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Página en blanco

Xavi Vallés @xavivalles14 21-03-2019

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Me ha pasado más de una vez. Una página de Word en blanco delante de mis narices, un cursor que va parpadeando y el título ‘Documento 1.doc’ situado en la parte superior de la pantalla y que cada vez es más molesto e inamovible. Estoy mirando al teclado, sin capacidad para avanzar. Sin un mínimo síntoma de progreso. Sin encontrar un hilo que acabe desatascando ese bloqueo mental. Se trata del síndrome de la página en blanco, esa parálisis psicológica que se apodera de un autor durante los procesos creativos y que le lleva a un estado de prisa e inseguridad que suele causar, de forma muy habitual, un efecto contrario al resultado deseado.

Philippe Coutinho es, ahora mismo, ese síndrome de la página en blanco llevado al terreno futbolístico. Un jugador con talento que anteriormente ha brillado de forma destacada gracias a su creatividad. Un profesional que atesora un conjunto de habilidades, debidamente mostradas y probadas a lo largo de una sólida trayectoria, que le habían situado en una posición contrastada de este deporte. Sin ir más lejos, asistimos estas últimas semanas en Twitter a cantidad de vídeos y mensajes que, ante el pesimismo azulgrana, nos recuerdan de qué es capaz el brasileño mientras muestran espectaculares highlights de hace un par de temporadas, en el punto más álgido de su trayectoria defendiendo los colores del Liverpool. Jugadas que nos enseñan a un auténtico diablo con el balón en los pies, un puñal que partiendo desde el costado izquierdo es capaz de sortear rivales fácilmente gracias a su electrizante gama de recursos y movimientos con balón. Un mago que, a la vez, se muestra altamente efectivo en cuanto a goles e incidencia en el juego. Un jugador por el que, a sus 25 años y en el contexto actual, te podías llegar a plantear el elevado pago de ciento cincuenta millones de euros.

Era un Coutinho no tan remotamente alejado del que aterrizó en el Camp Nou hace poco más de un año, protagonizando una adaptación al equipo que llegó de forma tan rápida como esperanzadora. Lo hizo mostrando una gran complicidad con Suárez y Messi, formando parte de un tridente que dejó para el recuerdo buenas actuaciones en el último tramo de la temporada pasada. Sensaciones que presagiaban un definitivo paso hacia adelante a partir del momento en que Coutinho pudiera afrontar un curso futbolístico entero al lado de sus compañeros, entrenando y conviviendo con ellos desde el inicio.

Pero ha sucedido algo inexplicable e inesperado. La mente no es una máquina, no dispone de un ON/OFF que se activa de forma mecánica. Son muchos los factores que pueden alterar tu capacidad de adaptación y mejora ante lo que te rodea. Hay acciones o circunstancias que en pleno síndrome de la página en blanco añaden más presión al protagonista, provocando en la mayoría de casos el efecto contrario debido a la incomodidad que genera la prisa y la angustia por solucionarlo. Y es que este síndrome no solamente está propiciado por factores externos (la buena marcha del equipo mientras estás en el banquillo, la magnífica racha que atraviesa el jugador con el que te juegas un puesto en el once titular, el precio que se ha pagado por ti, el run run por parte de la afición cuando eres sustituido…), sino que es atacado por factores internos que, como si de una dolorosa jaqueca se tratara, van apareciendo y resonando en tu cabeza. Cuando un profesional tiene una experiencia de trabajo avalada por una sólida trayectoria aumenta el nivel de exigencia que uno se pide a si mismo, ya que se observan detalles, matices e imperfecciones que antes no eran tan importantes. El afán por olvidarse de esta carga acaba boicoteando la escritura de las primeras páginas de cualquier capítulo que se quiere empezar. No salen las letras, no hay rastro de esa capacidad para encadenar palabras y frases y parece que no hay vuelta atrás.

Es esta incógnita la que ha llevado a parte de la afición a plantearse qué haría con Coutinho en caso de recibir una oferta que (pese a tener claro que no se recuperará la inversión) pueda satisfacer mínimamente las exigencias de un club como el FC Barcelona. ¿Vender a Coutinho un año y medio después de haberle fichado? ¿Darle una nueva oportunidad? ¿Bajo qué premisa? ¿Titularidad desde el inicio para así ayudarle? ¿Suplente pese a su salario y al precio que pagamos por él? ¿Tener paciencia hasta que supere el síndrome de la página en blanco? Esto último sería lo más lógico, pero… ¿Quién nos puede asegurar que lo conseguirá?

Son tantas las preguntas alrededor de Coutinho que a uno le cuesta encontrar una respuesta sin tener que recurrir a infinidad de matices. De lo que no cabe duda es que el brasileño es el que más ganas tiene de empezar a escribir las primeras frases en esta página de Word en blanco que tienen delante de sus narices. Si lo hará aquí o en otro equipo es, ahora mismo, uno de los mayores interrogantes de lo que nos queda de temporada.

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Me ha pasado más de una vez. Una página de Word en blanco delante de mis narices, un cursor que va parpadeando y el título ‘Documento 1.doc’ situado en la parte superior de la pantalla y que cada vez es más molesto e inamovible. Estoy mirando al teclado, sin capacidad para avanzar. Sin un mínimo síntoma de progreso. Sin encontrar un hilo que acabe desatascando ese bloqueo mental. Se trata del síndrome de la página en blanco, esa parálisis psicológica que se apodera de un autor durante los procesos creativos y que le lleva a un estado de prisa e inseguridad que suele causar, de forma muy habitual, un efecto contrario al resultado deseado.

Philippe Coutinho es, ahora mismo, ese síndrome de la página en blanco llevado al terreno futbolístico. Un jugador con talento que anteriormente ha brillado de forma destacada gracias a su creatividad. Un profesional que atesora un conjunto de habilidades, debidamente mostradas y probadas a lo largo de una sólida trayectoria, que le habían situado en una posición contrastada de este deporte. Sin ir más lejos, asistimos estas últimas semanas en Twitter a cantidad de vídeos y mensajes que, ante el pesimismo azulgrana, nos recuerdan de qué es capaz el brasileño mientras muestran espectaculares highlights de hace un par de temporadas, en el punto más álgido de su trayectoria defendiendo los colores del Liverpool. Jugadas que nos enseñan a un auténtico diablo con el balón en los pies, un puñal que partiendo desde el costado izquierdo es capaz de sortear rivales fácilmente gracias a su electrizante gama de recursos y movimientos con balón. Un mago que, a la vez, se muestra altamente efectivo en cuanto a goles e incidencia en el juego. Un jugador por el que, a sus 25 años y en el contexto actual, te podías llegar a plantear el elevado pago de ciento cincuenta millones de euros.

Era un Coutinho no tan remotamente alejado del que aterrizó en el Camp Nou hace poco más de un año, protagonizando una adaptación al equipo que llegó de forma tan rápida como esperanzadora. Lo hizo mostrando una gran complicidad con Suárez y Messi, formando parte de un tridente que dejó para el recuerdo buenas actuaciones en el último tramo de la temporada pasada. Sensaciones que presagiaban un definitivo paso hacia adelante a partir del momento en que Coutinho pudiera afrontar un curso futbolístico entero al lado de sus compañeros, entrenando y conviviendo con ellos desde el inicio.

Pero ha sucedido algo inexplicable e inesperado. La mente no es una máquina, no dispone de un ON/OFF que se activa de forma mecánica. Son muchos los factores que pueden alterar tu capacidad de adaptación y mejora ante lo que te rodea. Hay acciones o circunstancias que en pleno síndrome de la página en blanco añaden más presión al protagonista, provocando en la mayoría de casos el efecto contrario debido a la incomodidad que genera la prisa y la angustia por solucionarlo. Y es que este síndrome no solamente está propiciado por factores externos (la buena marcha del equipo mientras estás en el banquillo, la magnífica racha que atraviesa el jugador con el que te juegas un puesto en el once titular, el precio que se ha pagado por ti, el run run por parte de la afición cuando eres sustituido…), sino que es atacado por factores internos que, como si de una dolorosa jaqueca se tratara, van apareciendo y resonando en tu cabeza. Cuando un profesional tiene una experiencia de trabajo avalada por una sólida trayectoria aumenta el nivel de exigencia que uno se pide a si mismo, ya que se observan detalles, matices e imperfecciones que antes no eran tan importantes. El afán por olvidarse de esta carga acaba boicoteando la escritura de las primeras páginas de cualquier capítulo que se quiere empezar. No salen las letras, no hay rastro de esa capacidad para encadenar palabras y frases y parece que no hay vuelta atrás.

Es esta incógnita la que ha llevado a parte de la afición a plantearse qué haría con Coutinho en caso de recibir una oferta que (pese a tener claro que no se recuperará la inversión) pueda satisfacer mínimamente las exigencias de un club como el FC Barcelona. ¿Vender a Coutinho un año y medio después de haberle fichado? ¿Darle una nueva oportunidad? ¿Bajo qué premisa? ¿Titularidad desde el inicio para así ayudarle? ¿Suplente pese a su salario y al precio que pagamos por él? ¿Tener paciencia hasta que supere el síndrome de la página en blanco? Esto último sería lo más lógico, pero… ¿Quién nos puede asegurar que lo conseguirá?

Son tantas las preguntas alrededor de Coutinho que a uno le cuesta encontrar una respuesta sin tener que recurrir a infinidad de matices. De lo que no cabe duda es que el brasileño es el que más ganas tiene de empezar a escribir las primeras frases en esta página de Word en blanco que tienen delante de sus narices. Si lo hará aquí o en otro equipo es, ahora mismo, uno de los mayores interrogantes de lo que nos queda de temporada.

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