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Rarezas

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 10-04-2018

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Muchas
veces no sabemos porqué las cosas nos salen bien o mal. Estamos meses
trabajando en algo y cuando llega el turno de las conclusiones, encogemos los
hombros, como si ese proyecto o esa relación con alguien, no hubiera tenido
nada que ver con nosotros. El Chelsea el curso pasado fue el campeón de
Inglaterra. Hoy mira hacia el futuro sabiendo que, seguramente, no disputará la
Champions League. Y Conte cuando le preguntan, tampoco tiene idea. Nada tiene
sentido. O sí.

Los
londinenses arrancaron el curso con los mismos mimbres que el anterior,
sumándole incorporaciones interesantes como la de Christensen o Bakayoko. Este
último, criticadísimo últimamente, no arrancó del todo mal y demostró que tenía
bastante sentido en el fútbol del ex de la Juventus. El francés tenía un
cometido en el que poco a poco se iba adaptando. El Chelsea buscaba balones
largos a la cabeza de Morata o Marcos Alonso –que ha vuelto a ser un escándalo
este año- y ahí llegaba el ex del Mónaco para recoger las segundas jugadas,
aprovechando su físico. Sin embargo, el vuelo del fútbol inglés le ha pasado
por encima.

El Chelsea ha ido cambiando entre un 3-4-3 y
un 3-5-2 en la que sus jugadores se han acabado ahogando. Hazard jugando como
delantero, y así lo manifestó en la prensa, no funciona y eso que en el
banquillo tiene dos delanteros de nivel como son Giroud y Morata. Aun así, el
belga ha tenido un nivel óptimo, que ya debería ser diferencial sabiendo la
calidad que tiene. Willian, también, ha sido determinante en muchos momentos
con sus tremendos zarpazos y su capacidad de trabajo.

Pero,
más allá del rendimiento en el campo, hay algo intrínseco. Parece que la
relación entre los jugadores y el técnico está tan deteriorada que ya no hay
vuelta atrás. Conte tiene un carácter complicado en el que pide un 300% a los
jugadores. Esto, en equipos grandes, equivale a un progresivo cansancio que
acaba con un final triste. La próxima vez que le cuestionen que por qué su
escuadra no estará entre los mejores, podría nombrar a Platón y decir: “Solo sé
que no sé nada”. Al italiano le salen muchos argumentos pero no puede sacar
ninguna conclusión. Es el fútbol y la vida. Rarezas que no tienen explicación.  

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Muchas
veces no sabemos porqué las cosas nos salen bien o mal. Estamos meses
trabajando en algo y cuando llega el turno de las conclusiones, encogemos los
hombros, como si ese proyecto o esa relación con alguien, no hubiera tenido
nada que ver con nosotros. El Chelsea el curso pasado fue el campeón de
Inglaterra. Hoy mira hacia el futuro sabiendo que, seguramente, no disputará la
Champions League. Y Conte cuando le preguntan, tampoco tiene idea. Nada tiene
sentido. O sí.

Los
londinenses arrancaron el curso con los mismos mimbres que el anterior,
sumándole incorporaciones interesantes como la de Christensen o Bakayoko. Este
último, criticadísimo últimamente, no arrancó del todo mal y demostró que tenía
bastante sentido en el fútbol del ex de la Juventus. El francés tenía un
cometido en el que poco a poco se iba adaptando. El Chelsea buscaba balones
largos a la cabeza de Morata o Marcos Alonso –que ha vuelto a ser un escándalo
este año- y ahí llegaba el ex del Mónaco para recoger las segundas jugadas,
aprovechando su físico. Sin embargo, el vuelo del fútbol inglés le ha pasado
por encima.

El Chelsea ha ido cambiando entre un 3-4-3 y
un 3-5-2 en la que sus jugadores se han acabado ahogando. Hazard jugando como
delantero, y así lo manifestó en la prensa, no funciona y eso que en el
banquillo tiene dos delanteros de nivel como son Giroud y Morata. Aun así, el
belga ha tenido un nivel óptimo, que ya debería ser diferencial sabiendo la
calidad que tiene. Willian, también, ha sido determinante en muchos momentos
con sus tremendos zarpazos y su capacidad de trabajo.

Pero,
más allá del rendimiento en el campo, hay algo intrínseco. Parece que la
relación entre los jugadores y el técnico está tan deteriorada que ya no hay
vuelta atrás. Conte tiene un carácter complicado en el que pide un 300% a los
jugadores. Esto, en equipos grandes, equivale a un progresivo cansancio que
acaba con un final triste. La próxima vez que le cuestionen que por qué su
escuadra no estará entre los mejores, podría nombrar a Platón y decir: “Solo sé
que no sé nada”. Al italiano le salen muchos argumentos pero no puede sacar
ninguna conclusión. Es el fútbol y la vida. Rarezas que no tienen explicación.  

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