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Rapinoe y el ojo crítico

David Orenes @david_lrl 04-12-2019

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Megan Rapinoe

El Balón de Oro, premio que recibe mayor consideración en el mundo del fútbol, y más todavía desde que se separó definitivamente de la FIFA, se rige por tres criterios: actuaciones individuales y colectivas del año, clase del jugador/a (fair play incluido) y carrera deportiva.

La ganadora en 2019, la segunda futbolista en la historia en recibir el galardón tras Ada Hegerberg, cumple los tres para estar como mínimo entre las nominadas. Megan Rapinoe fue clave para la selección estadounidense en el Mundial firmando actuaciones individuales de categoría y siendo la líder del equipo de cara a la conquista final. Su clase es incuestionable, y todavía más los valores que le han convertido en una referente contra el patriarcado, la homofobia y la desigualdad tanto de género como de sociedad o raza. Y su carrera deportiva ha brillado, no tanto en lo logrado con sus clubes pero sí con Estados Unidos, siendo partícipe en la consecución de dos Copas del Mundo y un oro olímpico.

Los premios individuales de los que goza este año rezuman polémica, todo hay que decirlo. Como cada año que se disputa el Mundial, parece como si el evento en sí fuera lo único importante en una temporada de lo más exigente. Ha pasado muchas veces en el Balón de Oro masculino (Ronaldo en 2002, Cannavaro en 2006 o Modric en 2018), aunque en ninguno de esos casos hay un candidato firme que se posicione como gran perjudicado o un ganador que no consiga otros méritos paralelos (Cannavaro fue campeón de Liga con la Juventus antes de que fuera revocado por el ‘Calciopoli‘ y Modric ganó la Champions con el Madrid). 

El caso de Rapinoe es parecido al de Andrés Iniesta en 2010. Aunque el manchego no recibió el trofeo, quedó segundo por detrás de Messi exclusivamente por su participación en el Mundial de Sudáfrica que acabó ganando España. Con el Barça apenas tuvo incidencia en la conquista de la Liga, y un desgarro muscular le dejó fuera en el tramo decisivo. Del Bosque le esperó hasta el final, y aunque tuvo que retirarse lesionado ante Suiza, llegó a tiempo para ser clave en las eliminatorias y en la final, donde marcó el gol que nos dio la ansiada estrella.

Las lesiones también se han cebado con Rapinoe, que se rompió el cruzado dos veces en menos de un año cuando todavía contaba con edad juvenil (21) y por tercera vez en 2015, tras brillar en el Mundial de Canadá. Ya con 30 años tuvo que reinventarse hasta conseguir el éxito en Francia, pero por el camino dejó más ausencias y lesiones con el Seattle Reign. Este 2019, sin ir más lejos, solo ha disputado seis partidos con su club, en los que no ha marcado ningún gol. De ahí las críticas al premio obtenido, quizás más merecido para Lucy Bronze (campeona de Champions con el Lyon y semifinalista con Inglaterra en el Mundial) o Pernille Harder (39 goles en 41 partidos con el Wolfsburg campeón de Bundesliga y máxima goleadora en Liga de Campeones).

Lo de Rapinoe no es ‘la gran injusticia’ de la década, ni mucho menos. Cosas peores hemos visto: Marta ganando el The Best el pasado año o Deyna Castellanos como finalista en 2017. Pero si queremos dignificar estos premios, hay que buscar a la jugadora que más lo merece, no la que más vende. Que Alex Morgan figure entre las candidatas por marcarle cinco goles a Tailandia ya fue la gota que colmó el vaso. Podemos señalar al comité de la UEFA, a las capitanas, a los técnicos/as, a la FIFA… ahí ya no entramos. Pero los periodistas debemos ser el ojo más crítico y objetivo. Y si el Balón de Oro a Hegerberg fue un acierto (a pesar del debate, ahora no lo hay), este es para reflexionar los próximos cuatro años. 

PD: Para la mejor jugadora del Mundial (no de la temporada, ni del año) hay un MVP del Mundial. Ese que ya se llevó con todo merecimiento Megan Rapinoe.

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El Balón de Oro, premio que recibe mayor consideración en el mundo del fútbol, y más todavía desde que se separó definitivamente de la FIFA, se rige por tres criterios: actuaciones individuales y colectivas del año, clase del jugador/a (fair play incluido) y carrera deportiva.

La ganadora en 2019, la segunda futbolista en la historia en recibir el galardón tras Ada Hegerberg, cumple los tres para estar como mínimo entre las nominadas. Megan Rapinoe fue clave para la selección estadounidense en el Mundial firmando actuaciones individuales de categoría y siendo la líder del equipo de cara a la conquista final. Su clase es incuestionable, y todavía más los valores que le han convertido en una referente contra el patriarcado, la homofobia y la desigualdad tanto de género como de sociedad o raza. Y su carrera deportiva ha brillado, no tanto en lo logrado con sus clubes pero sí con Estados Unidos, siendo partícipe en la consecución de dos Copas del Mundo y un oro olímpico.

Los premios individuales de los que goza este año rezuman polémica, todo hay que decirlo. Como cada año que se disputa el Mundial, parece como si el evento en sí fuera lo único importante en una temporada de lo más exigente. Ha pasado muchas veces en el Balón de Oro masculino (Ronaldo en 2002, Cannavaro en 2006 o Modric en 2018), aunque en ninguno de esos casos hay un candidato firme que se posicione como gran perjudicado o un ganador que no consiga otros méritos paralelos (Cannavaro fue campeón de Liga con la Juventus antes de que fuera revocado por el ‘Calciopoli‘ y Modric ganó la Champions con el Madrid). 

El caso de Rapinoe es parecido al de Andrés Iniesta en 2010. Aunque el manchego no recibió el trofeo, quedó segundo por detrás de Messi exclusivamente por su participación en el Mundial de Sudáfrica que acabó ganando España. Con el Barça apenas tuvo incidencia en la conquista de la Liga, y un desgarro muscular le dejó fuera en el tramo decisivo. Del Bosque le esperó hasta el final, y aunque tuvo que retirarse lesionado ante Suiza, llegó a tiempo para ser clave en las eliminatorias y en la final, donde marcó el gol que nos dio la ansiada estrella.

Las lesiones también se han cebado con Rapinoe, que se rompió el cruzado dos veces en menos de un año cuando todavía contaba con edad juvenil (21) y por tercera vez en 2015, tras brillar en el Mundial de Canadá. Ya con 30 años tuvo que reinventarse hasta conseguir el éxito en Francia, pero por el camino dejó más ausencias y lesiones con el Seattle Reign. Este 2019, sin ir más lejos, solo ha disputado seis partidos con su club, en los que no ha marcado ningún gol. De ahí las críticas al premio obtenido, quizás más merecido para Lucy Bronze (campeona de Champions con el Lyon y semifinalista con Inglaterra en el Mundial) o Pernille Harder (39 goles en 41 partidos con el Wolfsburg campeón de Bundesliga y máxima goleadora en Liga de Campeones).

Lo de Rapinoe no es ‘la gran injusticia’ de la década, ni mucho menos. Cosas peores hemos visto: Marta ganando el The Best el pasado año o Deyna Castellanos como finalista en 2017. Pero si queremos dignificar estos premios, hay que buscar a la jugadora que más lo merece, no la que más vende. Que Alex Morgan figure entre las candidatas por marcarle cinco goles a Tailandia ya fue la gota que colmó el vaso. Podemos señalar al comité de la UEFA, a las capitanas, a los técnicos/as, a la FIFA… ahí ya no entramos. Pero los periodistas debemos ser el ojo más crítico y objetivo. Y si el Balón de Oro a Hegerberg fue un acierto (a pesar del debate, ahora no lo hay), este es para reflexionar los próximos cuatro años. 

PD: Para la mejor jugadora del Mundial (no de la temporada, ni del año) hay un MVP del Mundial. Ese que ya se llevó con todo merecimiento Megan Rapinoe.

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