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Ryan Leaf, la némesis fallida de Peyton Manning

César Martín @CesarMrtn 16-07-2018

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Espero quince años de carrera, un par de viajes a la Super Bowl y un
desfile por el downtown de San Diego
”. Esas palabras salieron de la boca de
Ryan Leaf después de haber sido elegido por los Chargers en la segunda posición
del Draft de la NFL de 1998. Su carrera duró tres temporadas, sin viajes a la
Super Bowl y por supuesto sin baños de masas por las calles de ninguna ciudad.
Esta es la historia del para muchos mayor bust
de la historia de la NFL.

Peyton Manning o Ryan Leaf. Esa era la cuestión durante los
meses previos al Draft del 98 en las oficinas de los Indianapolis Colts, poseedores
del primer pick global de ese año. Un debate que llenó cientos de páginas de
publicaciones deportivas y que dio para muchas horas de debates en televisión. El
caso es que el futuro de la franquicia de Indiana iba a pasar por las manos de
uno de esos dos quarterbacks. Y quien no acabase en Indy, jugaría en San Diego.
Eso estaba cantadísimo.

Manning representaba al prospecto inteligente,
al más hecho, mientras que Leaf era un jugador más molón: brazo poderoso y una gran
capacidad atlética. El potencial de ambos era descomunal. De hecho, el
prestigioso Dave Anderson (todo un ganador del Premio Pulitzer) escribió en The New York Times que daba lo mismo
escoger a uno que a otro. Finalmente, los Colts se decantaron por el mayor de
los hermanos Manning.

A Leaf le tocó dar el salto como
profesional en el sur de California, en unos Chargers huérfanos de un
quarterback franquicia desde la retirada de Dan Fouts en 1987. Para subir al
segundo puesto en el Draft (tenían el pick 3), los Chargers enviaron a Arizona
dos elecciones de primera ronda, una de segunda y al linebacker Patrick Sapp.
Leaf nunca justificó toda esa inversión, ni todo el hype que se generó en torno
a él.

En su debut en la NFL, el primer
snap que jugó terminó en fumble y pasó para dos intercepciones. A pesar del paupérrimo
rendimiento de Leaf, los Chargers consiguieron ganar los dos primeros choques
de la temporada. A partir del tercer partido comenzó la espiral negativa del QB
de Washington State. El 1 de 15 en pases, cuatro fumbles y dos intercepciones
de la tercera semana se convirtió en cuatro INTs… en una parte. En poco más de
un mes ya había perdido la titularidad.

El año rookie de Leaf se saldó con
un 45% de pases completados, 1289 yardas, dos pases de touchdown y quince
intercepciones. ¿Presión por ser un pick 2? Nada de eso. Ryan tenía claros
quiénes eran los culpables: sus compañeros. Él, toda una estrella
universitaria, aseguró tener la misma seguridad en su juego que el mismísimo
Brett Favre. Por lo tanto, la culpa solo podía ser de quienes le rodeaban.

Lo cierto es que Leaf nunca fue un
profesional: discusiones con prensa y compañeros, misteriosas lesiones de
muñeca, ausencias en las sesiones de vídeo por ir a jugar al golf… Los Chargers
le cortaron tan solo tres años después de haberle drafteado.

Los Cowboys acudieron en su ayuda
para que reemplazara al lesionado Quincy Carter. Jerry Jones confiaba en que
floreciese aquel talento colegial que maravilló a todos a finales de los
noventa. Nada. Leaf sólo se enfundó el uniforme del Equipo de América para cuatro
partidos y decidió retirarse en 2002, con 26 años de edad. Su nombre pasó
directamente al primer puesto de mayores errores de la historia del Draft.

La etiqueta de mayor pufo de la
historia de la NFL nunca la asimiló. Se volvió adicto a los calmantes y fue
arrestado en múltiples ocasiones por asaltos a residencias en busca de recetas
de esas pastillas, hasta que en 2012 fue sentenciado a siete años de cárcel. Fue
puesto en libertad al cabo de dos años. Por suerte, Leaf ha podido rehacer su
vida y ahora lidera una fundación para ayudar a gente con problemas mentales

“Arrogante, grosero y narcisista”.
Así definió el Ryan Leaf de 40 años al Ryan Leaf de 23 en una carta dirigida a
este en The Player’s Tribune. El
relato de cómo un chaval joven que se creía en la cima del mundo acabó
dependiendo de las drogas para evadirse de haber desperdiciado su talento.

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Espero quince años de carrera, un par de viajes a la Super Bowl y un
desfile por el downtown de San Diego
”. Esas palabras salieron de la boca de
Ryan Leaf después de haber sido elegido por los Chargers en la segunda posición
del Draft de la NFL de 1998. Su carrera duró tres temporadas, sin viajes a la
Super Bowl y por supuesto sin baños de masas por las calles de ninguna ciudad.
Esta es la historia del para muchos mayor bust
de la historia de la NFL.

Peyton Manning o Ryan Leaf. Esa era la cuestión durante los
meses previos al Draft del 98 en las oficinas de los Indianapolis Colts, poseedores
del primer pick global de ese año. Un debate que llenó cientos de páginas de
publicaciones deportivas y que dio para muchas horas de debates en televisión. El
caso es que el futuro de la franquicia de Indiana iba a pasar por las manos de
uno de esos dos quarterbacks. Y quien no acabase en Indy, jugaría en San Diego.
Eso estaba cantadísimo.

Manning representaba al prospecto inteligente,
al más hecho, mientras que Leaf era un jugador más molón: brazo poderoso y una gran
capacidad atlética. El potencial de ambos era descomunal. De hecho, el
prestigioso Dave Anderson (todo un ganador del Premio Pulitzer) escribió en The New York Times que daba lo mismo
escoger a uno que a otro. Finalmente, los Colts se decantaron por el mayor de
los hermanos Manning.

A Leaf le tocó dar el salto como
profesional en el sur de California, en unos Chargers huérfanos de un
quarterback franquicia desde la retirada de Dan Fouts en 1987. Para subir al
segundo puesto en el Draft (tenían el pick 3), los Chargers enviaron a Arizona
dos elecciones de primera ronda, una de segunda y al linebacker Patrick Sapp.
Leaf nunca justificó toda esa inversión, ni todo el hype que se generó en torno
a él.

En su debut en la NFL, el primer
snap que jugó terminó en fumble y pasó para dos intercepciones. A pesar del paupérrimo
rendimiento de Leaf, los Chargers consiguieron ganar los dos primeros choques
de la temporada. A partir del tercer partido comenzó la espiral negativa del QB
de Washington State. El 1 de 15 en pases, cuatro fumbles y dos intercepciones
de la tercera semana se convirtió en cuatro INTs… en una parte. En poco más de
un mes ya había perdido la titularidad.

El año rookie de Leaf se saldó con
un 45% de pases completados, 1289 yardas, dos pases de touchdown y quince
intercepciones. ¿Presión por ser un pick 2? Nada de eso. Ryan tenía claros
quiénes eran los culpables: sus compañeros. Él, toda una estrella
universitaria, aseguró tener la misma seguridad en su juego que el mismísimo
Brett Favre. Por lo tanto, la culpa solo podía ser de quienes le rodeaban.

Lo cierto es que Leaf nunca fue un
profesional: discusiones con prensa y compañeros, misteriosas lesiones de
muñeca, ausencias en las sesiones de vídeo por ir a jugar al golf… Los Chargers
le cortaron tan solo tres años después de haberle drafteado.

Los Cowboys acudieron en su ayuda
para que reemplazara al lesionado Quincy Carter. Jerry Jones confiaba en que
floreciese aquel talento colegial que maravilló a todos a finales de los
noventa. Nada. Leaf sólo se enfundó el uniforme del Equipo de América para cuatro
partidos y decidió retirarse en 2002, con 26 años de edad. Su nombre pasó
directamente al primer puesto de mayores errores de la historia del Draft.

La etiqueta de mayor pufo de la
historia de la NFL nunca la asimiló. Se volvió adicto a los calmantes y fue
arrestado en múltiples ocasiones por asaltos a residencias en busca de recetas
de esas pastillas, hasta que en 2012 fue sentenciado a siete años de cárcel. Fue
puesto en libertad al cabo de dos años. Por suerte, Leaf ha podido rehacer su
vida y ahora lidera una fundación para ayudar a gente con problemas mentales

“Arrogante, grosero y narcisista”.
Así definió el Ryan Leaf de 40 años al Ryan Leaf de 23 en una carta dirigida a
este en The Player’s Tribune. El
relato de cómo un chaval joven que se creía en la cima del mundo acabó
dependiendo de las drogas para evadirse de haber desperdiciado su talento.

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