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La oportunidad de oro de Sandra Sánchez

David Orenes @david_lrl 10-06-2021

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Karate Sandra Sánchez

Los Juegos Olímpicos de Tokio están a la vuelta de la esquina. Serán muy especiales porque la espera ha sido de cinco años (por la pandemia) y porque contará con muchas medidas de seguridad y restricciones (por la pandemia), pero también porque contará en su programa con un deporte hasta la fecha desaparecido. A Japón, la cuna del karate, llegará una Sandra Sánchez que aspira no al bronce o la plata, sino al oro.

“Es chulo que la gente crea que puedo conseguir esa medalla, porque significa que el trabajo que has estado haciendo se valora y creen en tus posibilidades”, nos cuenta nuestra protagonista, que está acaparando todos los focos antes de la gran cita. De entre las deportistas españolas que aspiran a subirse al podio en Tokio, Sandra es la que más papeletas tiene de subirse al más alto de los cajones. No en vano, llegará como número uno del ránking histórico y como vigente campeona de Europa y del mundo. “Intento no pensar mucho en lo que significa llamar la atención de los medios y demás. Lo que sí me gusta que se vea karate. Que la gente me escriba porque ha visto una entrevista y se anime a hacer karate, a volver porque lo habían dejado, a hacer deporte a una determinada edad porque ven algún ejemplo. Todo esto es lo que me parece importante transmitir a través de los medios de comunicación”, explica la talaverana.

Estos serán los primeros (y puede que únicos) Juegos Olímpicos para Sandra, así que la cuenta atrás está siendo más ilusionante que agónica. “Cada día sale una cosa: que si la ropa que vas a llevar, el día exacto que vamos a viajar… van llegando noticias que lo hacen como más real. Yo creo que ya allí las mariposas del estómago comenzarán a revolotear con más fuerza”. Y su agenda, por lo tanto, se aprieta. Se levanta a las siete de la mañana, desayuna, estudia un poco, entrena una hora en el gimnasio y dos horas y media en el tatami, y a veces antes de comer va al fisio o tiene un baño de contraste. Después de comer intenta descansar media hora y luego otra vez al tatami (unas tres horas). A partir de la siete intenta encajar actos institucionales o con patrocinadores, para después cenar y descansar. Al día siguiente, vuelta a empezar. ¿Demasiado tanto física como mentalmente?

“Sí que es verdad que cuando tengo que ir aquí o allí (risas) me agobio un poco, porque lo restas de tiempo de descanso. Pero intento encontrar el equilibrio. Si un día tengo un acto, al siguiente descanso, cuadrando para que los entrenamientos se hagan al cien por cien y el cansancio no repercuta en que al día siguiente en el entrenamiento no esté como tenga que estar”, explica Sandra, que este mismo fin de semana acudirá a París para disfrutar desde la grada del preolímpico de karate, último torneo para designar las plazas todavía pendientes para muchos karatecas. “Es verdad que después del confinamiento no se han celebrado tantos campeonatos y de los que ha habido no todos han podido ir, porque dependen de la situación de sus países. En el preolímpico puedo ver algunas competidoras que no he tenido la oportunidad de ver en la Premier o en el Europeo. Tenemos que estudiarlo todo (risas)”.

La obsesión con la edad

Sandra se clasificó para los Juegos Olímpicos por pura inercia. Arrasando en cada torneo, pronto consiguió los puntos necesarios para estar matemáticamente en la gran cita. Desde fuera, cualquiera diría que fue un camino de rosas, pero nada más lejos de la realidad. “Ha sido una montaña rusa. Primero, algo que ha sido general para todos como fue la pandemia y el retraso de un año. Y luego hay días que me levanto o estoy demasiado cansada y pienso… “¿Me habré hecho mayor ya?” (risas) Como siempre me repiten tanto lo de la edad… Pero son cositas de la cabeza que enseguida se van”.

La toledana reconoce que a veces la cabeza le juega una mala pasada, que tiene que ver con el runrún que se genera precisamente por mencionar continuamente los años que tiene (39). “Yo creo que es porque nos lo dicen tanto que te acabas sugestionando. Porque si nadie hablara de la edad sería tu cuerpo el que te va avisando de a lo que llegas y no llegas y la mente no te traicionaría tanto. Yo me encuentro súper bien, súper fuerte”. La mejor demostración, además de las numerosas victorias que acumula, son los controles de rendimiento a los que se somete cada dos meses, con resultados fantásticos. “Los datos siempre son hacia arriba, así que… ¡más fuerte y más joven! (risas).

Si Sandra se ha convertido en una referente en el deporte femenino, gran parte de culpa tiene el hecho de que comenzara tan tarde a competir en la élite. No entró en la selección española hasta los 32 años. Tres después ya era la mejor del mundo y de la historia. Estará en Tokio rozando los cuarenta, pero no estará sola: Laia Palau (41), Maialen Chourraut (38), Teresa Portela (39), o Silvia Navarro (42) son otras deportistas españolas que aspirarán a medalla. “Se van rompiendo clichés. Nos han metido tanto en la cabeza lo de la edad, que era el reflejo de lo que cree la gente que ya no puede hacer. Han mejorado los sistemas de entrenamiento, la prevención y recuperación de lesiones… Todo ha evolucionado, ya no se puede determinar que por un número se decida tu inicio o final de carrera deportiva. Eso lo determina tu cuerpo y tu mente, no el carné de identidad”, sentencia.

Por supuesto, también ve positiva la decisión de contar con una pareja de abanderados, hombre y mujer, en Tokio 2020. “Es súper positivo. Que puedan desfilar un chico y una chica da acceso a que haya esa visibilidad. En España los requisitos para ser abanderado era el número de medallas olímpicas de cada uno y claro, históricamente era más difícil para las mujeres”, explica Sandra, que aun así cree que queda camino por recorrer. “Todavía a veces cuesta. Si preguntas a alguien cuáles son los tres mejores deportistas la mayoría de veces te van a decir tres chicos. Por eso es importante seguir creando referentes. Cuando la mujer los ha ido teniendo y ha tenido las posibilidades de entrenar y de tener las mismas condiciones ha sido cuando los resultados han llegado. Vamos viendo que el número de medallas se equipara (en las dos últimas ediciones se lograron más medallas en categoría femenina que en masculina) y llegará un día en el que no se hable de medallas de chicos y chicas, sino de todos”.

¿Única oportunidad?

Desafortunadamente, ésta puede ser la primera y última ocasión de Sandra de lograr una medalla olímpica, lo único que le falta en un palmarés a rebosar. No por la edad (en París tendrá 42 años, pero es imposible ponerle límites), sino porque el COI decidió excluirlo del programa olímpico para 2024. ¿Presión o motivación extra?

“Lo llamaría mejor motivación extra, porque van a ser las únicas del karate, así que son súper valiosas. Hay que confiar en el trabajo. De momento se está haciendo bien y los resultados acompañan, pero los Juegos son otro campeonato, se empieza desde cero y hay que salir a hacer bien cada eliminatoria y cada kata, y conseguir que los árbitros valoren todo ese trabajo y que valga esa medalla olímpica”, señala Sandra, una absoluta perfeccionista. Quizá eso sea la clave para mantener la ambición intacta a pesar de haber ganado cada competición que ha disputado.

“Siempre que termino un campeonato y veo los vídeos siempre digo: ‘uy, pues esto lo podía haber hecho mejor’. Y estoy deseando ir al día siguiente a entrenar para ver si me sale mejor (risas). Eso nunca se acaba, siempre hay algo más. No piensas en lo que has conseguido, piensas en lo que puedes llegar a conseguir. Da igual que seas el número uno o el cien: cuando sales al tatami, si se te mueve un dedo estás fuera”.

Así que Sandra aprovechará estos Juegos al máximo, a pesar de las restricciones. “Nos han hablado tanto de los Juegos, y al mismo tiempo nos han dicho que estos van a ser tan diferentes… (risas). Por suerte o no, estos serán los primeros para mí, así que no lo voy a comparar con ninguno. Aunque haya restricciones, voy a vivir MIS JUEGOS. Ojalá se pueda hacer la ceremonia de inauguración, porque serán los primeros y puede que últimos Juegos del karate. Es un recuerdo que me gustaría llevarme”, confiesa Sandra, que va a tratar de aprovechar al máximo este escaparate que se le ha brindado al deporte que ama.

“La mayor oportunidad que un deporte tiene para que se vea en todo el mundo son unos Juegos Olímpicos, y el karate va a ser muy espectacular por la tradición que hay en Japón. Van a apostar mucho para que el campeonato sea muy bonito. Se junta todo para que estos Juegos sean inolvidables”. La guinda, ojalá, ese oro bajo el brazo de vuelta a casa.

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Los Juegos Olímpicos de Tokio están a la vuelta de la esquina. Serán muy especiales porque la espera ha sido de cinco años (por la pandemia) y porque contará con muchas medidas de seguridad y restricciones (por la pandemia), pero también porque contará en su programa con un deporte hasta la fecha desaparecido. A Japón, la cuna del karate, llegará una Sandra Sánchez que aspira no al bronce o la plata, sino al oro.

“Es chulo que la gente crea que puedo conseguir esa medalla, porque significa que el trabajo que has estado haciendo se valora y creen en tus posibilidades”, nos cuenta nuestra protagonista, que está acaparando todos los focos antes de la gran cita. De entre las deportistas españolas que aspiran a subirse al podio en Tokio, Sandra es la que más papeletas tiene de subirse al más alto de los cajones. No en vano, llegará como número uno del ránking histórico y como vigente campeona de Europa y del mundo. “Intento no pensar mucho en lo que significa llamar la atención de los medios y demás. Lo que sí me gusta que se vea karate. Que la gente me escriba porque ha visto una entrevista y se anime a hacer karate, a volver porque lo habían dejado, a hacer deporte a una determinada edad porque ven algún ejemplo. Todo esto es lo que me parece importante transmitir a través de los medios de comunicación”, explica la talaverana.

Estos serán los primeros (y puede que únicos) Juegos Olímpicos para Sandra, así que la cuenta atrás está siendo más ilusionante que agónica. “Cada día sale una cosa: que si la ropa que vas a llevar, el día exacto que vamos a viajar… van llegando noticias que lo hacen como más real. Yo creo que ya allí las mariposas del estómago comenzarán a revolotear con más fuerza”. Y su agenda, por lo tanto, se aprieta. Se levanta a las siete de la mañana, desayuna, estudia un poco, entrena una hora en el gimnasio y dos horas y media en el tatami, y a veces antes de comer va al fisio o tiene un baño de contraste. Después de comer intenta descansar media hora y luego otra vez al tatami (unas tres horas). A partir de la siete intenta encajar actos institucionales o con patrocinadores, para después cenar y descansar. Al día siguiente, vuelta a empezar. ¿Demasiado tanto física como mentalmente?

“Sí que es verdad que cuando tengo que ir aquí o allí (risas) me agobio un poco, porque lo restas de tiempo de descanso. Pero intento encontrar el equilibrio. Si un día tengo un acto, al siguiente descanso, cuadrando para que los entrenamientos se hagan al cien por cien y el cansancio no repercuta en que al día siguiente en el entrenamiento no esté como tenga que estar”, explica Sandra, que este mismo fin de semana acudirá a París para disfrutar desde la grada del preolímpico de karate, último torneo para designar las plazas todavía pendientes para muchos karatecas. “Es verdad que después del confinamiento no se han celebrado tantos campeonatos y de los que ha habido no todos han podido ir, porque dependen de la situación de sus países. En el preolímpico puedo ver algunas competidoras que no he tenido la oportunidad de ver en la Premier o en el Europeo. Tenemos que estudiarlo todo (risas)”.

La obsesión con la edad

Sandra se clasificó para los Juegos Olímpicos por pura inercia. Arrasando en cada torneo, pronto consiguió los puntos necesarios para estar matemáticamente en la gran cita. Desde fuera, cualquiera diría que fue un camino de rosas, pero nada más lejos de la realidad. “Ha sido una montaña rusa. Primero, algo que ha sido general para todos como fue la pandemia y el retraso de un año. Y luego hay días que me levanto o estoy demasiado cansada y pienso… “¿Me habré hecho mayor ya?” (risas) Como siempre me repiten tanto lo de la edad… Pero son cositas de la cabeza que enseguida se van”.

La toledana reconoce que a veces la cabeza le juega una mala pasada, que tiene que ver con el runrún que se genera precisamente por mencionar continuamente los años que tiene (39). “Yo creo que es porque nos lo dicen tanto que te acabas sugestionando. Porque si nadie hablara de la edad sería tu cuerpo el que te va avisando de a lo que llegas y no llegas y la mente no te traicionaría tanto. Yo me encuentro súper bien, súper fuerte”. La mejor demostración, además de las numerosas victorias que acumula, son los controles de rendimiento a los que se somete cada dos meses, con resultados fantásticos. “Los datos siempre son hacia arriba, así que… ¡más fuerte y más joven! (risas).

Si Sandra se ha convertido en una referente en el deporte femenino, gran parte de culpa tiene el hecho de que comenzara tan tarde a competir en la élite. No entró en la selección española hasta los 32 años. Tres después ya era la mejor del mundo y de la historia. Estará en Tokio rozando los cuarenta, pero no estará sola: Laia Palau (41), Maialen Chourraut (38), Teresa Portela (39), o Silvia Navarro (42) son otras deportistas españolas que aspirarán a medalla. “Se van rompiendo clichés. Nos han metido tanto en la cabeza lo de la edad, que era el reflejo de lo que cree la gente que ya no puede hacer. Han mejorado los sistemas de entrenamiento, la prevención y recuperación de lesiones… Todo ha evolucionado, ya no se puede determinar que por un número se decida tu inicio o final de carrera deportiva. Eso lo determina tu cuerpo y tu mente, no el carné de identidad”, sentencia.

Por supuesto, también ve positiva la decisión de contar con una pareja de abanderados, hombre y mujer, en Tokio 2020. “Es súper positivo. Que puedan desfilar un chico y una chica da acceso a que haya esa visibilidad. En España los requisitos para ser abanderado era el número de medallas olímpicas de cada uno y claro, históricamente era más difícil para las mujeres”, explica Sandra, que aun así cree que queda camino por recorrer. “Todavía a veces cuesta. Si preguntas a alguien cuáles son los tres mejores deportistas la mayoría de veces te van a decir tres chicos. Por eso es importante seguir creando referentes. Cuando la mujer los ha ido teniendo y ha tenido las posibilidades de entrenar y de tener las mismas condiciones ha sido cuando los resultados han llegado. Vamos viendo que el número de medallas se equipara (en las dos últimas ediciones se lograron más medallas en categoría femenina que en masculina) y llegará un día en el que no se hable de medallas de chicos y chicas, sino de todos”.

¿Única oportunidad?

Desafortunadamente, ésta puede ser la primera y última ocasión de Sandra de lograr una medalla olímpica, lo único que le falta en un palmarés a rebosar. No por la edad (en París tendrá 42 años, pero es imposible ponerle límites), sino porque el COI decidió excluirlo del programa olímpico para 2024. ¿Presión o motivación extra?

“Lo llamaría mejor motivación extra, porque van a ser las únicas del karate, así que son súper valiosas. Hay que confiar en el trabajo. De momento se está haciendo bien y los resultados acompañan, pero los Juegos son otro campeonato, se empieza desde cero y hay que salir a hacer bien cada eliminatoria y cada kata, y conseguir que los árbitros valoren todo ese trabajo y que valga esa medalla olímpica”, señala Sandra, una absoluta perfeccionista. Quizá eso sea la clave para mantener la ambición intacta a pesar de haber ganado cada competición que ha disputado.

“Siempre que termino un campeonato y veo los vídeos siempre digo: ‘uy, pues esto lo podía haber hecho mejor’. Y estoy deseando ir al día siguiente a entrenar para ver si me sale mejor (risas). Eso nunca se acaba, siempre hay algo más. No piensas en lo que has conseguido, piensas en lo que puedes llegar a conseguir. Da igual que seas el número uno o el cien: cuando sales al tatami, si se te mueve un dedo estás fuera”.

Así que Sandra aprovechará estos Juegos al máximo, a pesar de las restricciones. “Nos han hablado tanto de los Juegos, y al mismo tiempo nos han dicho que estos van a ser tan diferentes… (risas). Por suerte o no, estos serán los primeros para mí, así que no lo voy a comparar con ninguno. Aunque haya restricciones, voy a vivir MIS JUEGOS. Ojalá se pueda hacer la ceremonia de inauguración, porque serán los primeros y puede que últimos Juegos del karate. Es un recuerdo que me gustaría llevarme”, confiesa Sandra, que va a tratar de aprovechar al máximo este escaparate que se le ha brindado al deporte que ama.

“La mayor oportunidad que un deporte tiene para que se vea en todo el mundo son unos Juegos Olímpicos, y el karate va a ser muy espectacular por la tradición que hay en Japón. Van a apostar mucho para que el campeonato sea muy bonito. Se junta todo para que estos Juegos sean inolvidables”. La guinda, ojalá, ese oro bajo el brazo de vuelta a casa.

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