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Sin límites Morales

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 23-08-2018

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El Levante vive una inercia
ganadora tan consistente desde el tramo final de la pasada Liga que le ha
permitido extender su efecto durante todo el verano para seguir exprimiéndola y
reforzándola en el estreno del nuevo campeonato. Desde que Paco López se
hiciese cargo del primer equipo el pasado mes de marzo, a falta de once
jornadas para que concluyese la competición, el conjunto granota ha sumado 28
puntos de 36 posibles, ha conseguido nueve victorias en doce encuentros y es el
equipo que más ha sumado de Primera en sus últimos doce encuentros.

Una estadística que habla a las
claras de la solidez de la idea de juego de su entrenador, de cómo ha
potenciado a sus futbolistas y de una forma distinta de ver las cosas, con la
que Paco López ha inyectado una confianza superlativa en un grupo que la había
perdido totalmente tras quince fechas sin conocer la victoria hasta su
aterrizaje en el banquillo. “Tenemos que ser campeones de una liga de
cuatro”
, dijo a su llegada al cargo. El objetivo era el mismo que luchar
por no descender, pero el mensaje no era el mismo. Y vaya si la ganó. El
Levante que él cogió estaba solo un punto por encima de la quema y acabó
salvándose a falta de tres jornadas y terminando 15º con 17 puntos de ventaja
sobre el descenso.

La demostración de que el cambio
de dinámica y de mentalidad no fue solamente provocado por la situación de
emergencia quedó más que patente con el campanazo que el Levante dio en el
Benito Villamarín en el estreno de la nueva Liga. Ordenado en un 4-4-2 que
pasaba a ser un 4-4-1-1 con un bloque bajo y diez futbolistas por detrás del
balón, pero con una presión bastante elevada y efectiva por tramos, el equipo
valenciano aprovechó a la perfección un juego directo, rápido y vertical,
comandado por José Luis Morales en una versión que nada tiene que envidiar a
los mejores partidos de Gareth Bale, para con la electricidad y velocidad del
madrileño explotar al máximo los espacios a la espalda de los carrileros
verdiblancos y a los costados de William Carvalho.

De este modo, los valencianos lograron
cortocircuitar a base de contraataques a un Betis que ejerció todo el dominio
territorial y del cuero, pero que estuvo falto de chispa desequilibrante y de
rupturas a partir de tres cuartos ante el sobresaliente repliegue levantinista,
que le negaba por dentro cualquier intentona combinativa hacia el área y que
por fuera siempre defendía en ventaja para cortar la acción (loable el trabajo
de Bardhi para no ser ningún especialista defensivo) y salir disparado,
especialmente desde su lado izquierdo, con un Chema impoluto defendiendo su
parcela en zonas de gol y con un Toño, que unido al extremo Jason por la banda
contraria, le dio al equipo lo poco que necesitaba para estirarse con amplitud
y encontrar con profundidad en campo rival a su guía espiritual. Un Morales
focalizado en explotar, a través de la verticalidad de sus conducciones y de un
ampliado ratio de acción, los espacios que el Betis dejaba a sus espaldas y
que, además, casi siempre contaba con al menos dos opciones: su tremenda
clarividencia y autosuficiencia en ese tipo de contextos y las posibilidades
que le ofrecía el siempre revoltoso Roger, bien para arrastrar marcas o bien
para ser el finalizador y con
quien se repartió de manera sabia los espacios y las alturas.

El Levante puso sobre la mesa de
forma nítida varias de las que serán sus señas de identidad a lo largo del
curso: la gran solidaridad global en las ayudas, su capacidad para defender los
carriles interiores y ser peligroso en transición ofensiva incluso a 60 metros
del arco rival en situaciones de partido extremas ante rivales de un cariz
posicional tan marcado en ataque como el Betis, el excelente compromiso y la
reforzada confianza colectivas… Y aún se guarda bajo la manga alternativas para
mudar de piel muy destacadas, dependiendo del contexto y del rival. Con
jugadores como Campaña, idóneo para otorgar cierto poso en la medular y servir
de gran lanzador cuando el equipo pueda acumular más posesión; con nombres como
el de Bardhi, decisivo en el golpeo y en la pelota parada; y con todos los
nuevos fichajes que aún no han entrado en juego, pero que serán más y más
recursos disponibles para que Paco López tenga donde elegir y sobre todo cómo
hacerlo; este Levante se postula como un equipo altamente consistente en varias
facetas, más rico tácticamente y directamente venenoso en situaciones
prolongadas de repliegue y contra, ya que se viene manejando a la perfección en
marcadores cortos y esa idea más directa le permite agarrarse con uñas y
dientes a partidos teóricamente desnivelados.

Siendo todo ello cierto, el futbolista que puede, con
toda esa estructura coral detrás, elevar el techo del equipo por encima de los
dictámenes de la lógica es José Luis Morales. Su comandante, su carta ganadora,
el indiscutible jugador franquicia del club y uno de los más determinantes en
ese sentido entre los teóricos clubes de la mitad baja de la tabla. A nadie
escapa, y a quien menos a su entrenador (“El objetivo es sumar 42 puntos lo
antes posible
”), que la realidad del Levante es pelear nuevamente por la
salvación, incluso sufrir por conseguirla. Sin embargo, con un Morales tan
incisivo, tan desbordante en la creencia en sus propias posibilidades y
cualidades y mejor proyectado que nunca en este su quinto año como granota;
este trabajado Levante puede romper con él y a través de él los límites de sus
propias expectativas, aspirando, por qué no, a ser el equipo revelación y a
posiciones próximas al top-10. El primero que lo sabe es Morales. El segundo,
Paco López, quien a las primeras de cambio ya ha dejado pistas de que quiere
enfocarlo mucho más al gol, en posiciones claras de segundo punta y primordial
conductor de ataques, más aún de lo que venía siendo habitual en las últimas
temporadas. Y todo apunta a que los siguientes en saberlo seremos todos los
demás, rivales incluidos.

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El Levante vive una inercia
ganadora tan consistente desde el tramo final de la pasada Liga que le ha
permitido extender su efecto durante todo el verano para seguir exprimiéndola y
reforzándola en el estreno del nuevo campeonato. Desde que Paco López se
hiciese cargo del primer equipo el pasado mes de marzo, a falta de once
jornadas para que concluyese la competición, el conjunto granota ha sumado 28
puntos de 36 posibles, ha conseguido nueve victorias en doce encuentros y es el
equipo que más ha sumado de Primera en sus últimos doce encuentros.

Una estadística que habla a las
claras de la solidez de la idea de juego de su entrenador, de cómo ha
potenciado a sus futbolistas y de una forma distinta de ver las cosas, con la
que Paco López ha inyectado una confianza superlativa en un grupo que la había
perdido totalmente tras quince fechas sin conocer la victoria hasta su
aterrizaje en el banquillo. “Tenemos que ser campeones de una liga de
cuatro”
, dijo a su llegada al cargo. El objetivo era el mismo que luchar
por no descender, pero el mensaje no era el mismo. Y vaya si la ganó. El
Levante que él cogió estaba solo un punto por encima de la quema y acabó
salvándose a falta de tres jornadas y terminando 15º con 17 puntos de ventaja
sobre el descenso.

La demostración de que el cambio
de dinámica y de mentalidad no fue solamente provocado por la situación de
emergencia quedó más que patente con el campanazo que el Levante dio en el
Benito Villamarín en el estreno de la nueva Liga. Ordenado en un 4-4-2 que
pasaba a ser un 4-4-1-1 con un bloque bajo y diez futbolistas por detrás del
balón, pero con una presión bastante elevada y efectiva por tramos, el equipo
valenciano aprovechó a la perfección un juego directo, rápido y vertical,
comandado por José Luis Morales en una versión que nada tiene que envidiar a
los mejores partidos de Gareth Bale, para con la electricidad y velocidad del
madrileño explotar al máximo los espacios a la espalda de los carrileros
verdiblancos y a los costados de William Carvalho.

De este modo, los valencianos lograron
cortocircuitar a base de contraataques a un Betis que ejerció todo el dominio
territorial y del cuero, pero que estuvo falto de chispa desequilibrante y de
rupturas a partir de tres cuartos ante el sobresaliente repliegue levantinista,
que le negaba por dentro cualquier intentona combinativa hacia el área y que
por fuera siempre defendía en ventaja para cortar la acción (loable el trabajo
de Bardhi para no ser ningún especialista defensivo) y salir disparado,
especialmente desde su lado izquierdo, con un Chema impoluto defendiendo su
parcela en zonas de gol y con un Toño, que unido al extremo Jason por la banda
contraria, le dio al equipo lo poco que necesitaba para estirarse con amplitud
y encontrar con profundidad en campo rival a su guía espiritual. Un Morales
focalizado en explotar, a través de la verticalidad de sus conducciones y de un
ampliado ratio de acción, los espacios que el Betis dejaba a sus espaldas y
que, además, casi siempre contaba con al menos dos opciones: su tremenda
clarividencia y autosuficiencia en ese tipo de contextos y las posibilidades
que le ofrecía el siempre revoltoso Roger, bien para arrastrar marcas o bien
para ser el finalizador y con
quien se repartió de manera sabia los espacios y las alturas.

El Levante puso sobre la mesa de
forma nítida varias de las que serán sus señas de identidad a lo largo del
curso: la gran solidaridad global en las ayudas, su capacidad para defender los
carriles interiores y ser peligroso en transición ofensiva incluso a 60 metros
del arco rival en situaciones de partido extremas ante rivales de un cariz
posicional tan marcado en ataque como el Betis, el excelente compromiso y la
reforzada confianza colectivas… Y aún se guarda bajo la manga alternativas para
mudar de piel muy destacadas, dependiendo del contexto y del rival. Con
jugadores como Campaña, idóneo para otorgar cierto poso en la medular y servir
de gran lanzador cuando el equipo pueda acumular más posesión; con nombres como
el de Bardhi, decisivo en el golpeo y en la pelota parada; y con todos los
nuevos fichajes que aún no han entrado en juego, pero que serán más y más
recursos disponibles para que Paco López tenga donde elegir y sobre todo cómo
hacerlo; este Levante se postula como un equipo altamente consistente en varias
facetas, más rico tácticamente y directamente venenoso en situaciones
prolongadas de repliegue y contra, ya que se viene manejando a la perfección en
marcadores cortos y esa idea más directa le permite agarrarse con uñas y
dientes a partidos teóricamente desnivelados.

Siendo todo ello cierto, el futbolista que puede, con
toda esa estructura coral detrás, elevar el techo del equipo por encima de los
dictámenes de la lógica es José Luis Morales. Su comandante, su carta ganadora,
el indiscutible jugador franquicia del club y uno de los más determinantes en
ese sentido entre los teóricos clubes de la mitad baja de la tabla. A nadie
escapa, y a quien menos a su entrenador (“El objetivo es sumar 42 puntos lo
antes posible
”), que la realidad del Levante es pelear nuevamente por la
salvación, incluso sufrir por conseguirla. Sin embargo, con un Morales tan
incisivo, tan desbordante en la creencia en sus propias posibilidades y
cualidades y mejor proyectado que nunca en este su quinto año como granota;
este trabajado Levante puede romper con él y a través de él los límites de sus
propias expectativas, aspirando, por qué no, a ser el equipo revelación y a
posiciones próximas al top-10. El primero que lo sabe es Morales. El segundo,
Paco López, quien a las primeras de cambio ya ha dejado pistas de que quiere
enfocarlo mucho más al gol, en posiciones claras de segundo punta y primordial
conductor de ataques, más aún de lo que venía siendo habitual en las últimas
temporadas. Y todo apunta a que los siguientes en saberlo seremos todos los
demás, rivales incluidos.

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