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Pedri y la mayoría de edad

Tener 17 años y rozar los 18 es esa sensación de éxtasis por alcanzar una etiqueta que parece llevarte a otro plano geodésico. Quizá la cosa no cambie tanto. El colega de turno, que te sacaba dos palmos y algunos meses, ya te proporcionaba la adquisición de los cigarrillos del bar o los cubatas en las discotecas para mayores de 16. Todo tiene truco, como por arte de magia. Sin embargo, la independencia de no tener que tantear la trampa es una ventaja en la mayoría de edad. Así como adentrarse al amplio mundo universitario y la obtención del carné. De licencias para conducir, saben algunas piezas jóvenes del engranaje azulgrana que, sin tener los 18 cumplidos, ya han hecho sus clases prácticas y han demostrado que son capaces de acompañar y dirigir.

Los últimos choques de los de Koeman, antes del estreno en Champions, fueron reseñados por no conocer la victoria. Un síntoma que aparece ante equipos muy bien trabajados y con los automatismos aplicados. Sin embargo, en el Coliseum Alfonso Pérez, hubo algo más que un rival elaborado tácticamente, disciplinado y capaz de desnaturalizar a su rival, que vive agenciado a una presión que ejecuta desde el delantero de mayor altura, siendo ese su primer defensor. Entre todos los aspectos resaltantes de la fe del Getafe, destacó también la primera titularidad de Pedri en partido oficial. Si en las dos primeras jornadas Ansu Fati decantaba la balanza de la ilusión, Pedri fue la esperanza del primer tiempo en Getafe. Frente al Ferencváros, ambos jugadores fueron relevantes en la victoria. En una conclusión impropia de su edad que solicita prudencia pero que, a la misma vez, manifiesta la realidad de dos jugadores que deben estar presentes en los esquemas del técnico neerlandés.

Pedri, al igual que Anssumane, también tiene 17 vueltas al sol. Con el dinamismo impregnado, el movimiento es sinónimo de Pedri; para sorprender y para ofrecer siempre una solución al compañero. De mediapunta, ante los pocos espacios que te deja un equipo como el Getafe – y a través de una de sus mayores cualidades – supo moverse muy bien entre líneas. Dejó los primeros destellos de clase bajo el talento de su técnica, fue capaz de salir de la presión y de generar, orientado siempre hacia donde demanda la jugada. En el Camp Nou, con el escenario de una noche europea, entró para reemplazar a Ansu Fati. Coutinho se situó en banda izquierda para que Pedri ocupara su zona, pero la expulsión de Piqué sacrificó la continuidad del brasileño en el terreno de juego y Pedri pasó a ubicarse como extremo izquierdo. Desde allí, también demostró su personalidad. No se achicó ante la responsabilidad del ataque y se mostró cómodo, logrando estrenarse como goleador en la competición europea e interviniendo en el último tanto, asertivo una vez más en sus entregas, con un pase a Messi que, con su capacidad de aguantar el balón, halló el momento perfecto para asistir a Dembélé.

Pedri marca su primer gol en Champions League (Alex Caparros/Getty Images)

El tinerfeño, antítesis de los excesos, accedió a las instalaciones con esa apariencia tranquila y las pertenencias en una bolsa de plástico. Al concluir el partido, indicó a pie de campo que “cuando entro intento evadirme de la realidad y pienso que estoy en casa jugando con mi hermano”. Volvió a mencionarle para indicar que le había prometido su camiseta y, como todavía no puede conducir, tomó un taxi para llegar a casa. Es inevitable imaginar esa carrera, y si el taxista es de los que escucha la música sin dirigir una mirada atrás o si, por el contrario, es de los que se abrazan a la compañía y el diálogo. Fuera como fuese, seguro que el conductor sonrió al ver que llevaba un diamante en bruto en el asiento trasero de su auto. Yo le habría dicho algunas cosas al respecto, seguro que tú también.

Pedri volvió a demostrar que puede ser una pieza de mucha utilidad para Koeman, que buscará volver a emitir esos signos de transformación con un juego que, a través de la profundidad y de la movilidad de sus fichas, aspira a atacar más rápido y ser menos previsible, sobre todo con aquellos bloques tan trabajados y a los que cuesta generar peligro. Si hay claves que está extrayendo de sus primeros encuentros, debería, entre ellas, resultar la presencia de Pedri. En un reino de tronos y nombre propios, manifiesta una facilidad notable para adaptarse al juego con un nivel de madurez insólito. Otro talento joven que demuestra que los imberbes están dando un paso al frente, porque tienen hambre y ganas de recomponer todo aquello que se ha roto. Una revolución ajena a la billetera y que entusiasma a una afición herida y que desea encontrar el antídoto a sus males.

Pedri, como Ansu Fati, roza la mayoría de edad, y, a pesar del margen de mejora que atesora, la etiqueta de los 18 parece que hace tiempo le quedó algo pequeña. Al igual que los que ya negociaban copas y cigarrillos que no podían comprar, al final no va a cambiar mucho cruzar la línea de la mayoría, porque los jóvenes que están abriéndose paso entre la competencia van a seguir haciendo prácticamente lo mismo: ganarse los minutos y ser diferenciales. Eso sí, entrarán por la puerta grande de la universidad y conducirán por donde les plazca. 

Imagen de cabecera: David Ramos/Getty Images

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Tener 17 años y rozar los 18 es esa sensación de éxtasis por alcanzar una etiqueta que parece llevarte a otro plano geodésico. Quizá la cosa no cambie tanto. El colega de turno, que te sacaba dos palmos y algunos meses, ya te proporcionaba la adquisición de los cigarrillos del bar o los cubatas en las discotecas para mayores de 16. Todo tiene truco, como por arte de magia. Sin embargo, la independencia de no tener que tantear la trampa es una ventaja en la mayoría de edad. Así como adentrarse al amplio mundo universitario y la obtención del carné. De licencias para conducir, saben algunas piezas jóvenes del engranaje azulgrana que, sin tener los 18 cumplidos, ya han hecho sus clases prácticas y han demostrado que son capaces de acompañar y dirigir.

Los últimos choques de los de Koeman, antes del estreno en Champions, fueron reseñados por no conocer la victoria. Un síntoma que aparece ante equipos muy bien trabajados y con los automatismos aplicados. Sin embargo, en el Coliseum Alfonso Pérez, hubo algo más que un rival elaborado tácticamente, disciplinado y capaz de desnaturalizar a su rival, que vive agenciado a una presión que ejecuta desde el delantero de mayor altura, siendo ese su primer defensor. Entre todos los aspectos resaltantes de la fe del Getafe, destacó también la primera titularidad de Pedri en partido oficial. Si en las dos primeras jornadas Ansu Fati decantaba la balanza de la ilusión, Pedri fue la esperanza del primer tiempo en Getafe. Frente al Ferencváros, ambos jugadores fueron relevantes en la victoria. En una conclusión impropia de su edad que solicita prudencia pero que, a la misma vez, manifiesta la realidad de dos jugadores que deben estar presentes en los esquemas del técnico neerlandés.

Pedri, al igual que Anssumane, también tiene 17 vueltas al sol. Con el dinamismo impregnado, el movimiento es sinónimo de Pedri; para sorprender y para ofrecer siempre una solución al compañero. De mediapunta, ante los pocos espacios que te deja un equipo como el Getafe – y a través de una de sus mayores cualidades – supo moverse muy bien entre líneas. Dejó los primeros destellos de clase bajo el talento de su técnica, fue capaz de salir de la presión y de generar, orientado siempre hacia donde demanda la jugada. En el Camp Nou, con el escenario de una noche europea, entró para reemplazar a Ansu Fati. Coutinho se situó en banda izquierda para que Pedri ocupara su zona, pero la expulsión de Piqué sacrificó la continuidad del brasileño en el terreno de juego y Pedri pasó a ubicarse como extremo izquierdo. Desde allí, también demostró su personalidad. No se achicó ante la responsabilidad del ataque y se mostró cómodo, logrando estrenarse como goleador en la competición europea e interviniendo en el último tanto, asertivo una vez más en sus entregas, con un pase a Messi que, con su capacidad de aguantar el balón, halló el momento perfecto para asistir a Dembélé.

Pedri marca su primer gol en Champions League (Alex Caparros/Getty Images)

El tinerfeño, antítesis de los excesos, accedió a las instalaciones con esa apariencia tranquila y las pertenencias en una bolsa de plástico. Al concluir el partido, indicó a pie de campo que “cuando entro intento evadirme de la realidad y pienso que estoy en casa jugando con mi hermano”. Volvió a mencionarle para indicar que le había prometido su camiseta y, como todavía no puede conducir, tomó un taxi para llegar a casa. Es inevitable imaginar esa carrera, y si el taxista es de los que escucha la música sin dirigir una mirada atrás o si, por el contrario, es de los que se abrazan a la compañía y el diálogo. Fuera como fuese, seguro que el conductor sonrió al ver que llevaba un diamante en bruto en el asiento trasero de su auto. Yo le habría dicho algunas cosas al respecto, seguro que tú también.

Pedri volvió a demostrar que puede ser una pieza de mucha utilidad para Koeman, que buscará volver a emitir esos signos de transformación con un juego que, a través de la profundidad y de la movilidad de sus fichas, aspira a atacar más rápido y ser menos previsible, sobre todo con aquellos bloques tan trabajados y a los que cuesta generar peligro. Si hay claves que está extrayendo de sus primeros encuentros, debería, entre ellas, resultar la presencia de Pedri. En un reino de tronos y nombre propios, manifiesta una facilidad notable para adaptarse al juego con un nivel de madurez insólito. Otro talento joven que demuestra que los imberbes están dando un paso al frente, porque tienen hambre y ganas de recomponer todo aquello que se ha roto. Una revolución ajena a la billetera y que entusiasma a una afición herida y que desea encontrar el antídoto a sus males.

Pedri, como Ansu Fati, roza la mayoría de edad, y, a pesar del margen de mejora que atesora, la etiqueta de los 18 parece que hace tiempo le quedó algo pequeña. Al igual que los que ya negociaban copas y cigarrillos que no podían comprar, al final no va a cambiar mucho cruzar la línea de la mayoría, porque los jóvenes que están abriéndose paso entre la competencia van a seguir haciendo prácticamente lo mismo: ganarse los minutos y ser diferenciales. Eso sí, entrarán por la puerta grande de la universidad y conducirán por donde les plazca. 

Imagen de cabecera: David Ramos/Getty Images