_Inglaterra

Soso, serio y formal

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 11-05-2021

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Burnley Sean Dyche

Sean Dyche no parece el tipo más amigable del mundo. Para nada es Gabilondo, pero de alguna manera había que enganchar a la gente para leer el artículo. Su Burnley es uno de los cuadros más previsibles de Inglaterra. Utiliza más el 4-4-2 que David Villa su querido Giorgi. Y, además, emplea una plantilla repleta de británicos que empezaron en categorías bajas; de esas que cambia poco al finalizar el curso. Desde luego, saben de dónde proceden. Ya no existe el spoiler en esta serie: el final empieza a ser demasiado previsible. Se salvan año tras año.

Iban los clarets a Craven Cottage, uno de los coliseos más icónicos del planeta. El hogar del Fulham, para el aficionado al balompié, es como la oficina de Scranton para Michael Scott: “The place to be”. Una foto en Instagram y en Twitter son, normalmente, sinónimo de likes y retweets. Un seguro de vida para el influencer de turno. Para los de Dyche, un cuadro pragmático y anacrónico, una piedra más en el camino antes de certificar su billete un año más en la élite. No fallaron ante su cita.

Y aunque este equipo haya cumplido, la temporada no ha sido nada sencilla. La entidad tuvo que enfrentarse a cambios que podrían haber supuesto un problema enorme. Llegó un nuevo propietario que sembró dudas a más de uno. La pretemporada, desde luego, no fue un paseíto por el campo. Su técnico tuvo que afrontar un verano sin fichajes, adaptando su plantilla a lo que ya tenía. El de Kettering, tras apuntalar la salvación, ya pensaba en lo que viene: “Aún queda mucho trabajo por hacer, especialmente en el lado de asegurarse de que los jugadores también se queden aquí, ese buen equilibrio para asegurarse de que este club pueda avanzar. Falta mucho trabajo en ese sentido”.

Podría llenar el artículo con palabras grandilocuentes sobre el proyecto, pero es complejo visualizar al club dando un paso adelante el próximo curso. Es evidente que el equipo necesita refuerzos para no tener que salvar la categoría en las últimas jornadas y con el agua al cuello. Sin embargo, el nivel está muy lejos de otras entidades que ahora viven tranquilamente en la zona media. Lo de jugar en Europa, como en la 18-19, está a años luz. Lo que está claro es que cuando un equipo recién ascendido, al más puro estilo Ned Flanders, venga hablando sobre salidas lavolpianas “genializosas y estupendásticas”, ya estará Dyche para pegarle un mamporro. Y así seguir en la máxima categoría hasta el fin de los días.

Imagen de cabecera: Imago

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Sean Dyche no parece el tipo más amigable del mundo. Para nada es Gabilondo, pero de alguna manera había que enganchar a la gente para leer el artículo. Su Burnley es uno de los cuadros más previsibles de Inglaterra. Utiliza más el 4-4-2 que David Villa su querido Giorgi. Y, además, emplea una plantilla repleta de británicos que empezaron en categorías bajas; de esas que cambia poco al finalizar el curso. Desde luego, saben de dónde proceden. Ya no existe el spoiler en esta serie: el final empieza a ser demasiado previsible. Se salvan año tras año.

Iban los clarets a Craven Cottage, uno de los coliseos más icónicos del planeta. El hogar del Fulham, para el aficionado al balompié, es como la oficina de Scranton para Michael Scott: “The place to be”. Una foto en Instagram y en Twitter son, normalmente, sinónimo de likes y retweets. Un seguro de vida para el influencer de turno. Para los de Dyche, un cuadro pragmático y anacrónico, una piedra más en el camino antes de certificar su billete un año más en la élite. No fallaron ante su cita.

Y aunque este equipo haya cumplido, la temporada no ha sido nada sencilla. La entidad tuvo que enfrentarse a cambios que podrían haber supuesto un problema enorme. Llegó un nuevo propietario que sembró dudas a más de uno. La pretemporada, desde luego, no fue un paseíto por el campo. Su técnico tuvo que afrontar un verano sin fichajes, adaptando su plantilla a lo que ya tenía. El de Kettering, tras apuntalar la salvación, ya pensaba en lo que viene: “Aún queda mucho trabajo por hacer, especialmente en el lado de asegurarse de que los jugadores también se queden aquí, ese buen equilibrio para asegurarse de que este club pueda avanzar. Falta mucho trabajo en ese sentido”.

Podría llenar el artículo con palabras grandilocuentes sobre el proyecto, pero es complejo visualizar al club dando un paso adelante el próximo curso. Es evidente que el equipo necesita refuerzos para no tener que salvar la categoría en las últimas jornadas y con el agua al cuello. Sin embargo, el nivel está muy lejos de otras entidades que ahora viven tranquilamente en la zona media. Lo de jugar en Europa, como en la 18-19, está a años luz. Lo que está claro es que cuando un equipo recién ascendido, al más puro estilo Ned Flanders, venga hablando sobre salidas lavolpianas “genializosas y estupendásticas”, ya estará Dyche para pegarle un mamporro. Y así seguir en la máxima categoría hasta el fin de los días.

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