Torino, un presente de ilusión que busca recuperar su gloria

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Joel SIERRAHay que retrotraerse exactamente 20 años para encontrar a un Torino con una posición liguera semejante a estas alturas de temporada. En aquella campaña 1993/1994, bajo la batuta de Emiliano Mondonico, el equipo acabó octavo en Serie A y alcanzó los cuartos de final en la desaparecida Recopa. Competición que disputaba como campeón de la ‘Coppa’ en la estación anterior, el último título del club. Demasiado tiempo atrás para un histórico.

A partir de entonces, el conjunto granata se instaló en la mediocridad, vivía constantemente entreverado por las crisis económicas e institucionales que le llevaron al borde de la desaparición en 2005 e intercalaba ascensos con descensos a ritmo vertiginoso. Ni el más optimista de los ‘tifosi’ podía pensar que, con tales antecedentes en la memoria y tras conseguir la salvación el pasado mayo con más apuros que alegrías, el Toro fuera a ser capaz de volver a generar la ilusión de antaño y a estar situado, a día de hoy, a tan solo dos puntos de los puestos europeos.

Sin practicar un fútbol vistoso y con el objetivo de la permanencia por bandera, Giampiero Ventura, en su tercer año, se ha convertido en el epicentro de un proyecto estable y de futuro, guiado por una buena planificación deportiva. El técnico genovés ha implantado en la plantilla el gen competitivo que tanto se echaba de menos en la orilla torinista del Po y ha convertido a su Torino en un bloque rocoso, eficaz y capaz de medirse de tú a tú ante cualquier rival. Todo un logro.


Giampiero Ventura, tercera temporadas en el banquillo granata | Getty Images

La apuesta por el contragolpe ha acabado por ser un acierto indiscutible. Un sistema que puede pecar de rudimentario pero que está dando sus réditos de manera inapelable. Cada pieza del engranaje ejecuta la idea y su rol a la perfección. Desde el revelador Padelli bajo palos y la sólida zaga capitaneada por Glik, sobre la que el cuadro piamontés sienta sus bases, hasta las dos puntas de lanza que suponen Immobile y Cerci.

Precisamente, las versiones contemporáneas de Graziani y Pulici se han erigido en la pareja de moda del Calcio y en las insignias de una afición necesitada de referentes tras la marcha de Bianchi. Los 21 goles que suman entre ambos -sólo superados por los 22 de Tévez y Vidal- suponen, dentro del rendimiento compacto del grupo, el principal motivo para que el Torino únicamente haya cosechado una derrota en los últimos diez encuentros.

Una progresión constante que ha devuelto la sonrisa y la capacidad de soñar a la grada del Olímpico. Los lejanos buenos tiempos están cerca de volver a un equipo que ya se ha cansado de vivir de recuerdos y de repetir que ellos, en teoría, también son un grande en Italia. Paso a la praxis. El bufido del Toro se vuelve a sentir.

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