_NBA

Proceso sobre el Proceso

Trust The Process. Confía en El Proceso. Un lema al que se agarraron muchos seguidores de los Philadelphia 76ers mientras el equipo se arrastraba por las profundidades de la NBA. Fueron años de 63, 64 y hasta 72 derrotas, pero había que pasar por ello porque lo mejor estaba por llegar… aunque en Filadelfia siguen esperando.

Un Proceso que no termina de culminar

La primera fase del Proceso (siempre con mayúscula) arrancó en 2013 y concluyó en 2017. La directiva de los Sixers, con Sam Hinkie a la cabeza, convirtió al equipo en un vaivén de jugadores de nivel medio-bajo mientras acumulaban derrotas, picks altos de Draft y liberaban masa salarial. En una palabra: tanking. La segunda comenzó en la temporada 2017-18, ya sin Hinkie, todavía está vigente… pero puede que no le quede mucho tiempo.

Con Joel Embiid y Ben Simmons al fin juntos, los 76ers regresaron a los Playoffs en 2018 tras seis años de ausencia. Cayeron a manos de los Boston Celtics en las semifinales del Este. En aquel equipo estaban J.J. Redick, Robert Covington, Dario Saric, Ersan İlyasova y Marco Belinelli, entre otros. Una buena base para ganar, pero en las oficinas querían más. Así, en el transcurso de la 2018-19 se hicieron con Tobias Harris y, sobre todo, Jimmy Butler. Ambos terminaban contrato al acabar la temporada, pero había que dar el paso para hacerse con la corona que había dejado vacante LeBron James en el Este. Una apuesta que tuvo un final cruel: nuevamente en semis, pero en el séptimo partido y con una canasta sobre la bocina de Kawhi Leonard después de que el balón rebotase cuatro veces en el aro antes de entrar.

De cara a la temporada 2019-20, los Sixers hicieron lo que llevaban muchísimos años sin hacer: aflojar la pasta. Extensión de 170 millones por cinco años a Ben Simmons, nuevo contrato de 180 kilos por cinco campañas a Tobias Harris (el mayor de la historia de la franquicia) y 109 por cuatro para su gran fichaje veraniego, Al Horford. La contrapartida fueron las marchas de J.J. Redick a Nueva Orleans y de Jimmy Butler en sign and trade a Miami. En ese acuerdo llegó Josh Richardson.

Con esos movimientos, las expectativas eran tan altas como los miembros del quinteto de gala. Simmons-Richardson-Harris-Horford-Embiid, una alineación contra natura en la actual NBA, muy poderosa, sobre todo en defensa… pero que no salió bien. El equipo no carburó ni antes ni después del parón por el coronavirus, y el 4-0 sufrido a manos de los Boston Celtics en primera ronda en la burbuja de Orlando no pilló por sorpresa a nadie.

Daryl Morey para tratar de corregir el rumbo

Tras la barrida sufrida en los Playoffs, Elton Brand se cargó a Brett Brown, el entrenador que se comió el marrón de los primeros años del Proceso. Su sustituto, Doc Rivers, tiene cartel como uno de los mejores entrenadores de la NBA… pero viene de fracasar en los teóricos mejores Clippers de la historia.

Ni con la Lob City (Chris Paul, Blake Griffin y DeAndre Jordan) ni con el dúo Kawhi Leonard-Paul George fue capaz de llevar al hermano pobre de Los Ángeles a unas Finales de Conferencia, pero aun así del exentrenador de Magic, Celtics y Clippers se esperan dos cosas: que al fin derribe ese muro llamado semifinales de Conferencia que los 76ers no superan desde 2001 y que saque la mejor versión de Tobias Harris, al que tuvo a sus órdenes en el Staples Center. 

Un mes después de la contratación de Rivers los Sixers anunciaron un fichaje de impacto. No se trataba de un jugador, sino de un directivo: Daryl Morey, el padre deportivo de Hinkie y autor intelectual de los mejores Houston Rockets post-Olajuwon. Un modelo basado en la estadística avanzada que, como el Proceso, tuvo, tiene y tendrá muchos críticos, pero al que no se le puede negar ni valentía ni afán por ganar desde ya. Todo lo contrario que los primeros años del Process.

Daryl Morey es uno de los fichajes más sorprendentes de la franquicia. (Bob Levey/Getty Images)

La primera gran decisión de Morey fue mandar a Oklahoma City a un Al Horford que pasó de golpe de efecto (por habérselo quitado a los Celtics y por ser uno de los pocos jugadores capaces de anular a Embiid) a suplente carísimo en pocos meses. El segundo movimiento fue traspasar a Josh Richardson, que tampoco cumplió con las expectativas, a Dallas. A cambio llegan Danny Green y Seth Curry, dos jugadores que no son estrellas pero que son lo que no tenía el equipo: tiradores.

Las dos próximas temporadas serán cruciales para los Sixers. Embiid y Simmons acaban contrato en 2023 y 2025 respectivamente. Siempre se ha dudado de su compatibilidad y a Morey no le temblará el pulso si tiene que traspasar a uno de los dos (o incluso a ambos) e iniciar la implementación de un Moreyball similar al de sus Rockets si la cosa no termina de funcionar. De suceder, sería el triste final de un Proceso que nunca llegó a materializarse como se esperaba.

Imagen de cabecera: Kim Klement-Pool/Getty Images

Sp_

siguenos en:

©2019 Copyright Sphera Sports | Derechos reservados

Trust The Process. Confía en El Proceso. Un lema al que se agarraron muchos seguidores de los Philadelphia 76ers mientras el equipo se arrastraba por las profundidades de la NBA. Fueron años de 63, 64 y hasta 72 derrotas, pero había que pasar por ello porque lo mejor estaba por llegar… aunque en Filadelfia siguen esperando.

Un Proceso que no termina de culminar

La primera fase del Proceso (siempre con mayúscula) arrancó en 2013 y concluyó en 2017. La directiva de los Sixers, con Sam Hinkie a la cabeza, convirtió al equipo en un vaivén de jugadores de nivel medio-bajo mientras acumulaban derrotas, picks altos de Draft y liberaban masa salarial. En una palabra: tanking. La segunda comenzó en la temporada 2017-18, ya sin Hinkie, todavía está vigente… pero puede que no le quede mucho tiempo.

Con Joel Embiid y Ben Simmons al fin juntos, los 76ers regresaron a los Playoffs en 2018 tras seis años de ausencia. Cayeron a manos de los Boston Celtics en las semifinales del Este. En aquel equipo estaban J.J. Redick, Robert Covington, Dario Saric, Ersan İlyasova y Marco Belinelli, entre otros. Una buena base para ganar, pero en las oficinas querían más. Así, en el transcurso de la 2018-19 se hicieron con Tobias Harris y, sobre todo, Jimmy Butler. Ambos terminaban contrato al acabar la temporada, pero había que dar el paso para hacerse con la corona que había dejado vacante LeBron James en el Este. Una apuesta que tuvo un final cruel: nuevamente en semis, pero en el séptimo partido y con una canasta sobre la bocina de Kawhi Leonard después de que el balón rebotase cuatro veces en el aro antes de entrar.

De cara a la temporada 2019-20, los Sixers hicieron lo que llevaban muchísimos años sin hacer: aflojar la pasta. Extensión de 170 millones por cinco años a Ben Simmons, nuevo contrato de 180 kilos por cinco campañas a Tobias Harris (el mayor de la historia de la franquicia) y 109 por cuatro para su gran fichaje veraniego, Al Horford. La contrapartida fueron las marchas de J.J. Redick a Nueva Orleans y de Jimmy Butler en sign and trade a Miami. En ese acuerdo llegó Josh Richardson.

Con esos movimientos, las expectativas eran tan altas como los miembros del quinteto de gala. Simmons-Richardson-Harris-Horford-Embiid, una alineación contra natura en la actual NBA, muy poderosa, sobre todo en defensa… pero que no salió bien. El equipo no carburó ni antes ni después del parón por el coronavirus, y el 4-0 sufrido a manos de los Boston Celtics en primera ronda en la burbuja de Orlando no pilló por sorpresa a nadie.

Daryl Morey para tratar de corregir el rumbo

Tras la barrida sufrida en los Playoffs, Elton Brand se cargó a Brett Brown, el entrenador que se comió el marrón de los primeros años del Proceso. Su sustituto, Doc Rivers, tiene cartel como uno de los mejores entrenadores de la NBA… pero viene de fracasar en los teóricos mejores Clippers de la historia.

Ni con la Lob City (Chris Paul, Blake Griffin y DeAndre Jordan) ni con el dúo Kawhi Leonard-Paul George fue capaz de llevar al hermano pobre de Los Ángeles a unas Finales de Conferencia, pero aun así del exentrenador de Magic, Celtics y Clippers se esperan dos cosas: que al fin derribe ese muro llamado semifinales de Conferencia que los 76ers no superan desde 2001 y que saque la mejor versión de Tobias Harris, al que tuvo a sus órdenes en el Staples Center. 

Un mes después de la contratación de Rivers los Sixers anunciaron un fichaje de impacto. No se trataba de un jugador, sino de un directivo: Daryl Morey, el padre deportivo de Hinkie y autor intelectual de los mejores Houston Rockets post-Olajuwon. Un modelo basado en la estadística avanzada que, como el Proceso, tuvo, tiene y tendrá muchos críticos, pero al que no se le puede negar ni valentía ni afán por ganar desde ya. Todo lo contrario que los primeros años del Process.

Daryl Morey es uno de los fichajes más sorprendentes de la franquicia. (Bob Levey/Getty Images)

La primera gran decisión de Morey fue mandar a Oklahoma City a un Al Horford que pasó de golpe de efecto (por habérselo quitado a los Celtics y por ser uno de los pocos jugadores capaces de anular a Embiid) a suplente carísimo en pocos meses. El segundo movimiento fue traspasar a Josh Richardson, que tampoco cumplió con las expectativas, a Dallas. A cambio llegan Danny Green y Seth Curry, dos jugadores que no son estrellas pero que son lo que no tenía el equipo: tiradores.

Las dos próximas temporadas serán cruciales para los Sixers. Embiid y Simmons acaban contrato en 2023 y 2025 respectivamente. Siempre se ha dudado de su compatibilidad y a Morey no le temblará el pulso si tiene que traspasar a uno de los dos (o incluso a ambos) e iniciar la implementación de un Moreyball similar al de sus Rockets si la cosa no termina de funcionar. De suceder, sería el triste final de un Proceso que nunca llegó a materializarse como se esperaba.

Imagen de cabecera: Kim Klement-Pool/Getty Images

_NBA

Harden y Nash, dos gemelos en Brooklyn

Juan Díaz @JuandiRgz
20-10-2021

_NBA

Westbrook sí, pero como pasador

Juan Díaz @JuandiRgz
06-10-2021