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Sumar para acabar restando

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 28-11-2018

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A no ser que dentro del vestuario fuera vox populi, el primer sobresalto llegó hora y media antes de comenzar el encuentro, cuando todavía estás haciendo las bromas con el compañero a la vez que te deshaces el nudo de la corbata. Quedarse fuera de una convocatoria en el vestuario es una de las peores pesadillas del jugador sano, que centra todas sus ilusiones y pensamientos en, que sé yo, marcar un hat-trick o dar el gol del triunfo en el último minuto del partido. Pero pensándolo bien, “mejor ni te molestes en cambiarte”. Déjate los sueños para otra noche.  

Los blancos salieron al Olímpico de Roma con un tal Marcos Llorente, un futbolista al que se le pueden contar sus apariciones públicas con los dedos de una mano. Es el chico tímido de la clase, ese que no pide vehemente el cuero aunque sus movimientos sin él fueran bastante brillantes durante todo el duelo. La presión de la Roma, instrumental pero indolente, trataba de tapar los primeros pases de los blancos con unos marcajes al hombre pronunciados por el profesor Eusebio di Francesco, pero los visitantes nunca notaron a sus rivales, como si el ímpetu italiano se hubiera quedado en el sofá con la manta, viendo una serie.

El choque siempre estuvo en una fase de indefinición en la que los merengues parecían cómodos -excepto los momentos de sulfura de los anfitriones- especialmente con Karim Benzema en el verde. El francés cae constantemente a banda izquierda para nutrir ese trío que colecciona Champions como el que se compra un cromo: Ramos-Marcelo-Kroos. Sin embargo, cuando Cristiano Ronaldo merodeaba por ahí acababa la mayoría de jugadas dentro del área donde precisamente no llega nunca Bale, una ecuación que es durísima para Solari. El galés ya no es aquel cañón que quería pisar la línea de fondo, ahora quiere ser el cómo, cuándo y por qué. Y eso solo puede ser en la derecha, para precisamente no hacerle sombra a Marcelo, que solo recibía de cara cuando el ex del Tottenham le dejaba el hueco y Modric o Carvajal cambiaban de juego. El recurso de pisar línea de fondo y centrar, hoy parece una utopía. 

Los de Solari tuvieron en la capital de Italia esa pizca de suerte que puede hacerte ganar un choque pero deja, tras los dos tantos al inicio del segundo acto, una conclusión: el equipo tiene una impresionante calidad en la gran mayoría de futbolistas pero hay algunos matices tácticos que preocupan. Si Benzema va a tener problemas para nutrir a alguien porque precisamente falta eso, alguien, significa que todas esas sumas, por la altísima calidad de sus piezas, acaba restando. Y eso no da un gran resultado para volver a ganar otra Champions League.  

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A no ser que dentro del vestuario fuera vox populi, el primer sobresalto llegó hora y media antes de comenzar el encuentro, cuando todavía estás haciendo las bromas con el compañero a la vez que te deshaces el nudo de la corbata. Quedarse fuera de una convocatoria en el vestuario es una de las peores pesadillas del jugador sano, que centra todas sus ilusiones y pensamientos en, que sé yo, marcar un hat-trick o dar el gol del triunfo en el último minuto del partido. Pero pensándolo bien, “mejor ni te molestes en cambiarte”. Déjate los sueños para otra noche.  

Los blancos salieron al Olímpico de Roma con un tal Marcos Llorente, un futbolista al que se le pueden contar sus apariciones públicas con los dedos de una mano. Es el chico tímido de la clase, ese que no pide vehemente el cuero aunque sus movimientos sin él fueran bastante brillantes durante todo el duelo. La presión de la Roma, instrumental pero indolente, trataba de tapar los primeros pases de los blancos con unos marcajes al hombre pronunciados por el profesor Eusebio di Francesco, pero los visitantes nunca notaron a sus rivales, como si el ímpetu italiano se hubiera quedado en el sofá con la manta, viendo una serie.

El choque siempre estuvo en una fase de indefinición en la que los merengues parecían cómodos -excepto los momentos de sulfura de los anfitriones- especialmente con Karim Benzema en el verde. El francés cae constantemente a banda izquierda para nutrir ese trío que colecciona Champions como el que se compra un cromo: Ramos-Marcelo-Kroos. Sin embargo, cuando Cristiano Ronaldo merodeaba por ahí acababa la mayoría de jugadas dentro del área donde precisamente no llega nunca Bale, una ecuación que es durísima para Solari. El galés ya no es aquel cañón que quería pisar la línea de fondo, ahora quiere ser el cómo, cuándo y por qué. Y eso solo puede ser en la derecha, para precisamente no hacerle sombra a Marcelo, que solo recibía de cara cuando el ex del Tottenham le dejaba el hueco y Modric o Carvajal cambiaban de juego. El recurso de pisar línea de fondo y centrar, hoy parece una utopía. 

Los de Solari tuvieron en la capital de Italia esa pizca de suerte que puede hacerte ganar un choque pero deja, tras los dos tantos al inicio del segundo acto, una conclusión: el equipo tiene una impresionante calidad en la gran mayoría de futbolistas pero hay algunos matices tácticos que preocupan. Si Benzema va a tener problemas para nutrir a alguien porque precisamente falta eso, alguien, significa que todas esas sumas, por la altísima calidad de sus piezas, acaba restando. Y eso no da un gran resultado para volver a ganar otra Champions League.  

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