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Pat Tillman, el atleta que murió como soldado

César Martín @CesarMrtn 31-05-2018

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Los atentados del 11 de septiembre
de 2001 tuvieron su impacto en la NFL. Sin ir más lejos, la Super Bowl se
celebra el primer domingo de cada febrero porque el calendario de la liga se aplazó
una semana por los ataques al World Trade Center y el Pentágono. Pero no sólo
la liga como institución reaccionó a lo sucedido aquella mañana: hubo jugadores
que renunciaron a su carrera en el football
para servir a su país. Fue el caso de Pat Tillman.

Tillman era strong safety y jugaba
en los Arizona Cardinals, el equipo del Estado en el que había desarrollado su
carrera universitaria. Fue una elección de séptima ronda del Draft de 1998,
pero logró hacerse un hueco en la liga. Con 24 años era titular indiscutible en
los Cards. Su salario apenas superaba el medio millón de dólares e iba camino
de firmar una renovación millonaria con su equipo. El 11-S lo cambió todo: en
mayo de 2002, unos meses después de la conclusión de la temporada de NFL, Pat y
su hermano Kevin (jugador de las Ligas Menores de Béisbol) se alistaron en el
ejército estadounidense.

Un jugador de fútbol americano que
renuncia a todo para defender a su país. Una historia así era un caramelo para
la propaganda estadounidense. Una vez completado el programa de entrenamiento
básico, Tillman entró en el 75º Regimiento de Rangers del ejército. Unos pocos
meses después, fue enviado a Iraq. Era marzo de 2003 y los Estados Unidos
estaban a punto de invadir el país bajo el pretexto de que poseían armas de
destrucción masiva. A Pat eso le olía raro.

Tillman comenzó a cuestionarse los
motivos por los que su país estaba ocupando Iraq. Tenía un diario en el que escribió
que “Ojalá esta guerra sea más que
petróleo, dinero y poder. Pero dudo que sea así
”. Nunca permitió que se
usara su imagen con fines propagandísticos y jamás concedió una entrevista. Tampoco
simpatizaba mucho con el presidente Bush. Comenzó a leer a Noam Chomsky, un activista
muy crítico con la política exterior de Estados Unidos. Le admiraba tanto que llegó a ponerse en contacto con él para conocerle en
persona. Nunca lo hizo.

El 22 de abril de 2004 salta una
noticia trágica: Pat Tillman muere en una emboscada talibana en la Provincia de
Jost (Afganistán). Esa fue la versión oficial de la Casa Blanca, que convirtió
al defensa en un mártir. Pero la realidad había sido bien distinta: un mes más
tarde se supo que al exjugador de los Cardinals no lo habían matado los
talibanes, sino sus compañeros de forma accidental. Fuego amigo de toda la vida.
La familia Tillman calificó como “repugnante” la forma de actuar de la
Administración Bush.

La muerte de Pat despertó la
curiosidad de muchos periodistas. Tenía todas las papeletas para ser otro
episodio oscuro dentro de la Guerra contra el Terrorismo.

Las investigaciones posteriores no
han hecho más que seguir levantando sospechas sobre lo que realmente ocurrió ese
día en territorio afgano y si realmente fue fuego amigo o un asesinato
premeditado. Se supo que los soldados allí presentes ocultaron e incluso
eliminaron pruebas. Por ejemplo, el uniforme con el que murió Tillman fue
quemado. Además Associated Press tuvo acceso años después a diversos informes
forenses que aseguran que los disparos que acabaron con su vida se produjeron a
una distancia muy corta.

¿Qué motivos podía haber para
querer asesinar a un hombre que optó por luchar en el ejército cuando podía
estar cómodamente viviendo la vida del deportista profesional? Para responder a
eso, hay que volver a la parte relacionada con sus pensamientos políticos. La
admiración de Pat por Noam Chomsky, sus dudas acerca de la Guerra de Iraq y su
poca confianza en George Bush (defendió al candidato demócrata de 2004 John
Kerry mientras estuvo de servicio) se supieron después de su fallecimiento
gracias a su madre. Un cóctel que no casaba con la imagen que se quería
proyectar de él.

En los últimos dos años su figura
ha vuelto a florecer. Las protestas llevadas a cabo por muchos jugadores de la
NFL durante la interpretación del himno estadounidense han generado un debate
que ha dividido a la sociedad yanqui. Por un lado están los que defienden que
arrodillarse y levantar el puño es libertad de expresión, un modo pacífico de reivindicar
sus causas justa. Y por otro están los que consideran eso como una ofensa y una
falta de respeto hacia quienes han dado su vida por los Estados Unidos de
América. En este último grupo está el actual presidente, Donald Trump.

En su cruzada contra la NFL, Trump
retuiteó un tuit sobre la historia (muy simplificada) de Tillman y que pedía
boicotear a la liga. “NFL player Pat
Tillman joined U.S. Army in 2002. He was killed in action 2004. He fought 4 our
country/freedom. #StandForOurAnthem #BoycottNFL
”, decía. Marie, viuda de
Pat, salió al paso y pidió que no se politizara la imagen de su marido y menos para
algo que ha generado (y genera) tanta confrontación.

Pat Tillman murió en un conflicto
armado en el que no creía. Se enroló en el ejército en un acto patriota, pero
la bandera no fue una venda que le impidió ver la realidad de la guerra que
estaba librando. Ya lo dijo su admirado Chomsky: “Si los estadounidenses supieran las atrocidades que se comenten en su
nombre, se horrorizarían
”.

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Los atentados del 11 de septiembre
de 2001 tuvieron su impacto en la NFL. Sin ir más lejos, la Super Bowl se
celebra el primer domingo de cada febrero porque el calendario de la liga se aplazó
una semana por los ataques al World Trade Center y el Pentágono. Pero no sólo
la liga como institución reaccionó a lo sucedido aquella mañana: hubo jugadores
que renunciaron a su carrera en el football
para servir a su país. Fue el caso de Pat Tillman.

Tillman era strong safety y jugaba
en los Arizona Cardinals, el equipo del Estado en el que había desarrollado su
carrera universitaria. Fue una elección de séptima ronda del Draft de 1998,
pero logró hacerse un hueco en la liga. Con 24 años era titular indiscutible en
los Cards. Su salario apenas superaba el medio millón de dólares e iba camino
de firmar una renovación millonaria con su equipo. El 11-S lo cambió todo: en
mayo de 2002, unos meses después de la conclusión de la temporada de NFL, Pat y
su hermano Kevin (jugador de las Ligas Menores de Béisbol) se alistaron en el
ejército estadounidense.

Un jugador de fútbol americano que
renuncia a todo para defender a su país. Una historia así era un caramelo para
la propaganda estadounidense. Una vez completado el programa de entrenamiento
básico, Tillman entró en el 75º Regimiento de Rangers del ejército. Unos pocos
meses después, fue enviado a Iraq. Era marzo de 2003 y los Estados Unidos
estaban a punto de invadir el país bajo el pretexto de que poseían armas de
destrucción masiva. A Pat eso le olía raro.

Tillman comenzó a cuestionarse los
motivos por los que su país estaba ocupando Iraq. Tenía un diario en el que escribió
que “Ojalá esta guerra sea más que
petróleo, dinero y poder. Pero dudo que sea así
”. Nunca permitió que se
usara su imagen con fines propagandísticos y jamás concedió una entrevista. Tampoco
simpatizaba mucho con el presidente Bush. Comenzó a leer a Noam Chomsky, un activista
muy crítico con la política exterior de Estados Unidos. Le admiraba tanto que llegó a ponerse en contacto con él para conocerle en
persona. Nunca lo hizo.

El 22 de abril de 2004 salta una
noticia trágica: Pat Tillman muere en una emboscada talibana en la Provincia de
Jost (Afganistán). Esa fue la versión oficial de la Casa Blanca, que convirtió
al defensa en un mártir. Pero la realidad había sido bien distinta: un mes más
tarde se supo que al exjugador de los Cardinals no lo habían matado los
talibanes, sino sus compañeros de forma accidental. Fuego amigo de toda la vida.
La familia Tillman calificó como “repugnante” la forma de actuar de la
Administración Bush.

La muerte de Pat despertó la
curiosidad de muchos periodistas. Tenía todas las papeletas para ser otro
episodio oscuro dentro de la Guerra contra el Terrorismo.

Las investigaciones posteriores no
han hecho más que seguir levantando sospechas sobre lo que realmente ocurrió ese
día en territorio afgano y si realmente fue fuego amigo o un asesinato
premeditado. Se supo que los soldados allí presentes ocultaron e incluso
eliminaron pruebas. Por ejemplo, el uniforme con el que murió Tillman fue
quemado. Además Associated Press tuvo acceso años después a diversos informes
forenses que aseguran que los disparos que acabaron con su vida se produjeron a
una distancia muy corta.

¿Qué motivos podía haber para
querer asesinar a un hombre que optó por luchar en el ejército cuando podía
estar cómodamente viviendo la vida del deportista profesional? Para responder a
eso, hay que volver a la parte relacionada con sus pensamientos políticos. La
admiración de Pat por Noam Chomsky, sus dudas acerca de la Guerra de Iraq y su
poca confianza en George Bush (defendió al candidato demócrata de 2004 John
Kerry mientras estuvo de servicio) se supieron después de su fallecimiento
gracias a su madre. Un cóctel que no casaba con la imagen que se quería
proyectar de él.

En los últimos dos años su figura
ha vuelto a florecer. Las protestas llevadas a cabo por muchos jugadores de la
NFL durante la interpretación del himno estadounidense han generado un debate
que ha dividido a la sociedad yanqui. Por un lado están los que defienden que
arrodillarse y levantar el puño es libertad de expresión, un modo pacífico de reivindicar
sus causas justa. Y por otro están los que consideran eso como una ofensa y una
falta de respeto hacia quienes han dado su vida por los Estados Unidos de
América. En este último grupo está el actual presidente, Donald Trump.

En su cruzada contra la NFL, Trump
retuiteó un tuit sobre la historia (muy simplificada) de Tillman y que pedía
boicotear a la liga. “NFL player Pat
Tillman joined U.S. Army in 2002. He was killed in action 2004. He fought 4 our
country/freedom. #StandForOurAnthem #BoycottNFL
”, decía. Marie, viuda de
Pat, salió al paso y pidió que no se politizara la imagen de su marido y menos para
algo que ha generado (y genera) tanta confrontación.

Pat Tillman murió en un conflicto
armado en el que no creía. Se enroló en el ejército en un acto patriota, pero
la bandera no fue una venda que le impidió ver la realidad de la guerra que
estaba librando. Ya lo dijo su admirado Chomsky: “Si los estadounidenses supieran las atrocidades que se comenten en su
nombre, se horrorizarían
”.

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