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Takefusa Kubo y el contexto para brillar

Diego G. Argota @Diego21Garcia 18-06-2019

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Con solo 18 años, Takefusa Kubo es nuevo jugador del Real Madrid. En una operación que falta concretar si se ha realizado por dos millones de euros o de manera totalmente gratuita, el equipo blanco se ha hecho con un jugador que, por nivel a su edad y en el mercado en el que nos encontramos, habría podido costar 20 veces más de esos 2 millones que parece haber desembolsado Florentino Pérez en simples conceptos de derechos de formación.

Pero por mucho que Take Kubo sea un talento desmesurado a edad juvenil, nada indica que el chico vaya a llegar a la élite y mucho menos que tire la puerta abajo como sí ha hecho ya en categorías inferiores y en el fútbol nipón. Hay muchos, la mayoría, que se quedan por el camino por diversos factores. Lo vemos en cada torneo Sub 17, 19, 20 y 21 y hasta en JJOO, donde la mayoría que acuden ya son profesionales.

La barrera cultural que envuelve el fútbol asiático puede ser perfectamente el motivo por el cual el nipón haya salido tan barato al club de la capital y no por las cifras desorbitadas que pide, por ejemplo, el fútbol sudamericano, mucho más asentado y con un rendimiento algo más seguro. Si es fácil que un muchacho de su calidad se acabe perdiendo como hemos visto mil veces, mucho más sencillo es que lo haga alguien que viene de donde Kubo. 

Para su suerte, Japón vive en una época de bonanza en cuanto a talento y en cuanto a jugadores encargados de asentar el fútbol del país y proyectarlo a Europa. Los Samurais encandilaron a los aficionados cuando tuvieron contra las cuerdas a toda una Bélgica, pero acabaron claudicando donde siempre. Les falta táctica, les falta contexto futbolístico de primer nivel. Les falta, al fin y al cabo, tiempo, experiencia y cocción. Y les falta creérselo y coger lo que es suyo. La J. League tiene menos de 30 años como torneo profesional y todo eso marca. Muchos menos años de evolución. 

Puede que no haya nunca un jugador nipón con tanto talento como Nakata, que fue prácticamente el primero en cruzar el charco para lidiar en las mejores plazas. Nakata rompió esa barrera cultural que también supo aprovechar el elegante Shunsuke Nakamura, héroe de Celtic Park, y que luego ayudó mucho a la adaptación de Honda y Kagawa. Pero para entender un poco todo esto, hay que recordar que Nakata se retiró con 29 años fruto de la presión y el peso mediático que le supuso toda esta lucha por establecer el fútbol japonés en Europa.

Esa barrera que en realidad nunca se ha terminado aún de romper ha terminado significando que todos estos jugadores siempre parecieron estar por debajo de las expectativas que se habían marcado entorno a ellos. Talentosos, héroes por momentos, pero desaparecidos en muchas otras ocasiones. Esa es una situación que también va a tener que superar el ahora jugador del Real Madrid, aunque, para su fortuna, fueron todos estos quienes le allanaron un poco el camino para la adaptación y él, además, ya cuenta con una experiencia en el país.

Porque Kubo estuvo monitorizado por el Barcelona desde los 7 años, cuando empezó a jugar al fútbol, y se unió a su cantera a los 11 en La Masía. Pero en 2015, la sanción FIFA por la transferencia de menores, donde el asiático era uno de los jugadores afectados, hizo que se tuviera que quedar en el banquillo y no poder competir con la cantera del equipo de la Ciudad Condal, hecho que acabó derivando en su retorno prematuro a casa. 

Kubo tiene en su haber ser el jugador más joven en debutar y marcar en la J. League. Lo hizo con apenas 15 años. A esa misma edad, disputó el Mundial Sub20 siendo jugador de refresco y demostrando que tiene un desparpajo tremendo con el balón. Zurdo, juega bien en la mediapunta, ya sea acostado en cualquiera de ambas bandas o por el centro. Aún está en una fase de crecimiento continua. Su físico, liviano, le hace demasiado vulnerable para la competición de alto nivel.

Por eso, quiero desconfiar de que un año en el Real Madrid Castilla, jugando en la dura Segunda División B, sea ideal para su crecimiento. Obvio, mirando desde el prisma del japonés, la situación es irrechazable. “Solo” se tenía que decidir entre Barcelona, Real Madrid o PSG, casi nada. Pero en España apenas han jugado diez compatriotas, todos con rendimiento regular, y actualmente solo Gaku (Getafe) e Inui (Betis) estarán para escudar a Take.

Además, sus opciones para jugar partidos a las órdenes de Zidane se antojan nulas, toda vez que es el cuarto extracomunitario en una lista en la que Vinicius, Militao y Rodrygo deberían estar por delante. Por eso, quizás Take debería haber elegido probar en Alemania o en Holanda. En el país teutón, los japoneses son colonia, por no decir que es donde más y mejor han rendido siempre. La Eredivisie, en cambio, se adaptaría como anillo al dedo a la situación actual de Kubo para terminar de desarrollar su fútbol.

Yendo más allá, puede que el Groningen sea el equipo más adecuado para él. Allí coincidiría con Ritsu Doan, su pareja de baile desde hace 4-5 años en la selección. Un futbolista bastante asentado ya en el panorama europeo, líder de la absoluta y que debe tener las horas contadas en Holanda. El Manchester City ha preguntado por él. Allí, Kubo podría ser su mejor socio o su sucesor.

Que Takefusa Kubo sea una maravilla a nivel visual no asegura absolutamente nada. Su situación, de hecho, recoge cierto paralelismo con la de Sergio Díaz. El paraguayo, llamado a ser un jugador de época en el fútbol sudamericano, firmó por el Madrid nada más cumplir los 18, jugó en el Castilla haciendo un año decente pero poco después se rompió la rodilla y llevamos dos años sin noticias de él. 

Que el Real Madrid se ha hecho con una perla es cierto. Que deberá pulirla con sumo cuidado para que Take llegue a ser lo que proyecta, también. La altura mediática que alcanzará el fichaje aún no la podemos imaginar. Deberá lidiar con la presión extra de ser el primer japonés y el primer asiático en jugar en el equipo blanco, con todo lo que eso conlleva y con la dificultad de su manejo. De ser, en plena adolescencia, el reclamo en las pretemporadas por el gigante asiático, la portada de las grandes revistas y la imagen que abra los telediarios. Para conocerle un poco más, ahora se le puede ver en la Copa América, donde Japón va como invitada con una selección de jugadores jóvenes aderezados con la experiencia de 3 o 4 leyendas que van a jugar sus últimos partidos con los Samurai. 

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Con solo 18 años, Takefusa Kubo es nuevo jugador del Real Madrid. En una operación que falta concretar si se ha realizado por dos millones de euros o de manera totalmente gratuita, el equipo blanco se ha hecho con un jugador que, por nivel a su edad y en el mercado en el que nos encontramos, habría podido costar 20 veces más de esos 2 millones que parece haber desembolsado Florentino Pérez en simples conceptos de derechos de formación.

Pero por mucho que Take Kubo sea un talento desmesurado a edad juvenil, nada indica que el chico vaya a llegar a la élite y mucho menos que tire la puerta abajo como sí ha hecho ya en categorías inferiores y en el fútbol nipón. Hay muchos, la mayoría, que se quedan por el camino por diversos factores. Lo vemos en cada torneo Sub 17, 19, 20 y 21 y hasta en JJOO, donde la mayoría que acuden ya son profesionales.

La barrera cultural que envuelve el fútbol asiático puede ser perfectamente el motivo por el cual el nipón haya salido tan barato al club de la capital y no por las cifras desorbitadas que pide, por ejemplo, el fútbol sudamericano, mucho más asentado y con un rendimiento algo más seguro. Si es fácil que un muchacho de su calidad se acabe perdiendo como hemos visto mil veces, mucho más sencillo es que lo haga alguien que viene de donde Kubo. 

Para su suerte, Japón vive en una época de bonanza en cuanto a talento y en cuanto a jugadores encargados de asentar el fútbol del país y proyectarlo a Europa. Los Samurais encandilaron a los aficionados cuando tuvieron contra las cuerdas a toda una Bélgica, pero acabaron claudicando donde siempre. Les falta táctica, les falta contexto futbolístico de primer nivel. Les falta, al fin y al cabo, tiempo, experiencia y cocción. Y les falta creérselo y coger lo que es suyo. La J. League tiene menos de 30 años como torneo profesional y todo eso marca. Muchos menos años de evolución. 

Puede que no haya nunca un jugador nipón con tanto talento como Nakata, que fue prácticamente el primero en cruzar el charco para lidiar en las mejores plazas. Nakata rompió esa barrera cultural que también supo aprovechar el elegante Shunsuke Nakamura, héroe de Celtic Park, y que luego ayudó mucho a la adaptación de Honda y Kagawa. Pero para entender un poco todo esto, hay que recordar que Nakata se retiró con 29 años fruto de la presión y el peso mediático que le supuso toda esta lucha por establecer el fútbol japonés en Europa.

Esa barrera que en realidad nunca se ha terminado aún de romper ha terminado significando que todos estos jugadores siempre parecieron estar por debajo de las expectativas que se habían marcado entorno a ellos. Talentosos, héroes por momentos, pero desaparecidos en muchas otras ocasiones. Esa es una situación que también va a tener que superar el ahora jugador del Real Madrid, aunque, para su fortuna, fueron todos estos quienes le allanaron un poco el camino para la adaptación y él, además, ya cuenta con una experiencia en el país.

Porque Kubo estuvo monitorizado por el Barcelona desde los 7 años, cuando empezó a jugar al fútbol, y se unió a su cantera a los 11 en La Masía. Pero en 2015, la sanción FIFA por la transferencia de menores, donde el asiático era uno de los jugadores afectados, hizo que se tuviera que quedar en el banquillo y no poder competir con la cantera del equipo de la Ciudad Condal, hecho que acabó derivando en su retorno prematuro a casa. 

Kubo tiene en su haber ser el jugador más joven en debutar y marcar en la J. League. Lo hizo con apenas 15 años. A esa misma edad, disputó el Mundial Sub20 siendo jugador de refresco y demostrando que tiene un desparpajo tremendo con el balón. Zurdo, juega bien en la mediapunta, ya sea acostado en cualquiera de ambas bandas o por el centro. Aún está en una fase de crecimiento continua. Su físico, liviano, le hace demasiado vulnerable para la competición de alto nivel.

Por eso, quiero desconfiar de que un año en el Real Madrid Castilla, jugando en la dura Segunda División B, sea ideal para su crecimiento. Obvio, mirando desde el prisma del japonés, la situación es irrechazable. “Solo” se tenía que decidir entre Barcelona, Real Madrid o PSG, casi nada. Pero en España apenas han jugado diez compatriotas, todos con rendimiento regular, y actualmente solo Gaku (Getafe) e Inui (Betis) estarán para escudar a Take.

Además, sus opciones para jugar partidos a las órdenes de Zidane se antojan nulas, toda vez que es el cuarto extracomunitario en una lista en la que Vinicius, Militao y Rodrygo deberían estar por delante. Por eso, quizás Take debería haber elegido probar en Alemania o en Holanda. En el país teutón, los japoneses son colonia, por no decir que es donde más y mejor han rendido siempre. La Eredivisie, en cambio, se adaptaría como anillo al dedo a la situación actual de Kubo para terminar de desarrollar su fútbol.

Yendo más allá, puede que el Groningen sea el equipo más adecuado para él. Allí coincidiría con Ritsu Doan, su pareja de baile desde hace 4-5 años en la selección. Un futbolista bastante asentado ya en el panorama europeo, líder de la absoluta y que debe tener las horas contadas en Holanda. El Manchester City ha preguntado por él. Allí, Kubo podría ser su mejor socio o su sucesor.

Que Takefusa Kubo sea una maravilla a nivel visual no asegura absolutamente nada. Su situación, de hecho, recoge cierto paralelismo con la de Sergio Díaz. El paraguayo, llamado a ser un jugador de época en el fútbol sudamericano, firmó por el Madrid nada más cumplir los 18, jugó en el Castilla haciendo un año decente pero poco después se rompió la rodilla y llevamos dos años sin noticias de él. 

Que el Real Madrid se ha hecho con una perla es cierto. Que deberá pulirla con sumo cuidado para que Take llegue a ser lo que proyecta, también. La altura mediática que alcanzará el fichaje aún no la podemos imaginar. Deberá lidiar con la presión extra de ser el primer japonés y el primer asiático en jugar en el equipo blanco, con todo lo que eso conlleva y con la dificultad de su manejo. De ser, en plena adolescencia, el reclamo en las pretemporadas por el gigante asiático, la portada de las grandes revistas y la imagen que abra los telediarios. Para conocerle un poco más, ahora se le puede ver en la Copa América, donde Japón va como invitada con una selección de jugadores jóvenes aderezados con la experiencia de 3 o 4 leyendas que van a jugar sus últimos partidos con los Samurai. 

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