_Eibar

SD Mendileibar

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 12-12-2018

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Uno de los veinte equipos de las cinco grandes ligas con una mayor posesión de pelota (18º con 54.1%) y que más disparos realiza por partido (17º con 15.3). El undécimo conjunto del primer nivel del Viejo Continente que más chuts ejecuta desde dentro del área (8.9 p.p.). El cuarto equipo de La Liga que acumula más porcentaje de balón y el tercero que más remata, tan solo por detrás del FC Barcelona y del Real Madrid. También, nuevamente de entre la élite del fútbol europeo, el tercer equipo que más balones aéreos gana por encuentro (25.3 p.p.), el cuarto que menos remates permite (8.9 p.p.) después de Manchester City, Bayern y Liverpool; el que más pases en largo emplea(85.9) y más centros laterales pone por partido (30.4); además del que más goles marca de cabeza en el presente campeonato español (7). Auténtica flor y nata doméstica y continental en todos estos aspectos futbolísticos desde el estadio más pequeño y modesto de entre las actuales 96 canchas que conforman el top cinco de ligas europeas. Ahí es nada.

El Eibar de José Luis Mendilibar es mucho más que el equipo más british de La Liga, es una marca de prestigio futbolístico muy bien posicionada, asentada, trabajada y diferenciada dentro de un club en el que el cuerpo técnico, la plantilla, la dirigencia y la dirección deportiva reman juntos en la misma dirección con una cadencia y un compás extremadamente armonioso y que es el motivo principal para explicar el hecho de que los azulgranas vayan camino de asegurarse su sexta participación consecutiva en Primera División y de consolidarse como una certeza de La Liga contemporánea. Los armeros son un conjunto completamente de libreto y de autor y, por tanto, son también un absoluto patrimonio del tácticamente riquísimo campeonato español. Un estatus que Mendilibar ha sabido construir a través de dos variantes esquemáticas principales, tan aparentemente sencillas como eficientes. Un esquema con dos puntas en 4-4-2 que es normalmente más utilizado para los partidos en casa y como alternativa un 4-2-3-1 con un solo delantero centro, más asiduo en los encuentros lejos de Ipurua o ante contrincantes más exigentes. 

Sea cual sea la elección estructural, el estilo de los armeros es siempre inconfundible, inmutable e innegociable. La intensidad de su idea sobre el rectángulo de juego, sobresaliente. Y la tremenda personalidad para ejecutarla en cualquier contexto o escenario, inquebrantable. Mucho fútbol, puro fútbol, solo fútbol. El juego del Eibar se define a través de la puesta en marcha de la mejor presión en campo rival de toda La Liga (nadie acomete más recuperaciones en campo rival en el campeonato), la cual es sin duda su seña de identidad y su primera línea maestra; de la utilización de dos referencias constantes -una más fija y otra llegando desde atrás, con Joan Jordán o Gonzalo Escalante como encargados en esta segunda faceta cuando utilizan un solo nueve- para rellenar el área y dar opciones de remate y sentido al cuantioso juego por bandas, a los pases atrás al punto de penalti y al buen pie de sus dos laterales -Rubén Peña y especialmente José Ángel- para los centros laterales, los cuales parten en muchas ocasiones desde posiciones más cercanas a la medular que al pico del área. 

Un todo que suele enjaular al rival en sus primeros treinta metros y un sello que se caracteriza asimismo por los desdobles permanentes para progresar por los carriles; por esa importante figura destinada a mezclar, otorgar pausa y asociación y extraer ventajas en espacios reducidos partiendo del costado pero asomándose al balcón del área para producir jugadas, en un rol que antes ejercía Pedro León y ahora representa Fabián Orellana; y, en última instancia, por un total desdén al riesgo de perderla en campo propio y tener que corregir eventuales transiciones rápidas del rival que obliguen a tiempos de reacción insalvables para la fisonomía de sus centrales. Tipos corpulentos, expeditivos, contundentes por arriba y experimentados que, si bien adelantan la línea hasta la divisoria cuando el bloque está asentado en la mitad rival para así achicar espacios, sufren muchísimo a campo abierto y, por tanto, si se ven mínimamente presionados en fase de salida, no dudan a la hora de iniciar el juego con un balón aéreo al terreno adversario para que Sergi Enrich, Kike García, Charles o Diop traten de ganar el envío directo y, sobre todo, intenten facilitar en esa disputa que cualquier compañero se haga con esa segunda pelota y así el equipo consiga empezar a organizarse a través de ella una vez ya situado en campo rival.

El equipo de una ciudad entre montañas de poco más de 27000 habitantes y de un estadio con las particularidades y el limitado aforo de Ipurua, con los vecinos del barrio asomados a los balcones de los edificios que lo rodean para ver desde ahí cada partido que los suyos jueguen como local en la autoproclamada mejor liga del mundo, no deja de ser una anomalía dentro de una LFP que va de transatlántica de cara al mundo, que quiere ser cada vez más y más global y que pretende jugar sus partidos en Miami, Tokio o Kuala Lumpur. Una anomalía, sí, pero una anomalía maravillosa. Eso es exactamente lo que supone que un equipo históricamente perteneciente a la tercera categoría del fútbol español se haya erigido en una realidad tan palpable como estable en la élite y que tenga incluso argumentos deportivos para soñar alguna que otra temporada, por qué no, con poder alcanzar competición europea. Sociedad Deportiva Mendileibar o José Luis Mendileibar. Alguno de los dos, al menos como gesto temporal, debería cambiarse el nombre porque, en su ya cuarta campaña consecutiva de coexistencia en esta su segunda etapa juntos, las identidades competitivas y futbolísticas del club y de su técnico son exactamente la misma cosa. Y no hay una mejor característica que esa perfecta simbiosis para definir tanto a este Eibar que funciona como un reloj, como al entrenador que con su pulso lo hace funcionar como tal.

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Uno de los veinte equipos de las cinco grandes ligas con una mayor posesión de pelota (18º con 54.1%) y que más disparos realiza por partido (17º con 15.3). El undécimo conjunto del primer nivel del Viejo Continente que más chuts ejecuta desde dentro del área (8.9 p.p.). El cuarto equipo de La Liga que acumula más porcentaje de balón y el tercero que más remata, tan solo por detrás del FC Barcelona y del Real Madrid. También, nuevamente de entre la élite del fútbol europeo, el tercer equipo que más balones aéreos gana por encuentro (25.3 p.p.), el cuarto que menos remates permite (8.9 p.p.) después de Manchester City, Bayern y Liverpool; el que más pases en largo emplea(85.9) y más centros laterales pone por partido (30.4); además del que más goles marca de cabeza en el presente campeonato español (7). Auténtica flor y nata doméstica y continental en todos estos aspectos futbolísticos desde el estadio más pequeño y modesto de entre las actuales 96 canchas que conforman el top cinco de ligas europeas. Ahí es nada.

El Eibar de José Luis Mendilibar es mucho más que el equipo más british de La Liga, es una marca de prestigio futbolístico muy bien posicionada, asentada, trabajada y diferenciada dentro de un club en el que el cuerpo técnico, la plantilla, la dirigencia y la dirección deportiva reman juntos en la misma dirección con una cadencia y un compás extremadamente armonioso y que es el motivo principal para explicar el hecho de que los azulgranas vayan camino de asegurarse su sexta participación consecutiva en Primera División y de consolidarse como una certeza de La Liga contemporánea. Los armeros son un conjunto completamente de libreto y de autor y, por tanto, son también un absoluto patrimonio del tácticamente riquísimo campeonato español. Un estatus que Mendilibar ha sabido construir a través de dos variantes esquemáticas principales, tan aparentemente sencillas como eficientes. Un esquema con dos puntas en 4-4-2 que es normalmente más utilizado para los partidos en casa y como alternativa un 4-2-3-1 con un solo delantero centro, más asiduo en los encuentros lejos de Ipurua o ante contrincantes más exigentes. 

Sea cual sea la elección estructural, el estilo de los armeros es siempre inconfundible, inmutable e innegociable. La intensidad de su idea sobre el rectángulo de juego, sobresaliente. Y la tremenda personalidad para ejecutarla en cualquier contexto o escenario, inquebrantable. Mucho fútbol, puro fútbol, solo fútbol. El juego del Eibar se define a través de la puesta en marcha de la mejor presión en campo rival de toda La Liga (nadie acomete más recuperaciones en campo rival en el campeonato), la cual es sin duda su seña de identidad y su primera línea maestra; de la utilización de dos referencias constantes -una más fija y otra llegando desde atrás, con Joan Jordán o Gonzalo Escalante como encargados en esta segunda faceta cuando utilizan un solo nueve- para rellenar el área y dar opciones de remate y sentido al cuantioso juego por bandas, a los pases atrás al punto de penalti y al buen pie de sus dos laterales -Rubén Peña y especialmente José Ángel- para los centros laterales, los cuales parten en muchas ocasiones desde posiciones más cercanas a la medular que al pico del área. 

Un todo que suele enjaular al rival en sus primeros treinta metros y un sello que se caracteriza asimismo por los desdobles permanentes para progresar por los carriles; por esa importante figura destinada a mezclar, otorgar pausa y asociación y extraer ventajas en espacios reducidos partiendo del costado pero asomándose al balcón del área para producir jugadas, en un rol que antes ejercía Pedro León y ahora representa Fabián Orellana; y, en última instancia, por un total desdén al riesgo de perderla en campo propio y tener que corregir eventuales transiciones rápidas del rival que obliguen a tiempos de reacción insalvables para la fisonomía de sus centrales. Tipos corpulentos, expeditivos, contundentes por arriba y experimentados que, si bien adelantan la línea hasta la divisoria cuando el bloque está asentado en la mitad rival para así achicar espacios, sufren muchísimo a campo abierto y, por tanto, si se ven mínimamente presionados en fase de salida, no dudan a la hora de iniciar el juego con un balón aéreo al terreno adversario para que Sergi Enrich, Kike García, Charles o Diop traten de ganar el envío directo y, sobre todo, intenten facilitar en esa disputa que cualquier compañero se haga con esa segunda pelota y así el equipo consiga empezar a organizarse a través de ella una vez ya situado en campo rival.

El equipo de una ciudad entre montañas de poco más de 27000 habitantes y de un estadio con las particularidades y el limitado aforo de Ipurua, con los vecinos del barrio asomados a los balcones de los edificios que lo rodean para ver desde ahí cada partido que los suyos jueguen como local en la autoproclamada mejor liga del mundo, no deja de ser una anomalía dentro de una LFP que va de transatlántica de cara al mundo, que quiere ser cada vez más y más global y que pretende jugar sus partidos en Miami, Tokio o Kuala Lumpur. Una anomalía, sí, pero una anomalía maravillosa. Eso es exactamente lo que supone que un equipo históricamente perteneciente a la tercera categoría del fútbol español se haya erigido en una realidad tan palpable como estable en la élite y que tenga incluso argumentos deportivos para soñar alguna que otra temporada, por qué no, con poder alcanzar competición europea. Sociedad Deportiva Mendileibar o José Luis Mendileibar. Alguno de los dos, al menos como gesto temporal, debería cambiarse el nombre porque, en su ya cuarta campaña consecutiva de coexistencia en esta su segunda etapa juntos, las identidades competitivas y futbolísticas del club y de su técnico son exactamente la misma cosa. Y no hay una mejor característica que esa perfecta simbiosis para definir tanto a este Eibar que funciona como un reloj, como al entrenador que con su pulso lo hace funcionar como tal.

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12-12-2018