_FC Barcelona

‘Ni puñetera idea’

Cristina Caparrós @criscaparros 25-10-2021

Mucho Clásico y pocas nueces. Cuando tu rival planea esperarte para destapar tus debilidades y te gana sin la necesidad de brillar en exceso, habla de cuánto puedes exigirte. También de cuál es tu grado de confianza. Puesto que, ahora mismo, es evidente que el FC Barcelona siente pánico a ser atrevido. Vive en el neoplasticismo. Esto paraliza su creatividad y, para un equipo que contaba con el balón para defenderse y atacar, es un tanto significativo verle con la pelota en campo rival y que en muchas ocasiones no sepa bien qué hacer con ella. No sabe cómo mimarla, ensalzarla y disfrutarla. Como si, en vez de gustarse con ella, sintiera la misma presión al tenerla que aquél que juega a Bomba en el patio del colegio. Bastante hizo con un buen inicio, saliendo más ordenado y buscando más velocidad de juego. Y poco le sirvió con la facilidad del Real Madrid para crear peligro.

Probablemente, los síntomas del Barça sean ocasionados por la carencia de un plan que sostenga todo lo necesario para cambiar el rumbo, en lo táctico y en lo emocional. Entre aires de conformismo, parece haberse establecido la resignación. El discurso de Koeman ha evidenciado su sinceridad, pero también existe esa sensación de que esta plantilla puede dar más. A Ronald le crecen ateos por minuto. Por lo que sucede en el verde, por aquellos planteamientos que no rezan la religión de un estilo que está siendo una mochila llena de piedras, por la lectura de los partidos y por su intervencionismo, por exigirle autocrítica, por aquellos jugadores que han perdido fuelle en un contexto que no les favorece. Ya le han echado un pulso que nadie remonta.

Aunque ayer no entendieras por qué Depay salió en la izquierda y Ansu por dentro, pisándose en una misma zona y siendo Lucas el lateral. Aunque puedan sangrarte los ojos con 34 centros al área. Aunque te enfade que el técnico holandés se haya sumado al récord de perder sus tres primeros Clásicos como ya hiciera Patrick O’Connell entre 1935 y 1940, creas que no da para más y que esta plantilla y este técnico no casan y han llegado hasta donde podían, nada, absolutamente nada, justifica el acoso sucedido ayer al abandonar el estadio en su coche. La educación balompédica está por los aires. Algunos justifican los actos por su sueldo. Como si el dinero te diera el poder de increpar, escupir e insultar. Otros se muestran en contra manifestando que se le debe un respeto por ser una leyenda del club. Ni siquiera eso. Cualquier entrenador merece ese respeto, aunque no le conozca ni Paco el del quiosco.

A ver si va a resultar que en vez de Koeman, vamos a ser nosotros los que no tenemos ni puñetera idea. Ni de lo que se habla dentro de un vestuario, ni de las horas que gasta un entrenador en estudiar al rival y plantear un partido con sus efectivos, ni en cómo se rompe la cabeza cada vez que saltan las alarmas con una baja, ni cómo afronta realmente la derrota tras los micros, a solas, con la frustración golpeándole la espalda. Luego se nos llenará la boca hablando de la necesidad de cuidar la salud mental, pero no nos paramos a pensar en la tensión a la que se someten estas personas y cómo la acrecientan algunos, capaces de tensar la cuerda traspasando límites por una propia opinión.  A ver si a muchos se les ha olvidado que “el fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes”.

Imagen de cabecera: FC Barcelona

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Mucho Clásico y pocas nueces. Cuando tu rival planea esperarte para destapar tus debilidades y te gana sin la necesidad de brillar en exceso, habla de cuánto puedes exigirte. También de cuál es tu grado de confianza. Puesto que, ahora mismo, es evidente que el FC Barcelona siente pánico a ser atrevido. Vive en el neoplasticismo. Esto paraliza su creatividad y, para un equipo que contaba con el balón para defenderse y atacar, es un tanto significativo verle con la pelota en campo rival y que en muchas ocasiones no sepa bien qué hacer con ella. No sabe cómo mimarla, ensalzarla y disfrutarla. Como si, en vez de gustarse con ella, sintiera la misma presión al tenerla que aquél que juega a Bomba en el patio del colegio. Bastante hizo con un buen inicio, saliendo más ordenado y buscando más velocidad de juego. Y poco le sirvió con la facilidad del Real Madrid para crear peligro.

Probablemente, los síntomas del Barça sean ocasionados por la carencia de un plan que sostenga todo lo necesario para cambiar el rumbo, en lo táctico y en lo emocional. Entre aires de conformismo, parece haberse establecido la resignación. El discurso de Koeman ha evidenciado su sinceridad, pero también existe esa sensación de que esta plantilla puede dar más. A Ronald le crecen ateos por minuto. Por lo que sucede en el verde, por aquellos planteamientos que no rezan la religión de un estilo que está siendo una mochila llena de piedras, por la lectura de los partidos y por su intervencionismo, por exigirle autocrítica, por aquellos jugadores que han perdido fuelle en un contexto que no les favorece. Ya le han echado un pulso que nadie remonta.

Aunque ayer no entendieras por qué Depay salió en la izquierda y Ansu por dentro, pisándose en una misma zona y siendo Lucas el lateral. Aunque puedan sangrarte los ojos con 34 centros al área. Aunque te enfade que el técnico holandés se haya sumado al récord de perder sus tres primeros Clásicos como ya hiciera Patrick O’Connell entre 1935 y 1940, creas que no da para más y que esta plantilla y este técnico no casan y han llegado hasta donde podían, nada, absolutamente nada, justifica el acoso sucedido ayer al abandonar el estadio en su coche. La educación balompédica está por los aires. Algunos justifican los actos por su sueldo. Como si el dinero te diera el poder de increpar, escupir e insultar. Otros se muestran en contra manifestando que se le debe un respeto por ser una leyenda del club. Ni siquiera eso. Cualquier entrenador merece ese respeto, aunque no le conozca ni Paco el del quiosco.

A ver si va a resultar que en vez de Koeman, vamos a ser nosotros los que no tenemos ni puñetera idea. Ni de lo que se habla dentro de un vestuario, ni de las horas que gasta un entrenador en estudiar al rival y plantear un partido con sus efectivos, ni en cómo se rompe la cabeza cada vez que saltan las alarmas con una baja, ni cómo afronta realmente la derrota tras los micros, a solas, con la frustración golpeándole la espalda. Luego se nos llenará la boca hablando de la necesidad de cuidar la salud mental, pero no nos paramos a pensar en la tensión a la que se someten estas personas y cómo la acrecientan algunos, capaces de tensar la cuerda traspasando límites por una propia opinión.  A ver si a muchos se les ha olvidado que “el fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes”.

Imagen de cabecera: FC Barcelona

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