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Oakland, tenemos un problema

César Martín @CesarMrtn 04-06-2018

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En Oakland tienen la suerte de
contar con tres equipos históricos del deporte estadounidense: los Warriors
(NBA), los Raiders (NFL) y los Athletics (MLB). Que los disfruten mientras
puedan, porque en dos años la ciudad californiana ya habrá perdido a sus
franquicias de baloncesto y fútbol americano.

Puede que en los Estados Unidos no
tengan descensos de categoría en sus ligas, pero tienen las temidas
recolocaciones. De la noche a la mañana (literal, que pregunten en Baltimore)
un equipo puede abandonar su ciudad y dejar huérfanos de deporte a sus
aficionados. Eso es peor que un descenso a segunda división. Todos los
propietarios de las franquicias deportivas estadounidenses lo saben, y por eso
no dudan en amenazar con la recolocación para obtener lo que quieren. Esto es,
un nuevo estadio/pabellón.

Oakland es la parte fea del Área de
la Bahía. Una mala reputación ganada a base de problemas de drogas y violencia
de bandas callejeras. Aunque la imagen de la ciudad ha mejorado sensiblemente a
lo largo de estos años, todavía están a años luz de esa gran urbe llamada San
Francisco. Para los oaklanders, el orgullo de la ciudad estaba en sus equipos.

Raiders, Athletics y Warriors juegan
a escasos metros. En la Coliseum Way se alzan el Oakland-Alameda County
Coliseum y el Oracle Arena. Ambos fueron parte de un ambicioso proyecto de la
ciudad durante la década de los sesenta. Eso es lo que provocará la marcha de
los Warriors y los Raiders: los dos recintos han quedado obsoletos para los
estándares del siglo XXI.

El Coliseum es el último vestigio
del pasado del deporte estadounidense, ese en el que los equipos de béisbol y
football compartían estadio. Los sucesivos propietarios de los Raiders han
vivido auténticos quebraderos de cabeza intentando negociar con el Ayuntamiento
de Oakland mejoras en el recinto, encontrándose siempre la misma respuesta:
“No”. Eso ya llevó a los Malosos a
hacer las maletas rumbo a Los Ángeles en 1982. Regresaron doce años después
tras una renovación del Coliseum.

Oakland-Alameda County Coliseum es
un estadio de béisbol. Para los estándares de la MLB es perfecto, pero para los
de la NFL no. Quien haya visto un partido de los Raiders en casa lo habrá
notado. La imagen de los muchachos de negro y plata dándose golpes y corriendo en
tramos donde hay arcilla es indigna de la liga más importante de los Estados
Unidos.

Por eso Mark Davis, propietario del
equipo desde 2011, fue claro: o la ciudad construía un estadio en condiciones,
o los Raiders se iban de Oakland. No hubo acuerdo, y como resultado los Raiders
jugarán en Las Vegas a partir de 2020 en un estadio de 1.800 millones de
dólares. Un golpe durísimo para la Raider Nation, una de las aficiones más
importantes del país.

El cuento de los Warriors es
exactamente el mismo. El Oracle Arena ha sido su casa desde 1966, año en el que
cruzaron el Puente de la Bahía tras su poco éxito en San Francisco. A pesar de
jugar en Oakland, el nombre de la ciudad nunca ha aparecido en el nombre del
equipo y las televisiones preferían usar imágenes de SF antes que de la ciudad
de los robles. El The Arena in Oakland (nombre del pabellón sin publicidad) es
la cancha más antigua de toda la NBA. Tuvo una renovación a mediados de los
noventa, pero desde entonces los arreglos han sido mínimos.

Si bien es cierto que desde la
franquicia los gestos hacia Oakland han ido a más, Joe Lacob y Peter Guber (dueños
del equipo desde 2010) siempre miraron de reojo a San Francisco. Y los Warriors
regresarán allí en 2019. El Chase Center, de financiación 100% privada, será la
última joya de la NBA en lo que a pabellones se refiere. Estará ubicado en una zona
privilegiada como es Mission Bay, y los directivos del conjunto californiano
creen que será Madison Square Garden de la Costa Oeste.

Oakland
ha sido víctima de la eterna disyuntiva que sufren las ciudades con equipos en
las grandes ligas profesionales: invertir dinero público en infraestructura
para equipos que son propiedad privada o perder a esos equipos que sirven como
reclamo para las ciudades y son un elemento cohesionador para sus habitantes. Los
oaklanders han optado por la segunda vía. De momento, solo les quedan los A’s.

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En Oakland tienen la suerte de
contar con tres equipos históricos del deporte estadounidense: los Warriors
(NBA), los Raiders (NFL) y los Athletics (MLB). Que los disfruten mientras
puedan, porque en dos años la ciudad californiana ya habrá perdido a sus
franquicias de baloncesto y fútbol americano.

Puede que en los Estados Unidos no
tengan descensos de categoría en sus ligas, pero tienen las temidas
recolocaciones. De la noche a la mañana (literal, que pregunten en Baltimore)
un equipo puede abandonar su ciudad y dejar huérfanos de deporte a sus
aficionados. Eso es peor que un descenso a segunda división. Todos los
propietarios de las franquicias deportivas estadounidenses lo saben, y por eso
no dudan en amenazar con la recolocación para obtener lo que quieren. Esto es,
un nuevo estadio/pabellón.

Oakland es la parte fea del Área de
la Bahía. Una mala reputación ganada a base de problemas de drogas y violencia
de bandas callejeras. Aunque la imagen de la ciudad ha mejorado sensiblemente a
lo largo de estos años, todavía están a años luz de esa gran urbe llamada San
Francisco. Para los oaklanders, el orgullo de la ciudad estaba en sus equipos.

Raiders, Athletics y Warriors juegan
a escasos metros. En la Coliseum Way se alzan el Oakland-Alameda County
Coliseum y el Oracle Arena. Ambos fueron parte de un ambicioso proyecto de la
ciudad durante la década de los sesenta. Eso es lo que provocará la marcha de
los Warriors y los Raiders: los dos recintos han quedado obsoletos para los
estándares del siglo XXI.

El Coliseum es el último vestigio
del pasado del deporte estadounidense, ese en el que los equipos de béisbol y
football compartían estadio. Los sucesivos propietarios de los Raiders han
vivido auténticos quebraderos de cabeza intentando negociar con el Ayuntamiento
de Oakland mejoras en el recinto, encontrándose siempre la misma respuesta:
“No”. Eso ya llevó a los Malosos a
hacer las maletas rumbo a Los Ángeles en 1982. Regresaron doce años después
tras una renovación del Coliseum.

Oakland-Alameda County Coliseum es
un estadio de béisbol. Para los estándares de la MLB es perfecto, pero para los
de la NFL no. Quien haya visto un partido de los Raiders en casa lo habrá
notado. La imagen de los muchachos de negro y plata dándose golpes y corriendo en
tramos donde hay arcilla es indigna de la liga más importante de los Estados
Unidos.

Por eso Mark Davis, propietario del
equipo desde 2011, fue claro: o la ciudad construía un estadio en condiciones,
o los Raiders se iban de Oakland. No hubo acuerdo, y como resultado los Raiders
jugarán en Las Vegas a partir de 2020 en un estadio de 1.800 millones de
dólares. Un golpe durísimo para la Raider Nation, una de las aficiones más
importantes del país.

El cuento de los Warriors es
exactamente el mismo. El Oracle Arena ha sido su casa desde 1966, año en el que
cruzaron el Puente de la Bahía tras su poco éxito en San Francisco. A pesar de
jugar en Oakland, el nombre de la ciudad nunca ha aparecido en el nombre del
equipo y las televisiones preferían usar imágenes de SF antes que de la ciudad
de los robles. El The Arena in Oakland (nombre del pabellón sin publicidad) es
la cancha más antigua de toda la NBA. Tuvo una renovación a mediados de los
noventa, pero desde entonces los arreglos han sido mínimos.

Si bien es cierto que desde la
franquicia los gestos hacia Oakland han ido a más, Joe Lacob y Peter Guber (dueños
del equipo desde 2010) siempre miraron de reojo a San Francisco. Y los Warriors
regresarán allí en 2019. El Chase Center, de financiación 100% privada, será la
última joya de la NBA en lo que a pabellones se refiere. Estará ubicado en una zona
privilegiada como es Mission Bay, y los directivos del conjunto californiano
creen que será Madison Square Garden de la Costa Oeste.

Oakland
ha sido víctima de la eterna disyuntiva que sufren las ciudades con equipos en
las grandes ligas profesionales: invertir dinero público en infraestructura
para equipos que son propiedad privada o perder a esos equipos que sirven como
reclamo para las ciudades y son un elemento cohesionador para sus habitantes. Los
oaklanders han optado por la segunda vía. De momento, solo les quedan los A’s.

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