_Tokyo 2020

Núria Vilarrubla: salir de las sombras

David Orenes @david_lrl 14-04-2021

Hablar de aguas bravas es hablar de Maialen Chourraut. Puso el foco a uno de los deportes más minoritarios en nuestro país e hizo vibrar a miles de españoles cuando se proclamó campeona olímpica en Río, cuatro años después del bronce en Londres. A sus 38 años volverá a competir en Tokio y esta vez no lo hará como una de las grandes favoritas. Tampoco acaparará todo el protagonismo. En la expedición figurará, junto a ella, la chica que tantos años ha aprendido a su lado.

Su nombre: Núria Vilarrubla (Seo de Urgel, 1992). “He visto su día a día, cómo ha trabajado su trayectoria deportiva y sus éxitos. Es un espejo en el que mirarse”, explicaba la catalana en una entrevista con Yo Soy Noticia. Nacida en un pequeño pueblo de apenas 12.000 habitantes en la provincia de Lérida, la piragua le ha acompañado desde la juventud, motivada por sus tíos y su padre, todos piragüistas (sus tíos incluso fueron jueces de competiciones internacionales), aunque ha reconocido en alguna ocasión que en un principio no le gustaba este deporte, porque le daba miedo. “Es un medio tan cambiante que me daba respeto”. A los nueve años participó en un curso celebrado en el Parque Olímpico situado en el río Segre, que discurre a las afueras del municipio. Allí mismo tuvo lugar la competición de aguas bravas en los Juegos de Barcelona apenas unos meses después de nacer. Y allí se celebran las pruebas de Copa del Mundo en las que desde hace años destaca con fuerza.

Núria siempre ha seguido la estela de su mayor referente. En 2010, cuando Chourraut conseguía la primera medalla de oro en un Mundial en la historia del slalom español (K-1), la catalana finalizaba, recién cumplida la mayoría de edad, en décima posición en la modalidad de C-1. Por entonces hacía un año que formaba parte del  Cadí Canoë-Kayak Club, el más importante de la región. Con él sigue hasta hoy, acumulando éxitos que no suelen contar con la visibilidad que merecen. Solo un año después, una joven Vilarrubla lograba su primera medalla internacional en los Campeonatos de Europa disputados en el río Vrbas, Banja Luka (Bosnia). Aquella plata tuvo la particularidad de que, hasta ese momento, era la primera en la historia del slalom español compitiendo por la noche (con toda la dificultad que ello supone).

Fue en 2015 cuando Núria explotó definitivamente: logró nueve medallas, proclamándose campeona del mundo sub-23 en C1 y campeona de Europa sub-23 en K1, además de lograr la plata continental en el C1 sub-23. En categoría absoluta sumó dos bronces, el primero en el Europeo de Leipzig y el segundo en el Mundial de Londres, nada menos que en el mítico canal de Lee Valley. Solo tres años antes, en el mismo cajón en el que se subió Núria, se situaba una Maialen Chorraut que hacía historia con la primera medalla olímpica en aguas bravas para el piragüismo español.

Su primer gran título a nivel absoluto llegó en mayo de 2016, en el Europeo celebrado en Eslovaquia. Tras lograr el segundo mejor crono en las semifinales, la palista catalana se impuso por un registro ajustadísimo a la checa Katerina Hoskova y a la británica Mallory Franklin. Era su quinto metal en Campeonatos de Europa, y con su primer oro se consagraba como la mejor palista en la especialidad de C1, que no había sido admitida en los Juegos Olímpicos hasta Tokio. Esta situación llegó a frustrar a Núria, que soñaba con representar a España en esta modalidad y no entendía por qué no era aceptada (se perdió por ello los Juegos de Río, en su mejor momento de forma). “¿Por qué si yo entrenaba las mismas horas y competía igual se valoraban menos mis resultados?”, declaró en MARCA.

Exactamente un mes antes de que Maialen Chourraut conquistara aquel oro histórico en Brasil, Núria Vilarrubla se reivindicaba con uno de sus triunfos más especiales, el primero que conseguía en su tierra, Seo de Urgel, en una de las pruebas de la Copa del mundo. Pasaron los Juegos y con la inclusión del C1 en el programa olímpico, las puertas se abrieron de par en par. Arrancaba el ciclo más importante de la carrera de Núria, el que le podía catapultar a un sueño que hasta la fecha había resultado imposible. No lo empezó con buen pie: en Pau, sede de los Campeonatos del mundo de piragüismo en eslalon, no solo no pudo pelear por el podio, sino que se quedó fuera de la final por una penalización de 54 segundos. Solo dos años antes había sido bronce en Londres. Ahora, cuando contabilizaba para Tokio, había firmado un resultado absolutamente inesperado.

Entonces la catalana entró en un bache. No logró una sola victoria en dos años (si bien se adjudicó una plata en el Mundial de Cracovia de 2018). El oro logrado en su tierra fue el único mientras transcurría la primera mitad del ciclo olímpico rumbo a Japón. No volvió a proclamarse campeona de una prueba puntuable de Copa del mundo hasta septiembre de 2019, en la localidad alemana de Markkleeberg. “A veces, cuando no encuentras el camino correcto para la victoria, tu confianza disminuye. Pero sé que he estado trabajando duro para ello, y estoy orgullosa del trabajo que he estado haciendo”, confesó en SEGRE.com. Recuperada la autoestima, volvió en busca de su sueño. Unos meses antes había vuelto a subir al podio en un Europeo (séptima vez entre individuales y grupales) y en un Mundial (plata en Pau, donde se tomó la revancha de la debacle de 2017). En octubre, tuvo la oportunidad de probar el canal de Kasai Rinkai, escenario donde se desarrollará la competición de aguas bravas en Tokio. Demostró sus capacidades con una brillante medalla de plata, prometiendo regresar en busca del metal olímpico.

Galardonada como la mejor piragüista del año por la Federación (por delante de Chourraut), Núria encaraba con más fuerzas que nunca su camino hacia el gran objetivo. En febrero logró su última medalla (plata en el Open de Australia solo por detrás de la gran favorita, Jessica Fox) antes de estallar la pandemia. Se suspendieron los clasificatorios para Tokio y la catalana se vio obligada a entrenar paleando con un ergómetro, una máquina de gimnasio que simula estar en la piragua. El selectivo se aplazó hasta octubre, donde esta vez Núria superó a su compañera Klara Olazábal para adjudicarse la última plaza del equipo español de piragüismo en eslalon. Será la primera española de la historia en participar en unos Juegos en la modalidad C1 en Tokio. Allí buscará recoger el legado de Maialen Chourraut y salir definitivamente de las sombras.

Imagen de cabecera: Twitter personal de Núria Vilarrubla

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Hablar de aguas bravas es hablar de Maialen Chourraut. Puso el foco a uno de los deportes más minoritarios en nuestro país e hizo vibrar a miles de españoles cuando se proclamó campeona olímpica en Río, cuatro años después del bronce en Londres. A sus 38 años volverá a competir en Tokio y esta vez no lo hará como una de las grandes favoritas. Tampoco acaparará todo el protagonismo. En la expedición figurará, junto a ella, la chica que tantos años ha aprendido a su lado.

Su nombre: Núria Vilarrubla (Seo de Urgel, 1992). “He visto su día a día, cómo ha trabajado su trayectoria deportiva y sus éxitos. Es un espejo en el que mirarse”, explicaba la catalana en una entrevista con Yo Soy Noticia. Nacida en un pequeño pueblo de apenas 12.000 habitantes en la provincia de Lérida, la piragua le ha acompañado desde la juventud, motivada por sus tíos y su padre, todos piragüistas (sus tíos incluso fueron jueces de competiciones internacionales), aunque ha reconocido en alguna ocasión que en un principio no le gustaba este deporte, porque le daba miedo. “Es un medio tan cambiante que me daba respeto”. A los nueve años participó en un curso celebrado en el Parque Olímpico situado en el río Segre, que discurre a las afueras del municipio. Allí mismo tuvo lugar la competición de aguas bravas en los Juegos de Barcelona apenas unos meses después de nacer. Y allí se celebran las pruebas de Copa del Mundo en las que desde hace años destaca con fuerza.

Núria siempre ha seguido la estela de su mayor referente. En 2010, cuando Chourraut conseguía la primera medalla de oro en un Mundial en la historia del slalom español (K-1), la catalana finalizaba, recién cumplida la mayoría de edad, en décima posición en la modalidad de C-1. Por entonces hacía un año que formaba parte del  Cadí Canoë-Kayak Club, el más importante de la región. Con él sigue hasta hoy, acumulando éxitos que no suelen contar con la visibilidad que merecen. Solo un año después, una joven Vilarrubla lograba su primera medalla internacional en los Campeonatos de Europa disputados en el río Vrbas, Banja Luka (Bosnia). Aquella plata tuvo la particularidad de que, hasta ese momento, era la primera en la historia del slalom español compitiendo por la noche (con toda la dificultad que ello supone).

Fue en 2015 cuando Núria explotó definitivamente: logró nueve medallas, proclamándose campeona del mundo sub-23 en C1 y campeona de Europa sub-23 en K1, además de lograr la plata continental en el C1 sub-23. En categoría absoluta sumó dos bronces, el primero en el Europeo de Leipzig y el segundo en el Mundial de Londres, nada menos que en el mítico canal de Lee Valley. Solo tres años antes, en el mismo cajón en el que se subió Núria, se situaba una Maialen Chorraut que hacía historia con la primera medalla olímpica en aguas bravas para el piragüismo español.

Su primer gran título a nivel absoluto llegó en mayo de 2016, en el Europeo celebrado en Eslovaquia. Tras lograr el segundo mejor crono en las semifinales, la palista catalana se impuso por un registro ajustadísimo a la checa Katerina Hoskova y a la británica Mallory Franklin. Era su quinto metal en Campeonatos de Europa, y con su primer oro se consagraba como la mejor palista en la especialidad de C1, que no había sido admitida en los Juegos Olímpicos hasta Tokio. Esta situación llegó a frustrar a Núria, que soñaba con representar a España en esta modalidad y no entendía por qué no era aceptada (se perdió por ello los Juegos de Río, en su mejor momento de forma). “¿Por qué si yo entrenaba las mismas horas y competía igual se valoraban menos mis resultados?”, declaró en MARCA.

Exactamente un mes antes de que Maialen Chourraut conquistara aquel oro histórico en Brasil, Núria Vilarrubla se reivindicaba con uno de sus triunfos más especiales, el primero que conseguía en su tierra, Seo de Urgel, en una de las pruebas de la Copa del mundo. Pasaron los Juegos y con la inclusión del C1 en el programa olímpico, las puertas se abrieron de par en par. Arrancaba el ciclo más importante de la carrera de Núria, el que le podía catapultar a un sueño que hasta la fecha había resultado imposible. No lo empezó con buen pie: en Pau, sede de los Campeonatos del mundo de piragüismo en eslalon, no solo no pudo pelear por el podio, sino que se quedó fuera de la final por una penalización de 54 segundos. Solo dos años antes había sido bronce en Londres. Ahora, cuando contabilizaba para Tokio, había firmado un resultado absolutamente inesperado.

Entonces la catalana entró en un bache. No logró una sola victoria en dos años (si bien se adjudicó una plata en el Mundial de Cracovia de 2018). El oro logrado en su tierra fue el único mientras transcurría la primera mitad del ciclo olímpico rumbo a Japón. No volvió a proclamarse campeona de una prueba puntuable de Copa del mundo hasta septiembre de 2019, en la localidad alemana de Markkleeberg. “A veces, cuando no encuentras el camino correcto para la victoria, tu confianza disminuye. Pero sé que he estado trabajando duro para ello, y estoy orgullosa del trabajo que he estado haciendo”, confesó en SEGRE.com. Recuperada la autoestima, volvió en busca de su sueño. Unos meses antes había vuelto a subir al podio en un Europeo (séptima vez entre individuales y grupales) y en un Mundial (plata en Pau, donde se tomó la revancha de la debacle de 2017). En octubre, tuvo la oportunidad de probar el canal de Kasai Rinkai, escenario donde se desarrollará la competición de aguas bravas en Tokio. Demostró sus capacidades con una brillante medalla de plata, prometiendo regresar en busca del metal olímpico.

Galardonada como la mejor piragüista del año por la Federación (por delante de Chourraut), Núria encaraba con más fuerzas que nunca su camino hacia el gran objetivo. En febrero logró su última medalla (plata en el Open de Australia solo por detrás de la gran favorita, Jessica Fox) antes de estallar la pandemia. Se suspendieron los clasificatorios para Tokio y la catalana se vio obligada a entrenar paleando con un ergómetro, una máquina de gimnasio que simula estar en la piragua. El selectivo se aplazó hasta octubre, donde esta vez Núria superó a su compañera Klara Olazábal para adjudicarse la última plaza del equipo español de piragüismo en eslalon. Será la primera española de la historia en participar en unos Juegos en la modalidad C1 en Tokio. Allí buscará recoger el legado de Maialen Chourraut y salir definitivamente de las sombras.

Imagen de cabecera: Twitter personal de Núria Vilarrubla