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Pedri, ser o no ser (y los medios)

Jacobo Correa @JacoCorrea 07-03-2022

Parece ser que Pedri no es para tanto. Que lo que vemos cada fin de semana es solo un espejismo, que lo que estamos contemplando desde que regresó de su lesión es mentira. Yo juraría que ahora es aún mejor, pero ¿quién soy para dictar sentencia? Máxime teniendo en cuenta la cantidad de gente que dice que no, que quienes alucinamos con el nivel del tinerfeño nos equivocamos, que Xavi exagera y que se infla demasiado el globo. No sé, tal vez, con tantas personas sosteniendo dichos argumentos, nos equivocamos quienes pensamos que sí es tan bueno… O no.

Porque pienso que estamos ante un caso más de un jugador al que se le valora según la camiseta que lleve. Recuerdo que, durante la Eurocopa, y más tarde, en los Juegos Olímpicos, los cumplidos eran generalizados. Era envolverse en la casaca roja e ir todos a una con el chico. Es lógico, pasó a ser de los suyos. Así de simple. Y es que esto ha funcionado siempre de esta manera. Valga un ejemplo: tengo una amiga muy madridista que solía referirse a Juan Carlos Navarro como su novio de verano. Claro, llegaban las competiciones internacionales y la Bomba, posiblemente el jugador español de baloncesto con más talento en relación a su tamaño, defendía los que durante el periodo estival pasaban a ser sus intereses. Pues, con Pedri, ocurre más o menos lo mismo.

Lo más divertido de todo es que una gran cantidad de personas que minimizan el juego del teguestero no ven los partidos del Barça completos. Y creen que quienes sí lo hacemos tratamos de vender su figura a partir del highlight que acapara las redes sociales un día concreto (como el caño del otro día, sin ir más lejos). A mí un caño me da pistas, pero es verlo jugar sin perder balones, eligiendo siempre la mejor opción y observar cómo siempre es generoso, a partir de su capacidad de sacrificio, con sus compañeros lo que me sirve para valorarlo. Es la calidad que atesora, su inteligencia, su comprensión del juego, su reconocimiento de espacios, su manera de identificar las necesidades de su equipo y su esfuerzo durante 90 minutos. Es eso, el conjunto. No un caño. Que también, pero cuando lo sumamos a todo lo anterior. En cualquier caso, sabemos de dónde viene esa otra opinión (y, por eso, casi siempre es sesgada). Supongo que al aficionado merengue no debe hacerle mucha gracia que se ensalce a un jugador de apenas 19 años y que, aparentemente, va a jugar en el equipo rival muchos años. Del mismo modo que a los culés no les agradará que Mbappé vaya a enfundarse la elástica blanca a partir de la próxima temporada.

Pero esto no va de filias y fobias, sino de la realidad. Yo, como aficionado blaugrana, podré estar más o menos contento cuando vea al galo galopar por la banda o aparecer a toda pastilla por el centro, arrasando todo a su paso, para depositar el esférico en las mallas de la portería contraria. Sin embargo, no negaré su capacidad, su clase, su talento. En el caso del tinerfeño, los antis se escudan en que hay que esperar más tiempo, que lo que han presenciado hasta ahora no les basta. ¿En serio? ¿Más? Ya sé que la comparación con Iniesta o Zidane no es justa, pero llevémosla al contexto adecuado y comparémoslo con Iniesta o Zidane a esa edad. Ahora mejor, ¿a que sí? Pedri ha ganado todos los premios individuales posibles para alguien con sus años y fue incluido, cuando todavía contaba con apenas 18 primaveras, en el mejor equipo de la Eurocopa. Después (probablemente) la sobrecarga de minutos hizo que se rompiera y en su ausencia brotó la desmemoria (algo similar a lo que ocurre con Ansu Fati, aunque esa es otra historia que merecería párrafos aparte) e incluso hubo quien llegó a decir que Gavi le había adelantado por la derecha (afirmación que, todo sea dicho, llegó de un comentarista del entorno barcelonista, lo cual habla a las claras de la necesidad y urgencias del equipo de la Ciudad Condal y de la inmediatez periodística). Que Gavi es muy bueno, claro que sí, pero la dimensión del protagonista de estas líneas es, creo, otra.

Y enlazando con lo anterior llegamos a esa arista a tener muy en cuenta. Los medios de comunicación, el modelo de tertulia deportiva que se impone en nuestros días y aquellos personajes que parecen copiarse en una y otra casa, sujetos que parecen clones, forzando el fanatismo hasta lo grotesco (y digo forzando porque entiendo que se trata de una pose que sirve de imán para determinado tipo de oyentes, lectores, espectadores…). Creo que se puede hacer otro tipo de periodismo. Que podemos hacer otro tipo de periodismo (si en este medio alguna vez hemos cruzado la línea, pido disculpas en nombre del mismo). No puede ser que, dependiendo de en qué parte del puente aéreo te encuentres, ningunees a jugadores contrastados del equipo contrario. Pedri está siendo un ejemplo claro de ello. Como si ofendiera el entusiasmo que se ha creado alrededor de su figura. Y quienes hablan desde la tribuna rival te insisten en que se trata de otra promesa que se quedará por el camino y te lo comparan con otros que luego no llegaron tan lejos. Después los ultras, receptores de estos mensajes, compran el discurso porque es lo que están esperando (que encima es pronunciado por su tertuliano de cabecera, así que imaginen). Es como si no pudiera haber otro mejor que uno de los suyos. A ver, yo sé que la objetividad no existe, pero sí que debe existir la voluntad de acercarse lo máximo posible a ella. De modo que permítanme que manifieste que me resulta tóxico que el modelo pueda ser el de dos bandos enfrentados hasta el extremo y en un ecosistema en el que no se censure la burla, el menosprecio o, llegado el caso, las faltas de respeto. La deriva en la que hemos entrado quienes comunicamos, acercándonos a formatos que en ocasiones parecen confundir trasgresión con impudicia es, cuanto menos, preocupante. No todo vale. O no todo debería valer. Nos toca hacer autocrítica. Porque, en cierta manera, somos creadores de opinión y existe una responsabilidad.

A lo que íbamos. Que Pedri igual sí es para tanto, aunque haya gente que te quiera hacer pensar lo contrario. Al menos, sí es para tanto si tenemos en cuenta que no ha alcanzado las 20 primaveras.  Y quien quiera negar que cada día que pasa es mejor porque no viste los colores que le gustaría, se está perdiendo algo poco común. Disfruten con y de él como yo lo he hecho con Modric todos estos años, a pesar de los disgustos (este ni siquiera en verano podía compensarme). Que ser de un equipo es lo más normal del mundo, pero que te guste el fútbol y no apreciar a quienes mejor lo practican, es una contradicción. Dicho esto, si aun así eres de quieres eligen (por lo que sea) ningunear al canario, decirte que lo mejor es que te armes de paciencia. Porque queda mucho Pedri por delante…

Imagen de cabecera: Pedri González

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Parece ser que Pedri no es para tanto. Que lo que vemos cada fin de semana es solo un espejismo, que lo que estamos contemplando desde que regresó de su lesión es mentira. Yo juraría que ahora es aún mejor, pero ¿quién soy para dictar sentencia? Máxime teniendo en cuenta la cantidad de gente que dice que no, que quienes alucinamos con el nivel del tinerfeño nos equivocamos, que Xavi exagera y que se infla demasiado el globo. No sé, tal vez, con tantas personas sosteniendo dichos argumentos, nos equivocamos quienes pensamos que sí es tan bueno… O no.

Porque pienso que estamos ante un caso más de un jugador al que se le valora según la camiseta que lleve. Recuerdo que, durante la Eurocopa, y más tarde, en los Juegos Olímpicos, los cumplidos eran generalizados. Era envolverse en la casaca roja e ir todos a una con el chico. Es lógico, pasó a ser de los suyos. Así de simple. Y es que esto ha funcionado siempre de esta manera. Valga un ejemplo: tengo una amiga muy madridista que solía referirse a Juan Carlos Navarro como su novio de verano. Claro, llegaban las competiciones internacionales y la Bomba, posiblemente el jugador español de baloncesto con más talento en relación a su tamaño, defendía los que durante el periodo estival pasaban a ser sus intereses. Pues, con Pedri, ocurre más o menos lo mismo.

Lo más divertido de todo es que una gran cantidad de personas que minimizan el juego del teguestero no ven los partidos del Barça completos. Y creen que quienes sí lo hacemos tratamos de vender su figura a partir del highlight que acapara las redes sociales un día concreto (como el caño del otro día, sin ir más lejos). A mí un caño me da pistas, pero es verlo jugar sin perder balones, eligiendo siempre la mejor opción y observar cómo siempre es generoso, a partir de su capacidad de sacrificio, con sus compañeros lo que me sirve para valorarlo. Es la calidad que atesora, su inteligencia, su comprensión del juego, su reconocimiento de espacios, su manera de identificar las necesidades de su equipo y su esfuerzo durante 90 minutos. Es eso, el conjunto. No un caño. Que también, pero cuando lo sumamos a todo lo anterior. En cualquier caso, sabemos de dónde viene esa otra opinión (y, por eso, casi siempre es sesgada). Supongo que al aficionado merengue no debe hacerle mucha gracia que se ensalce a un jugador de apenas 19 años y que, aparentemente, va a jugar en el equipo rival muchos años. Del mismo modo que a los culés no les agradará que Mbappé vaya a enfundarse la elástica blanca a partir de la próxima temporada.

Pero esto no va de filias y fobias, sino de la realidad. Yo, como aficionado blaugrana, podré estar más o menos contento cuando vea al galo galopar por la banda o aparecer a toda pastilla por el centro, arrasando todo a su paso, para depositar el esférico en las mallas de la portería contraria. Sin embargo, no negaré su capacidad, su clase, su talento. En el caso del tinerfeño, los antis se escudan en que hay que esperar más tiempo, que lo que han presenciado hasta ahora no les basta. ¿En serio? ¿Más? Ya sé que la comparación con Iniesta o Zidane no es justa, pero llevémosla al contexto adecuado y comparémoslo con Iniesta o Zidane a esa edad. Ahora mejor, ¿a que sí? Pedri ha ganado todos los premios individuales posibles para alguien con sus años y fue incluido, cuando todavía contaba con apenas 18 primaveras, en el mejor equipo de la Eurocopa. Después (probablemente) la sobrecarga de minutos hizo que se rompiera y en su ausencia brotó la desmemoria (algo similar a lo que ocurre con Ansu Fati, aunque esa es otra historia que merecería párrafos aparte) e incluso hubo quien llegó a decir que Gavi le había adelantado por la derecha (afirmación que, todo sea dicho, llegó de un comentarista del entorno barcelonista, lo cual habla a las claras de la necesidad y urgencias del equipo de la Ciudad Condal y de la inmediatez periodística). Que Gavi es muy bueno, claro que sí, pero la dimensión del protagonista de estas líneas es, creo, otra.

Y enlazando con lo anterior llegamos a esa arista a tener muy en cuenta. Los medios de comunicación, el modelo de tertulia deportiva que se impone en nuestros días y aquellos personajes que parecen copiarse en una y otra casa, sujetos que parecen clones, forzando el fanatismo hasta lo grotesco (y digo forzando porque entiendo que se trata de una pose que sirve de imán para determinado tipo de oyentes, lectores, espectadores…). Creo que se puede hacer otro tipo de periodismo. Que podemos hacer otro tipo de periodismo (si en este medio alguna vez hemos cruzado la línea, pido disculpas en nombre del mismo). No puede ser que, dependiendo de en qué parte del puente aéreo te encuentres, ningunees a jugadores contrastados del equipo contrario. Pedri está siendo un ejemplo claro de ello. Como si ofendiera el entusiasmo que se ha creado alrededor de su figura. Y quienes hablan desde la tribuna rival te insisten en que se trata de otra promesa que se quedará por el camino y te lo comparan con otros que luego no llegaron tan lejos. Después los ultras, receptores de estos mensajes, compran el discurso porque es lo que están esperando (que encima es pronunciado por su tertuliano de cabecera, así que imaginen). Es como si no pudiera haber otro mejor que uno de los suyos. A ver, yo sé que la objetividad no existe, pero sí que debe existir la voluntad de acercarse lo máximo posible a ella. De modo que permítanme que manifieste que me resulta tóxico que el modelo pueda ser el de dos bandos enfrentados hasta el extremo y en un ecosistema en el que no se censure la burla, el menosprecio o, llegado el caso, las faltas de respeto. La deriva en la que hemos entrado quienes comunicamos, acercándonos a formatos que en ocasiones parecen confundir trasgresión con impudicia es, cuanto menos, preocupante. No todo vale. O no todo debería valer. Nos toca hacer autocrítica. Porque, en cierta manera, somos creadores de opinión y existe una responsabilidad.

A lo que íbamos. Que Pedri igual sí es para tanto, aunque haya gente que te quiera hacer pensar lo contrario. Al menos, sí es para tanto si tenemos en cuenta que no ha alcanzado las 20 primaveras.  Y quien quiera negar que cada día que pasa es mejor porque no viste los colores que le gustaría, se está perdiendo algo poco común. Disfruten con y de él como yo lo he hecho con Modric todos estos años, a pesar de los disgustos (este ni siquiera en verano podía compensarme). Que ser de un equipo es lo más normal del mundo, pero que te guste el fútbol y no apreciar a quienes mejor lo practican, es una contradicción. Dicho esto, si aun así eres de quieres eligen (por lo que sea) ningunear al canario, decirte que lo mejor es que te armes de paciencia. Porque queda mucho Pedri por delante…

Imagen de cabecera: Pedri González

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