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Sospechas conductuales

Xavi Vallés @xavivalles14 03-12-2018

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No hace falta dedicar muchas letras, a modo de introducción para este texto, para resaltar las cualidades de Samuel Umtiti como central y como un valor seguro para el presente y futuro del FC Barcelona. Hemos sido muchos los que, desde su llegada, hemos escrito centenares de artículos resaltando todo lo que ha aportado a lo largo de su corta pero ya consolidada trayectoria en nuestro equipo: desde ese atrevimiento inicial hasta la sobriedad con la que se persona en cada partido y escenario,  desde esas buenas impresiones preliminares que ha acabado convirtiendo en acciones altamente positivas que ya normalizamos, esas cualidades mostradas en su juventud futbolística evolucionadas y convertidas en condiciones de un líder. En definitiva, todo lo que ha conformado su estatus actual, conseguido a lo largo de tres años con total merecimiento.

Sin embargo, y pese a tener claro que en Umtiti podemos tener de todo menos un problema de conducta especialmente grave, han sido algunas las ocasiones en que el aficionado ha podido dudar (y con razón) de la forma de proceder del central galo. Un ‘modus operandi’ que no siempre ha gozado del consenso de los organismos del club pertinentes, y que ha tenido un último capítulo con la decisión que el central ha tomado a la hora de decidir el tratamiento médico para solucionar sus problemas de rodilla.

Samuel Umtiti ha decidido no pasar por el quirófano para tratarse de su lesión en el cartílago, que tras un período de baja y un breve retorno de dos partidos, le va a mantener apartado de la dinámica del equipo durante meses. Esta sería una noticia sin mucho más recorrido de lo habitual si no fuera porque su decisión choca frontalmente con las recomendaciones que los servicios médicos del club le habían sugerido, y que no eran otras que un paso por el quirófano de forma inmediata, para así poder tener al jugador al 100% de cara a la fase decisiva de temporada (pagando el elevado precio de unos cuatro o cinco meses de baja). Umtiti ha decidido irse a Qatar, donde trabaja el equipo médico de confianza de gran parte de la selección francesa, para seguir un tratamiento conservador que no le mantendrá tantos meses de baja, pero que en su retorno no asegura una fiabilidad tan alta como la de su paso por el quirófano. 

Siempre preocupa la baja de un central titular, pero es una tranquilidad saber que el problema es menor al contar con un sustituto como Clément Lenglet, capaz de rendir al más alto nivel y con una proyección que le puede acabar situando (con el permiso de Arthur Melo) como el mejor fichaje joven que el club ha hecho en mucho tiempo. No sabemos hasta qué punto la presencia de un sustituto de nivel ha podido influir en las decisiones de Umtiti (prisa para volver lo antes posible y asegurarse el puesto en los meses decisivos) o del cuerpo médico (recomendar la opción con un plazo más largo de recuperación con la tranquilidad de tener cubierta la posición de central izquierdo), pero de lo que no hay duda es de que ha habido una confrontación que puede dejar cicatrices.

Puede resultar un tema menor, y ciertamente lo es como todo lo que no sucede dentro del rectángulo de juego. Pero en este caso, repercute de forma directa en el equipo y en un grupo de profesionales de la medicina que es puntero en el mundo del fútbol, y que ve como sus decisiones (tomadas siempre en el beneficio del equipo y la entidad) son rechazadas por uno de sus jugadores. Una decisión que conforma un capítulo más de una serie de pequeñas desavenencias del jugador galo con la entidad, y que no hace otra cosa que dar fuerza a ciertas voces disconformes dentro de la junta directiva.

Una forma de hacer las cosas que pudo dejar ciertas dudas durante el proceso de renovación de su contrato y que coincidió con los meses que mostró peor rendimiento a lo largo de su andadura como jugador azulgrana. Una forma de proceder que pudo dejar ciertas dudas durante el pasado mercado de fichajes, en pleno clímax de la operación Griezmann y justo en el día de emisión del ya histórico (y vergonzante) documental, a modo de risas y palomitas, dando la sensación de actuar con muy poco tacto hacia su afición. Una forma de obrar que ahora mismo no deberían preocupar en exceso y que se fundamentan únicamente en unas ligeras sospechas conductuales, pero sobre las cuales habría que poner el foco para tenerlas absolutamente controladas, teniendo en cuenta la ascendencia que la figura del (eso sí) magnífico central galo está y acabará cogiendo en el Barça del futuro. 

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No hace falta dedicar muchas letras, a modo de introducción para este texto, para resaltar las cualidades de Samuel Umtiti como central y como un valor seguro para el presente y futuro del FC Barcelona. Hemos sido muchos los que, desde su llegada, hemos escrito centenares de artículos resaltando todo lo que ha aportado a lo largo de su corta pero ya consolidada trayectoria en nuestro equipo: desde ese atrevimiento inicial hasta la sobriedad con la que se persona en cada partido y escenario,  desde esas buenas impresiones preliminares que ha acabado convirtiendo en acciones altamente positivas que ya normalizamos, esas cualidades mostradas en su juventud futbolística evolucionadas y convertidas en condiciones de un líder. En definitiva, todo lo que ha conformado su estatus actual, conseguido a lo largo de tres años con total merecimiento.

Sin embargo, y pese a tener claro que en Umtiti podemos tener de todo menos un problema de conducta especialmente grave, han sido algunas las ocasiones en que el aficionado ha podido dudar (y con razón) de la forma de proceder del central galo. Un ‘modus operandi’ que no siempre ha gozado del consenso de los organismos del club pertinentes, y que ha tenido un último capítulo con la decisión que el central ha tomado a la hora de decidir el tratamiento médico para solucionar sus problemas de rodilla.

Samuel Umtiti ha decidido no pasar por el quirófano para tratarse de su lesión en el cartílago, que tras un período de baja y un breve retorno de dos partidos, le va a mantener apartado de la dinámica del equipo durante meses. Esta sería una noticia sin mucho más recorrido de lo habitual si no fuera porque su decisión choca frontalmente con las recomendaciones que los servicios médicos del club le habían sugerido, y que no eran otras que un paso por el quirófano de forma inmediata, para así poder tener al jugador al 100% de cara a la fase decisiva de temporada (pagando el elevado precio de unos cuatro o cinco meses de baja). Umtiti ha decidido irse a Qatar, donde trabaja el equipo médico de confianza de gran parte de la selección francesa, para seguir un tratamiento conservador que no le mantendrá tantos meses de baja, pero que en su retorno no asegura una fiabilidad tan alta como la de su paso por el quirófano. 

Siempre preocupa la baja de un central titular, pero es una tranquilidad saber que el problema es menor al contar con un sustituto como Clément Lenglet, capaz de rendir al más alto nivel y con una proyección que le puede acabar situando (con el permiso de Arthur Melo) como el mejor fichaje joven que el club ha hecho en mucho tiempo. No sabemos hasta qué punto la presencia de un sustituto de nivel ha podido influir en las decisiones de Umtiti (prisa para volver lo antes posible y asegurarse el puesto en los meses decisivos) o del cuerpo médico (recomendar la opción con un plazo más largo de recuperación con la tranquilidad de tener cubierta la posición de central izquierdo), pero de lo que no hay duda es de que ha habido una confrontación que puede dejar cicatrices.

Puede resultar un tema menor, y ciertamente lo es como todo lo que no sucede dentro del rectángulo de juego. Pero en este caso, repercute de forma directa en el equipo y en un grupo de profesionales de la medicina que es puntero en el mundo del fútbol, y que ve como sus decisiones (tomadas siempre en el beneficio del equipo y la entidad) son rechazadas por uno de sus jugadores. Una decisión que conforma un capítulo más de una serie de pequeñas desavenencias del jugador galo con la entidad, y que no hace otra cosa que dar fuerza a ciertas voces disconformes dentro de la junta directiva.

Una forma de hacer las cosas que pudo dejar ciertas dudas durante el proceso de renovación de su contrato y que coincidió con los meses que mostró peor rendimiento a lo largo de su andadura como jugador azulgrana. Una forma de proceder que pudo dejar ciertas dudas durante el pasado mercado de fichajes, en pleno clímax de la operación Griezmann y justo en el día de emisión del ya histórico (y vergonzante) documental, a modo de risas y palomitas, dando la sensación de actuar con muy poco tacto hacia su afición. Una forma de obrar que ahora mismo no deberían preocupar en exceso y que se fundamentan únicamente en unas ligeras sospechas conductuales, pero sobre las cuales habría que poner el foco para tenerlas absolutamente controladas, teniendo en cuenta la ascendencia que la figura del (eso sí) magnífico central galo está y acabará cogiendo en el Barça del futuro. 

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