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Cristina Caparrós @criscaparros 08-06-2018

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Cerró
los ojos en lo más alto del cajón, mientras su emoción silenciaba
el estruendoso murmullo que le acompañaba. Había vuelto a cruzar
meta más rápido que nadie, tras más de un año y medio. Y eso,
para un tricampeón del mundo de MotoGP, es mucho tiempo. Un
intervalo demasiado extenso que le ha hecho sentir como sus máximas
sensaciones, las que tantas veces había sentido, cada vez se
alejaban más.

La
decisión de fichar por Ducati fue un movimiento arriesgado. Sin
embargo, aproximaba al piloto mallorquín a un nuevo reto y a un
proyecto que le proporcionaría elevar su ficha anual. La relación
con la firma italiana ha terminado en un deseo frustrado. Jorge no ha
alcanzado los resultados deseados, y no ha sido hasta en su segunda
temporada con el equipo de Ducati cuando ha logrado su primera
victoria.

Cuando
sumas tantos triunfos y momentos de gloria en tu palmarés, ante la
presión de tus precedentes y el precio de tu propio éxito, es muy
difícil remar a contracorriente y mantener intacto el estado de
ánimo. La relación con Ducati ha sido un aprendizaje que puede
suceder forzosamente en la carrera de cualquier piloto, y a la misma
vez un bache que se explica a través de la exigencia física de una
máquina con la que no existe un feedback. La desilusión, no lograr
que los pequeños avances tomen forma, tener que volver a tomar el
recorrido del impulso tantas veces para volver a intentarlo. Diversos
factores que hacen tocar fondo, y cuestionan la propia capacidad
mental, aquella que se ha cosechado a base de tanto camino.

Aunque
lo de Ducati y Stoner pareció un matrimonio hecho a medida en los
años gloriosos donde el australiano conquistó el campeonato, la
realidad es que otros pilotos han sufrido la compleja adaptación de
las máquinas que ha ido desarrollando la marca fundada en Bolonia. Y
Lorenzo, al igual que Rossi, abandonará la Desmosedici sin lograr el
éxito soñado. Desde que Stoner decidió poner fin a su paso por el
motociclismo, Andrea Dovizioso es el único piloto que se ha acercado
al título de MotoGP en la que fue su quinta temporada en el equipo italiano.

Las
desavenencias entre Claudio Domenicali y Jorge Lorenzo han sido
evidentes ante sus propias declaraciones. Reproches, y una cuerda que
se ha tensado del todo para que el piloto y Ducati separen sus caminos. Un giro de última hora desencadenó al anuncio de su fichaje
por Honda, tras conocer que Dani Pedrosa no continuaría, después de
18 años, vinculado a la compañía japonesa. Una apuesta que, con
la unión de Marc Márquez y Jorge Lorenzo en un mismo equipo,
refuerza a la marca nipona con las pretensiones de asegurar el
talento en sus dos motos y monopolizar los campeonatos de la
categoría reina. Mientras en Yamaha Maverick Viñales reclama y
manifiesta sus garantías de ganador, a Rossi le persigue el tiempo a la vez que desea seguir disfrutando como un niño, en Ducati se ha
anunciado la dupla italiana Dovizioso-Petrucci, y otros pilotos
aprietan para hacerse un hueco, todo apunta, a priori, al gran
potencial que Honda ha reunido para la próxima temporada.

Antes
deberá terminarse un año dónde Márquez desea poner la directa y
donde queda mucho en juego. Jorge deberá seguir peleando hasta
noviembre, sin reflexionar en si su marcha a Ducati fue la mejor
elección. Se ha abierto una nueva puerta, la de tener un futuro
esclarecido. Y con ello, la ventaja de sentir que desprenderse de la
decepción y recuperar el feeling en el asfalto es posible. Para
reencontrarse con uno mismo, con quien fue, con lo que alcanzó. Para
sentirse de nuevo como aquel piloto ambicioso que logró ser campeón,
conquistar al motociclismo y escribir una parte de la historia de las
dos ruedas.  

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Cerró
los ojos en lo más alto del cajón, mientras su emoción silenciaba
el estruendoso murmullo que le acompañaba. Había vuelto a cruzar
meta más rápido que nadie, tras más de un año y medio. Y eso,
para un tricampeón del mundo de MotoGP, es mucho tiempo. Un
intervalo demasiado extenso que le ha hecho sentir como sus máximas
sensaciones, las que tantas veces había sentido, cada vez se
alejaban más.

La
decisión de fichar por Ducati fue un movimiento arriesgado. Sin
embargo, aproximaba al piloto mallorquín a un nuevo reto y a un
proyecto que le proporcionaría elevar su ficha anual. La relación
con la firma italiana ha terminado en un deseo frustrado. Jorge no ha
alcanzado los resultados deseados, y no ha sido hasta en su segunda
temporada con el equipo de Ducati cuando ha logrado su primera
victoria.

Cuando
sumas tantos triunfos y momentos de gloria en tu palmarés, ante la
presión de tus precedentes y el precio de tu propio éxito, es muy
difícil remar a contracorriente y mantener intacto el estado de
ánimo. La relación con Ducati ha sido un aprendizaje que puede
suceder forzosamente en la carrera de cualquier piloto, y a la misma
vez un bache que se explica a través de la exigencia física de una
máquina con la que no existe un feedback. La desilusión, no lograr
que los pequeños avances tomen forma, tener que volver a tomar el
recorrido del impulso tantas veces para volver a intentarlo. Diversos
factores que hacen tocar fondo, y cuestionan la propia capacidad
mental, aquella que se ha cosechado a base de tanto camino.

Aunque
lo de Ducati y Stoner pareció un matrimonio hecho a medida en los
años gloriosos donde el australiano conquistó el campeonato, la
realidad es que otros pilotos han sufrido la compleja adaptación de
las máquinas que ha ido desarrollando la marca fundada en Bolonia. Y
Lorenzo, al igual que Rossi, abandonará la Desmosedici sin lograr el
éxito soñado. Desde que Stoner decidió poner fin a su paso por el
motociclismo, Andrea Dovizioso es el único piloto que se ha acercado
al título de MotoGP en la que fue su quinta temporada en el equipo italiano.

Las
desavenencias entre Claudio Domenicali y Jorge Lorenzo han sido
evidentes ante sus propias declaraciones. Reproches, y una cuerda que
se ha tensado del todo para que el piloto y Ducati separen sus caminos. Un giro de última hora desencadenó al anuncio de su fichaje
por Honda, tras conocer que Dani Pedrosa no continuaría, después de
18 años, vinculado a la compañía japonesa. Una apuesta que, con
la unión de Marc Márquez y Jorge Lorenzo en un mismo equipo,
refuerza a la marca nipona con las pretensiones de asegurar el
talento en sus dos motos y monopolizar los campeonatos de la
categoría reina. Mientras en Yamaha Maverick Viñales reclama y
manifiesta sus garantías de ganador, a Rossi le persigue el tiempo a la vez que desea seguir disfrutando como un niño, en Ducati se ha
anunciado la dupla italiana Dovizioso-Petrucci, y otros pilotos
aprietan para hacerse un hueco, todo apunta, a priori, al gran
potencial que Honda ha reunido para la próxima temporada.

Antes
deberá terminarse un año dónde Márquez desea poner la directa y
donde queda mucho en juego. Jorge deberá seguir peleando hasta
noviembre, sin reflexionar en si su marcha a Ducati fue la mejor
elección. Se ha abierto una nueva puerta, la de tener un futuro
esclarecido. Y con ello, la ventaja de sentir que desprenderse de la
decepción y recuperar el feeling en el asfalto es posible. Para
reencontrarse con uno mismo, con quien fue, con lo que alcanzó. Para
sentirse de nuevo como aquel piloto ambicioso que logró ser campeón,
conquistar al motociclismo y escribir una parte de la historia de las
dos ruedas.  

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