_Italia

Tras los pasos de Skriniar

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 06-03-2019

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Parecía imposible que la
Sampdoria pudiera replicar un año más tarde la redonda operación que realizó en
2016 con la llegada a Génova desde el Zilina eslovaco de Milan Skriniar. Un
coste de seis millones de euros para una venta posterior al Inter a cambio de
20 millones más el pase de Gianluca Caprari dentro de una operación por un
valor superior a los 35 millones, no está nada mal. Parecía imposible volver a
rastrear con tanto tino un mercado europeo secundario para traerse de nuevo a
un central nacido en un país alejado de ser una referencia mundial con el
potencial de alcanzar y asentarse en la más pura élite. Y, sin embargo, la
Sampdoria lo ha vuelto a hacer con el danés Joachim Andersen. Cero casualidad.

Más allá del envidiable ojo de la
secretaría técnica blucerchiata, el libreto de Marco Giampaolo favorece
absolutamente la tipología de central que son tanto el eslovaco como el danés,
llegado por tan solo 1.4 millones desde el Twente neerlandés el mismo verano de
2017 en el que Skriniar puso rumbo a Milán. Después de una temporada
cocinándose a fuego lento en el fútbol elaborado y propositivo pero de una
clara esencia vertical de la medular hacia adelante que enarbola su entrenador
y que tanta importancia le da por ese mismo motivo a una salida desde atrás
bien ejecutada, ambiciosa y técnica que después se convierte en todo un arma en
campo contrario; Andersen se está convirtiendo a sus 22 años en el central
joven de la Serie A de mayor proyección de todos junto a Nikola Milenkovic.

Joachim Andersen es un central de
mucha personalidad, al que le gusta abanderar y capitanear una línea defensiva
muy proactiva con el balón. Al danés le encanta tirar de la línea defensiva con
su conducción y es muy ágil en ese tipo de labores que le exige el sistema de
la Sampdoria para ganar metros y hacer retroceder el bloque adversario. Además,
el hecho de que en Italia no se suela presionar arriba intensamente como norma
general, le beneficia enormemente para asomarse hasta la medular, el lugar que
más pisa de todo el campo y el lugar desde donde le gusta iniciar la maniobra
ofensiva gracias a su facilidad para filtrar balones verticales. Una fantástica
virtud para un central moderno que le concede al rombo de Giampaolo un gran
dominio territorial desde la gestación de cada jugada.

Su excelente y adelantado primer
pase hacia campo contrario le da a la estructura táctica y a la forma de atacar
de su equipo la posibilidad, por un lado, de desplegarse de forma rápida e
incisiva, y por el otro, en ataques más posicionales, de situar muy arriba a
sus enérgicos interiores –Praet y Linetty– para que estos puedan recibir
abiertos y ya entre líneas en tres cuartos de cancha directamente desde los
pies de Andersen o previo paso por el pivote, un Albin Ekdal que procura
recibir el envío del central danés por detrás de la primera línea de presión
adversaria y en circunstancias ideales pisando ya campo contrario, para que el
belga o el polaco traten sus posiciones de conectar con las tres opciones de
pase distintas que tienen por delante o de esperar el desdoble de los laterales
para darle amplitud y profundidad a los ataques.

Por el contrario, si Andersen no
puede avanzar tanto ni con tanta libertad por la presión ejercida por parte de
un rival que acude más arriba a nivel colectivo, la alternativa es una búsqueda
más directa de los dos delanteros a través de envíos largos diagonales hacia
sus respectivas caídas hacia los costados. Dos maniobras opuestas que la Samp
mezcla muy bien gracias al notable pie de su preciado central y a su
sobresaliente temple y tempo a la hora de ejecutar el pase que cruce la
divisoria. De hecho, Andersen es el jugador del equipo que más pases realiza
por partido (64) y el quinto de toda la Serie A si ya no contamos a Hamsik
(65.2), por detrás de Brozovic (79.8), Allan (65.4), Koulibaly (72.4) y el
propio Skriniar (66.4), a quien tanto se asemeja en muchos aspectos de su juego
e incluso en el físico.

A pesar de ser diestro natural,
puede ocupar perfectamente el perfil zurdo. Es más, si Tonelli es su pareja en
el centro de la zaga, el perfil de Andersen es el izquierdo por su mayor
calidad y adaptabilidad. Sus 192cm de altura le convierten en un central
importantísimo también en la defensa del área y muy potente a la hora de alejar
el peligro del rival de la zona de gol. Además, la Sampdoria pasa por ser un
equipo defensivamente junto y corto, al que no le suelen ganar la espalda pese
a la adelantada defensa con balón de la Sampdoria, ya que, como hemos
comentado, la fase de salida intenta posicionarse a escasos metros del círculo
central. Sin embargo, el 4-3-1-2 de Giampaolo tapona muy bien todo el carril
central, obligando a los rivales a atacar mucho por los costados y a poner
centros laterales como opción para aspirar a crear peligro en el área, donde
Andersen, Colley e incluso Tonelli son muy dominantes en los despejes por su
contundencia y altura.

Más allá de un origen
semidesconocido y de su similar proyección, sus excelentes dotes en dos fases
tan importantes como la defensa del área y la salida de pelota al tiempo que
viste la camiseta de la Sampdoria hacen directamente inevitable la comparación
con Skriniar, con quien comparte esa frialdad, esa inteligente lectura de las
situaciones y esa concentración tan decisivas en cada lance o contraste dentro
del campo y también la manera de acudir a la ayuda lateral y de encimar muy
bien al portador del balón, arrinconándolo contra la banda y protegiendo todo
el espacio a su espalda debido a lo mucho que ocupa por pura envergadura. Sin
embargo, Andersen es seguramente un perfil un poco menos ducho en el cuerpo a
cuerpo y yendo abajo para intentar robo, siendo quizá este aspecto la gran
diferencia con el eslovaco, aunque es prácticamente igual de fundamental para
imprimir una idea ganadora tanto desde los primeros pases como en las artes
defensivas más clásicas.

“Hoy todos quieren a Andersen”,
aseguraba hace unas semanas Carlo Osti, el director deportivo de la Sampdoria.
Hoy es fácil quererlo para cualquier equipo Champions de cualquiera de las
grandes ligas. Lo extraño sería no hacerlo. Después de los Shkodran Mustafi o
Alessio Romagnoli y siguiendo las huellas dejadas por Milan Skriniar, Joachim
Andersen es el siguiente de la lista. La Génova sampdoriana es un territorio
futbolístico en el que últimamente se moldean a grandes defensas centrales de
la élite continental y el joven danés ya casi ha alcanzado su punto de cocción
óptimo dentro del horno de Marco Giampaolo, el mismo del que salió su colega y
espejo eslovaco.

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Parecía imposible que la
Sampdoria pudiera replicar un año más tarde la redonda operación que realizó en
2016 con la llegada a Génova desde el Zilina eslovaco de Milan Skriniar. Un
coste de seis millones de euros para una venta posterior al Inter a cambio de
20 millones más el pase de Gianluca Caprari dentro de una operación por un
valor superior a los 35 millones, no está nada mal. Parecía imposible volver a
rastrear con tanto tino un mercado europeo secundario para traerse de nuevo a
un central nacido en un país alejado de ser una referencia mundial con el
potencial de alcanzar y asentarse en la más pura élite. Y, sin embargo, la
Sampdoria lo ha vuelto a hacer con el danés Joachim Andersen. Cero casualidad.

Más allá del envidiable ojo de la
secretaría técnica blucerchiata, el libreto de Marco Giampaolo favorece
absolutamente la tipología de central que son tanto el eslovaco como el danés,
llegado por tan solo 1.4 millones desde el Twente neerlandés el mismo verano de
2017 en el que Skriniar puso rumbo a Milán. Después de una temporada
cocinándose a fuego lento en el fútbol elaborado y propositivo pero de una
clara esencia vertical de la medular hacia adelante que enarbola su entrenador
y que tanta importancia le da por ese mismo motivo a una salida desde atrás
bien ejecutada, ambiciosa y técnica que después se convierte en todo un arma en
campo contrario; Andersen se está convirtiendo a sus 22 años en el central
joven de la Serie A de mayor proyección de todos junto a Nikola Milenkovic.

Joachim Andersen es un central de
mucha personalidad, al que le gusta abanderar y capitanear una línea defensiva
muy proactiva con el balón. Al danés le encanta tirar de la línea defensiva con
su conducción y es muy ágil en ese tipo de labores que le exige el sistema de
la Sampdoria para ganar metros y hacer retroceder el bloque adversario. Además,
el hecho de que en Italia no se suela presionar arriba intensamente como norma
general, le beneficia enormemente para asomarse hasta la medular, el lugar que
más pisa de todo el campo y el lugar desde donde le gusta iniciar la maniobra
ofensiva gracias a su facilidad para filtrar balones verticales. Una fantástica
virtud para un central moderno que le concede al rombo de Giampaolo un gran
dominio territorial desde la gestación de cada jugada.

Su excelente y adelantado primer
pase hacia campo contrario le da a la estructura táctica y a la forma de atacar
de su equipo la posibilidad, por un lado, de desplegarse de forma rápida e
incisiva, y por el otro, en ataques más posicionales, de situar muy arriba a
sus enérgicos interiores –Praet y Linetty– para que estos puedan recibir
abiertos y ya entre líneas en tres cuartos de cancha directamente desde los
pies de Andersen o previo paso por el pivote, un Albin Ekdal que procura
recibir el envío del central danés por detrás de la primera línea de presión
adversaria y en circunstancias ideales pisando ya campo contrario, para que el
belga o el polaco traten sus posiciones de conectar con las tres opciones de
pase distintas que tienen por delante o de esperar el desdoble de los laterales
para darle amplitud y profundidad a los ataques.

Por el contrario, si Andersen no
puede avanzar tanto ni con tanta libertad por la presión ejercida por parte de
un rival que acude más arriba a nivel colectivo, la alternativa es una búsqueda
más directa de los dos delanteros a través de envíos largos diagonales hacia
sus respectivas caídas hacia los costados. Dos maniobras opuestas que la Samp
mezcla muy bien gracias al notable pie de su preciado central y a su
sobresaliente temple y tempo a la hora de ejecutar el pase que cruce la
divisoria. De hecho, Andersen es el jugador del equipo que más pases realiza
por partido (64) y el quinto de toda la Serie A si ya no contamos a Hamsik
(65.2), por detrás de Brozovic (79.8), Allan (65.4), Koulibaly (72.4) y el
propio Skriniar (66.4), a quien tanto se asemeja en muchos aspectos de su juego
e incluso en el físico.

A pesar de ser diestro natural,
puede ocupar perfectamente el perfil zurdo. Es más, si Tonelli es su pareja en
el centro de la zaga, el perfil de Andersen es el izquierdo por su mayor
calidad y adaptabilidad. Sus 192cm de altura le convierten en un central
importantísimo también en la defensa del área y muy potente a la hora de alejar
el peligro del rival de la zona de gol. Además, la Sampdoria pasa por ser un
equipo defensivamente junto y corto, al que no le suelen ganar la espalda pese
a la adelantada defensa con balón de la Sampdoria, ya que, como hemos
comentado, la fase de salida intenta posicionarse a escasos metros del círculo
central. Sin embargo, el 4-3-1-2 de Giampaolo tapona muy bien todo el carril
central, obligando a los rivales a atacar mucho por los costados y a poner
centros laterales como opción para aspirar a crear peligro en el área, donde
Andersen, Colley e incluso Tonelli son muy dominantes en los despejes por su
contundencia y altura.

Más allá de un origen
semidesconocido y de su similar proyección, sus excelentes dotes en dos fases
tan importantes como la defensa del área y la salida de pelota al tiempo que
viste la camiseta de la Sampdoria hacen directamente inevitable la comparación
con Skriniar, con quien comparte esa frialdad, esa inteligente lectura de las
situaciones y esa concentración tan decisivas en cada lance o contraste dentro
del campo y también la manera de acudir a la ayuda lateral y de encimar muy
bien al portador del balón, arrinconándolo contra la banda y protegiendo todo
el espacio a su espalda debido a lo mucho que ocupa por pura envergadura. Sin
embargo, Andersen es seguramente un perfil un poco menos ducho en el cuerpo a
cuerpo y yendo abajo para intentar robo, siendo quizá este aspecto la gran
diferencia con el eslovaco, aunque es prácticamente igual de fundamental para
imprimir una idea ganadora tanto desde los primeros pases como en las artes
defensivas más clásicas.

“Hoy todos quieren a Andersen”,
aseguraba hace unas semanas Carlo Osti, el director deportivo de la Sampdoria.
Hoy es fácil quererlo para cualquier equipo Champions de cualquiera de las
grandes ligas. Lo extraño sería no hacerlo. Después de los Shkodran Mustafi o
Alessio Romagnoli y siguiendo las huellas dejadas por Milan Skriniar, Joachim
Andersen es el siguiente de la lista. La Génova sampdoriana es un territorio
futbolístico en el que últimamente se moldean a grandes defensas centrales de
la élite continental y el joven danés ya casi ha alcanzado su punto de cocción
óptimo dentro del horno de Marco Giampaolo, el mismo del que salió su colega y
espejo eslovaco.

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Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96
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