_La Liga

Traspaso de identidad

No, el Villarreal no es ese rival molesto que te acaba desquiciando hasta marcar una rivalidad histórica de por vida. Si eres groguet quizá te llamen ‘aldeano’ por ser de una ciudad con 50.000 habitantes, a apenas 64 kilómetros al norte de la capital. Pero de ahí no pasaba. Desde su primer ascenso hace más de 20 años, el Submarino ha llegado a estar por encima del Valencia CF en más ocasiones de las que les gustaría admitir a los che, pero los títulos han sido su quimera. En ese tiempo, dos Copas del Rey y alguna de la UEFA han caído a orillas del Turia. Y entre medias, un descenso fatal que pudo enterrar cualquier éxito anterior de un equipo que parece que vivirá lo que viva la familia Roig.

Pero esta temporada puede marcar un antes y un después. La crisis institucional por la que pasa el Valencia contrasta con el mega-proyecto deportivo de un Villarreal que hoy por hoy se mira en el espejo de un club seis veces campeón de Liga. No habría lugar para el rencor ni la envidia si no fuera porque los amarillos, actuales colíderes del campeonato, son ahora un combinado de estrellas que en tiempos mejores hacían vibrar Mestalla. Que la nave la pilote Unai Emery, uno de los mejores técnicos que han pasado por el Valencia en este siglo, ya escuece. Que un central de 35 años llamado Raúl Albiol sea mejor que toda la zaga che es para que salten las lágrimas. Que Paco Alcácer y Dani Parejo, antiguos capitanes valencianistas, sean los verdugos en un derbi de la Comunitat habrá dejado tocado a más de uno.

En esa autodestrucción del Valencia los destinos podrían haber sido múltiples para aquellos futbolistas a los que se les buscó salida. Coquelin y Parejo acabaron en Villarreal y Gabriel Paulista pudo haber seguido el mismo camino. En esa ciudad de 50.000 habitantes que algunos llaman aldea se ha construido un proyecto que bien podría ser el que liderara un Javi Gracia cada vez más desconsolado. Dani se fue envuelto en lágrimas y este domingo pedía perdón por un golazo, el primero que marcaba con la camiseta amarilla. Cosas del destino, pero también de la desidia de un club que ha decidido indignar a su afición.

En el conjunto groguet, solo hay motivos para ilusionarse. El 4-0 encajado en el Camp Nou ya es historia, y el coliderato, aunque anecdótico, es un impulso moral más. Un refuerzo que invita a soñar con la Champions y con, por qué no, ese título que siempre se escapa de entre los dedos dos rondas antes de tiempo. Ante el Valencia, el Villarreal no contó con Estupiñán ni Gerard Moreno, pero fue soberanamente mejor que su rival y demostró que su fondo de armario da para mucho. Del banquillo salieron figuras como Carlos Bacca (ya totalmente recuperado) y un Kubo que comienza a dejar destellos de la impronta dejada en Mallorca, expulsión aparte. Mario y Trigueros han vuelto a su mejor versión y la pareja Albiol-Pau ya está considerada como una de las mejores de la Liga. Que la Selección se haya nutrido en las últimas convocatorias de un grueso importante de la plantilla del Submarino solo es el reflejo de que el ambicioso paso que se pedía desde hace tiempo se ha dado con creces. Falta reflejarlo en los nueve meses que dura la campaña más larga e irracional que hemos vivido nunca.

Al Valencia parece que le hubiesen robado la identidad. A Castellón se han ido sus mejores jugadores, un entrenador mediático y hasta el presupuesto de equipo grande. Los objetivos, la imagen, las internacionalidades, la competición europea, los salarios, el máximo goleador de la Liga… si se cambiaran las camisetas y retrocediéramos unos años atrás, nadie tendría duda de que el Villarreal es el Valencia y el Valencia es el Villarreal. Ya es hasta complicado no equivocarse al hablar de uno u otro jugador, de un equipo y de su vecino. Hasta en los enfrentamientos directos, antes dominados por los che (cinco partidos consecutivos sin perder, cuatro victorias) ahora se inclinan del lado amarillo (triunfos en los dos últimos).

Todo indica a que, como el curso pasado, el Villarreal volverá a estar por delante del Valencia. Ya lo es por plantilla y potencial económico. Y uno cree que sería más bonito si los dos clubes pelearan en igualdad de condiciones por ser el mejor equipo de la Comunidad Valenciana, por estar arriba cada año y por llegar lejos en Copa, Champions o Europa League. La motivación es más fuerte cuando tu mayor rival también lo es. Ojalá todo cambie pronto en el Valencia y volvamos a ver un derbi nivelado, y si puede ser, con el estadio repleto. Será bueno para para la Liga, el fútbol español y el propio Villarreal.

Imagen de cabecera: Aitor Alcalde/Getty Images

Sp_

siguenos en:

©2019 Copyright Sphera Sports | Derechos reservados

No, el Villarreal no es ese rival molesto que te acaba desquiciando hasta marcar una rivalidad histórica de por vida. Si eres groguet quizá te llamen ‘aldeano’ por ser de una ciudad con 50.000 habitantes, a apenas 64 kilómetros al norte de la capital. Pero de ahí no pasaba. Desde su primer ascenso hace más de 20 años, el Submarino ha llegado a estar por encima del Valencia CF en más ocasiones de las que les gustaría admitir a los che, pero los títulos han sido su quimera. En ese tiempo, dos Copas del Rey y alguna de la UEFA han caído a orillas del Turia. Y entre medias, un descenso fatal que pudo enterrar cualquier éxito anterior de un equipo que parece que vivirá lo que viva la familia Roig.

Pero esta temporada puede marcar un antes y un después. La crisis institucional por la que pasa el Valencia contrasta con el mega-proyecto deportivo de un Villarreal que hoy por hoy se mira en el espejo de un club seis veces campeón de Liga. No habría lugar para el rencor ni la envidia si no fuera porque los amarillos, actuales colíderes del campeonato, son ahora un combinado de estrellas que en tiempos mejores hacían vibrar Mestalla. Que la nave la pilote Unai Emery, uno de los mejores técnicos que han pasado por el Valencia en este siglo, ya escuece. Que un central de 35 años llamado Raúl Albiol sea mejor que toda la zaga che es para que salten las lágrimas. Que Paco Alcácer y Dani Parejo, antiguos capitanes valencianistas, sean los verdugos en un derbi de la Comunitat habrá dejado tocado a más de uno.

En esa autodestrucción del Valencia los destinos podrían haber sido múltiples para aquellos futbolistas a los que se les buscó salida. Coquelin y Parejo acabaron en Villarreal y Gabriel Paulista pudo haber seguido el mismo camino. En esa ciudad de 50.000 habitantes que algunos llaman aldea se ha construido un proyecto que bien podría ser el que liderara un Javi Gracia cada vez más desconsolado. Dani se fue envuelto en lágrimas y este domingo pedía perdón por un golazo, el primero que marcaba con la camiseta amarilla. Cosas del destino, pero también de la desidia de un club que ha decidido indignar a su afición.

En el conjunto groguet, solo hay motivos para ilusionarse. El 4-0 encajado en el Camp Nou ya es historia, y el coliderato, aunque anecdótico, es un impulso moral más. Un refuerzo que invita a soñar con la Champions y con, por qué no, ese título que siempre se escapa de entre los dedos dos rondas antes de tiempo. Ante el Valencia, el Villarreal no contó con Estupiñán ni Gerard Moreno, pero fue soberanamente mejor que su rival y demostró que su fondo de armario da para mucho. Del banquillo salieron figuras como Carlos Bacca (ya totalmente recuperado) y un Kubo que comienza a dejar destellos de la impronta dejada en Mallorca, expulsión aparte. Mario y Trigueros han vuelto a su mejor versión y la pareja Albiol-Pau ya está considerada como una de las mejores de la Liga. Que la Selección se haya nutrido en las últimas convocatorias de un grueso importante de la plantilla del Submarino solo es el reflejo de que el ambicioso paso que se pedía desde hace tiempo se ha dado con creces. Falta reflejarlo en los nueve meses que dura la campaña más larga e irracional que hemos vivido nunca.

Al Valencia parece que le hubiesen robado la identidad. A Castellón se han ido sus mejores jugadores, un entrenador mediático y hasta el presupuesto de equipo grande. Los objetivos, la imagen, las internacionalidades, la competición europea, los salarios, el máximo goleador de la Liga… si se cambiaran las camisetas y retrocediéramos unos años atrás, nadie tendría duda de que el Villarreal es el Valencia y el Valencia es el Villarreal. Ya es hasta complicado no equivocarse al hablar de uno u otro jugador, de un equipo y de su vecino. Hasta en los enfrentamientos directos, antes dominados por los che (cinco partidos consecutivos sin perder, cuatro victorias) ahora se inclinan del lado amarillo (triunfos en los dos últimos).

Todo indica a que, como el curso pasado, el Villarreal volverá a estar por delante del Valencia. Ya lo es por plantilla y potencial económico. Y uno cree que sería más bonito si los dos clubes pelearan en igualdad de condiciones por ser el mejor equipo de la Comunidad Valenciana, por estar arriba cada año y por llegar lejos en Copa, Champions o Europa League. La motivación es más fuerte cuando tu mayor rival también lo es. Ojalá todo cambie pronto en el Valencia y volvamos a ver un derbi nivelado, y si puede ser, con el estadio repleto. Será bueno para para la Liga, el fútbol español y el propio Villarreal.

Imagen de cabecera: Aitor Alcalde/Getty Images