_Alemania

Rainer Ernst, tras un balón al otro lado del muro

Se cumplen 30 años desde la caída del Muro de Berlín, un hito que supuso el punto y aparte de una época en Europa. No obstante, Alemania no fue Alemania hasta finales de 1990, casi un año después de que la célebre construcción de hormigón cayera a manos de quienes, de un lado y del otro, esperaban juntarse después de casi 30 años de separación. 30 años en los que la vida al otro lado discurría a una velocidad distinta y de un modo muy distinto.

En 1989, para el fútbol, también hubo cambios. La caída del muro hizo que poco tiempo después, la DDR Oberliga, activa desde 1949, diera paso a la unificación con el sistema de liga occidental, dando paso a la ya conocida Bundesliga en el año 1991. En ese periodo, tras la caída del Muro, fueron muchos los jugadores que quisieron probar suerte al otro lado, queriendo formar parte de la nueva libertad de movimiento imperante en el nuevo estado germano y en la libre circulación de los jugadores que hasta ese momento solo podían jugar en el lado oriental. Ese fue el caso de Rainer Ernst.

Nacido en Neustrelitz en 1961, empezó a jugar al fútbol en su ciudad natal, después de probar suerte en otros deportes, como el atletismo o el esquí. Sus dotes para el desempeño deportivo le facilitaron el paso a un club de mayor entidad, el Dynamo de Berlín, donde conseguiría debutar en el máximo nivel de la Alemania Oriental, la ya citada DDR Oberliga. Con el Dynamo, consiguió labrarse un futuro y un nombre, destacando como atacante, llegando a ser incluso máximo goleador en la temporada 83/84, logro que repetiría la temporada siguiente. A medida que iba destacando y ganando peso en el equipo de Berlin, iba retrasando su posición en el campo, llegando a asentarse como mediocampista llegador, rol que desempeñaría durante gran parte de su carrera.

Tras pasar por las categorías inferiores de la selección de la República Democrática Alemana, debutó en 1981 con la absoluta, en un partido que ganaron a Malta por cinco goles a uno. Su recorrido en la selección de Alemania Oriental seguiría hasta poco antes de su disolución en 1990. En ese tiempo, el Dynamo de Berlin conseguió hacerse con diez campeonatos nacionales, además de tres Copas de la RDA (conocida como FDGB-Pokal).

Con la apertura que supuso la nueva Alemania unificada tras la caída del Muro de Berlín, el Dynamo no consiguió retener a uno de sus máximos referentes, que marchó a conocer nuevas realidades al otro lado del país. Su traslado fue a casi 700 kilómetros de distancia, a la ciudad de Kaiserlautern, para jugar en el equipo local y perteneciente a la Bundesliga. En julio de 1990, Ernst hacía las maletas para incorporarse a su nuevo club, en un fichaje que le supondría ganar su último título nacional, en su primera temporada allí, consiguiendo la Bundesliga de la temporada 90/91. Tras hacerse con el título en un año en el que participó en la Recopa de la UEFA, pero en el que no contó tanto como le hubiera gustado, decidió poner de nuevo tierra de por medio y probar nuevas realidades. Su nuevo destino sería Francia, para jugar, ya con 30 años, en el Girondins.

La caída del Muro supuso para Rainer Ernst abrir fronteras, explorar, conocer nuevas metas y progresar como futbolista. Sus triunfos en el lado occidental de Alemania fueron breves y jamás fue convocado por la unificada selección germana, a pesar de haber participado en la DDR en 57 ocasiones convirtiendo, además, 21 ocasiones de gol. Después de su estancia en Burdeos, llegaría una etapa en Cannes y otra en Suiza, jugando para el Zúrich, para más tarde volver al Salmrohr germano, donde se retiró en 1996, con una larga carrera a ambos lados del ya extinto Muro. Su equipo de siempre, el Dynamo de Berlín, en cambio, transita hoy por la Regionalliga Nordost, la cuarta división del fútbol alemán. El de Rainer Ernst fue un viaje de ida y vuelta, donde proseguir su carrera fue la excusa para experimentar, con creces, lo que sería una nueva era en Alemania y en Europa, no solo a nivel deportivo, sino también en la sociedad, en la política y en la economía. Todo siguiendo el correr de un balón de fútbol.

Foto principal: Rainer Ernst (Dynamo Berlin, detras a la izquierda) disputa un balón con un joven Matthias Sammer (Dynamo Dresden) en 1988

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Se cumplen 30 años desde la caída del Muro de Berlín, un hito que supuso el punto y aparte de una época en Europa. No obstante, Alemania no fue Alemania hasta finales de 1990, casi un año después de que la célebre construcción de hormigón cayera a manos de quienes, de un lado y del otro, esperaban juntarse después de casi 30 años de separación. 30 años en los que la vida al otro lado discurría a una velocidad distinta y de un modo muy distinto.

En 1989, para el fútbol, también hubo cambios. La caída del muro hizo que poco tiempo después, la DDR Oberliga, activa desde 1949, diera paso a la unificación con el sistema de liga occidental, dando paso a la ya conocida Bundesliga en el año 1991. En ese periodo, tras la caída del Muro, fueron muchos los jugadores que quisieron probar suerte al otro lado, queriendo formar parte de la nueva libertad de movimiento imperante en el nuevo estado germano y en la libre circulación de los jugadores que hasta ese momento solo podían jugar en el lado oriental. Ese fue el caso de Rainer Ernst.

Nacido en Neustrelitz en 1961, empezó a jugar al fútbol en su ciudad natal, después de probar suerte en otros deportes, como el atletismo o el esquí. Sus dotes para el desempeño deportivo le facilitaron el paso a un club de mayor entidad, el Dynamo de Berlín, donde conseguiría debutar en el máximo nivel de la Alemania Oriental, la ya citada DDR Oberliga. Con el Dynamo, consiguió labrarse un futuro y un nombre, destacando como atacante, llegando a ser incluso máximo goleador en la temporada 83/84, logro que repetiría la temporada siguiente. A medida que iba destacando y ganando peso en el equipo de Berlin, iba retrasando su posición en el campo, llegando a asentarse como mediocampista llegador, rol que desempeñaría durante gran parte de su carrera.

Tras pasar por las categorías inferiores de la selección de la República Democrática Alemana, debutó en 1981 con la absoluta, en un partido que ganaron a Malta por cinco goles a uno. Su recorrido en la selección de Alemania Oriental seguiría hasta poco antes de su disolución en 1990. En ese tiempo, el Dynamo de Berlin conseguió hacerse con diez campeonatos nacionales, además de tres Copas de la RDA (conocida como FDGB-Pokal).

Con la apertura que supuso la nueva Alemania unificada tras la caída del Muro de Berlín, el Dynamo no consiguió retener a uno de sus máximos referentes, que marchó a conocer nuevas realidades al otro lado del país. Su traslado fue a casi 700 kilómetros de distancia, a la ciudad de Kaiserlautern, para jugar en el equipo local y perteneciente a la Bundesliga. En julio de 1990, Ernst hacía las maletas para incorporarse a su nuevo club, en un fichaje que le supondría ganar su último título nacional, en su primera temporada allí, consiguiendo la Bundesliga de la temporada 90/91. Tras hacerse con el título en un año en el que participó en la Recopa de la UEFA, pero en el que no contó tanto como le hubiera gustado, decidió poner de nuevo tierra de por medio y probar nuevas realidades. Su nuevo destino sería Francia, para jugar, ya con 30 años, en el Girondins.

La caída del Muro supuso para Rainer Ernst abrir fronteras, explorar, conocer nuevas metas y progresar como futbolista. Sus triunfos en el lado occidental de Alemania fueron breves y jamás fue convocado por la unificada selección germana, a pesar de haber participado en la DDR en 57 ocasiones convirtiendo, además, 21 ocasiones de gol. Después de su estancia en Burdeos, llegaría una etapa en Cannes y otra en Suiza, jugando para el Zúrich, para más tarde volver al Salmrohr germano, donde se retiró en 1996, con una larga carrera a ambos lados del ya extinto Muro. Su equipo de siempre, el Dynamo de Berlín, en cambio, transita hoy por la Regionalliga Nordost, la cuarta división del fútbol alemán. El de Rainer Ernst fue un viaje de ida y vuelta, donde proseguir su carrera fue la excusa para experimentar, con creces, lo que sería una nueva era en Alemania y en Europa, no solo a nivel deportivo, sino también en la sociedad, en la política y en la economía. Todo siguiendo el correr de un balón de fútbol.

Foto principal: Rainer Ernst (Dynamo Berlin, detras a la izquierda) disputa un balón con un joven Matthias Sammer (Dynamo Dresden) en 1988

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