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Riqui’s Got Talent

Xavi Vallés @xavivalles14 09-04-2019

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“Se abre el telón. Un menudo personaje hace su primera aparición en un gran escenario, con más de 70.000 miradas clavadas en él. La suya es una actuación esperada. También para el jurado, que está preparado para observar detenidamente cada uno de sus pasos. No es para menos, ya que las referencias que en los últimos tiempos han ido llegando sobre el pequeño artista que está a punto de actuar son excelentes. Ha llegado el día de comprobar cómo se desenvuelve ante el gran público. A todos se nos da de maravilla entonar en la ducha o dentro de la confianza que nos da el pequeño comité. Pero esto es el show business, la gala en que se decide quién se queda y quién se va, la gira mundial del Circ du Soleil, la alfombra roja del Dolby Theatre de Hollywood, la Traviata de Verdi en la Ópera de Viena. Es la puesta en escena definitiva, en la que hay que marcar la diferencia en muy poco tiempo. El genio entra en el campo en el minuto 55.

Quince minutos después, el descarado artista, sorprendentemente cómodo e integrado en la escena, saca una de sus mejores armas (de esas de las que el jurado, público y compañeros de profesión tanto habían oído hablar) para regalar un gol que pone el colofón a una noche que ya no podrá olvidar. Lo ha conseguido. Ha logrado ejecutar uno de sus números favoritos en el mejor momento posible. Uno de esos que le pueden catapultar hacia la final, hacia su línea de meta, hacia este sitio donde solamente llega quien consigue mezclar a la perfección el potaje formado por el talento, el trabajo y la adaptación al contexto. Tras su puesta en escena, no hay ninguna duda: Riqui Puig se convierte en el máximo favorito para ganar esta edición del FC Barcelona Got Talent.

Entendiendo que uno pueda sentir decepción al comprobar que los dos párrafos anteriores es todo de lo que disponemos para explicar la relación entre el pequeño genio de Matadepera y el primer equipo, opino que la gestión que el cuerpo técnico ha hecho con el joven talento anterior a Riqui Puig da motivos para el optimismo. La introducción y gestión de minutos de Carles Aleñá a lo largo de esta temporada termina con un balance altamente favorable para el canterano, como él mismo ha reconocido. Un análisis en primera persona que nos debería servir para frenar (yo el primero) el ímpetu con el que muchas veces reclamamos una presencia continuada y sin frenos de talento de La Masia en las alineaciones del primer equipo. Cambiar este ímpetu por perspectiva es siempre un ejercicio interesante y nos sirve para ver que Aleñá empezó la temporada bajando al filial para recuperarse de una lesión y la va acabar entrando al campo en partidos como un Barça-Atlético que vale un título de Liga. El balance, si tenemos en mente los beneficios que nos puede dar a largo plazo esta forma de hacer las cosas, es indudablemente positivo.

Volviendo a Riqui Puig, conviene echar un ojo a lo que ha acontecido a lo largo de esta temporada en el Miniestadi antes de emitir un juicio para valorar el éxito de la fase del proceso formativo en la que se encuentra. Hablamos y opinamos muchas veces solo en clave de primer equipo, sin conocimiento de causa y reduciendo el éxito o fracaso a la participación del jugador en grandes escenarios, pero lo cierto es que cualquier analista y aficionado que haya seguido minuciosamente la temporada de Riqui Puig estará de acuerdo en que ha sido muy, muy provechosa en el sentido formativo de un futbolista que (calma, será más pronto que tarde) está predestinado para la élite. Empezó el curso en septiembre con un Riqui Puig nombrado y señalado por muchos como el líder que el filial necesitaba, en un planteamiento completamente erróneo dado la presencia de jugadores más curtidos como Carles Aleñá, Moussa Wagué, Oriol Busquets o Carles Pérez. Que se trataba de un planteamiento desajustado de la realidad queda patente en el momento en que Aleñá llega para disputar minutos con el renovado filial, ya que en varias ocasiones el ‘sacrificado’ en el once por García Pimienta es el propio Riqui Puig, siendo Álex Collado y Monchu Rodríguez algunos jugadores que se mantienen en el once por delante de él. No se trataba de otra cosa que una parte del proceso de cocción de Riqui Puig, que sin ser del todo conscientes de ello, estaba cogiendo el punto de ebullición necesaria para su consolidación a partir de mediados de temporada. Aterrizaje, adaptación física, trabajo posicional con y sin balón y mejora en la toma de decisiones que han sido trabajadas por el cuerpo técnico del filial, de forma excelentemente pautada, para que el ascenso de Aleñá al primer equipo cogiera a un Riqui Puig con la templanza necesaria para ser útil, decisivo y dominante en el centro del campo de forma continuada. Y lo mejor: con confianza y seguridad para sacar a relucir acciones individuales que benefician al equipo. Mágicos toques de calidad que repercuten en dominio, peligro y goles. Ya es una estampa bastante habitual ver al futuro compañero de equipo de Arthur, De Jong y Aleñá moviéndose a sus anchas por la zona central del Miniestadi mientras pide el balón, ocupa de forma racional los espacios, colabora y acelera en la circulación y hace daño entre líneas rivales. La temporada que empezó con un Riqui Puig entrando de forma paulatina en el once, acaba con un jugador capaz de aportar el toque diferencial en un engranaje colectivo que, pese a su corta media de edad, es capaz de dominar la gran mayoría de partidos que ha disputado. 

Mucho se habla del papel que el flamante ganador del FC Barcelona Got Talent debe protagonizar de cara a la próxima temporada. Se habla de una plaza fija e inamovible en el primer equipo, así como la oportunidad de ser parte protagonista de un convenio de colaboración entre Ajax y FC Barcelona que le mandaría a un erasmus de doce meses para formar parte del mejor equipo de la Eredivisie. Pero poco se habla de la opción que, a día de hoy es más sensata, y que no es nada más que un calco que la que protagonizó Carles Aleñá: una participación fija y habitual en dinámica de primer equipo (entrenamientos continuados que le ofrezcan las mismas oportunidades que los otros, en modo “si lo mereces vas a jugar”, y una presencia en convocatorias que no sea vista como una eventualidad o experimento) pero con un último año de formación y participación con el filial, ejerciendo, esta vez sí, la figura de líder del centro del campo. La figura previa a un ascenso hacia el primer equipo que el trabajo realizado por el jugador se va a encargar de determinar. Porque la cuota de talento natural ya está ahí, ya la tiene más que cubierta. Sin embargo, debe ser complementada, porque lo que suplementa y perfecciona al artista es el trabajo, el oficio, la técnica. Algo que ya se ha estado trabajando y que nos va a permitir ver, en sus próximas actuaciones, a un talento aún más compacto y sólido. Y entonces entenderemos qué habrá supuesto esta temporada (para algunos perdida o desaprovechada, para mí invertida) para Riqui Puig.

Damas y caballeros: bienvenidos y que disfruten del espectáculo. 

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“Se abre el telón. Un menudo personaje hace su primera aparición en un gran escenario, con más de 70.000 miradas clavadas en él. La suya es una actuación esperada. También para el jurado, que está preparado para observar detenidamente cada uno de sus pasos. No es para menos, ya que las referencias que en los últimos tiempos han ido llegando sobre el pequeño artista que está a punto de actuar son excelentes. Ha llegado el día de comprobar cómo se desenvuelve ante el gran público. A todos se nos da de maravilla entonar en la ducha o dentro de la confianza que nos da el pequeño comité. Pero esto es el show business, la gala en que se decide quién se queda y quién se va, la gira mundial del Circ du Soleil, la alfombra roja del Dolby Theatre de Hollywood, la Traviata de Verdi en la Ópera de Viena. Es la puesta en escena definitiva, en la que hay que marcar la diferencia en muy poco tiempo. El genio entra en el campo en el minuto 55.

Quince minutos después, el descarado artista, sorprendentemente cómodo e integrado en la escena, saca una de sus mejores armas (de esas de las que el jurado, público y compañeros de profesión tanto habían oído hablar) para regalar un gol que pone el colofón a una noche que ya no podrá olvidar. Lo ha conseguido. Ha logrado ejecutar uno de sus números favoritos en el mejor momento posible. Uno de esos que le pueden catapultar hacia la final, hacia su línea de meta, hacia este sitio donde solamente llega quien consigue mezclar a la perfección el potaje formado por el talento, el trabajo y la adaptación al contexto. Tras su puesta en escena, no hay ninguna duda: Riqui Puig se convierte en el máximo favorito para ganar esta edición del FC Barcelona Got Talent.

Entendiendo que uno pueda sentir decepción al comprobar que los dos párrafos anteriores es todo de lo que disponemos para explicar la relación entre el pequeño genio de Matadepera y el primer equipo, opino que la gestión que el cuerpo técnico ha hecho con el joven talento anterior a Riqui Puig da motivos para el optimismo. La introducción y gestión de minutos de Carles Aleñá a lo largo de esta temporada termina con un balance altamente favorable para el canterano, como él mismo ha reconocido. Un análisis en primera persona que nos debería servir para frenar (yo el primero) el ímpetu con el que muchas veces reclamamos una presencia continuada y sin frenos de talento de La Masia en las alineaciones del primer equipo. Cambiar este ímpetu por perspectiva es siempre un ejercicio interesante y nos sirve para ver que Aleñá empezó la temporada bajando al filial para recuperarse de una lesión y la va acabar entrando al campo en partidos como un Barça-Atlético que vale un título de Liga. El balance, si tenemos en mente los beneficios que nos puede dar a largo plazo esta forma de hacer las cosas, es indudablemente positivo.

Volviendo a Riqui Puig, conviene echar un ojo a lo que ha acontecido a lo largo de esta temporada en el Miniestadi antes de emitir un juicio para valorar el éxito de la fase del proceso formativo en la que se encuentra. Hablamos y opinamos muchas veces solo en clave de primer equipo, sin conocimiento de causa y reduciendo el éxito o fracaso a la participación del jugador en grandes escenarios, pero lo cierto es que cualquier analista y aficionado que haya seguido minuciosamente la temporada de Riqui Puig estará de acuerdo en que ha sido muy, muy provechosa en el sentido formativo de un futbolista que (calma, será más pronto que tarde) está predestinado para la élite. Empezó el curso en septiembre con un Riqui Puig nombrado y señalado por muchos como el líder que el filial necesitaba, en un planteamiento completamente erróneo dado la presencia de jugadores más curtidos como Carles Aleñá, Moussa Wagué, Oriol Busquets o Carles Pérez. Que se trataba de un planteamiento desajustado de la realidad queda patente en el momento en que Aleñá llega para disputar minutos con el renovado filial, ya que en varias ocasiones el ‘sacrificado’ en el once por García Pimienta es el propio Riqui Puig, siendo Álex Collado y Monchu Rodríguez algunos jugadores que se mantienen en el once por delante de él. No se trataba de otra cosa que una parte del proceso de cocción de Riqui Puig, que sin ser del todo conscientes de ello, estaba cogiendo el punto de ebullición necesaria para su consolidación a partir de mediados de temporada. Aterrizaje, adaptación física, trabajo posicional con y sin balón y mejora en la toma de decisiones que han sido trabajadas por el cuerpo técnico del filial, de forma excelentemente pautada, para que el ascenso de Aleñá al primer equipo cogiera a un Riqui Puig con la templanza necesaria para ser útil, decisivo y dominante en el centro del campo de forma continuada. Y lo mejor: con confianza y seguridad para sacar a relucir acciones individuales que benefician al equipo. Mágicos toques de calidad que repercuten en dominio, peligro y goles. Ya es una estampa bastante habitual ver al futuro compañero de equipo de Arthur, De Jong y Aleñá moviéndose a sus anchas por la zona central del Miniestadi mientras pide el balón, ocupa de forma racional los espacios, colabora y acelera en la circulación y hace daño entre líneas rivales. La temporada que empezó con un Riqui Puig entrando de forma paulatina en el once, acaba con un jugador capaz de aportar el toque diferencial en un engranaje colectivo que, pese a su corta media de edad, es capaz de dominar la gran mayoría de partidos que ha disputado. 

Mucho se habla del papel que el flamante ganador del FC Barcelona Got Talent debe protagonizar de cara a la próxima temporada. Se habla de una plaza fija e inamovible en el primer equipo, así como la oportunidad de ser parte protagonista de un convenio de colaboración entre Ajax y FC Barcelona que le mandaría a un erasmus de doce meses para formar parte del mejor equipo de la Eredivisie. Pero poco se habla de la opción que, a día de hoy es más sensata, y que no es nada más que un calco que la que protagonizó Carles Aleñá: una participación fija y habitual en dinámica de primer equipo (entrenamientos continuados que le ofrezcan las mismas oportunidades que los otros, en modo “si lo mereces vas a jugar”, y una presencia en convocatorias que no sea vista como una eventualidad o experimento) pero con un último año de formación y participación con el filial, ejerciendo, esta vez sí, la figura de líder del centro del campo. La figura previa a un ascenso hacia el primer equipo que el trabajo realizado por el jugador se va a encargar de determinar. Porque la cuota de talento natural ya está ahí, ya la tiene más que cubierta. Sin embargo, debe ser complementada, porque lo que suplementa y perfecciona al artista es el trabajo, el oficio, la técnica. Algo que ya se ha estado trabajando y que nos va a permitir ver, en sus próximas actuaciones, a un talento aún más compacto y sólido. Y entonces entenderemos qué habrá supuesto esta temporada (para algunos perdida o desaprovechada, para mí invertida) para Riqui Puig.

Damas y caballeros: bienvenidos y que disfruten del espectáculo. 

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