_Motociclismo

Pedro Acosta y el picoesquina de MotoGP

Swinxy @Swinxy 10-05-2021

etiquetas:

Moto3 Pedro Acosta

En toda España, la ‘cara, por lo común larga y estrecha, que resulta, en un sólido, de cortar por un plano una esquina o ángulo diedro’ se llama chaflán. ¿En toda España? No, una irreductible región se resiste a utilizar esa palabra por la sencilla razón de que cuentan con otro vocablo sinónimo más sonoro: el picoesquina.

La definición puede sonar compleja, pero en realidad están por todas partes. Es un elemento arquitectónico muy habitual, y prácticamente en cualquier calle se encuentran edificios donde las esquinas están cortadas de esa forma.

No sucede así en los circuitos. Las curvas no se recortan, ya ni siquiera en los videojuegos, donde antaño podías tomar atajos impunemente. Sin embargo, en este comienzo de 2021, estamos viendo a un piloto que en la última vuelta es capaz de encontrar huecos que no existen entre la nebulosa que forman las Moto3. Ese piloto es murciano y se llama Pedro Acosta.

Seguramente sea la categoría más difícil para ganar carreras: tanto en MotoGP como en Moto2, si tienes mejor ritmo que los demás el triunfo acaba siendo casi una consecuencia lógica. En Moto3 los parámetros que influyen durante una carrera son tantos y tan cambiantes que el ritmo acaba siendo baladí, sencillamente porque no se puede imponer: en cualquier curva se te cuela una moto por dentro y te lo rompe.

Vale mucho más la habilidad para moverse en la fase decisiva de la carrera, y eso es precisamente lo que Pedro Acosta está elevando a un nivel hasta ahora desconocido en la categoría. Porque si bien es cierto que para llegar a final de carrera en disposición de ganar hay que tener una pizca de suerte, a la hora de resolver la habilidad juega un papel fundamental.

Acosta ha convertido la última vuelta de Moto3 en un arte, y lo ha hecho a base de encontrar huecos que a priori no existen. Maniobras en las que se tira al anterior de una forma que parece precipitada, soltando los frenos y haciendo pensar al respetable “se va a colar”. Y no: para la moto, gana la posición y sigue.

Dennis Foggia lo comprobó en Portimao:

Cuando llega la última vuelta, es como si las curvas decisivas se viesen de repente cortadas por un plano invisible, generando un picoesquina que solamente existe en la cabeza de Pedro Acosta y que mueve el ápice de las mismas para parar la moto donde los demás ni se lo plantean.

Si el adelantamiento de Portimao ya había dejado a todo el mundo boquiabierto, en Jerez fue todavía más allá. Venía de salvar un susto en la penúltima vuelta y mucha gente llegó a pensar que eso le calmaría y le haría conformarse con sacar el mayor número posible de puntos. Él también, pero más literal: el mayor número posible de puntos es 25, y conseguirlos pasa por adelantar a todos los que hagan falta.

Aunque sea en la última vuelta, tenga que hacerlo de dos en dos y esos dos lleven los mismos colores. En este caso, los damnificados por la genialidad del murciano fueron su compañero de equipo Jaume Masià, y su compañero de marca y patrocinador Deniz Oncu. Ambos todavía se estarán preguntando cómo diablos frenó la moto a la vez que ellos pero mucho más cerca del ápice:

La única explicación vuelve a ser ese picoesquina que solamente existe en su cabeza y que volvió a utilizar en la última curva: la temida Jorge Lorenzo. Un viraje que ha visto colisionar a Valentino Rossi con Sete Gibernau, o a Jorge Lorenzo con Marc Márquez. Como era lógico, dado que el adelantamiento doble se había producido varias curvas antes, llegaba allí sin margen ninguno sobre sus perseguidores.

Lo más probable era que se crease un caos que pusiera su victoria en peligro. Sus dos principales rivales optaron por estrategias distintas: consciente de que Acosta taparía el interior lo máximo posible, Masià se abrió muchísimo con la intención de sacrificar el paso por curva para ganar en aceleración e intentar superarle antes de la línea de meta; mientras Oncu se lanzó al interior en busca de un hueco que no existía.

No existió porque, de nuevo, la trazada de Acosta fue perfecta, como se puede ver en este vídeo gratuito en la web de MotoGP. Tapó los huecos por el interior con una frenada marca de la casa que impidió que Oncu se le pudiera llegar a emparejar. De hecho, el turco quiso apurar tanto que se fue al suelo y se llevó por delante tanto a Masià –que estaba por el exterior- como a Darryn Binder –que venía ligeramente por detrás-.

Acosta ni se inmutó. De alguna forma había vuelto a encontrar el picoesquina de la curva (hay quienes dicen que nunca habían visto una defensa mejor en esa curva) para hacerse con su tercera victoria consecutiva y su cuarto podio en cuatro carreras y colarse, también por el picoesquina, en los libros de historia del motociclismo en el apartado reservado al mejor debut de todos los tiempos.


Imagen de cabecera: ImagoImages

Sp_

siguenos en:

©2019 Copyright Sphera Sports | Derechos reservados

En toda España, la ‘cara, por lo común larga y estrecha, que resulta, en un sólido, de cortar por un plano una esquina o ángulo diedro’ se llama chaflán. ¿En toda España? No, una irreductible región se resiste a utilizar esa palabra por la sencilla razón de que cuentan con otro vocablo sinónimo más sonoro: el picoesquina.

La definición puede sonar compleja, pero en realidad están por todas partes. Es un elemento arquitectónico muy habitual, y prácticamente en cualquier calle se encuentran edificios donde las esquinas están cortadas de esa forma.

No sucede así en los circuitos. Las curvas no se recortan, ya ni siquiera en los videojuegos, donde antaño podías tomar atajos impunemente. Sin embargo, en este comienzo de 2021, estamos viendo a un piloto que en la última vuelta es capaz de encontrar huecos que no existen entre la nebulosa que forman las Moto3. Ese piloto es murciano y se llama Pedro Acosta.

Seguramente sea la categoría más difícil para ganar carreras: tanto en MotoGP como en Moto2, si tienes mejor ritmo que los demás el triunfo acaba siendo casi una consecuencia lógica. En Moto3 los parámetros que influyen durante una carrera son tantos y tan cambiantes que el ritmo acaba siendo baladí, sencillamente porque no se puede imponer: en cualquier curva se te cuela una moto por dentro y te lo rompe.

Vale mucho más la habilidad para moverse en la fase decisiva de la carrera, y eso es precisamente lo que Pedro Acosta está elevando a un nivel hasta ahora desconocido en la categoría. Porque si bien es cierto que para llegar a final de carrera en disposición de ganar hay que tener una pizca de suerte, a la hora de resolver la habilidad juega un papel fundamental.

Acosta ha convertido la última vuelta de Moto3 en un arte, y lo ha hecho a base de encontrar huecos que a priori no existen. Maniobras en las que se tira al anterior de una forma que parece precipitada, soltando los frenos y haciendo pensar al respetable “se va a colar”. Y no: para la moto, gana la posición y sigue.

Dennis Foggia lo comprobó en Portimao:

Cuando llega la última vuelta, es como si las curvas decisivas se viesen de repente cortadas por un plano invisible, generando un picoesquina que solamente existe en la cabeza de Pedro Acosta y que mueve el ápice de las mismas para parar la moto donde los demás ni se lo plantean.

Si el adelantamiento de Portimao ya había dejado a todo el mundo boquiabierto, en Jerez fue todavía más allá. Venía de salvar un susto en la penúltima vuelta y mucha gente llegó a pensar que eso le calmaría y le haría conformarse con sacar el mayor número posible de puntos. Él también, pero más literal: el mayor número posible de puntos es 25, y conseguirlos pasa por adelantar a todos los que hagan falta.

Aunque sea en la última vuelta, tenga que hacerlo de dos en dos y esos dos lleven los mismos colores. En este caso, los damnificados por la genialidad del murciano fueron su compañero de equipo Jaume Masià, y su compañero de marca y patrocinador Deniz Oncu. Ambos todavía se estarán preguntando cómo diablos frenó la moto a la vez que ellos pero mucho más cerca del ápice:

La única explicación vuelve a ser ese picoesquina que solamente existe en su cabeza y que volvió a utilizar en la última curva: la temida Jorge Lorenzo. Un viraje que ha visto colisionar a Valentino Rossi con Sete Gibernau, o a Jorge Lorenzo con Marc Márquez. Como era lógico, dado que el adelantamiento doble se había producido varias curvas antes, llegaba allí sin margen ninguno sobre sus perseguidores.

Lo más probable era que se crease un caos que pusiera su victoria en peligro. Sus dos principales rivales optaron por estrategias distintas: consciente de que Acosta taparía el interior lo máximo posible, Masià se abrió muchísimo con la intención de sacrificar el paso por curva para ganar en aceleración e intentar superarle antes de la línea de meta; mientras Oncu se lanzó al interior en busca de un hueco que no existía.

No existió porque, de nuevo, la trazada de Acosta fue perfecta, como se puede ver en este vídeo gratuito en la web de MotoGP. Tapó los huecos por el interior con una frenada marca de la casa que impidió que Oncu se le pudiera llegar a emparejar. De hecho, el turco quiso apurar tanto que se fue al suelo y se llevó por delante tanto a Masià –que estaba por el exterior- como a Darryn Binder –que venía ligeramente por detrás-.

Acosta ni se inmutó. De alguna forma había vuelto a encontrar el picoesquina de la curva (hay quienes dicen que nunca habían visto una defensa mejor en esa curva) para hacerse con su tercera victoria consecutiva y su cuarto podio en cuatro carreras y colarse, también por el picoesquina, en los libros de historia del motociclismo en el apartado reservado al mejor debut de todos los tiempos.


Imagen de cabecera: ImagoImages

etiquetas:

Moto3 Pedro Acosta