_Italia

Sarrilandia tendrá que esperar

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 15-10-2021

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Lazio Maurizio Sarri

La llegada de Maurizio Sarri a la Lazio hacía prever cambios severos en el juego del equipo romano respecto a la anterior etapa de Simone Inzaghi. Cambios a los que el grueso de su plantilla todavía no se ha habituado y que necesitarán de un tiempo que quizá conlleve toda la temporada. Sin embargo, el propio Sarri es un entrenador que, al contrario de la etiqueta que tiene asignada, siempre se ha adaptado de maravilla a los futbolistas con los que ha contado.

De otro modo no se entendería el Scudetto logrando en la Juventus, tantas veces ninguneado de forma absurda, o la Europa League conquistada con el Chelsea. Adaptación al medio, al contexto y a los jugadores para ganar títulos tras el asalto a los cielos que acometió desde los banquillos del amateurismo italiano más puro y duro. Y en esas está. Intentando que calen varias de sus ideas principales, sin deshacerse aún de algunos principios de su predecesor para mantener a tono la competitividad. Un proceso de equilibrismos en absoluto sencillo.

“En dos o tres meses nos vamos a divertir de verdad”, decía con convicción Luis Alberto en una entrevista reciente en la Rivista Undici. “Lo haremos mejor que su Napoli”, apuntillaba, dejando entrever las verdaderas aspiraciones de la Lazio en cuanto a la propuesta de juego. Intenciones hercúleas a decir verdad. Al menos para los mimbres con los que cuenta actualmente la plantilla biancoceleste, que es la más veterana de la Serie A, que cuenta con un fondo de armario muy justo, una unidad B a mucha distancia de nivel de la unidad A y que apenas ha sumado incorporaciones de primer orden que ayuden a la implantación rápida del germen sarrista, más allá de dos totales descartes llegados desde rivales directos como son Hysaj o Pedro, que ya sabían lo que era trabajar con las particularidades del técnico toscano.

Motivos por los que Sarri ya se ha visto obligado a tirar de nombres (Cataldi, Akpa-Akpro, Muriqi, Raúl Moro…) que sinceramente no alcanzan para pelear por la Champions League y que no contaban para Inzaghi el curso pasado, poniendo de manifiesto que maneja la plantilla más débil, nombre por nombre, de las siete principales aspirantes a los puestos europeos. Incluso la de la Fiorentina podría estar por encima. Bienvenido, Maurizio, al más difícil todavía.

A pesar de las dificultades futbolísticas y tácticas, Sarri ya ha dejado en la parte laziale de Roma la primera gran alegría del curso: la victoria en el derbi. Un punto muy importante sobre el que poder construir con crédito, aunque estuviese basada casi al cien por cien en el contragolpe y en las transiciones largas —que siguen siendo sus armas más poderosas y su herencia más valiosa y contundente—, y aunque una semana después cayesen derrotados por un rotundo 3-0 en Bologna, donde volvieron a verse de manera cristalina las costuras, incoherencias y déficits del equipo, especialmente en la actitud y el posicionamiento sin balón.

El 4-3-3 marca de la casa con balón pasa a ser un 4-4-2 sin él, con Pedro o Felipe Anderson acompañando a Immobile en la presión en función de por dónde pretenda el rival encaminar su maniobra en ese preciso momento, y con el extremo restante y Milinkovic-Savic cerrando el centro y saltando desde un segundo escalón. Sin embargo, Roma no se hizo en un día y un equipo tan acostumbrado durante tantos años a una fase defensiva mucho más reactiva y a una altura mucho menor está sufriendo para defender espacios amplios a su espalda y para ejercer una presión tras pérdida eficaz, tan decisiva para las intenciones ofensivas de Sarri.

Con un mediocentro de corte clásico que tiende casi siempre a guardar la posición y una mentalidad colectiva de recular en lugar de agredir o de acudir a la anticipación, la falta de vocación y concentración globales a la hora de apretar al rival, una vez orientada su salida hacia uno de los costados, está lastrando a la Lazio. Salir de ese tipo de acciones no resulta ninguna trampa mortal para el contrario, ya que esa falta de actividad convencida hace que los pasillos se multipliquen, que el rival pueda eludir el pressing con una combinación de pases cortos perfectamente asumible para la mayoría de los equipos, los seguimientos defensivos, las persecuciones y las ayudas se complican y aparecen huecos muy complicados de controlar.

Cambiar esa reactividad por proactividad es el primer gran paso que Sarri debe dar. Restar tiempo y espacio al portador y a los posibles receptores, construir ataques combinativos, rápidos y peligrosos desde esos robos altos provocados por su presión, comprender que en lugar de desprotegerse lo que están haciendo realmente lanzándose todos a una a la mitad rival cuando llega la pérdida de pelota es también erradicar la iniciativa del adversario para ser vertical, ya que un bloque alto sin presión colectiva agresiva acaba derivando en problemas muy marcados a la hora defender la espalda y en tener que correr hacia atrás en demasiadas ocasiones durante los partidos desde posiciones de partida marcadamente desfavorables.

Este tipo de situaciones de juego están siendo frecuentes en la Lazio hasta el momento. Además, el equipo también está arrastrando ciertos errores defensivos de concepto, derivados del paso a un sistema defensivo de zona pura y de la siempre controvertida transición de una línea de tres centrales y carrileros a una de cuatro zagueros. Sobre todo, sin haber tenido cambios nominativos, a excepción de un Hysaj que, para colmo, está jugando a pie cambiado, lo que merma bastante las capacidades asociativas que emanarían de forma natural con un zurdo, dificulta los perfiles en la salida o supone una barrera para el envío atrás en ataques organizados en campo rival. Por su parte, el otro lateral, Lazzari, carrilero de toda la vida, tiende a cerrarse demasiado e incluso da la espalda a su marca en situaciones de 1vs1.

Una serie de condicionantes, sumados a la ausencia de un tercer central, que también le está proporcionando a la Lazio algunos problemas para defender el balón parado o cerrar el área con eficacia ante centros laterales. Dificultades que tienen eco en el cierre del segundo palo, por la tendencia de Lazzari a estrecharse para no abrir el intervalo con Luiz Felipe, de lo que suele estar más pendiente que del duelo o la acción defensiva en sí misma, y por ese retorno defensivo tan esforzado ya comentado, que suele dejar a los cuatro defensores retrocediendo en inferioridad hacia su propia portería, intentando a duras penas cerrar el carril central, pero favoreciendo la aparición de espacios en sus costados que un equipo que sepa desplegarse con calidad, efectivos suficientes y velocidad y cambiar el juego de lado a lado en el momento preciso va a aprovechar para hacer mucho daño a la Lazio y hacer la diferencia en el marcador.

El otro aspecto fundamental para que Sarri pueda seguir inyectando su idea de juego y conseguir cuanto antes el equipo que quiere es la construcción a través de la posesión, concretamente y en primer lugar la salida de balón desde atrás. El sistema de Sarri se basa en las triangulaciones asociativas para progresar y mover al rival, logrando superioridades en banda para atacar con fluidez de manera estática en campo rival, progresando juntos y encontrando la profundidad en espacios reducidos interiores con combinaciones rápidas y precisas. El primer gran obstáculo para acometer este tipo de ataques organizados desde atrás se resume en que Lucas Leiva no es Jorginho en cuanto a calidad asociativa y visión de juego para trazar pases que rompan líneas o trazar envíos diagonales que activen a los extremos con un solo pase, limpiando una marca en lugar de teniendo que jugar antes en horizontal hacia el lateral y perder así la capacidad para dirigir al equipo desde la manija con celeridad. Ni tampoco lo es a la hora de moverse a los espacios liberados para volver a ser opción de pase.

Un hándicap en la creación que está obligando a Sarri a vestir a Luis Alberto de pluriempleado para que baje a recoger el cuero en el círculo central o incluso al lado de los centrales; a emplear con asiduidad a Pedro en zonas centrales para que eche una mano en la circulación, perdiendo de este modo referencias posicionales delante para desarrollar algunos de los principios del juego de posición que han solido regir los ataques de los equipos de Sarri y teniendo que optar en consecuencia por un exceso de conducciones individuales a muchos metros de distancia para trasladar la acción al último tercio, especialmente a través de Felipe Anderson. En esta línea, Sarri también está tirando mucho del pase de media distancia de Pepe Reina para activar a los laterales abiertos o jugar de forma directa, como recurso habitual, con Milinkovic-Savic, a quien está utilizando como llegador puro para paliar los pocos efectivos con los que está rellenando el área, derivados de esos problemas para armar ataques organizados. Un tipo de balón que también lleva a cabo mucho Acerbi. De hecho, el pase por arriba del central italiano al serbio es la acción con la que la Lazio suele iniciar cada saque de centro en busca de ganar la segunda jugada o directamente de poder presionar alto al rival.

La Lazio, en este sentido, está teniendo muchos problemas para parecerse a lo que todos pensamos cuando pensamos en un equipo de Sarri a través del balón. Tiene, además, varios futbolistas a los que les gusta recibir al pie, por eso el dúo que conforman Ciro Immobile atacando el espacio y Luis Alberto lanzándolo a la espalda de la zaga rival va a seguir siendo un arma fundamental para el equipo, también con Sarri, a quien la entrada en el equipo de su mejor fichaje, Mattia Zaccagni, debería dar un impulso importante tanto en los movimientos sin balón por delante de pelota y las combinaciones de pases ágiles, como a la hora de presionar, ya que es un jugador que tiene esa actitud muy interiorizada tras su etapa con Juric.

Por otra parte, a las intenciones biancocelesti de salir desde atrás y atraer las marcas a sus primeros metros para progresar con verticalidad, todavía en proceso de pulido, les están haciendo mucho daño las presionas altas. La falta de una sensibilidad técnica sobresaliente en el control, las distancias de relación algunas veces inadecuadas, los toques de más o los malos perfiles a la hora de recibir con un rival muy encima están provocando errores graves, que a su vez generan pérdidas de pelota flagrantes, que a su vez favorecen la generación de ocasiones de mucho peligro por parte de sus rivales, teniendo que optar para evitar tanta incomodidad por soluciones para nada sarristas a la hora de jugar desde atrás, como ya hemos comentado, sin poder elaborar por medio de pases rápidos ni encontrar con agilidad al hombre libre en un escalón posterior. Sin poder viajar juntos con la posesión, sin poder encontrar al tercer hombre, sin poder progresar como un todo. Un plan, ahora mismo, demasiado exigente, sobre todo ante marcajes muy orientados al hombre, como el que planteó Pioli con Brahim sobre Leiva, que taponan constantemente el paso del balón por el mediocentro, impidiendo los cambios de orientación en los primeros pases, obligando a tener que jugar mucho de espaldas o de primeras, poniendo en evidencia su fluidez y llevando a cabo además seguimientos profundos sobre los interiores cuando se ven obligados a caer al rescate de la construcción.

Si tuviera que apostar, creo que lo más probable tratándose de Sarri es que la Lazio acabará teniendo paulatinamente su sello, el original, sin tener por ello que dejar de lado algunos aspectos de la etapa de Inzaghi, como el aprovechamiento de las transiciones ofensivas largas, pero es una labor que requerirá tiempo. Bastante tiempo. Mínimo, dos o tres meses, como ya decía Luis Alberto. Y puede que sus previsiones sean demasiado optimistas. Haber aceptado un proyecto como el del equipo romano, con una plantilla que apenas se ha renovado y con una multitud de perfiles en absoluto proclives de antemano a los preceptos clásicos de su idea de juego requiere todo el convencimiento y toda la paciencia por parte del club, de la afición y de los propios futbolistas. De momento, Sarrilandia, en su versión laziale, tendrá que esperar, pero la esperanza de que un día, más pronto que tarde, todo empiece a encajar como su entrenador quiere debería ser el principal motor para que la Lazio siga compitiendo bien y, sobre todo, siga evolucionando en lo futbolístico para parecerse al tipo de equipo que Sarri desearía y que todos, desde su salida del Napoli en 2018, queremos volver a ver en el Calcio.

Imagen de cabecera: Getty Images

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La llegada de Maurizio Sarri a la Lazio hacía prever cambios severos en el juego del equipo romano respecto a la anterior etapa de Simone Inzaghi. Cambios a los que el grueso de su plantilla todavía no se ha habituado y que necesitarán de un tiempo que quizá conlleve toda la temporada. Sin embargo, el propio Sarri es un entrenador que, al contrario de la etiqueta que tiene asignada, siempre se ha adaptado de maravilla a los futbolistas con los que ha contado.

De otro modo no se entendería el Scudetto logrando en la Juventus, tantas veces ninguneado de forma absurda, o la Europa League conquistada con el Chelsea. Adaptación al medio, al contexto y a los jugadores para ganar títulos tras el asalto a los cielos que acometió desde los banquillos del amateurismo italiano más puro y duro. Y en esas está. Intentando que calen varias de sus ideas principales, sin deshacerse aún de algunos principios de su predecesor para mantener a tono la competitividad. Un proceso de equilibrismos en absoluto sencillo.

“En dos o tres meses nos vamos a divertir de verdad”, decía con convicción Luis Alberto en una entrevista reciente en la Rivista Undici. “Lo haremos mejor que su Napoli”, apuntillaba, dejando entrever las verdaderas aspiraciones de la Lazio en cuanto a la propuesta de juego. Intenciones hercúleas a decir verdad. Al menos para los mimbres con los que cuenta actualmente la plantilla biancoceleste, que es la más veterana de la Serie A, que cuenta con un fondo de armario muy justo, una unidad B a mucha distancia de nivel de la unidad A y que apenas ha sumado incorporaciones de primer orden que ayuden a la implantación rápida del germen sarrista, más allá de dos totales descartes llegados desde rivales directos como son Hysaj o Pedro, que ya sabían lo que era trabajar con las particularidades del técnico toscano.

Motivos por los que Sarri ya se ha visto obligado a tirar de nombres (Cataldi, Akpa-Akpro, Muriqi, Raúl Moro…) que sinceramente no alcanzan para pelear por la Champions League y que no contaban para Inzaghi el curso pasado, poniendo de manifiesto que maneja la plantilla más débil, nombre por nombre, de las siete principales aspirantes a los puestos europeos. Incluso la de la Fiorentina podría estar por encima. Bienvenido, Maurizio, al más difícil todavía.

A pesar de las dificultades futbolísticas y tácticas, Sarri ya ha dejado en la parte laziale de Roma la primera gran alegría del curso: la victoria en el derbi. Un punto muy importante sobre el que poder construir con crédito, aunque estuviese basada casi al cien por cien en el contragolpe y en las transiciones largas —que siguen siendo sus armas más poderosas y su herencia más valiosa y contundente—, y aunque una semana después cayesen derrotados por un rotundo 3-0 en Bologna, donde volvieron a verse de manera cristalina las costuras, incoherencias y déficits del equipo, especialmente en la actitud y el posicionamiento sin balón.

El 4-3-3 marca de la casa con balón pasa a ser un 4-4-2 sin él, con Pedro o Felipe Anderson acompañando a Immobile en la presión en función de por dónde pretenda el rival encaminar su maniobra en ese preciso momento, y con el extremo restante y Milinkovic-Savic cerrando el centro y saltando desde un segundo escalón. Sin embargo, Roma no se hizo en un día y un equipo tan acostumbrado durante tantos años a una fase defensiva mucho más reactiva y a una altura mucho menor está sufriendo para defender espacios amplios a su espalda y para ejercer una presión tras pérdida eficaz, tan decisiva para las intenciones ofensivas de Sarri.

Con un mediocentro de corte clásico que tiende casi siempre a guardar la posición y una mentalidad colectiva de recular en lugar de agredir o de acudir a la anticipación, la falta de vocación y concentración globales a la hora de apretar al rival, una vez orientada su salida hacia uno de los costados, está lastrando a la Lazio. Salir de ese tipo de acciones no resulta ninguna trampa mortal para el contrario, ya que esa falta de actividad convencida hace que los pasillos se multipliquen, que el rival pueda eludir el pressing con una combinación de pases cortos perfectamente asumible para la mayoría de los equipos, los seguimientos defensivos, las persecuciones y las ayudas se complican y aparecen huecos muy complicados de controlar.

Cambiar esa reactividad por proactividad es el primer gran paso que Sarri debe dar. Restar tiempo y espacio al portador y a los posibles receptores, construir ataques combinativos, rápidos y peligrosos desde esos robos altos provocados por su presión, comprender que en lugar de desprotegerse lo que están haciendo realmente lanzándose todos a una a la mitad rival cuando llega la pérdida de pelota es también erradicar la iniciativa del adversario para ser vertical, ya que un bloque alto sin presión colectiva agresiva acaba derivando en problemas muy marcados a la hora defender la espalda y en tener que correr hacia atrás en demasiadas ocasiones durante los partidos desde posiciones de partida marcadamente desfavorables.

Este tipo de situaciones de juego están siendo frecuentes en la Lazio hasta el momento. Además, el equipo también está arrastrando ciertos errores defensivos de concepto, derivados del paso a un sistema defensivo de zona pura y de la siempre controvertida transición de una línea de tres centrales y carrileros a una de cuatro zagueros. Sobre todo, sin haber tenido cambios nominativos, a excepción de un Hysaj que, para colmo, está jugando a pie cambiado, lo que merma bastante las capacidades asociativas que emanarían de forma natural con un zurdo, dificulta los perfiles en la salida o supone una barrera para el envío atrás en ataques organizados en campo rival. Por su parte, el otro lateral, Lazzari, carrilero de toda la vida, tiende a cerrarse demasiado e incluso da la espalda a su marca en situaciones de 1vs1.

Una serie de condicionantes, sumados a la ausencia de un tercer central, que también le está proporcionando a la Lazio algunos problemas para defender el balón parado o cerrar el área con eficacia ante centros laterales. Dificultades que tienen eco en el cierre del segundo palo, por la tendencia de Lazzari a estrecharse para no abrir el intervalo con Luiz Felipe, de lo que suele estar más pendiente que del duelo o la acción defensiva en sí misma, y por ese retorno defensivo tan esforzado ya comentado, que suele dejar a los cuatro defensores retrocediendo en inferioridad hacia su propia portería, intentando a duras penas cerrar el carril central, pero favoreciendo la aparición de espacios en sus costados que un equipo que sepa desplegarse con calidad, efectivos suficientes y velocidad y cambiar el juego de lado a lado en el momento preciso va a aprovechar para hacer mucho daño a la Lazio y hacer la diferencia en el marcador.

El otro aspecto fundamental para que Sarri pueda seguir inyectando su idea de juego y conseguir cuanto antes el equipo que quiere es la construcción a través de la posesión, concretamente y en primer lugar la salida de balón desde atrás. El sistema de Sarri se basa en las triangulaciones asociativas para progresar y mover al rival, logrando superioridades en banda para atacar con fluidez de manera estática en campo rival, progresando juntos y encontrando la profundidad en espacios reducidos interiores con combinaciones rápidas y precisas. El primer gran obstáculo para acometer este tipo de ataques organizados desde atrás se resume en que Lucas Leiva no es Jorginho en cuanto a calidad asociativa y visión de juego para trazar pases que rompan líneas o trazar envíos diagonales que activen a los extremos con un solo pase, limpiando una marca en lugar de teniendo que jugar antes en horizontal hacia el lateral y perder así la capacidad para dirigir al equipo desde la manija con celeridad. Ni tampoco lo es a la hora de moverse a los espacios liberados para volver a ser opción de pase.

Un hándicap en la creación que está obligando a Sarri a vestir a Luis Alberto de pluriempleado para que baje a recoger el cuero en el círculo central o incluso al lado de los centrales; a emplear con asiduidad a Pedro en zonas centrales para que eche una mano en la circulación, perdiendo de este modo referencias posicionales delante para desarrollar algunos de los principios del juego de posición que han solido regir los ataques de los equipos de Sarri y teniendo que optar en consecuencia por un exceso de conducciones individuales a muchos metros de distancia para trasladar la acción al último tercio, especialmente a través de Felipe Anderson. En esta línea, Sarri también está tirando mucho del pase de media distancia de Pepe Reina para activar a los laterales abiertos o jugar de forma directa, como recurso habitual, con Milinkovic-Savic, a quien está utilizando como llegador puro para paliar los pocos efectivos con los que está rellenando el área, derivados de esos problemas para armar ataques organizados. Un tipo de balón que también lleva a cabo mucho Acerbi. De hecho, el pase por arriba del central italiano al serbio es la acción con la que la Lazio suele iniciar cada saque de centro en busca de ganar la segunda jugada o directamente de poder presionar alto al rival.

La Lazio, en este sentido, está teniendo muchos problemas para parecerse a lo que todos pensamos cuando pensamos en un equipo de Sarri a través del balón. Tiene, además, varios futbolistas a los que les gusta recibir al pie, por eso el dúo que conforman Ciro Immobile atacando el espacio y Luis Alberto lanzándolo a la espalda de la zaga rival va a seguir siendo un arma fundamental para el equipo, también con Sarri, a quien la entrada en el equipo de su mejor fichaje, Mattia Zaccagni, debería dar un impulso importante tanto en los movimientos sin balón por delante de pelota y las combinaciones de pases ágiles, como a la hora de presionar, ya que es un jugador que tiene esa actitud muy interiorizada tras su etapa con Juric.

Por otra parte, a las intenciones biancocelesti de salir desde atrás y atraer las marcas a sus primeros metros para progresar con verticalidad, todavía en proceso de pulido, les están haciendo mucho daño las presionas altas. La falta de una sensibilidad técnica sobresaliente en el control, las distancias de relación algunas veces inadecuadas, los toques de más o los malos perfiles a la hora de recibir con un rival muy encima están provocando errores graves, que a su vez generan pérdidas de pelota flagrantes, que a su vez favorecen la generación de ocasiones de mucho peligro por parte de sus rivales, teniendo que optar para evitar tanta incomodidad por soluciones para nada sarristas a la hora de jugar desde atrás, como ya hemos comentado, sin poder elaborar por medio de pases rápidos ni encontrar con agilidad al hombre libre en un escalón posterior. Sin poder viajar juntos con la posesión, sin poder encontrar al tercer hombre, sin poder progresar como un todo. Un plan, ahora mismo, demasiado exigente, sobre todo ante marcajes muy orientados al hombre, como el que planteó Pioli con Brahim sobre Leiva, que taponan constantemente el paso del balón por el mediocentro, impidiendo los cambios de orientación en los primeros pases, obligando a tener que jugar mucho de espaldas o de primeras, poniendo en evidencia su fluidez y llevando a cabo además seguimientos profundos sobre los interiores cuando se ven obligados a caer al rescate de la construcción.

Si tuviera que apostar, creo que lo más probable tratándose de Sarri es que la Lazio acabará teniendo paulatinamente su sello, el original, sin tener por ello que dejar de lado algunos aspectos de la etapa de Inzaghi, como el aprovechamiento de las transiciones ofensivas largas, pero es una labor que requerirá tiempo. Bastante tiempo. Mínimo, dos o tres meses, como ya decía Luis Alberto. Y puede que sus previsiones sean demasiado optimistas. Haber aceptado un proyecto como el del equipo romano, con una plantilla que apenas se ha renovado y con una multitud de perfiles en absoluto proclives de antemano a los preceptos clásicos de su idea de juego requiere todo el convencimiento y toda la paciencia por parte del club, de la afición y de los propios futbolistas. De momento, Sarrilandia, en su versión laziale, tendrá que esperar, pero la esperanza de que un día, más pronto que tarde, todo empiece a encajar como su entrenador quiere debería ser el principal motor para que la Lazio siga compitiendo bien y, sobre todo, siga evolucionando en lo futbolístico para parecerse al tipo de equipo que Sarri desearía y que todos, desde su salida del Napoli en 2018, queremos volver a ver en el Calcio.

Imagen de cabecera: Getty Images

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