_Motociclismo

Rossi, la evolución a través de sus cinco rivalidades

Borja Pardo @Borja_Pardo 29-05-2014

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Nacho GONZÁLEZ“Yo  soy yo y mi circunstancia”, decía José Ortega y Gasset. En el motociclismo, la teoría del español se cumple con una perfección casi exquisita, quizá debido a la prematura influencia de las circunstancias en deportistas que alcanzan la fama antes de finiquitar la edad del pavo. Los mecánicos y todo el personal de equipo conforman el núcleo de seguridad del piloto, y producen en él un gran impacto.

Sin embargo, ninguna de esas influencias guarda parecido con la que ejercen los rivales, sobre todo en un deporte en el que son los mismos semana tras semana y, con frecuencia, año tras año. En el motociclismo moderno, no hay ejemplo tan ilustrativo como el de Valentino Rossi. Su personalidad extrovertida ayuda a entender su evolución, y su pervivencia en la élite durante casi dos décadas permite una gran visión de conjunto.

Rossi ha tenido infinidad de rivalidades puntuales, como todo piloto. Sin embargo, cinco han trascendido más allá del asfalto. Cinco pilotos han entablado con ‘Il Dottore’ un antagonismo especial, encontrando distintas actitudes en el italiano, cuya progresiva madurez puede apreciarse en su comportamiento con sus oponentes.

MAX BIAGGI: EL VECINO
Sólo desde la perspectiva del tiempo se puede explicar la contienda entre Rossi y su compatriota Max Biaggi. El romano era el ídolo de Italia, el llamado a suceder a Mick Doohan; hasta que un imberbe Rossi comenzó a comerle el terreno. La precocidad de Valentino fue un duro golpe para el ‘Corsario’, que esperó a ser tetracampeón de 250cc para dar el salto a la clase reina.

Biaggi llegó a 500cc dos años antes que su archienemigo, para quien tampoco fue rival. Esa superioridad mostró al Rossi más arrogante y altivo que se recuerda, algo comprensible cuando alguien tan joven domina su especialidad con una claridad tan manifiesta. Con su comportamiento, ‘Il Dottore’ quería dejar claro que Biaggi no era rival para él.

SETE GIBERNAU: LA SOMBRA
Rossi comenzó en 2003 la defensa del título con cierta comodidad. Ningún piloto era capaz de cuestionar su liderazgo, ni siquiera de seguir su estela. Hasta que apareció Sete Gibernau. El español quiso discutir la supremacía de Vale, que de nuevo se sentía muy superior a su rival.


Rossi seguido por Gibernau | Getty Images

Por eso la relación contó con una fase no sólo cordial, sino de amistad. Vacaciones en Ibiza y abrazos en el parque cerrado mutaron en retirada de palabra tras lo sucedido en Losail 2004. Rossi fue sancionado por limpiar su puesto en parrilla para ganar tracción en la salida, y Sete estuvo implicado en el chivatazo que provocó el castigo. Con la arrogancia intacta, Rossi se dedicó a destrozar a Sete en pista, sometiéndole también en la batalla psicológica.

CASEY STONER: LA AMENAZA
El título conquistado por Nicky Hayden no cambió la percepción de Rossi, pese a ver cortada su racha de cinco entorchados en la clase reina. El de Tavullia sentía que había perdido él, no que le habían ganado. Un año después, todo cambió: Casey Stoner ganó el título de 2007 con autoridad. Por primera vez en su vida, Rossi se veía superado. La amenaza era seria.

El hachazo de Rossi en el Sacacorchos de Laguna Seca fue mejor argumento que cualquier esfuerzo verbal. Stoner dijo haber perdido el respeto a uno de los grandes de la historia, que respondió ganando el título en 2008 y revalidándolo en 2009. Más comedido en sus ataques frontales, Rossi salía victorioso ante el aspirante más preparado con el que se había topado.

JORGE LORENZO: EL MURO
Tras caer ante Stoner, Rossi recibió en su box a Jorge Lorenzo. Un 2008 apacible dio paso a un intenso 2009, donde el crecimiento del balear comenzó a turbar la paz del transalpino, que decidió elevar un muro dentro del garaje de Yamaha. Aunque aún se creía superior, Rossi dio las primeras muestras de nerviosismo con esa decisión. Ganó a Lorenzo en diferentes luchas a final de carrera, pero la presencia del muro era un signo inequívoco del reconocimiento del talento del español. Y entonces se fue a Ducati.

Se reencontraron dos años después con el retorno a Yamaha. El ostracismo en la marca de Borgo Panigale había minado su confianza, y la posición de privilegio de Lorenzo en el box dio lugar a un Rossi más moderado. Mantuvo un perfil bajo en sus declaraciones, mientras trabajaba en silencio para recuperar la desventaja perdida. En 2014, Rossi vuelve a sentirse superior a Jorge, pero no lo exterioriza. Le gana en pista y no hace sangre fuera de ella.


Marc Márquez y Valentino Rossi | Getty Images

MARC MÁRQUEZ: EL REFLEJO
Si hay una relación que evidencia claramente la evolución de Rossi, es la que mantiene con Marc Márquez. La explicación es sencilla: por primera vez, Rossi se siente inferior a alguien. Si ese alguien es mucho más joven, destila simpatía fuera de la pista y hace gala de un carisma similar al suyo, todo es más fácil. “Me gustaría volver a tener 22 años para pelear con él”, dice.

Es evidente que Rossi se ve reflejado en Márquez. El calvario ducatista ha producido un efecto relajante en el italiano, le ha enseñado a perder. Una fase que coincidió con la frenética ascensión del catalán. Aun así, en el debut de Marc en MotoGP; Rossi le doctoró en el cuerpo a cuerpo en su regreso a Yamaha. Después llegaría Laguna Seca y el ya mítico adelantamiento en el Sacacorchos, que Valentino resolvió con un abrazo a su nuevo rival en el parque cerrado, una actitud impensable en el italiano apenas una década atrás, fuera quien fuera su verdugo.

Las diferentes personalidades de sus rivales han influido en la actitud de Rossi con cada uno; pero también se puede apreciar cómo su madurez le ha hecho gestionar de forma muy distinta las relaciones con sus antagonistas. Aquel presuntuoso infante se ha convertido en un hombre elegante, capaz de exhibir sincera alegría incluso por quien acaba de derrotarle.

Aunque Rossi todavía se quiere mucho a sí mismo, las canas se notan. Y el italiano está sabiendo peinarlas con mimo.

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Nacho GONZÁLEZ“Yo  soy yo y mi circunstancia”, decía José Ortega y Gasset. En el motociclismo, la teoría del español se cumple con una perfección casi exquisita, quizá debido a la prematura influencia de las circunstancias en deportistas que alcanzan la fama antes de finiquitar la edad del pavo. Los mecánicos y todo el personal de equipo conforman el núcleo de seguridad del piloto, y producen en él un gran impacto.

Sin embargo, ninguna de esas influencias guarda parecido con la que ejercen los rivales, sobre todo en un deporte en el que son los mismos semana tras semana y, con frecuencia, año tras año. En el motociclismo moderno, no hay ejemplo tan ilustrativo como el de Valentino Rossi. Su personalidad extrovertida ayuda a entender su evolución, y su pervivencia en la élite durante casi dos décadas permite una gran visión de conjunto.

Rossi ha tenido infinidad de rivalidades puntuales, como todo piloto. Sin embargo, cinco han trascendido más allá del asfalto. Cinco pilotos han entablado con ‘Il Dottore’ un antagonismo especial, encontrando distintas actitudes en el italiano, cuya progresiva madurez puede apreciarse en su comportamiento con sus oponentes.

MAX BIAGGI: EL VECINO
Sólo desde la perspectiva del tiempo se puede explicar la contienda entre Rossi y su compatriota Max Biaggi. El romano era el ídolo de Italia, el llamado a suceder a Mick Doohan; hasta que un imberbe Rossi comenzó a comerle el terreno. La precocidad de Valentino fue un duro golpe para el ‘Corsario’, que esperó a ser tetracampeón de 250cc para dar el salto a la clase reina.

Biaggi llegó a 500cc dos años antes que su archienemigo, para quien tampoco fue rival. Esa superioridad mostró al Rossi más arrogante y altivo que se recuerda, algo comprensible cuando alguien tan joven domina su especialidad con una claridad tan manifiesta. Con su comportamiento, ‘Il Dottore’ quería dejar claro que Biaggi no era rival para él.

SETE GIBERNAU: LA SOMBRA
Rossi comenzó en 2003 la defensa del título con cierta comodidad. Ningún piloto era capaz de cuestionar su liderazgo, ni siquiera de seguir su estela. Hasta que apareció Sete Gibernau. El español quiso discutir la supremacía de Vale, que de nuevo se sentía muy superior a su rival.


Rossi seguido por Gibernau | Getty Images

Por eso la relación contó con una fase no sólo cordial, sino de amistad. Vacaciones en Ibiza y abrazos en el parque cerrado mutaron en retirada de palabra tras lo sucedido en Losail 2004. Rossi fue sancionado por limpiar su puesto en parrilla para ganar tracción en la salida, y Sete estuvo implicado en el chivatazo que provocó el castigo. Con la arrogancia intacta, Rossi se dedicó a destrozar a Sete en pista, sometiéndole también en la batalla psicológica.

CASEY STONER: LA AMENAZA
El título conquistado por Nicky Hayden no cambió la percepción de Rossi, pese a ver cortada su racha de cinco entorchados en la clase reina. El de Tavullia sentía que había perdido él, no que le habían ganado. Un año después, todo cambió: Casey Stoner ganó el título de 2007 con autoridad. Por primera vez en su vida, Rossi se veía superado. La amenaza era seria.

El hachazo de Rossi en el Sacacorchos de Laguna Seca fue mejor argumento que cualquier esfuerzo verbal. Stoner dijo haber perdido el respeto a uno de los grandes de la historia, que respondió ganando el título en 2008 y revalidándolo en 2009. Más comedido en sus ataques frontales, Rossi salía victorioso ante el aspirante más preparado con el que se había topado.

JORGE LORENZO: EL MURO
Tras caer ante Stoner, Rossi recibió en su box a Jorge Lorenzo. Un 2008 apacible dio paso a un intenso 2009, donde el crecimiento del balear comenzó a turbar la paz del transalpino, que decidió elevar un muro dentro del garaje de Yamaha. Aunque aún se creía superior, Rossi dio las primeras muestras de nerviosismo con esa decisión. Ganó a Lorenzo en diferentes luchas a final de carrera, pero la presencia del muro era un signo inequívoco del reconocimiento del talento del español. Y entonces se fue a Ducati.

Se reencontraron dos años después con el retorno a Yamaha. El ostracismo en la marca de Borgo Panigale había minado su confianza, y la posición de privilegio de Lorenzo en el box dio lugar a un Rossi más moderado. Mantuvo un perfil bajo en sus declaraciones, mientras trabajaba en silencio para recuperar la desventaja perdida. En 2014, Rossi vuelve a sentirse superior a Jorge, pero no lo exterioriza. Le gana en pista y no hace sangre fuera de ella.


Marc Márquez y Valentino Rossi | Getty Images

MARC MÁRQUEZ: EL REFLEJO
Si hay una relación que evidencia claramente la evolución de Rossi, es la que mantiene con Marc Márquez. La explicación es sencilla: por primera vez, Rossi se siente inferior a alguien. Si ese alguien es mucho más joven, destila simpatía fuera de la pista y hace gala de un carisma similar al suyo, todo es más fácil. “Me gustaría volver a tener 22 años para pelear con él”, dice.

Es evidente que Rossi se ve reflejado en Márquez. El calvario ducatista ha producido un efecto relajante en el italiano, le ha enseñado a perder. Una fase que coincidió con la frenética ascensión del catalán. Aun así, en el debut de Marc en MotoGP; Rossi le doctoró en el cuerpo a cuerpo en su regreso a Yamaha. Después llegaría Laguna Seca y el ya mítico adelantamiento en el Sacacorchos, que Valentino resolvió con un abrazo a su nuevo rival en el parque cerrado, una actitud impensable en el italiano apenas una década atrás, fuera quien fuera su verdugo.

Las diferentes personalidades de sus rivales han influido en la actitud de Rossi con cada uno; pero también se puede apreciar cómo su madurez le ha hecho gestionar de forma muy distinta las relaciones con sus antagonistas. Aquel presuntuoso infante se ha convertido en un hombre elegante, capaz de exhibir sincera alegría incluso por quien acaba de derrotarle.

Aunque Rossi todavía se quiere mucho a sí mismo, las canas se notan. Y el italiano está sabiendo peinarlas con mimo.

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