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Obligados a elegir

Jordi Cochran @cochran_4 15-11-2018

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En el fútbol no hay equidistancias. Eres de un equipo u otro. Siempre tienes que decantarte por una posición, tomar partido entre dos rivales. La final de la Copa Libertadores entre Boca y River es el mayor ejemplo. Buenos Aires se ha paralizado por completo y el resto del mundo ha puesto su foco de atención en esta ciudad. La magnitud de ambos conjuntos lo merece.

Aunque no tengamos ningún vínculo con Boca o River, a pesar de no tener ninguna preferencia por ambos, cuando se enfrentan siempre se produce la pregunta “¿Con quién vas?”. Da igual que sea el Boca-River, el Roma-Lazio, el Barça-Madrid o el Liverpool-Manchester United. Siempre alguien nos hace la misma cuestión, aunque ninguno de los equipos anteriores sea el conjunto que semana tras semana quieres que gane.

Nos obligamos a tener que elegir. Parece como si no supiéramos disfrutar del fútbol sin tener que apoyar a alguien, solo por el gusto de verlo. Al fin y al cabo, la vida sin un poco de picante sería insípida. Pues, en el fútbol lo mismo. Necesitamos tener presente el valor de la victoria y la derrota. Cuánto más factible sea el perder, más gratificante será el triunfo.

No escoger no es una opción. Ver un partido de fútbol sin una preferencia no es plausible. Cuando en verdad sería lo más normal. El hecho de tener simpatía por uno o varios equipos, conlleva la necesaria consecuencia de la neutralidad con el resto. Si no, perdería valor el sentimiento de afición a un conjunto. ¿Por qué tenemos la dicotomía de tener que ir con un equipo antes que con otro cuando en realidad nunca nos habíamos formulado esa pregunta? A la cabeza me vienen los aficionados de equipos de categorías inferiores o de clubes en la élite, que no acostumbran a ganar, cuando se les pregunta qué equipo “grande” quieres que gane la liga. Como si lo que realmente importante es con qué equipo de los aspirantes a ganar títulos quieres o prefieres que gane, aunque nunca te lo habías planteado.

Hay que ponerle picante al fútbol. Siempre verlo desde un prisma partidista. Da igual que sea de equipos cercanos o de un lugar remoto del mundo. Hay que escoger y por elegir nos perdemos a veces el valor de sentarse ‘solo’ ver fútbol, un sentimiento que es el más primitivo del balompié. Los primeros espectadores iban a los estadios para ver fútbol, y después desarrollaron unos sentimientos respecto a clubes. Con la globalización mediática podemos ver cualquier partido a cualquier hora y se ha extendido el fenómeno de siempre tener que elegir con quien vas. Porque al final siempre tiene que haber un ganador y un perdedor.

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En el fútbol no hay equidistancias. Eres de un equipo u otro. Siempre tienes que decantarte por una posición, tomar partido entre dos rivales. La final de la Copa Libertadores entre Boca y River es el mayor ejemplo. Buenos Aires se ha paralizado por completo y el resto del mundo ha puesto su foco de atención en esta ciudad. La magnitud de ambos conjuntos lo merece.

Aunque no tengamos ningún vínculo con Boca o River, a pesar de no tener ninguna preferencia por ambos, cuando se enfrentan siempre se produce la pregunta “¿Con quién vas?”. Da igual que sea el Boca-River, el Roma-Lazio, el Barça-Madrid o el Liverpool-Manchester United. Siempre alguien nos hace la misma cuestión, aunque ninguno de los equipos anteriores sea el conjunto que semana tras semana quieres que gane.

Nos obligamos a tener que elegir. Parece como si no supiéramos disfrutar del fútbol sin tener que apoyar a alguien, solo por el gusto de verlo. Al fin y al cabo, la vida sin un poco de picante sería insípida. Pues, en el fútbol lo mismo. Necesitamos tener presente el valor de la victoria y la derrota. Cuánto más factible sea el perder, más gratificante será el triunfo.

No escoger no es una opción. Ver un partido de fútbol sin una preferencia no es plausible. Cuando en verdad sería lo más normal. El hecho de tener simpatía por uno o varios equipos, conlleva la necesaria consecuencia de la neutralidad con el resto. Si no, perdería valor el sentimiento de afición a un conjunto. ¿Por qué tenemos la dicotomía de tener que ir con un equipo antes que con otro cuando en realidad nunca nos habíamos formulado esa pregunta? A la cabeza me vienen los aficionados de equipos de categorías inferiores o de clubes en la élite, que no acostumbran a ganar, cuando se les pregunta qué equipo “grande” quieres que gane la liga. Como si lo que realmente importante es con qué equipo de los aspirantes a ganar títulos quieres o prefieres que gane, aunque nunca te lo habías planteado.

Hay que ponerle picante al fútbol. Siempre verlo desde un prisma partidista. Da igual que sea de equipos cercanos o de un lugar remoto del mundo. Hay que escoger y por elegir nos perdemos a veces el valor de sentarse ‘solo’ ver fútbol, un sentimiento que es el más primitivo del balompié. Los primeros espectadores iban a los estadios para ver fútbol, y después desarrollaron unos sentimientos respecto a clubes. Con la globalización mediática podemos ver cualquier partido a cualquier hora y se ha extendido el fenómeno de siempre tener que elegir con quien vas. Porque al final siempre tiene que haber un ganador y un perdedor.

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