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Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 10-05-2018

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¿Quién
no iba a criticar a Marcelo? El futbolista brasileño llegó hace más de una
década a la capital de España con poco más que una maleta y unos cuantos vídeos
en YouTube. Todos saben, que el tipo que venga de un país como Brasil va a levantar
las mismas dudas que un coche sin ruedas. Viendo su perenne sonrisa, igual
llegaba aquí de fiesta, dispuesto a reventar la noche madrileña. Muy típico. No
puede ser tan feliz, debe esconder algo, pensarían. Lo que no sabían era que
esa forma de vida, iba a llevarlo al estrellato.

Lo
de Marcelo no es normal. No porque tuviera que levantarse tras miles de
críticas y errores. Eso es demasiado fácil. Ya está visto. Cuando llevas un
tiempo en el sector del periodismo, te cansas de leer historias de chicos que
resurgieron como el ave fénix. Que sencillo para un tipo tan singular. De hecho
sería una tremenda temeridad, casi irrespetuoso, explayarse demasiado en esto. Marcelo
vende porque realmente es diferente al resto.

Algunos
locos, quisieron decirnos que 2 + 2 es igual a 4. Que para ser un buen lateral
hay que atacar con cabeza y, sobre todo, cuando el de la otra banda suba hay
que permanecer en tu defensa, para que no te cojan la espalda. Él, sin embargo,
fue el alumno que nunca quiso atender a las clases porque siempre fue por
delante de aquello que le quisieron explicar. Qué bueno es ser lo más
antagónico posible de lo común.

Si
Dalí levantara la cabeza estaría enamorado del Carioca. Ya lo dijo el propio
pintor un día: “Vuelvo a declarar la independencia de la imaginación y el
derecho del hombre a su propia locura”. Marcelo, con el paso de los años, nos
ha acabado enseñando que sumar, multiplicar o restar está sobrevalorado. Que él
es más cuerdo de lo que pensábamos. Quizás nos estamos equivocando porque puede
que lo que estemos viviendo sea una mentira. Igual él debe explicarnos el
sentido de las cosas. A su manera.

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¿Quién
no iba a criticar a Marcelo? El futbolista brasileño llegó hace más de una
década a la capital de España con poco más que una maleta y unos cuantos vídeos
en YouTube. Todos saben, que el tipo que venga de un país como Brasil va a levantar
las mismas dudas que un coche sin ruedas. Viendo su perenne sonrisa, igual
llegaba aquí de fiesta, dispuesto a reventar la noche madrileña. Muy típico. No
puede ser tan feliz, debe esconder algo, pensarían. Lo que no sabían era que
esa forma de vida, iba a llevarlo al estrellato.

Lo
de Marcelo no es normal. No porque tuviera que levantarse tras miles de
críticas y errores. Eso es demasiado fácil. Ya está visto. Cuando llevas un
tiempo en el sector del periodismo, te cansas de leer historias de chicos que
resurgieron como el ave fénix. Que sencillo para un tipo tan singular. De hecho
sería una tremenda temeridad, casi irrespetuoso, explayarse demasiado en esto. Marcelo
vende porque realmente es diferente al resto.

Algunos
locos, quisieron decirnos que 2 + 2 es igual a 4. Que para ser un buen lateral
hay que atacar con cabeza y, sobre todo, cuando el de la otra banda suba hay
que permanecer en tu defensa, para que no te cojan la espalda. Él, sin embargo,
fue el alumno que nunca quiso atender a las clases porque siempre fue por
delante de aquello que le quisieron explicar. Qué bueno es ser lo más
antagónico posible de lo común.

Si
Dalí levantara la cabeza estaría enamorado del Carioca. Ya lo dijo el propio
pintor un día: “Vuelvo a declarar la independencia de la imaginación y el
derecho del hombre a su propia locura”. Marcelo, con el paso de los años, nos
ha acabado enseñando que sumar, multiplicar o restar está sobrevalorado. Que él
es más cuerdo de lo que pensábamos. Quizás nos estamos equivocando porque puede
que lo que estemos viviendo sea una mentira. Igual él debe explicarnos el
sentido de las cosas. A su manera.

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