_Polideportivo

Queralt Castellet, un salto de calidad

David Orenes @david_lrl 12-12-2019

etiquetas:

Queralt Castellet

La semana pasada escribíamos sobre Astrid Fina, pionera en el snowboard paralímpico, que se había convertido en referente más si cabe tras la ‘retirada temporal’ de Queralt Castellet, que con rabia dejaba la tabla y se perfilaba como gran ausencia en la Copa del Mundo por falta de recursos. La de Sabadell, sin embargo, ha llegado a un acuerdo con la RFEDI, que anunció este fin de semana su participación tras una negociación más larga de lo esperado.

Queralt (1989) había sido muy crítica con la Federación, a la que acusó de falta de un “plan específico” para el snowboard femenino, en concreto para la modalidad que ella practica, el Halfpipe. Sus críticas vienen de lejos, las mismas que le sirvieron para mejorar sus condiciones nueve años atrás, y que le llevaron a ser la snowboarder española más laureada de la historia. Aunque practica este deporte desde los seis años (lo alternó con la gimnasia artística, donde consiguió ser campeona de España en potro), no comenzó su carrera profesional hasta los 16. Un año después había logrado la clasificación para los Juegos Olímpicos de Turín, donde finalizó en el puesto 26.

En los años siguientes, los éxitos cosechados en Copa del Mundo y la plata en el Mundial júnior de halfpipe en 2009 le colocaron en un estatus de relevancia dentro de la Federación, a la que pidió dar un salto de calidad para competir al máximo nivel. Sabía de sus opciones y no estaba dispuesta a tirarlas por la borda. “Las circunstancias de entonces no eran las que yo necesitaba para mejorar, quería un programa más intenso”, recuerda en una entrevista en El Mundo. La falta de instalaciones en nuestro país le llevó a marcharse a Nueva Zelanda, su hogar en la última década, y a preparar un programa deportivo a su medida, al margen de una RFEDI que, pese a todo, dobló las ayudas y la convirtió años después en la deportista con más apoyos económicos.

En 2010, en los Juegos de Vancouver, partía ya como una de las grandes favoritas a optar a medalla. Se metió en la final como la tercera mejor, pero una caída en el entrenamiento la dejó sin metal. Situación parecida en Sochi (2014), donde logró la segunda mejor marca antes de dos caídas que le relegaron a la undécima posición.

Entre medias se iba perfilando como una de las caras más reconocibles en la Copa del Mundo, donde iba acumulando podios. Su mayor logro llegó un año después de Sochi, proclamándose subcampeona del mundo en Kreischberg. Se trataba de la primera medalla mundialista en la historia del snowboard español. La alegría vino acompañada, sin embargo, de una tragedia poco después. Ben Jolly, pareja y entrenador de la catalana, falleció de forma repentina por culpa del cáncer. En una emotiva carta, Queralt reconoció que le había dejado “huérfana de casi todo” y que “su legado supondrá para mí el compromiso de ser todavía mejor. Ojalá pronto pueda mirar al cielo desde lo más alto del podio y dedicarle mis éxitos. Porque siempre sabrá que serán también suyos”.

La fuerza mental para superar el mayor bache de su vida fue titánica. Tras seis meses donde se replanteó todo (incluso dejar el snowboard) Queralt volvió a pisar la nieve. Fue su salvación. “Sentí felicidad. Entendí que realmente era lo único que yo tenía. Me ha llevado a ser quien soy y aprender todo lo que sé», confesó en el documental producido por Red Bull, su mayor patrocinador. Cambió Nueva Zelanda por Suiza y se puso a las órdenes de un nuevo entrenador, Benjamin Bright, estricto y con un palmarés notable (convirtió en campeona olímpica a su hermana Torah Bright). No solo mejoró su físico, también recuperó su ilusión por el snowboard.

Llegó a los Juegos Olímpicos de Pyeongchang mejor que nunca, y con la certeza de que podía ganar no solo el bronce o la plata, sino el oro. No lo consiguió, pero se marchó de Corea con su primer diploma olímpico y sensación de revancha. La pasada temporada acabó segunda en la clasificación general de la Copa del Mundo, rozando con los dedos un Globo de Cristal con el que todavía sueña. Tras lograr los mejores resultados de su carrera, Queralt se plantó ante la RFEDI. “Hay dinero que aún no se me ha terminado de pagar (…) Siempre he hecho un esfuerzo por ir a las competiciones, pero llega un punto en el que no puedes”. En las últimas semanas, Castellet ha estado entrenando en Suiza con dinero de su bolsillo y de los patrocinadores.

En la Federación tampoco se han mordido la lengua, sabiendo de la importancia de llegar a un acuerdo con Queralt  pero exigiéndole unos mínimos, sobre todo fuera de las pistas, que no ha cumplido a rajatabla. Desde no utilizar los patrocinios de la RFEDI a ausentarse en las presentaciones de los equipos nacionales, pasando por elaborar un calendario del que los dirigentes no tienen constancia. Aunque sin especificar demasiado, todo indica a que el acuerdo ha incluido estas y otras cláusulas que la española deberá seguir. A cambio, Queralt podrá participar en una Copa del Mundo con plenas garantías, sabiendo que el Globo de Cristal es más palpable que nunca. A por él.

Sp_

siguenos en:

©2019 Copyright Sphera Sports | Derechos reservados

La semana pasada escribíamos sobre Astrid Fina, pionera en el snowboard paralímpico, que se había convertido en referente más si cabe tras la ‘retirada temporal’ de Queralt Castellet, que con rabia dejaba la tabla y se perfilaba como gran ausencia en la Copa del Mundo por falta de recursos. La de Sabadell, sin embargo, ha llegado a un acuerdo con la RFEDI, que anunció este fin de semana su participación tras una negociación más larga de lo esperado.

Queralt (1989) había sido muy crítica con la Federación, a la que acusó de falta de un “plan específico” para el snowboard femenino, en concreto para la modalidad que ella practica, el Halfpipe. Sus críticas vienen de lejos, las mismas que le sirvieron para mejorar sus condiciones nueve años atrás, y que le llevaron a ser la snowboarder española más laureada de la historia. Aunque practica este deporte desde los seis años (lo alternó con la gimnasia artística, donde consiguió ser campeona de España en potro), no comenzó su carrera profesional hasta los 16. Un año después había logrado la clasificación para los Juegos Olímpicos de Turín, donde finalizó en el puesto 26.

En los años siguientes, los éxitos cosechados en Copa del Mundo y la plata en el Mundial júnior de halfpipe en 2009 le colocaron en un estatus de relevancia dentro de la Federación, a la que pidió dar un salto de calidad para competir al máximo nivel. Sabía de sus opciones y no estaba dispuesta a tirarlas por la borda. “Las circunstancias de entonces no eran las que yo necesitaba para mejorar, quería un programa más intenso”, recuerda en una entrevista en El Mundo. La falta de instalaciones en nuestro país le llevó a marcharse a Nueva Zelanda, su hogar en la última década, y a preparar un programa deportivo a su medida, al margen de una RFEDI que, pese a todo, dobló las ayudas y la convirtió años después en la deportista con más apoyos económicos.

En 2010, en los Juegos de Vancouver, partía ya como una de las grandes favoritas a optar a medalla. Se metió en la final como la tercera mejor, pero una caída en el entrenamiento la dejó sin metal. Situación parecida en Sochi (2014), donde logró la segunda mejor marca antes de dos caídas que le relegaron a la undécima posición.

Entre medias se iba perfilando como una de las caras más reconocibles en la Copa del Mundo, donde iba acumulando podios. Su mayor logro llegó un año después de Sochi, proclamándose subcampeona del mundo en Kreischberg. Se trataba de la primera medalla mundialista en la historia del snowboard español. La alegría vino acompañada, sin embargo, de una tragedia poco después. Ben Jolly, pareja y entrenador de la catalana, falleció de forma repentina por culpa del cáncer. En una emotiva carta, Queralt reconoció que le había dejado “huérfana de casi todo” y que “su legado supondrá para mí el compromiso de ser todavía mejor. Ojalá pronto pueda mirar al cielo desde lo más alto del podio y dedicarle mis éxitos. Porque siempre sabrá que serán también suyos”.

La fuerza mental para superar el mayor bache de su vida fue titánica. Tras seis meses donde se replanteó todo (incluso dejar el snowboard) Queralt volvió a pisar la nieve. Fue su salvación. “Sentí felicidad. Entendí que realmente era lo único que yo tenía. Me ha llevado a ser quien soy y aprender todo lo que sé», confesó en el documental producido por Red Bull, su mayor patrocinador. Cambió Nueva Zelanda por Suiza y se puso a las órdenes de un nuevo entrenador, Benjamin Bright, estricto y con un palmarés notable (convirtió en campeona olímpica a su hermana Torah Bright). No solo mejoró su físico, también recuperó su ilusión por el snowboard.

Llegó a los Juegos Olímpicos de Pyeongchang mejor que nunca, y con la certeza de que podía ganar no solo el bronce o la plata, sino el oro. No lo consiguió, pero se marchó de Corea con su primer diploma olímpico y sensación de revancha. La pasada temporada acabó segunda en la clasificación general de la Copa del Mundo, rozando con los dedos un Globo de Cristal con el que todavía sueña. Tras lograr los mejores resultados de su carrera, Queralt se plantó ante la RFEDI. “Hay dinero que aún no se me ha terminado de pagar (…) Siempre he hecho un esfuerzo por ir a las competiciones, pero llega un punto en el que no puedes”. En las últimas semanas, Castellet ha estado entrenando en Suiza con dinero de su bolsillo y de los patrocinadores.

En la Federación tampoco se han mordido la lengua, sabiendo de la importancia de llegar a un acuerdo con Queralt  pero exigiéndole unos mínimos, sobre todo fuera de las pistas, que no ha cumplido a rajatabla. Desde no utilizar los patrocinios de la RFEDI a ausentarse en las presentaciones de los equipos nacionales, pasando por elaborar un calendario del que los dirigentes no tienen constancia. Aunque sin especificar demasiado, todo indica a que el acuerdo ha incluido estas y otras cláusulas que la española deberá seguir. A cambio, Queralt podrá participar en una Copa del Mundo con plenas garantías, sabiendo que el Globo de Cristal es más palpable que nunca. A por él.

etiquetas:

Queralt Castellet