_Alemania

Poco claro y mucho oscuro

Juanma Perera @juanmaHumilAfic 08-01-2019

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‘Luces y sombras’ es la expresión que podría definir, claramente, lo sucedido en el fútbol germano durante el recientemente finalizado 2018. Clubes y selección nacional no han estado a la altura y habría que remontarse caso a caso para poder ver esas pequeñas luces a las que el famoso dicho se refiere. Estas luces podrían ser las del sorprendente Eintracht Frankfurt que, de la mano de Niko Kovac, sin grandes estrellas, pero con un bloque cada vez más conjuntado, se plantó en la final de DFB Pokal y goleó al Bayern Múnich. El otro caso, el del RB Leipzig, cada vez más adaptado a la máxima categoría, que se atrevió a desafiar, incluso, a clubes de otro continente, plantándose en cuartos de final de la Europa League. El Hoffenheim, también, siendo un club en constante crecimiento, como el conjunto de la bebida energética, cumplió en el año recién finalizado el sueño que no pudo alcanzar un año antes, que fue el de disputar la fase de grupos de la Liga de Campeones.

Si esas fueron las buenas noticias, junto al regreso del Schalke 04 a competir entre los grandes gracias al buen hacer de Domenico Tedesco, lo peor se remonta a alguno de los grandes del país. El Bayern ganó la liga, sí. Algo que había pasado ese año y los cinco anteriores. Sin embargo, venía de un 2017 convulso, con la llamada desesperada a Jupp Heynckes para que saliera de su retiro y resucitara al grande dormido. Fuera de las luces de la Bundesliga, el año bávaro en el resto de competiciones tuvo muchas más sombras. En la Champions fue el Real Madrid, gran campeón, el equipo que se deshizo del conjunto muniqués, en una eliminatoria no exenta de polémicas.

Sin embargo, si hay un club que se lleva la palma en lo que a sombras se refiere, ese es el HSV. El equipo del Volksparkstadion estuvo varias temporadas jugando con fuego, salvándose de la caída en la eliminatoria de Relegation, ante un club de menor categoría. En esta ocasión no pudo ser. El equipo hanseático estuvo dando tumbos durante toda la competición, hasta que confirmó el primer descenso de su historia. El único club que había jugado siempre en la máxima categoría del fútbol alemán, el dinosaurio, veía cortada su leyenda en una época en la que, tarde o temprano, sabrían que acabaría sucediendo algo así, porque como todo el mundo sabe, si juegas con fuego, te acabas quemando. El HSV bajó, el reloj del Volksparkstadion se detuvo y el mito tuvo que regenerarse para volver a ascender y hacer como si no hubiera pasado nada.

Por otra parte, la selección también tuvo lo suyo, por supuesto, con pocas luces, por no decir ninguna, y muchas sombras. Joachim Löw se estaba acostumbrando al éxito. Había intentado llevar el estilo de juego que permitió a España conseguir dos Eurocopas y un Mundial, llevándolo a otro nivel pero, sin embargo, lo único que se llevó a la saca fue el Mundial de Brasil en 2014, tras dejar en ridículo a la selección anfitriona y vencer en la gran final a la Argentina de Leo Messi que en esos años se estaba especializando en subcampeonatos. Löw y Die Mannschaft llegaron tan seguros a tierras rusas, tras haber ganado en aquel país la Confederaciones con un equipo B, prácticamente, que ampliaron varios años más su vinculación. A partir de ahí, todo cuesta abajo. Sufrieron la maldición del campeón, que ha afectado a las últimas selecciones vencedoras, desde que la Francia de Zidane se impuso en 1998.

Si durante Rusia 2018 el rendimiento había sido muy pobre, cayendo eliminados en la fase de grupos, lo que vendría después no mejoraría nada la situación. Comenzó la UEFA Nations League, una nueva competición con el formato de ascensos y descensos, que buscaba que todos los combinados nacionales se enfrentaran a otras de su mismo nivel y fueran escalando posiciones, como si de clubes se trataran. En un grupo de tres, en la que Die Mannschaft debía enfrentarse a su sucesora como campeona del mundo y a una regenerada selección oranje, finalmente fueron los germanos los que acabaron descendiendo de categoría. Alemania no había terminado su caída al vacío yéndose de Rusia más pronto que tarde, sino que su estreno en la nueva competición había sido un nuevo fracaso del nefasto 2018 que llevaban.

Clubes y selección aparte, como pasa en todas las federaciones y todas las competiciones, se eligió a los tres mejores futbolistas alemanes del año finalizado, siendo Marco Reus el que se llevó el premio gordo, por delante de Joshua Kimmich y Leroy Sané. Curioso es que, Sané, en el año que la selección hacía el ridículo en el Mundial, no estuvo presente en el torneo por temas de indisciplina y por falta de actitud. Esa ausencia en Rusia no fue motivo suficiente para que el citizen obtuviera una mejor calificación en esta distinción, puesto que los otros dos que le superaron sí habían sido citados para la competición. El triunfo del ‘no rendirse’, con Marco Reus como bandera, se impuso a nivel individual en un año en el que no hay un claro dominador a nivel de clubes, en Alemania, pero sí sorpresas interesantes. Un 2018 que ha vivido el fútbol germano, con más oscuros que claros.

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‘Luces y sombras’ es la expresión que podría definir, claramente, lo sucedido en el fútbol germano durante el recientemente finalizado 2018. Clubes y selección nacional no han estado a la altura y habría que remontarse caso a caso para poder ver esas pequeñas luces a las que el famoso dicho se refiere. Estas luces podrían ser las del sorprendente Eintracht Frankfurt que, de la mano de Niko Kovac, sin grandes estrellas, pero con un bloque cada vez más conjuntado, se plantó en la final de DFB Pokal y goleó al Bayern Múnich. El otro caso, el del RB Leipzig, cada vez más adaptado a la máxima categoría, que se atrevió a desafiar, incluso, a clubes de otro continente, plantándose en cuartos de final de la Europa League. El Hoffenheim, también, siendo un club en constante crecimiento, como el conjunto de la bebida energética, cumplió en el año recién finalizado el sueño que no pudo alcanzar un año antes, que fue el de disputar la fase de grupos de la Liga de Campeones.

Si esas fueron las buenas noticias, junto al regreso del Schalke 04 a competir entre los grandes gracias al buen hacer de Domenico Tedesco, lo peor se remonta a alguno de los grandes del país. El Bayern ganó la liga, sí. Algo que había pasado ese año y los cinco anteriores. Sin embargo, venía de un 2017 convulso, con la llamada desesperada a Jupp Heynckes para que saliera de su retiro y resucitara al grande dormido. Fuera de las luces de la Bundesliga, el año bávaro en el resto de competiciones tuvo muchas más sombras. En la Champions fue el Real Madrid, gran campeón, el equipo que se deshizo del conjunto muniqués, en una eliminatoria no exenta de polémicas.

Sin embargo, si hay un club que se lleva la palma en lo que a sombras se refiere, ese es el HSV. El equipo del Volksparkstadion estuvo varias temporadas jugando con fuego, salvándose de la caída en la eliminatoria de Relegation, ante un club de menor categoría. En esta ocasión no pudo ser. El equipo hanseático estuvo dando tumbos durante toda la competición, hasta que confirmó el primer descenso de su historia. El único club que había jugado siempre en la máxima categoría del fútbol alemán, el dinosaurio, veía cortada su leyenda en una época en la que, tarde o temprano, sabrían que acabaría sucediendo algo así, porque como todo el mundo sabe, si juegas con fuego, te acabas quemando. El HSV bajó, el reloj del Volksparkstadion se detuvo y el mito tuvo que regenerarse para volver a ascender y hacer como si no hubiera pasado nada.

Por otra parte, la selección también tuvo lo suyo, por supuesto, con pocas luces, por no decir ninguna, y muchas sombras. Joachim Löw se estaba acostumbrando al éxito. Había intentado llevar el estilo de juego que permitió a España conseguir dos Eurocopas y un Mundial, llevándolo a otro nivel pero, sin embargo, lo único que se llevó a la saca fue el Mundial de Brasil en 2014, tras dejar en ridículo a la selección anfitriona y vencer en la gran final a la Argentina de Leo Messi que en esos años se estaba especializando en subcampeonatos. Löw y Die Mannschaft llegaron tan seguros a tierras rusas, tras haber ganado en aquel país la Confederaciones con un equipo B, prácticamente, que ampliaron varios años más su vinculación. A partir de ahí, todo cuesta abajo. Sufrieron la maldición del campeón, que ha afectado a las últimas selecciones vencedoras, desde que la Francia de Zidane se impuso en 1998.

Si durante Rusia 2018 el rendimiento había sido muy pobre, cayendo eliminados en la fase de grupos, lo que vendría después no mejoraría nada la situación. Comenzó la UEFA Nations League, una nueva competición con el formato de ascensos y descensos, que buscaba que todos los combinados nacionales se enfrentaran a otras de su mismo nivel y fueran escalando posiciones, como si de clubes se trataran. En un grupo de tres, en la que Die Mannschaft debía enfrentarse a su sucesora como campeona del mundo y a una regenerada selección oranje, finalmente fueron los germanos los que acabaron descendiendo de categoría. Alemania no había terminado su caída al vacío yéndose de Rusia más pronto que tarde, sino que su estreno en la nueva competición había sido un nuevo fracaso del nefasto 2018 que llevaban.

Clubes y selección aparte, como pasa en todas las federaciones y todas las competiciones, se eligió a los tres mejores futbolistas alemanes del año finalizado, siendo Marco Reus el que se llevó el premio gordo, por delante de Joshua Kimmich y Leroy Sané. Curioso es que, Sané, en el año que la selección hacía el ridículo en el Mundial, no estuvo presente en el torneo por temas de indisciplina y por falta de actitud. Esa ausencia en Rusia no fue motivo suficiente para que el citizen obtuviera una mejor calificación en esta distinción, puesto que los otros dos que le superaron sí habían sido citados para la competición. El triunfo del ‘no rendirse’, con Marco Reus como bandera, se impuso a nivel individual en un año en el que no hay un claro dominador a nivel de clubes, en Alemania, pero sí sorpresas interesantes. Un 2018 que ha vivido el fútbol germano, con más oscuros que claros.

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