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Rebelarse contra todo

Edu Rodríguez @EduRodri1996 05-07-2018

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«¿Ibrahimovic? El equipo
prevalece sobre las personas», Janne Andersson, seleccionador sueco, tras
clasificarse para cuartos del Mundial. Constante y sin hacer excesivo ruido,
Suecia se ha plantado entre los ocho mejores por primera vez desde la Eurocopa
de Portugal en 2004. Para ver algo similar en un Mundial, debemos remontarnos
hasta el 1994, en EEUU, año en el que el combinado nórdico finalizó tercera.

El fútbol es, muchas veces, un
deporte caprichoso. No sirve con tener el mejor plantel ni a los mejores, a 90
minutos todo puede pasar. En un campeonato tan complejo, como deseado, como es
el Mundial, ser fiel a una idea y optimizar tus recursos suele ser lo más
efectivo. Así alcanzamos un contexto en el que Rusia o Suecia forman parte de
las ocho aspirantes, mientras que otras como España, Argentina, Alemania o
Portugal se han quedado por el camino.

Ser un equipo y creer en una idea
es una tarea ardua en una selección. Con poco tiempo para trabajar y entrenar
conceptos, es difícil plasmar sobre el verde la idea del entrenador. Suecia, no
obstante, no solo lo ha conseguido, sino que se ha afianzado como uno de los
rivales más rocosos del campeonato.

El contexto no fue fácil. Tras no
clasificarse para los dos últimos Mundiales, caer en la fase de grupos de las
últimas tres Eurocopas y perder a Ibra, el camino parecía una etapa ciclista
con final en el Mont Ventoux en una tarde soleada de verano. Un camino largo,
durísimo y con un tío del mazo amenazante en cada curva. Suecia, sin embargo,
supo reponerse a tanto golpe y se rebeló contra cualquier pronóstico. Holanda e
Italia, como consecuencia, se quedaron sin premio por su culpa.

Sacrificada defensivamente y
directa en ataque, Suecia ya no teme a nadie. Tampoco le falta talento, de la
mano de Forsberg y Granqvist, ni gol tras seis tantos en cuatro partidos. Sin
presión y con el objetivo cumplido, darla por muerta sería un error inocente.

Para muchos, Inglaterra tiene
comprado ya el billete a semifinales. No es así. Suecia tiene un bloque capaz
de dañar al sistema inglés y sueña con agrandar la leyenda del Mundial de las sorpresas. 

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«¿Ibrahimovic? El equipo
prevalece sobre las personas», Janne Andersson, seleccionador sueco, tras
clasificarse para cuartos del Mundial. Constante y sin hacer excesivo ruido,
Suecia se ha plantado entre los ocho mejores por primera vez desde la Eurocopa
de Portugal en 2004. Para ver algo similar en un Mundial, debemos remontarnos
hasta el 1994, en EEUU, año en el que el combinado nórdico finalizó tercera.

El fútbol es, muchas veces, un
deporte caprichoso. No sirve con tener el mejor plantel ni a los mejores, a 90
minutos todo puede pasar. En un campeonato tan complejo, como deseado, como es
el Mundial, ser fiel a una idea y optimizar tus recursos suele ser lo más
efectivo. Así alcanzamos un contexto en el que Rusia o Suecia forman parte de
las ocho aspirantes, mientras que otras como España, Argentina, Alemania o
Portugal se han quedado por el camino.

Ser un equipo y creer en una idea
es una tarea ardua en una selección. Con poco tiempo para trabajar y entrenar
conceptos, es difícil plasmar sobre el verde la idea del entrenador. Suecia, no
obstante, no solo lo ha conseguido, sino que se ha afianzado como uno de los
rivales más rocosos del campeonato.

El contexto no fue fácil. Tras no
clasificarse para los dos últimos Mundiales, caer en la fase de grupos de las
últimas tres Eurocopas y perder a Ibra, el camino parecía una etapa ciclista
con final en el Mont Ventoux en una tarde soleada de verano. Un camino largo,
durísimo y con un tío del mazo amenazante en cada curva. Suecia, sin embargo,
supo reponerse a tanto golpe y se rebeló contra cualquier pronóstico. Holanda e
Italia, como consecuencia, se quedaron sin premio por su culpa.

Sacrificada defensivamente y
directa en ataque, Suecia ya no teme a nadie. Tampoco le falta talento, de la
mano de Forsberg y Granqvist, ni gol tras seis tantos en cuatro partidos. Sin
presión y con el objetivo cumplido, darla por muerta sería un error inocente.

Para muchos, Inglaterra tiene
comprado ya el billete a semifinales. No es así. Suecia tiene un bloque capaz
de dañar al sistema inglés y sueña con agrandar la leyenda del Mundial de las sorpresas. 

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