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Rememorar

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 24-05-2018

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Pensar en tiempos pasados
nos evoca a la felicidad. A creer que todo aquello bueno que nos pasó es inmejorable.
El ayer es un caramelo envenenado del que confiamos que acabaremos teniendo un
gran sabor de boca pero que normalmente nos acaba provocando caries. Olvidamos
todo lo que sufrimos en esos tiempos, como si los recuerdos nos abrieran la
puerta y nos invitaran a sufrir, porque la memoria está alterada. Los años 80,
por ejemplo, aunque muchos no lo vivimos, insinúan que son irrepetibles. Muchos
siguen recordando lo que significaba bailar a Michael Jackson pero nadie
comenta los horribles estilos de la época. Cosas que pasan.

El Madrid, en Champions,
no tiene tiempo para mirar atrás. El ayer le da absolutamente igual. Pasea por
los campos europeos con un aire irreverente, con los modales en el limbo. En
este último lustro no tuvo como salvador al DJ, sino a Zidane, que recogió un
equipo roto para darle un valor incalculable. El técnico marsellés siempre ha
sido cuestionado por su falta de conocimiento táctico y le han achacado que
solo sabe gestionar el grupo. Como si llevar a 25 humanos fuera lo más sencillo
del mundo y un entrenador no tuviera esa como una de sus más importantes
funciones. Alineador.

Aun así, Zidane, solo en
esta Champions, ha cambiado el sistema prácticamente cada encuentro. Entre el
rombo en el centro del campo, el simple 4-4-2 o un 4-3-3 con Ronaldo de punta,
los merengues han viajado por Europa con un abanico de opciones ilimitado,
acentuado por el gran nivel de la propia plantilla. Con la primera disposición,
los blancos pierden equilibrio defensivo por el constante esfuerzo de Isco a
tapar la banda en defensa pero se ven favorecidos por la presencia del cuarteto
mágico en la sala de máquinas. El 4-4-2 lo soluciona con la incorporación de
Lucas y Asensio y el 4-3-3 invita a tener extremos con menos esfuerzo
defensivo, como Bale, pero deja a Ronaldo más solo que Robinson Crusoe.

Lo que es una realidad es
que el aficionado madrileño tiene una serie de sueños cumplidos y que, en
contra de todo el mundo, solo mira el futuro con actual orgullo. El fútbol,
precisamente, tiene como cometido el crear recuerdos imborrables. Sin embargo,
ellos acaban olvidándolo todo porque saben que el mañana les aguarda algo todavía
mejor. Rememorar, nunca fue tan insípido.

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Pensar en tiempos pasados
nos evoca a la felicidad. A creer que todo aquello bueno que nos pasó es inmejorable.
El ayer es un caramelo envenenado del que confiamos que acabaremos teniendo un
gran sabor de boca pero que normalmente nos acaba provocando caries. Olvidamos
todo lo que sufrimos en esos tiempos, como si los recuerdos nos abrieran la
puerta y nos invitaran a sufrir, porque la memoria está alterada. Los años 80,
por ejemplo, aunque muchos no lo vivimos, insinúan que son irrepetibles. Muchos
siguen recordando lo que significaba bailar a Michael Jackson pero nadie
comenta los horribles estilos de la época. Cosas que pasan.

El Madrid, en Champions,
no tiene tiempo para mirar atrás. El ayer le da absolutamente igual. Pasea por
los campos europeos con un aire irreverente, con los modales en el limbo. En
este último lustro no tuvo como salvador al DJ, sino a Zidane, que recogió un
equipo roto para darle un valor incalculable. El técnico marsellés siempre ha
sido cuestionado por su falta de conocimiento táctico y le han achacado que
solo sabe gestionar el grupo. Como si llevar a 25 humanos fuera lo más sencillo
del mundo y un entrenador no tuviera esa como una de sus más importantes
funciones. Alineador.

Aun así, Zidane, solo en
esta Champions, ha cambiado el sistema prácticamente cada encuentro. Entre el
rombo en el centro del campo, el simple 4-4-2 o un 4-3-3 con Ronaldo de punta,
los merengues han viajado por Europa con un abanico de opciones ilimitado,
acentuado por el gran nivel de la propia plantilla. Con la primera disposición,
los blancos pierden equilibrio defensivo por el constante esfuerzo de Isco a
tapar la banda en defensa pero se ven favorecidos por la presencia del cuarteto
mágico en la sala de máquinas. El 4-4-2 lo soluciona con la incorporación de
Lucas y Asensio y el 4-3-3 invita a tener extremos con menos esfuerzo
defensivo, como Bale, pero deja a Ronaldo más solo que Robinson Crusoe.

Lo que es una realidad es
que el aficionado madrileño tiene una serie de sueños cumplidos y que, en
contra de todo el mundo, solo mira el futuro con actual orgullo. El fútbol,
precisamente, tiene como cometido el crear recuerdos imborrables. Sin embargo,
ellos acaban olvidándolo todo porque saben que el mañana les aguarda algo todavía
mejor. Rememorar, nunca fue tan insípido.

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