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Sonia Bermúdez, llegar cuando toca

Sonia Bermúdez podría rasgarse las vestiduras. La propagación del fútbol femenino le llegó un pelín tarde, cuando ya daba sus últimos coletazos en la máxima categoría. Uno se pone nervioso, se exalta, cuando atisba su trayectoria: nunca paró de levantar ligas domésticas con la misma facilidad que pagas tu cuota de Netflix. Sin darte cuenta. Con la diferencia que a ti te lo cobran casi sin que des permiso, como un zombi que enseña su tarjeta sin pensar; mientras que a ella se le acalambraban los brazos de alzar trofeos. “He tenido la virtud de no cansarme de ganar,” aseguró para El País hace dos años. Como si su destino, contrario a los grandes imperios, fuera una antítesis de lo normal: el fracaso. Cuando triunfar es lo más normal del mundo.

La madrileña es un ejemplo más de futbolista que debe pasearse por muchos lares para triunfar. Su carrera estuvo ligada a muchos conjuntos, aunque solo salió una vez de España, donde nunca dejó de acumular triunfos y goles a sus espaldas. La atacante recordará para siempre el Mundial de 2015 de Canadá pese a sus últimas desavenencias con el seleccionador: “La selección es una puerta totalmente cerrada. Esperaba verme en la lista para la Eurocopa, fue un palo duro. Hay situaciones que no puedes comprender. Yo no voy a dejar de trabajar con mi club, pero a nivel psicológico es complicado para una futbolista que ha ganado la Liga y es máxima goleadora de su club mientras el seleccionador lleva a jugadoras que no van convocadas con su club,” afirmó para El País en la misma entrevista.

Pese a vivir el Mundial de 2019 a través de los micrófonos, como comentarista, nadie podrá negar que su trayectoria ha sido sensacional. Desde luego, si tiene que empezar a recordar todos esos triunfos tiene para rato. Sobre todo, a sabiendas que algunos guardamos momentos mucho menos épicos como souvenirs: con unas patatas bravas al sol nos conformamos. Bermúdez, en cambio, aúna victorias con su selección y viajes por todo el mundo defendiendo sus colores hasta su último aliento en el césped.

«Si hubo algo por encima de todo fue llevar tu escudo, escuchar tu himno y representarte en un Mundial y una Eurocopa. Jugar con la selección fue la mejor experiencia de mi vida. Puedo decir que cumplí mi sueño.” Alguno, quizás, le puede decir que tuvo mala suerte por llegar demasiado pronto, pero nada más lejos de la realidad. El DeLorean enseñó que es mejor no tocar el pasado. Matar una mariposa lo puede cambiar todo; y eso a Bermúdez no le interesa: ya es historia del balompié femenino español, aunque su despedida haya sido lejos del verde y con comunicados dolorosos. Sin embargo, decir adiós nunca ha sido fácil. Y menos a algo que te ha otorgado tanta felicidad.  

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Sonia Bermúdez podría rasgarse las vestiduras. La propagación del fútbol femenino le llegó un pelín tarde, cuando ya daba sus últimos coletazos en la máxima categoría. Uno se pone nervioso, se exalta, cuando atisba su trayectoria: nunca paró de levantar ligas domésticas con la misma facilidad que pagas tu cuota de Netflix. Sin darte cuenta. Con la diferencia que a ti te lo cobran casi sin que des permiso, como un zombi que enseña su tarjeta sin pensar; mientras que a ella se le acalambraban los brazos de alzar trofeos. “He tenido la virtud de no cansarme de ganar,” aseguró para El País hace dos años. Como si su destino, contrario a los grandes imperios, fuera una antítesis de lo normal: el fracaso. Cuando triunfar es lo más normal del mundo.

La madrileña es un ejemplo más de futbolista que debe pasearse por muchos lares para triunfar. Su carrera estuvo ligada a muchos conjuntos, aunque solo salió una vez de España, donde nunca dejó de acumular triunfos y goles a sus espaldas. La atacante recordará para siempre el Mundial de 2015 de Canadá pese a sus últimas desavenencias con el seleccionador: “La selección es una puerta totalmente cerrada. Esperaba verme en la lista para la Eurocopa, fue un palo duro. Hay situaciones que no puedes comprender. Yo no voy a dejar de trabajar con mi club, pero a nivel psicológico es complicado para una futbolista que ha ganado la Liga y es máxima goleadora de su club mientras el seleccionador lleva a jugadoras que no van convocadas con su club,” afirmó para El País en la misma entrevista.

Pese a vivir el Mundial de 2019 a través de los micrófonos, como comentarista, nadie podrá negar que su trayectoria ha sido sensacional. Desde luego, si tiene que empezar a recordar todos esos triunfos tiene para rato. Sobre todo, a sabiendas que algunos guardamos momentos mucho menos épicos como souvenirs: con unas patatas bravas al sol nos conformamos. Bermúdez, en cambio, aúna victorias con su selección y viajes por todo el mundo defendiendo sus colores hasta su último aliento en el césped.

«Si hubo algo por encima de todo fue llevar tu escudo, escuchar tu himno y representarte en un Mundial y una Eurocopa. Jugar con la selección fue la mejor experiencia de mi vida. Puedo decir que cumplí mi sueño.” Alguno, quizás, le puede decir que tuvo mala suerte por llegar demasiado pronto, pero nada más lejos de la realidad. El DeLorean enseñó que es mejor no tocar el pasado. Matar una mariposa lo puede cambiar todo; y eso a Bermúdez no le interesa: ya es historia del balompié femenino español, aunque su despedida haya sido lejos del verde y con comunicados dolorosos. Sin embargo, decir adiós nunca ha sido fácil. Y menos a algo que te ha otorgado tanta felicidad.  

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