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Qué fácil es ganar

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 28-06-2019

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Un pelotazo para
presionar un saque de banda. Así inició su segundo acto Francia tras dejarse
remontar el gol inicial de Mateta en menos de lo que te haces un Yakisoba al
microondas. Un minuto más tarde Fabián, con un pase de la muerte a Olmo,
castigaba el perenne pragmatismo del país vecino de esta semana en Italia.
Durante toda la Eurocopa se han reservado a no sabemos qué. Incluso su sonado
biscotto fue pitado por la afición transalpina en el envite por la final.
Thuram y Mousa Dembélé calentaban. Ya era muy tarde.

El conjunto de Luis de la
Fuente jugará la final ante Alemania, una vez más, tras ir de menos a más
durante todo el torneo. En su primer choque ya dispuso su 4-2-3-1 dándole toda
la libertad a Dani Ceballos, presidente de este equipo. Desde su despacho, con
calma, fintaba y venía a recibir sin miedo, sin quemarle el cuero, engañando a
sus marcadores. Esta vez, en semifinales, no fue el mejor porque tampoco hace
falta. En el combinado español hay un sinfín de individualidades diferenciales
que no te ganan partidos, alzan campeonatos.

Uno de ellos es Mikel
Oyarzabal, ahora ejerciendo de falso nueve. Forzó el penalti del 2-1 y no dejó
de moverse buscando espacios. Le costó y tuvo que enfrentarse a dos zagales de
casi dos metros, arquetipo de central francés. Su hueco lo aprovecharon Pablo
Fornals y Dani Olmo, que suplica por estar en una liga superior. No tardará. A
Marc Roca tampoco le ha atacado la presión por entrar en un gran equipo cuando
solo la victoria era un posible remedio. Juega como en el Espanyol,
perfilándose de cine para jugar de película con el cuero, como si pateara la
bola en su Vilafranca natal. Sangre de horchata. En el buen sentido. Su gol del
empate fue un jarro de agua fría y justicia para Francia. No se iban a
recuperar.

En el Betis, ya de paso,
forjaron un futbolista de nivel selección española. Y por ello ya es titular
con Robert Moreno. Al lado del catalán habita ese tal Fabián, un metrónomo de
altísimo nivel; espigado y sin reparos cuando tiene que atarse los machos para
retroceder metros. Cada pelota que pasa por sus pies se convierte en porcelana.
Pero no todo es su calidad. Su inteligencia le hace estar bien posicionado
prácticamente siempre y sus piernas le convierten en pulpo. Así España se ha
metido en otra final. Sin olvidar el choque de Junior Firpo, otra incursión
posterior en el once después del descalabro del primer día, que parecía
definitivo por el terrible corte en fase de grupos, que dejaba eliminadas a 8
selecciones de 12. Firpo destrozaba la espalda de Dagba y llegaba a todas horas
a línea de fondo, fiel a su cita. Pisar área y pase de la muerte. Jugando así,
ante el inherente sencillísimo de su rival, es muy difícil perder.

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Un pelotazo para
presionar un saque de banda. Así inició su segundo acto Francia tras dejarse
remontar el gol inicial de Mateta en menos de lo que te haces un Yakisoba al
microondas. Un minuto más tarde Fabián, con un pase de la muerte a Olmo,
castigaba el perenne pragmatismo del país vecino de esta semana en Italia.
Durante toda la Eurocopa se han reservado a no sabemos qué. Incluso su sonado
biscotto fue pitado por la afición transalpina en el envite por la final.
Thuram y Mousa Dembélé calentaban. Ya era muy tarde.

El conjunto de Luis de la
Fuente jugará la final ante Alemania, una vez más, tras ir de menos a más
durante todo el torneo. En su primer choque ya dispuso su 4-2-3-1 dándole toda
la libertad a Dani Ceballos, presidente de este equipo. Desde su despacho, con
calma, fintaba y venía a recibir sin miedo, sin quemarle el cuero, engañando a
sus marcadores. Esta vez, en semifinales, no fue el mejor porque tampoco hace
falta. En el combinado español hay un sinfín de individualidades diferenciales
que no te ganan partidos, alzan campeonatos.

Uno de ellos es Mikel
Oyarzabal, ahora ejerciendo de falso nueve. Forzó el penalti del 2-1 y no dejó
de moverse buscando espacios. Le costó y tuvo que enfrentarse a dos zagales de
casi dos metros, arquetipo de central francés. Su hueco lo aprovecharon Pablo
Fornals y Dani Olmo, que suplica por estar en una liga superior. No tardará. A
Marc Roca tampoco le ha atacado la presión por entrar en un gran equipo cuando
solo la victoria era un posible remedio. Juega como en el Espanyol,
perfilándose de cine para jugar de película con el cuero, como si pateara la
bola en su Vilafranca natal. Sangre de horchata. En el buen sentido. Su gol del
empate fue un jarro de agua fría y justicia para Francia. No se iban a
recuperar.

En el Betis, ya de paso,
forjaron un futbolista de nivel selección española. Y por ello ya es titular
con Robert Moreno. Al lado del catalán habita ese tal Fabián, un metrónomo de
altísimo nivel; espigado y sin reparos cuando tiene que atarse los machos para
retroceder metros. Cada pelota que pasa por sus pies se convierte en porcelana.
Pero no todo es su calidad. Su inteligencia le hace estar bien posicionado
prácticamente siempre y sus piernas le convierten en pulpo. Así España se ha
metido en otra final. Sin olvidar el choque de Junior Firpo, otra incursión
posterior en el once después del descalabro del primer día, que parecía
definitivo por el terrible corte en fase de grupos, que dejaba eliminadas a 8
selecciones de 12. Firpo destrozaba la espalda de Dagba y llegaba a todas horas
a línea de fondo, fiel a su cita. Pisar área y pase de la muerte. Jugando así,
ante el inherente sencillísimo de su rival, es muy difícil perder.

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