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Pedro Acosta y la dificultad de aprobar matemáticas

Sergio Merino Rueda @SergioMerino8 17-05-2022

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Moto2 Pedro Acosta

Las comparaciones y las prisas nunca son buenas compañeras de viaje en el deporte profesional y, cada año que pasa, el aficionado se cansa más rápido de ver siempre ganando a las mismas caras. Una necesidad de encontrar nuevos héroes que, junto con la inmediatez de la era digital y de las redes sociales, provoca que el fan demande resultados instantáneos o amenace con buscar un nuevo ídolo.

Esta sensación se acrecienta en el Campeonato del Mundo de velocidad puesto que, al existir tres categorías, los pilotos más talentosos pueden dar el salto al mundial siendo adolescentes. Y, en cuanto ganan en la categoría pequeña, el aficionado demanda que suban a la intermedia y hagan lo mismo. Y después, a MotoGP. Incluso, los más osados, pretenden saltar el proceso natural y que directamente den el salto a la categoría reina desde Moto3. Tenemos ese afán de encontrar al nuevo Valentino Rossi en un chico de tan solo 16 o 17 años. Recordad que hacíais vosotros y vosotras a esa edad, porque lo más habitual es que nuestras únicas preocupaciones fuesen divertirnos con nuestros amigos y aprobar matemáticas. Y lo segundo, a algunos, se nos complicaba.

Todo este proceso es interiorizado de forma natural por los jóvenes pilotos y, por ello, los escuchamos en las entrevistas y asumimos que no son adolescentes, porque denotan un grado de madurez impropio de su edad puesto que tienen que lidiar con el éxito, la presión y una vida adulta antes de lo habitual. Pero no debemos olvidar que son adolescentes y que hay que darles tiempo para adaptarse a los nuevos cambios.

El ejemplo perfecto es Pedro Acosta. La temporada 2021 del ‘tiburón’ de Mazarrón fue impropia para un debutante. Su superioridad en Moto3 fue aplastante y se proclamó campeón del mundo en su primer año en el campeonato. Algo que, desde luego, no es habitual. Los aficionados lo catalogaban como el nuevo Marc Márquez y, ante la necesidad de muchos de buscar un sustituto para el ‘93’, a quien llevamos más de una década viendo ganar una carrera cada dos semanas, porque se aburren de las caras de siempre, lo situaban ya en MotoGP. O pensaban que arrasaría en Moto2 esta temporada. Pero una nueva categoría requiere tiempo de adaptación.

Y buena prueba de ello es el tiempo que tardaron algunos de los mejores pilotos de la historia en ganar su primera carrera en la categoría intermedia, llámese Moto2 o 250cc. Por ejemplo, Jorge Lorenzo, probablemente el piloto más dominador en la categoría intermedia en el siglo XXI, necesitó 17 carreras para lograr su primera victoria. Valentino Rossi, por su parte, ganó su primer gran premio en 250cc en su séptima carrera. Marc Márquez, el talento más sobrehumano que hayamos visto, tardó cuatro carreras y los vigente campeón y subcampeón de la parrilla de MotoGP, Fabio Quartararo y Pecco Bagnaia, tardaron 25 y 19 carreras respectivamente en ganar. Obviamente, también hay ejemplos de todo lo contrario. Dani Pedrosa ganó su primera carrera en 250cc y Casey Stoner lo hizo a la segunda. Pero, en cambio, Joan Mir, campeón del mundo de MotoGP en 2020, nunca ganó una carrera en Moto2.

Pedro Acosta tan solo lleva siete grandes premios en Moto2 y, el pasado fin de semana, en Le Mans, dominó los entrenamientos libres, hizo la pole position y, de no haberse caído, habría subido al podio con total seguridad. Ni el año pasado era el mejor piloto de la historia y podría ganar el mundial de MotoGP a la primera si daba el salto directamente, ni ahora es un fracasado que tan solo brilló durante una temporada y se acaba su carrera. Es tan solo un chico de 17 años que sabe ir muy rápido en moto y que, seguramente, también tenga que preocuparse por aprobar matemáticas.

Imagen de cabecera: Pedro Acosta

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Las comparaciones y las prisas nunca son buenas compañeras de viaje en el deporte profesional y, cada año que pasa, el aficionado se cansa más rápido de ver siempre ganando a las mismas caras. Una necesidad de encontrar nuevos héroes que, junto con la inmediatez de la era digital y de las redes sociales, provoca que el fan demande resultados instantáneos o amenace con buscar un nuevo ídolo.

Esta sensación se acrecienta en el Campeonato del Mundo de velocidad puesto que, al existir tres categorías, los pilotos más talentosos pueden dar el salto al mundial siendo adolescentes. Y, en cuanto ganan en la categoría pequeña, el aficionado demanda que suban a la intermedia y hagan lo mismo. Y después, a MotoGP. Incluso, los más osados, pretenden saltar el proceso natural y que directamente den el salto a la categoría reina desde Moto3. Tenemos ese afán de encontrar al nuevo Valentino Rossi en un chico de tan solo 16 o 17 años. Recordad que hacíais vosotros y vosotras a esa edad, porque lo más habitual es que nuestras únicas preocupaciones fuesen divertirnos con nuestros amigos y aprobar matemáticas. Y lo segundo, a algunos, se nos complicaba.

Todo este proceso es interiorizado de forma natural por los jóvenes pilotos y, por ello, los escuchamos en las entrevistas y asumimos que no son adolescentes, porque denotan un grado de madurez impropio de su edad puesto que tienen que lidiar con el éxito, la presión y una vida adulta antes de lo habitual. Pero no debemos olvidar que son adolescentes y que hay que darles tiempo para adaptarse a los nuevos cambios.

El ejemplo perfecto es Pedro Acosta. La temporada 2021 del ‘tiburón’ de Mazarrón fue impropia para un debutante. Su superioridad en Moto3 fue aplastante y se proclamó campeón del mundo en su primer año en el campeonato. Algo que, desde luego, no es habitual. Los aficionados lo catalogaban como el nuevo Marc Márquez y, ante la necesidad de muchos de buscar un sustituto para el ‘93’, a quien llevamos más de una década viendo ganar una carrera cada dos semanas, porque se aburren de las caras de siempre, lo situaban ya en MotoGP. O pensaban que arrasaría en Moto2 esta temporada. Pero una nueva categoría requiere tiempo de adaptación.

Y buena prueba de ello es el tiempo que tardaron algunos de los mejores pilotos de la historia en ganar su primera carrera en la categoría intermedia, llámese Moto2 o 250cc. Por ejemplo, Jorge Lorenzo, probablemente el piloto más dominador en la categoría intermedia en el siglo XXI, necesitó 17 carreras para lograr su primera victoria. Valentino Rossi, por su parte, ganó su primer gran premio en 250cc en su séptima carrera. Marc Márquez, el talento más sobrehumano que hayamos visto, tardó cuatro carreras y los vigente campeón y subcampeón de la parrilla de MotoGP, Fabio Quartararo y Pecco Bagnaia, tardaron 25 y 19 carreras respectivamente en ganar. Obviamente, también hay ejemplos de todo lo contrario. Dani Pedrosa ganó su primera carrera en 250cc y Casey Stoner lo hizo a la segunda. Pero, en cambio, Joan Mir, campeón del mundo de MotoGP en 2020, nunca ganó una carrera en Moto2.

Pedro Acosta tan solo lleva siete grandes premios en Moto2 y, el pasado fin de semana, en Le Mans, dominó los entrenamientos libres, hizo la pole position y, de no haberse caído, habría subido al podio con total seguridad. Ni el año pasado era el mejor piloto de la historia y podría ganar el mundial de MotoGP a la primera si daba el salto directamente, ni ahora es un fracasado que tan solo brilló durante una temporada y se acaba su carrera. Es tan solo un chico de 17 años que sabe ir muy rápido en moto y que, seguramente, también tenga que preocuparse por aprobar matemáticas.

Imagen de cabecera: Pedro Acosta

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