ojos del extranjero. En el fútbol puedes caer, sí, pero te vas a levantar. Todos los grandes de Europa han sufrido y sufrirán algún revés deportivo.

Mucho más difícil de enderezar, especialmente a nivel comunicativo, resultará justificar desde el club como es posible que en un estadio de 95.000 asientos, haya 30.000 que son ocupados por hinchas del rival, en un partido de cuartos de final de la Europa League y con la clasificación en jaque.

El propio Xavi Hernández pidió los días antes al duelo una presencia masiva de aficionados para arropar al equipo. Lo que se encontró el técnico egarense es a 30.000 alemanes, muy pasionales ellos y con zamarra blanca, repartidos por todo el estadio gracias a que 25.000 socios ‘culés’ pensaron que era mejor idea irse a la Costa Brava y dejar que el club gestionara ese espacio como vio oportuno. Sin obviar, que otros muchos socios gestionaron el alquiler del abono por sus medios en una práctica execrable, recurrente y habitual en Can Barça desde hace años.

El Barça debía dar 5.000 entradas al Eintracht por protocolo UEFA. ¿Cómo accedieron 25.000 alemanes más a zonas ilustres del estadio como son lateral, gol y tribuna?. Un superado y afligido Joan Laporta compareció al acabar el partido para afirmar que era un vergüenza, que lo estaban investigando y que se tomarían medidas. Lo cierto es que hay una gran masa de socios que prefieren ir a su segunda residencia que ver a su equipo. Eso no sería grave si el sitio que liberan acabará en aficionados culés que desean poder ir al coliseo blaugrana. Y créanme, ‘haberlos haylos’.

La única realidad a esta hora es que los mecanismos de ‘seient lliure’ y la gestión que hace el club del aprovechamiento de esas entradas liberadas es turbio, muy turbio. Los canales de venta directos son cuestionables y los indirectos son ciertamente opacos. Al final, los vídeos y fotografías de la marea blanca en el Camp Nou dejan retratado a un club que con la mano izquierda desea seducir a su masa social pero con la mano derecha debe cuadrar números; y los turistas son siempre bien recibidos, aunque sean 30.000 alemanes del rival de tu propio equipo.

Lo visto ayer es más grave de lo que pueda parecer, pues deja al Barça como una institución sin alma, más cerca de ser un parque temático que un club que vela por los suyos. La eliminación europea se superará y el Barça probablemente pueda competir por todo desde junio, pero la herida abierta ayer en el barcelonismo más romántico y el bochorno vivido a nivel de imagen es algo que va a costar de cicatrizar. Y es que en esta vida, los valores no se anuncian, se ejercen.

Ser más que un club también es habilitar las 25.000 entradas liberadas para que las clases populares del extrarradio barcelonés puedan acceder a ellas a precios asequibles, en vez de poner facilidades para que diferentes tour operadores y entes especuladores se puedan hacer con ellas. Puede parecer tan solo un tema ético, pero se esconden muchas cosas detrás. Corromper, mercadear y especular con las sillas de tu casa puede ser algo banal para unos y una línea roja que no debería cruzarse para otros. Lo que parece claro es que la clase y la valía de un club, también se mide por estas cosas, no solo por los títulos o la historia.



Foto cabecera: Getty Images




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