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Pahíño: crimen y castigo

Adrián Lede @lede_b 13-05-2018

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En el tribunal del fútbol sentaron una vez a un gallego llamado Manuel Fernández y apodado Pahíño; su crimen había sido pensar y su castigo fue quedarse sin ir a un Mundial. 

Pahíño debía su apodo a un ave, algo que le iba como anillo al dedo porque él siempre fue una persona que voló libre. Era uno de esos jugadores raros, de los que leen, de los que piensan. 

Entre sus lecturas se encontraban Cabanillas o un pro-republicano como Hemingway, pero lo que hacía echarse las manos a la cabeza a los ofendidos de turno, es que osara leer a autores rusos, como Tolstoi o Dostoievski.

Su gran pecado se produjo en una visita a Suiza. Allí, un general alentó al equipo con un «Cojones y españolía». A Pahíño se le escapó una carcajada, y no era para menos, parecía vislumbrar todo un futuro de fracasos marcados por la furia y los cojones, para que al final la gloria nos la dieran el toque y la poesía que él tanto apreciaba.

Pahíño no volvió a jugar casi con la selección, pero él siguió con su carrera entre libros y goles. En Vigo y en Madrid consiguió dos trofeos Pichichi que seguramente hicieron rabiar a más de uno.

Han pasado más de 60 años desde este incidente y las cosas siguen igual, un día es cualquier gesto que haga Piqué y otro un libro llamado «España de mierda». Seguimos valorando el patriotismo de boca y no por las acciones, y montando polémicas absurdas en torno a esa «españolía» un tanto absurda. Me imagino a Pahíño viéndolo todo con un buen libro entre las manos y escapándosele de nuevo esa maravillosa carcajada.


Imagen de cabecera: Real Madrid

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En el tribunal del fútbol sentaron una vez a un gallego llamado Manuel Fernández y apodado Pahíño; su crimen había sido pensar y su castigo fue quedarse sin ir a un Mundial. 

Pahíño debía su apodo a un ave, algo que le iba como anillo al dedo porque él siempre fue una persona que voló libre. Era uno de esos jugadores raros, de los que leen, de los que piensan. 

Entre sus lecturas se encontraban Cabanillas o un pro-republicano como Hemingway, pero lo que hacía echarse las manos a la cabeza a los ofendidos de turno, es que osara leer a autores rusos, como Tolstoi o Dostoievski.

Su gran pecado se produjo en una visita a Suiza. Allí, un general alentó al equipo con un «Cojones y españolía». A Pahíño se le escapó una carcajada, y no era para menos, parecía vislumbrar todo un futuro de fracasos marcados por la furia y los cojones, para que al final la gloria nos la dieran el toque y la poesía que él tanto apreciaba.

Pahíño no volvió a jugar casi con la selección, pero él siguió con su carrera entre libros y goles. En Vigo y en Madrid consiguió dos trofeos Pichichi que seguramente hicieron rabiar a más de uno.

Han pasado más de 60 años desde este incidente y las cosas siguen igual, un día es cualquier gesto que haga Piqué y otro un libro llamado «España de mierda». Seguimos valorando el patriotismo de boca y no por las acciones, y montando polémicas absurdas en torno a esa «españolía» un tanto absurda. Me imagino a Pahíño viéndolo todo con un buen libro entre las manos y escapándosele de nuevo esa maravillosa carcajada.


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