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SS – Mundial de Fútbol – Brasil 2014, ‘De Polonia a Río’

Miguel Ángel Ruiz @migruizruiz 14-06-2018

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En junio de 1971, en Opole,
Polonia, nacía ‎Miroslav Josef Klose. Probablemente, en esos días, nadie dentro
de la comunidad polaca, que hasta 1939 (hasta la firma de los tratados de
Postdam) fue parte de la región de Alta Silesia en Alemania, que ese niño
formaría parte de la historia viva del fútbol germano. El joven Miroslav se
decidió a elegir el fútbol, comenzando a jugar en el Homburg, en 1998. En ese
año, la selección alemana caería en cuartos ante una Croacia que fue la sorpresa
del torneo. Desde ese Mundial, no veríamos una sola vez a la selección de
Alemania sin Klose en sus filas.

El jugador nacionalizado alemán
comenzó su andadura en 2002, en la lejana cita mundialista de Corea y Japón, en
la que consiguió jugar siete encuentros en los que consiguió marcar cinco
tantos. A pesar de su rendimiento (llegó a formar parte del equipo ideal), no
pudieron con la calidad en Brasil en la final, quedando además segundo máximo
goleador tras Ronaldo.

Cuatro años más tarde, en 2006, la
cita se trasladaría a territorio alemán, donde los anfitriones volverían a
contar con la calidad del goleador germano-polaco, que sería máximo goleador
con cinco tantos, y que ayudaría con ellos a Alemania a ser tercera en el
partido ante Portugal, tras caer en semifinales ante la que sería campeona en
ese año: Italia.

Volvería a ser tercera en 2010,
tras caer en semifinales ante, de nuevo ante la futura campeona, España, por un
gran tanto de Carles Puyol. Como habiendo sentado las bases para el colofón
final, Alemania en 2014 estaba preparada para sumar su cuarto Mundial de
Fútbol. No podía faltar a esa cuarta cita con la historia el delantero que
durante los tres anteriores mundiales, acompañó y ayudó a conseguir los
resultados obtenidos.

En 2014, encarando ya sus últimos
partidos como profesional, Miroslav Klose tenía en frente su último reto en un
Mundial. En el partido de la fase de grupos ante Ghana, Alemania no pudo pasar
del empate, que consiguió Klose en el minuto 71. Ese gol le ponía al nivel de
otro goleador mítico, como Ronaldo Nazario, verdugo de los germanos en 2002. Precisamente
contra Brasil, selección anfitriona, en Belo Horizonte, consiguió Klose ponerse
por delante de todos los goleadores de la historia de los mundiales, con
dieciséis tantos globales, solo uno más que el ariete brasileño. Él marcó el
segundo de los siete históricos goles que convirtieron esa semifinal en un hito
de los Mundiales. El segundo de los goles que acabarían con las esperanzas de
un país entero, que esperaba poder resolver su deuda con el estadio de Maracaná
sesenta y cuatro años después de la humillación sufrida ante la Uruguay de
Gigghia y Varela. Fueron finalmente Argentina y Alemania quienes ocuparon las
plazas destinadas a la gloria, en el mítico Maracaná, disputando la final
deseada por todo Brasil.

Un gol de Götze dejaría sin
ganador a Sudamérica, llevándose el trofeo de Campeón del Mundo a través del
Atlántico hasta Berlín. La Copa del Mundo por fin volvía a Alemania, recortando
distancias con la hegemonía brasileña en total de títulos y sabiendo que, en
cuatro años, la oportunidad de igualarlas, esperaría. Klose nos ha llevado en
un viaje de Polonia a Río, pasando por Corea, Alemania y Sudáfrica. Y es que el
fútbol, como las historias, solo acaba cuando no tenemos nada más que contar. Y
han pasado cuatro años y ya hay 32 selecciones y 736 jugadores dispuestos a
seguir contándolas.

Bienvenidos y bienvenidas al
comienzo de una historia nueva…

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En junio de 1971, en Opole,
Polonia, nacía ‎Miroslav Josef Klose. Probablemente, en esos días, nadie dentro
de la comunidad polaca, que hasta 1939 (hasta la firma de los tratados de
Postdam) fue parte de la región de Alta Silesia en Alemania, que ese niño
formaría parte de la historia viva del fútbol germano. El joven Miroslav se
decidió a elegir el fútbol, comenzando a jugar en el Homburg, en 1998. En ese
año, la selección alemana caería en cuartos ante una Croacia que fue la sorpresa
del torneo. Desde ese Mundial, no veríamos una sola vez a la selección de
Alemania sin Klose en sus filas.

El jugador nacionalizado alemán
comenzó su andadura en 2002, en la lejana cita mundialista de Corea y Japón, en
la que consiguió jugar siete encuentros en los que consiguió marcar cinco
tantos. A pesar de su rendimiento (llegó a formar parte del equipo ideal), no
pudieron con la calidad en Brasil en la final, quedando además segundo máximo
goleador tras Ronaldo.

Cuatro años más tarde, en 2006, la
cita se trasladaría a territorio alemán, donde los anfitriones volverían a
contar con la calidad del goleador germano-polaco, que sería máximo goleador
con cinco tantos, y que ayudaría con ellos a Alemania a ser tercera en el
partido ante Portugal, tras caer en semifinales ante la que sería campeona en
ese año: Italia.

Volvería a ser tercera en 2010,
tras caer en semifinales ante, de nuevo ante la futura campeona, España, por un
gran tanto de Carles Puyol. Como habiendo sentado las bases para el colofón
final, Alemania en 2014 estaba preparada para sumar su cuarto Mundial de
Fútbol. No podía faltar a esa cuarta cita con la historia el delantero que
durante los tres anteriores mundiales, acompañó y ayudó a conseguir los
resultados obtenidos.

En 2014, encarando ya sus últimos
partidos como profesional, Miroslav Klose tenía en frente su último reto en un
Mundial. En el partido de la fase de grupos ante Ghana, Alemania no pudo pasar
del empate, que consiguió Klose en el minuto 71. Ese gol le ponía al nivel de
otro goleador mítico, como Ronaldo Nazario, verdugo de los germanos en 2002. Precisamente
contra Brasil, selección anfitriona, en Belo Horizonte, consiguió Klose ponerse
por delante de todos los goleadores de la historia de los mundiales, con
dieciséis tantos globales, solo uno más que el ariete brasileño. Él marcó el
segundo de los siete históricos goles que convirtieron esa semifinal en un hito
de los Mundiales. El segundo de los goles que acabarían con las esperanzas de
un país entero, que esperaba poder resolver su deuda con el estadio de Maracaná
sesenta y cuatro años después de la humillación sufrida ante la Uruguay de
Gigghia y Varela. Fueron finalmente Argentina y Alemania quienes ocuparon las
plazas destinadas a la gloria, en el mítico Maracaná, disputando la final
deseada por todo Brasil.

Un gol de Götze dejaría sin
ganador a Sudamérica, llevándose el trofeo de Campeón del Mundo a través del
Atlántico hasta Berlín. La Copa del Mundo por fin volvía a Alemania, recortando
distancias con la hegemonía brasileña en total de títulos y sabiendo que, en
cuatro años, la oportunidad de igualarlas, esperaría. Klose nos ha llevado en
un viaje de Polonia a Río, pasando por Corea, Alemania y Sudáfrica. Y es que el
fútbol, como las historias, solo acaba cuando no tenemos nada más que contar. Y
han pasado cuatro años y ya hay 32 selecciones y 736 jugadores dispuestos a
seguir contándolas.

Bienvenidos y bienvenidas al
comienzo de una historia nueva…

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