_Valencia

¡Qué grande es ser del Valencia!

Domingo Ortiz @Domingortiz 25-04-2022

Desolado. El valencianismo sigue con el alma hendida y resquebrajada tras quedarse sin la Copa. Aún retumban en mi cabeza los cánticos de su afición por cualquier lugar de Sevilla. Daba igual La Giralda, la Torre del Oro, el Paseo de Cristóbal Colón, el Auditorio Rocío Jurado o la Plaza de la Encarnación. No importaba si paseabas por la Alameda de Hércules o cercabas la Maestranza. Incluso si decidías ir al Parque del Alamillo donde estaba la ‘Fan Zone’ blanquinegra, a la Plaza de España o al mismo Barrio de Triana. Todo olía a pólvora y estaba inundado de ‘sentiment’. Las Fallas esta vez eran en abril y en Tierra Santa.

Fue una nueva demostración de lo grande que es ser del Valencia. Porque esa frase salió de las entrañas de cada aficionado con su comportamiento ejemplar y también desde dentro del vestuario. Debo reconocer que, al leerlo, me impactó. Me quedé inmóvil, petrificado. Me aceleró la amargura y el lamento en una vuelta a casa tediosa por el desánimo a la par que amplificó el orgullo. El sentimiento de pertenencia en momentos de extrema dificultad es necesario y su representación ante ojos de todo el mundo, una dicha impagable. No fue un cualquiera quien la recitó. Créanme. Todos fuimos él la noche anterior. Hundidos, desgajados pero repletos de amor. Fue ese espejo donde cada valencianista veía su rostro. Despertar y derramar lágrimas también pasó en esa plantilla que lo dejó absolutamente todo hasta el final. Los penaltis privaron del título pero no de sacar a relucir lo más adorado. El Valencia cayó con magnificencia haciendo una extraordinaria final.

Pero tengo claro que esto no acaba aquí. Y lo digo desde el sosiego con el paso de las horas. Desde el convencimiento. A todos nos asusta el futuro inmediato con esta propiedad por la cantidad de interrogantes que quedan por discernir pero si algo ha demostrado este escudo y su gente a lo largo de sus 103 años de historia es que siempre vuelve a las grande citas. Unidos. Invadiendo ciudades con educación y demostrando la grandeza de lo que representan. Sabedores del momento y hambrientos por volver a tocar el cielo. “La Novena” llegará. Y esas lágrimas de aflicción y martirio se convertirán en júbilo. No tengan dudas. Será el momento de los niños que esta vez masticaron la angustia, aquellos que lloraron desconsoladamente cuando Miranda la embocó. Esos que vivieron por primera vez una final con sus familiares con los ojos vidriosos, ansiosos de saber qué se siente cuando se es campeón. Tranquilos, muchachos, pronto lo sabréis. Os doy mi palabra. Y será también el de los viejitos que quieren regalarse un último baile gritando a los cuatro vientos eso de ¡qué grande es ser del Valencia! Porque sí, lo que esa frase engloba es algo irreductible, una forma de vivir y de comprender. Una forma de expresar, una forma de amar.

Tornarem.

¡Amunt sempre!

Imagen de cabecera: @valenciacf

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Desolado. El valencianismo sigue con el alma hendida y resquebrajada tras quedarse sin la Copa. Aún retumban en mi cabeza los cánticos de su afición por cualquier lugar de Sevilla. Daba igual La Giralda, la Torre del Oro, el Paseo de Cristóbal Colón, el Auditorio Rocío Jurado o la Plaza de la Encarnación. No importaba si paseabas por la Alameda de Hércules o cercabas la Maestranza. Incluso si decidías ir al Parque del Alamillo donde estaba la ‘Fan Zone’ blanquinegra, a la Plaza de España o al mismo Barrio de Triana. Todo olía a pólvora y estaba inundado de ‘sentiment’. Las Fallas esta vez eran en abril y en Tierra Santa.

Fue una nueva demostración de lo grande que es ser del Valencia. Porque esa frase salió de las entrañas de cada aficionado con su comportamiento ejemplar y también desde dentro del vestuario. Debo reconocer que, al leerlo, me impactó. Me quedé inmóvil, petrificado. Me aceleró la amargura y el lamento en una vuelta a casa tediosa por el desánimo a la par que amplificó el orgullo. El sentimiento de pertenencia en momentos de extrema dificultad es necesario y su representación ante ojos de todo el mundo, una dicha impagable. No fue un cualquiera quien la recitó. Créanme. Todos fuimos él la noche anterior. Hundidos, desgajados pero repletos de amor. Fue ese espejo donde cada valencianista veía su rostro. Despertar y derramar lágrimas también pasó en esa plantilla que lo dejó absolutamente todo hasta el final. Los penaltis privaron del título pero no de sacar a relucir lo más adorado. El Valencia cayó con magnificencia haciendo una extraordinaria final.

Pero tengo claro que esto no acaba aquí. Y lo digo desde el sosiego con el paso de las horas. Desde el convencimiento. A todos nos asusta el futuro inmediato con esta propiedad por la cantidad de interrogantes que quedan por discernir pero si algo ha demostrado este escudo y su gente a lo largo de sus 103 años de historia es que siempre vuelve a las grande citas. Unidos. Invadiendo ciudades con educación y demostrando la grandeza de lo que representan. Sabedores del momento y hambrientos por volver a tocar el cielo. “La Novena” llegará. Y esas lágrimas de aflicción y martirio se convertirán en júbilo. No tengan dudas. Será el momento de los niños que esta vez masticaron la angustia, aquellos que lloraron desconsoladamente cuando Miranda la embocó. Esos que vivieron por primera vez una final con sus familiares con los ojos vidriosos, ansiosos de saber qué se siente cuando se es campeón. Tranquilos, muchachos, pronto lo sabréis. Os doy mi palabra. Y será también el de los viejitos que quieren regalarse un último baile gritando a los cuatro vientos eso de ¡qué grande es ser del Valencia! Porque sí, lo que esa frase engloba es algo irreductible, una forma de vivir y de comprender. Una forma de expresar, una forma de amar.

Tornarem.

¡Amunt sempre!

Imagen de cabecera: @valenciacf

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Biel Ros @bielros_
09-06-2022