_Motociclismo

Nuestra canción

Cristina Caparrós @criscaparros 15-11-2021

Jamás pensamos que llegaría este día. O más bien, a pesar de que empezaba a asomar el morro y sabíamos que nos alcanzaría, lo estábamos esquivando. Quisimos meternos en la piel de Peter Pan, pero sin darnos cuenta nos hicimos mayores. La cita en el circuito Ricardo Tormo estaba escrita y llegamos a su página. Nunca una retirada en el motociclismo fue tan mediática, como nunca ningún piloto fue como Valentino Rossi. Su significado es prácticamente imposible de redactar y pronunciar, porque lo del italiano va más allá de carreras y títulos. Algo que trasciende del asfalto. Su evidente popularidad, un carisma innato y un imperio desarrollado desde el poder de su marca personal.

Valentino Rossi llevó al motociclismo a cada rincón del mundo. Yo empecé a engancharme a las motos en 1996, cuando Rossi lucía media melena e iba subido en su Aprilia y en 500cc reinaba el mítico Mick Doohan que frenaba sin usar la pierna. Suele decirse que los hijos se sienten seducidos por los deportes que los padres transmiten. En mi caso, fui yo la que recluté a mis progenitores a esta adicción de fin de semana y olor a gasolina. Los que estaban entusiasmados al otro lado del teléfono cuando les contaba que estaba pisando el asfalto de Mugello. Por eso, cuando yo trasnochaba en mi juventud, me encontraba a mis padres al regresar a casa con el café en la mesa, haciéndose, por ejemplo, la gira asiática que te levanta de madrugada. A mi madre le encantaba colgar la bandera de Rossi en el balcón. Si te ganaba un campeonato en Sepang y no amanecías antes que el sol, pasar por nuestra calle era un spoiler. Rossi ha significado algo en cada hogar.

Tanto si le idolatrabas como si no lo hacías, has vivido una trayectoria deportiva que escribe una gran parte de la historia del motociclismo. El espectáculo de su superioridad se extendía a sus famosos gags. Desde Robin Hood pasando por la pollería Osvaldo, el baño portátil, los siete enanitos, la multa por exceso de velocidad, el muro de las 100 victorias, la Gallina Vecchia o el precioso homenaje a Ángel Nieto, entre otros. Che spettacolo! Viste sus legendarios cascos en Misano, conocías sus supersticiones y sus rituales, te puso en pie con su maniobra en el Sacacorchos de Laguna Seca, te aceleró el corazón en cada adelantamiento milimétrico, y te lo partió cuando una lesión de tibia y peroné le apartó de los circuitos. Valentino Rossi es un ídolo de masas. El amarillo de las gradas siempre estaba presente allí donde ibas. No le hizo falta ganar hasta el final para que el amor incondicional de sus fans siguiera intacto. Un legado que va más allá de un palmarés que reúne 9 títulos, 115 victorias, 235 podios y 26 años de dedicación.

En Valencia, como no podía ser de otro modo, volvió a agacharse junto a su moto para susurrarle al oído. Todos los focos apuntaban a una mirada que lo decía todo, sin pronunciar palabra, sobre una historia de amor en dos ruedas. Era su último baile y nosotros íbamos a oír esa canción que entona el sonido del motor. Casualmente venció Pecco Bagnaia, que llevaba una réplica de su casco. Casualmente sonó el himno de Italia en lo alto del cajón. Casualmente la suma de la fecha de su despedida (14/11/21 ) suma 46. El destino quiso estar a la altura.

En su mono podía leerse la palabra Grazie. Gracias a ti, Valentino, por el espectáculo que nos has brindado. Gracias desde cada hogar al que atrapó con su fuerza mental inconmensurable y con una pasión por un deporte que nunca negoció. Por ser canciones de un cassette que rebobinaríamos una y otra vez para recordar momentos de nuestras vidas, por ser una banda sonora que siempre nos acompañará. Valentino se ha bajado de la moto y se ha quitado el casco. Ya no luce esa risa de niño travieso, sino la de un hombre que se ha ganado el  mayor de los reconocimientos. Mi padre debió sonreír desde otro lugar, mi madre ya no pondrá su bandera. El tiempo ha pasado, pero hemos vivido una historia inolvidable. Como decía en su autobiografía: imagina si no lo hubiera intentado.

A 15 anni mi sembrava di volare
E che potevo scegliere se vivere o morire
Ché tanto era uguale
L’importante era capire
Dove io e la mia testa col mio corpo potevamo andare

Dicevo a tutti «io vivrò
Due dita sotto il cielo»
A 15 anni questo era il mio pensiero

De la canción ‘Due dita sotto il cielo’ de Lucio Dalla

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Jamás pensamos que llegaría este día. O más bien, a pesar de que empezaba a asomar el morro y sabíamos que nos alcanzaría, lo estábamos esquivando. Quisimos meternos en la piel de Peter Pan, pero sin darnos cuenta nos hicimos mayores. La cita en el circuito Ricardo Tormo estaba escrita y llegamos a su página. Nunca una retirada en el motociclismo fue tan mediática, como nunca ningún piloto fue como Valentino Rossi. Su significado es prácticamente imposible de redactar y pronunciar, porque lo del italiano va más allá de carreras y títulos. Algo que trasciende del asfalto. Su evidente popularidad, un carisma innato y un imperio desarrollado desde el poder de su marca personal.

Valentino Rossi llevó al motociclismo a cada rincón del mundo. Yo empecé a engancharme a las motos en 1996, cuando Rossi lucía media melena e iba subido en su Aprilia y en 500cc reinaba el mítico Mick Doohan que frenaba sin usar la pierna. Suele decirse que los hijos se sienten seducidos por los deportes que los padres transmiten. En mi caso, fui yo la que recluté a mis progenitores a esta adicción de fin de semana y olor a gasolina. Los que estaban entusiasmados al otro lado del teléfono cuando les contaba que estaba pisando el asfalto de Mugello. Por eso, cuando yo trasnochaba en mi juventud, me encontraba a mis padres al regresar a casa con el café en la mesa, haciéndose, por ejemplo, la gira asiática que te levanta de madrugada. A mi madre le encantaba colgar la bandera de Rossi en el balcón. Si te ganaba un campeonato en Sepang y no amanecías antes que el sol, pasar por nuestra calle era un spoiler. Rossi ha significado algo en cada hogar.

Tanto si le idolatrabas como si no lo hacías, has vivido una trayectoria deportiva que escribe una gran parte de la historia del motociclismo. El espectáculo de su superioridad se extendía a sus famosos gags. Desde Robin Hood pasando por la pollería Osvaldo, el baño portátil, los siete enanitos, la multa por exceso de velocidad, el muro de las 100 victorias, la Gallina Vecchia o el precioso homenaje a Ángel Nieto, entre otros. Che spettacolo! Viste sus legendarios cascos en Misano, conocías sus supersticiones y sus rituales, te puso en pie con su maniobra en el Sacacorchos de Laguna Seca, te aceleró el corazón en cada adelantamiento milimétrico, y te lo partió cuando una lesión de tibia y peroné le apartó de los circuitos. Valentino Rossi es un ídolo de masas. El amarillo de las gradas siempre estaba presente allí donde ibas. No le hizo falta ganar hasta el final para que el amor incondicional de sus fans siguiera intacto. Un legado que va más allá de un palmarés que reúne 9 títulos, 115 victorias, 235 podios y 26 años de dedicación.

En Valencia, como no podía ser de otro modo, volvió a agacharse junto a su moto para susurrarle al oído. Todos los focos apuntaban a una mirada que lo decía todo, sin pronunciar palabra, sobre una historia de amor en dos ruedas. Era su último baile y nosotros íbamos a oír esa canción que entona el sonido del motor. Casualmente venció Pecco Bagnaia, que llevaba una réplica de su casco. Casualmente sonó el himno de Italia en lo alto del cajón. Casualmente la suma de la fecha de su despedida (14/11/21 ) suma 46. El destino quiso estar a la altura.

En su mono podía leerse la palabra Grazie. Gracias a ti, Valentino, por el espectáculo que nos has brindado. Gracias desde cada hogar al que atrapó con su fuerza mental inconmensurable y con una pasión por un deporte que nunca negoció. Por ser canciones de un cassette que rebobinaríamos una y otra vez para recordar momentos de nuestras vidas, por ser una banda sonora que siempre nos acompañará. Valentino se ha bajado de la moto y se ha quitado el casco. Ya no luce esa risa de niño travieso, sino la de un hombre que se ha ganado el  mayor de los reconocimientos. Mi padre debió sonreír desde otro lugar, mi madre ya no pondrá su bandera. El tiempo ha pasado, pero hemos vivido una historia inolvidable. Como decía en su autobiografía: imagina si no lo hubiera intentado.

A 15 anni mi sembrava di volare
E che potevo scegliere se vivere o morire
Ché tanto era uguale
L’importante era capire
Dove io e la mia testa col mio corpo potevamo andare

Dicevo a tutti «io vivrò
Due dita sotto il cielo»
A 15 anni questo era il mio pensiero

De la canción ‘Due dita sotto il cielo’ de Lucio Dalla

_Motociclismo

Gracias, de corazón

Sergio Merino Rueda @SergioMerino8
17-11-2021

_Motociclismo

Nuestra canción

Cristina Caparrós @criscaparros
15-11-2021