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Pan para el complejo

José Gavilán @futbol_internac 31-01-2019

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Juan Soriano no es el principal culpable. No es el único. La permisividad en defensa, la ausencia de los dos carrileros titulares por culpa de las lesiones, la suplencia de jugadores importantes como Franco Vázquez o Ben Yedder, la gestión del partido de Pablo Machín o la tardanza del entrenador soriano a la hora de ejecutar los cambios, pueden ser también motivos suficientes para entender la eliminación a pesar del 2-0 en la ida. Señalar al portero del Sevilla Fútbol Club sería injusto, pero lo cierto es que los partidos trascendentales se deben jugar con los futbolistas más consistentes. 

La realidad es que dentro del desastre de partido del Sevilla en el Camp Nou -otro más-, el que más pierde es Pablo Machín. La moda de poner al portero suplente en los partidos de Copa del Rey es para muchos entrenadores, una obligación. Dar mérito al trabajo a la sombra que hace el segundo guardameta es de aplaudir. Las primeras rondas coperas permiten dar descanso al primer arquero para regalar esos minutos al que menos juega pero igual entrena. Sin embargo, a ciertas alturas de la competición y según en qué escenarios, la suplencia del portero más fiable del equipo y uno de los más determinantes de la temporada en España, no tiene justificación. Sobre todo cuando la diferencia entre uno y otro es tan amplia como la que hay entre Soriano y Vaclík. El primer error de Machín es el más grave. La portería es sagrada. 

Realmente, ninguno de los seis goles del FC Barcelona llegaron por error directo de Juan Soriano. Probablemente, el canterano sevillista no es un portero que pierda partidos, pero tampoco es ese tipo de guardametas que los gana. Mientras el futbolista de Benacazón se dedicaba a recoger balones del fondo de la red, Jasper Cillesen se mostraba decisivo con una parada de reflejos tras una genialidad de André Silva para minutos después detener un penalti lanzado por Éver Banega. Todo ello en el momento más determinante del encuentro. Con 1-0. Mientras tanto, Thomas Vaclík ‘descansaba’ sin fundamento en el banco. 

No. La eliminatoria no la ha perdido Juan Soriano. Si me apuras, tampoco lo hizo Pablo Machín. La caída del Sevilla Fútbol Club en los cuartos de final de Copa del Rey fue por un evidente complejo de inferioridad. Aquel que aflora cuando el club hispalense juega ante un club grande lejos de la colina de Nervión. Y volvió a pasar. Ahora bien, y estaréis de acuerdo conmigo, el complejo de inferioridad se alimenta si los titulares son inferiores a los suplentes. Y eso es lo que pasó en Barcelona. Lo único positivo es que el equipo sigue en posiciones de UEFA Champions League y vivo en UEFA Europa League. De los errores se aprenden. Hay que mirar al frente. 

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Juan Soriano no es el principal culpable. No es el único. La permisividad en defensa, la ausencia de los dos carrileros titulares por culpa de las lesiones, la suplencia de jugadores importantes como Franco Vázquez o Ben Yedder, la gestión del partido de Pablo Machín o la tardanza del entrenador soriano a la hora de ejecutar los cambios, pueden ser también motivos suficientes para entender la eliminación a pesar del 2-0 en la ida. Señalar al portero del Sevilla Fútbol Club sería injusto, pero lo cierto es que los partidos trascendentales se deben jugar con los futbolistas más consistentes. 

La realidad es que dentro del desastre de partido del Sevilla en el Camp Nou -otro más-, el que más pierde es Pablo Machín. La moda de poner al portero suplente en los partidos de Copa del Rey es para muchos entrenadores, una obligación. Dar mérito al trabajo a la sombra que hace el segundo guardameta es de aplaudir. Las primeras rondas coperas permiten dar descanso al primer arquero para regalar esos minutos al que menos juega pero igual entrena. Sin embargo, a ciertas alturas de la competición y según en qué escenarios, la suplencia del portero más fiable del equipo y uno de los más determinantes de la temporada en España, no tiene justificación. Sobre todo cuando la diferencia entre uno y otro es tan amplia como la que hay entre Soriano y Vaclík. El primer error de Machín es el más grave. La portería es sagrada. 

Realmente, ninguno de los seis goles del FC Barcelona llegaron por error directo de Juan Soriano. Probablemente, el canterano sevillista no es un portero que pierda partidos, pero tampoco es ese tipo de guardametas que los gana. Mientras el futbolista de Benacazón se dedicaba a recoger balones del fondo de la red, Jasper Cillesen se mostraba decisivo con una parada de reflejos tras una genialidad de André Silva para minutos después detener un penalti lanzado por Éver Banega. Todo ello en el momento más determinante del encuentro. Con 1-0. Mientras tanto, Thomas Vaclík ‘descansaba’ sin fundamento en el banco. 

No. La eliminatoria no la ha perdido Juan Soriano. Si me apuras, tampoco lo hizo Pablo Machín. La caída del Sevilla Fútbol Club en los cuartos de final de Copa del Rey fue por un evidente complejo de inferioridad. Aquel que aflora cuando el club hispalense juega ante un club grande lejos de la colina de Nervión. Y volvió a pasar. Ahora bien, y estaréis de acuerdo conmigo, el complejo de inferioridad se alimenta si los titulares son inferiores a los suplentes. Y eso es lo que pasó en Barcelona. Lo único positivo es que el equipo sigue en posiciones de UEFA Champions League y vivo en UEFA Europa League. De los errores se aprenden. Hay que mirar al frente. 

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