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Balonmano

Silvia Navarro, de Londres a Tokio

Las Guerreras no podían faltar. Los Juegos Olímpicos de Tokio serán los terceros consecutivos para la selección española femenina de balonmano tras arrasar en el preolímpico a Argentina (16-31), con dos goles más de diferencia que Suecia, con quien empató en el primer encuentro. Han pasado nueve años desde que la mejor generación de nuestra historia lograra un bronce inolvidable por lo agónico (29-31 a Corea del Sur tras dos prórrogas) y por convertirse en la primera medalla olímpica y la tercera en grandes torneos.

De aquel gran éxito solo queda una jugadora (Carmen Martín cayó lesionada y no pudo disputar la pelea por el tercer lugar), la misma que ha defendido la portería en el preolímpico. Un día antes de disputar el partido decisivo ante la albiceleste, Silvia Navarro cumplía 42 años. “Lograr el billete para Tokio ha sido el mejor regalo de mi vida”, dijo la guardameta valenciana, emocionada porque estará en sus terceros Juegos Olímpicos siendo una de las deportistas más veteranas.

Con más de dos décadas de trayectoria a sus espaldas, Silvia ha vivido de todo en la Selección, desde sus tiempos oscuros hasta la edad de oro, pasando por el periodo de transición que ahora experimenta. Su espina clavada es la de no haber podido subir al escalón más alto del podio. Tras dos bronces y dos platas, llegó una oportunidad única en la final del último Campeonato Mundial. Por el escaso rendimiento mostrado en torneos anteriores y el lento relevo generacional, las quinielas colocaban a España en décimo lugar del torneo. Pero las de Carlos Viver se proclamaron subcampeonas y estuvieron cerca de la gloria. La derrota frente a Países Bajos ha sido probablemente la más dolorosa de su carrera.

Su leyenda parece interminable. La retirada de Eli Pinedo o la lesión de Marta Mangüe la ha dejado, junto a Carmen Martín, en la gran referente de la Selección española. De pequeña siempre supo que iba a dedicarse al balonmano, y que iba a ser guardameta: “Mi primer entrenador me dejó probar las dos cosas, media hora de campo y media hora de portera. Me quedé con lo segundo. Estaba mucho mejor en la portería. Yo recibo balonazos pero mis compañeras reciben codazos y rodillazos”, contó en una entrevista en La Vanguardia. Quien haya visto un partido de España sabrá por qué sigue siendo insustituible. A pesar de su escasa altura (1,67m) se ha valido de sus espectaculares reflejos y de una agilidad asombrosa para acumular parada tras otra. ¿Un día para la historia? En el Mundial de Brasil de 2011 firmó la friolera de 28 intervenciones ante la mismísima anfitriona.

Precisamente la falta de envergadura la frenó en sus inicios en la Selección, que contaba con guardametas con mayor físico. Pero Silvia arrasaba en los test y pronto se hizo con un hueco. Estrella indiscutible en la liga española, la valenciana se ha mantenido en la élite de forma prácticamente ininterrumpida e incluso tuvo la oportunidad de probar en el extranjero cuando militó en las filas del SCM Râmnicu Vâlcea, que coincidió además con el nacimiento de su hijo (su expareja fue la que dio a luz). Fue entonces cuando decidió regresar a España, al Rocasa Gran Canaria, donde un convenio regulador le dejó las mañanas libres para disfrutar de su crianza hasta que empezó a ir al colegio. Demostró que podía ser madre y deportista al mismo tiempo.

En este club logró conquistar en 2019 su quinta Liga (tras la cuatro logradas con el ya desaparecido Itxako) y con el tiempo estabilizó su economía. No en vano, su regreso a España le llevó a cobrar apenas mil euros al mes, que poco después pasaron a ser el doble. Le tentaron para volver a un club con mayores aspiraciones europeas y condiciones inigualables, pero se mantuvo en una liga en constante crecimiento gracias a patrocinadores y el aumento de nivel de las jugadoras. Con todavía mucho por hacer (11 de las 18 jugadoras que han disputado el preolímpico militan en clubes extranjeros), Silvia es la voz de la experiencia en un vestuario diverso que sobre todo rebosa juventud. Son 218 internacionales a sus espaldas y serán más en Tokio, el mismo lugar donde alzaron esa plata mundial que pudo ser oro. De nuevo las quinielas las situaran fuera del podio, pero no se confundan: las guerreras volverán a estar listas para sorprender.

Imagen de cabecera: Imago

Alicante, 1991. Mi madre siempre me decía: "No sé por qué lloras por el fútbol, sino te da de comer". Desde entonces lucho por ser periodista deportivo, para vivir de mis pasiones (y llevarle un poco la contraria).

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