_Fútbol femenino

No todo es color de rosa

Noelia Gil @NoeliaGilPerez1 23-01-2023

Las historias de éxito y de superación siempre se cuentan. Pero lo normal no es eso. Eso solo lo consigue un 2%. Lo normal es que, casi siempre por cosas ajenas a ti, no consigas tu sueño.

Ser profesional es difícil en el fútbol. Por el camino se queda mucha gente, ya sea por no llegar al nivel exigido, por lesiones, o por sus familias, que no se lo pueden permitir. Yo he tenido la suerte de que mi familia siempre tuvo dinero para mantenerme a mí y que pudiera jugar y estudiar. Somos profesionales hasta hace muy poco, y la mayoría sobrevivimos más que vivimos, sin poder tener un ahorro para una vida posterior, cuando esto se acabe. De la generación que ganamos el Europeo sub-17 en 2011 con Vilda, la mayoría están en sitios que no te puedes imaginar. Te meten en la cabeza que tienes que triunfar, y cuando no lo consigues, que es lo más normal. ¿Qué pasa? En mi cuarto tengo un museo lleno de medallas y trofeos que a día de hoy me sirven cero. Aquí, la experiencia solo sirve si lo demuestras. Mantener la presión y tu sueño durante tanto tiempo, y que además no salga como tú quieres, es agotador. 

Yo en el fútbol era una chica súper introvertida, no tenía la autoestima suficiente,. Pero ser buena en tu deporte es lo que te da la confianza. Por contra, la falta de calidad deportiva es lo que te hace ser inferior.

Para mí fue un antes y un después el hecho de ir convocada con la selección madrileña y después con la española. En el colegio tenía un montón de amigos y era una chica súper sociable, pero en el fútbol mi personalidad era totalmente diferente. Los éxitos deportivos te hacen subir la autoestima a un nivel directamente proporcional. A esas edades es muy difícil tener una personalidad fuerte, sigues siendo una niña de patio de colegio: los buenos tienen amigos y los malos son marginados. No te paras a pensar que al final era la misma persona, que solo es un deporte y que no estamos salvando vidas ni nada por el estilo.

«Te meten en la cabeza que tienes que triunfar, y cuando no lo consigues, que es lo más normal. ¿Qué pasa?»

Noelia Gil

Y empiezas a soñar. Tenía 16 años cuando volví de ganar el Europeo sub-17. Volví flotando. Encima estaba en el filial del Atleti y ese mismo año subí al primer equipo. Yo empecé a pensar: “para arriba, para arriba, para arriba”. ¿Qué pasa? Que coincido con Lola (Gallardo) en el equipo, que también llega ese mismo verano. Ella es un año mayor, viene con un poquito más de experiencia. Los cuatro años siguientes suponen un frenazo total en mi carrera deportiva.

No me voy del Atleti porque tengo que acabar la carrera de INEF en Madrid. Se me plantea un dilema en el primer año: ¿apuesto por el fútbol y pierdo mis estudios, o al revés? Opté por los estudios, porque el fútbol femenino no disfrutaba entonces de la situación actual. Quizás ahora habría elegido otra cosa. Y quizá mi carrera habría sido de otra forma. Pero en ese momento no podía permitirme el lujo de priorizar el deporte. Decidí quedarme en el Atleti y aguantar los cuatro años de carrera. En cuanto acabé, me fui de mutuo acuerdo. Porque quería y necesitaba jugar.

No tienes por qué estar haciendo algo mal. Simplemente tu compañera es mejor. O le cae mejor al entrenador. O tiene que ver con la dinámica del equipo. Hay que tener esa suerte también. Muchas veces oyes eso de que “la segunda portera es muy mala”. En el 90% de los casos no es eso. Son otros los factores que influyen, y te toca aceptarlos o marcharte.

Nunca tuve un problema con Lola, siempre hubo buen rollo. Y no le echo la culpa de nada. Como mucho al entrenador, o a mí misma, que hay semanas que puedo bajar el rendimiento. Pero sí que es verdad que a lo largo de mi carrera he sentido que podía haber jugado más. Me considero muy objetiva y crítica conmigo misma. Si estoy mal, no me pongas. Pero si lo hago bien… El fútbol es injusto y punto, como la vida. Por eso es más que un deporte.

Fichar por el UDG Tenerife fue un triple cambio: demográfico, sociológico y deportivo. Lo bueno es que empecé a vivir con Paloma (Lázaro), que ya la conocía. No tenía miedo, sabía que iba a hacer amigas e iba a estar en un buen clima, y más allí (risas). Por suerte, siempre encuentras gente en la que te apoyas. No me arrepiento de nada, obviamente. Fue una experiencia súper gratificante a nivel personal y deportivo. 

«Muchas veces oyes eso de que ‘la segunda portera es muy mala’ En el 90% de los casos no es eso»

Noelia Gil

Lo malo es que me lesioné en pretemporada. Eso me restó bastantes puntos. Llegaba con ilusión y muchas ganas, y de repente, frenazo. Muchas veces tuve que jugar porque Noelia (Ramos) estaba en el Europeo sub-17 y lo hice lesionada. Fue muy frustrante, porque no podía demostrar de lo que era capaz, la lesión me estaba limitando. Fueron semanas muy duras. Luego me recuperé y pude acabar bien la temporada, sobre todo en Copa de la Reina, donde nos eliminó precisamente el Atlético en cuartos.

En la temporada siguiente empiezo a no jugar. Por las razones que fueran, no lo sé. Llega un punto en el que me bloqueo, me canso y pido salir. Y desde el principio el presi me dijo: “Si es lo que necesitas, te vamos a ayudar”. Me dio mucha pena, porque yo era feliz allí. Aunque a veces tuviera el síndrome de la isla, fue una época muy bonita. Surge la oportunidad en el Sevilla, porque la portera suplente se lesiona, y solo estaba Pam (Pamela Tajonar). Querían a una portera que le hiciese competencia. Y yo pensé: “me la juego”. Buscaba un cambio, porque me lo pedía también el cuerpo. Y además, era el Sevilla. Fue en este club donde empecé a ver la profesionalización de nuestro deporte, aunque hacía poco que habían ascendido y estaban en ese proceso de apostar por el equipo femenino. Veo un gimnasio enorme, la remodelación de todas las instalaciones, estábamos incorporadas en la estructura del club. Fue un cambio radical que solo había vivido en el Atleti.

Al verano siguiente fiché por el Málaga, en Segunda División. Sentí mucho miedo. Sobre todo por lo que podía pensar la gente. Siempre había estado en Primera, aunque jugara más o menos. ¿Dónde voy a quedar yo? ¿Y si es un paso atrás y no vuelvo?  Tenía oportunidades para irme fuera de España, pero también me daba miedo. Piensas, ¿y si no vuelvo? Ahora puedes ver todos los partidos, tener contactos y hacer un seguimiento más metódico, pero por entonces jugar en el extranjero implicaba el riesgo de que te perdieran la pista. Decido ir a Málaga porque conozco al entrenador. José (Herrera) era analista en el UDG Tenerife. Me llama y me convence. Yo tenía a mi pareja en Sevilla y quería estar cerca.

Y digo: “Mira, ya está. Necesito estar feliz, volver a jugar y disfrutar del fútbol. Lo mismo es un paso atrás para dar un impulso”. Y en Málaga estaba jugando todo, disfrutando, estaba todo guay… y en marzo llega el covid-19. Pensé: “si es que es mi vida, nunca me va a salir nada al cien por cien”. Pero casi mejor, cuando todo va bien no aprendes nada y luego te viene algo y no sabes gestionarlo. 

Volví a Primera súper reforzada y con mucha confianza. Es totalmente lo que me faltaba. No solo a nivel deportivo, sino a nivel mental. Es muy difícil jugar cinco partidos al año y hacerlo bien. Tienes que tener una seguridad que te la tienes que inventar. Jugar te lo da todo. Entrenando nunca vas a sentir lo que sientes en un partido. Y en Valencia, no sé si como consecuencia de ello o porque a nivel madurativo me sentía en un momento bastante pleno, jugué súper tranquila. Y eso nunca lo había vivido. 

Cuando recibo la primera llamada la entrenadora era Irene Ferreras, que es amiga y la conozco desde la carrera. Ella se pone en contacto conmigo en el mercado de invierno, pero hablé con el Málaga y el club me dijo que no les podía dejar. Yo tampoco me sentía a gusto yéndome a mitad del proyecto, más si habían apostado por mí. De Tenerife me había costado mucho también irme a mitad de temporada. Entonces llega el covid-19, a ‘Ire’ la echan y ocupa su puesto José Bargues. Igualmente ese verano seguía teniendo la oferta, así que la acepté. En Valencia conseguí una estabilidad deportiva y personal bastante buena. Si ahora me considero estable y madura es gracias a esa experiencia. Llevo como dos años jugando súper tranquila y para mí eso es clave para dar el máximo rendimiento.

El pasado verano, el Valencia decide que no continúe. Me sale la opción del Alhama y digo: adelante. Para lo poco que me queda aquí, no tengo ningún problema en ir a un club que desde fuera se pueda ver inferior o más humilde. Lo que quiero es jugar y disfrutar. Entendí la decisión del Valencia, al final Enith es portera de la casa. Sabía perfectamente el contexto en el que nos encontrábamos. De hecho, Enith es muy amiga mía. Somos muy frikis de Marvel. Ahora la echo muchísimo de menos porque nadie me acompaña al cine a ver las películas y me tengo que esperar a que salgan en Disney+ (risas). Y Pablo, que era el entrenador de porteras la pasada temporada, también es muy amigo mío. Hablamos de vez en cuando, comentando cositas de la portería, que nos gusta mucho. Del Valencia me fui con mucha tristeza porque me encantaba la ciudad, he sido muy feliz. Pero estamos aquí para jugar al fútbol y es totalmente respetable que busques otras cosas.

Neoelia empezó siendo titular en el Alhama (disputó seis de las primeras siete jornadas). El técnico, Randri García, decidió sustituirla por Laura Martínez. No juega un partido de Liga F desde finales de octubre.

Las dos primeras semanas me costó. Me vinieron todos los fantasmas del pasado. Pero a partir de ese momento me dije: Noe, esto ya lo has vivido. Tienes un máster en superar estas cosas. Sigues, te repones e intentas evadirte. Tratas de no pensar en “no juego, no juego, no juego”. Sigues entrenando para cuando llegue esa oportunidad, porque esto cambia de un segundo a otro. Entrenas igual o más que cuando eras titular y jugabas todo, porque es lo que te van a exigir si vuelves a salir».

Es verdad que en el momento del cambio te sientes un poco señalada, pero es algo que hablas con el entrenador y el equipo. Desde fuera la gente puede entender otra cosa que es ajena a la realidad. Te toca aguantar el chaparrón y esperar el momento en el que cambie, o no. Al final hay que seguir hacia adelante. Hay circunstancias que no puedes controlar. Puedes estar bien físicamente, hacerlo todo bien y estar bien de confianza. Pero esa parte es solo una de las tantas que tienen que darse.

«Voy a intentarlo hasta que el cuerpo y la cabeza aguanten»

Noelia Gil

No me he planteado salir. Como he dicho, me cuesta dejar las cosas a medias. Y es que no es solo lo deportivo: si me aseguraran jugar 20 partidos, a lo mejor lo cogería. Pero nuestra profesión es todo: cambio de vida, mudanza, integrarme en otro equipo, entender el modelo de juego de ese entrenador. Lo fácil cuando no juegas es irte. Voy a luchar e intentar dar la vuelta a la situación, aunque solo dependa de mí un 20 o 30%. Que por mí no quede. Estoy tranquila y feliz en Alhama. Entreno a gusto con Héctor, el preparador de porteras. Estoy aprendiendo muchas cosas que con otros entrenadores no había visto. Y todo el pueblo se ha volcado con el equipo. El club hace muchos esfuerzos dentro de los límites. Llegué a Alhama con la idea de no comparar, porque no sirve para nada. Y me sorprendió muy para bien. Todo lo que tienen lo intentan dar, en ese sentido no puedo quejarme.

Si de algo me siento orgullosa es de que todo el mundo puede quedarse con una buena imagen mía a nivel personal y deportivo. No me considero capaz de generar conflictos en un vestuario por no estar jugando, tampoco con mi compañera en la portería. Soy bastante empática en ese aspecto y siempre intento ponerme en el lugar del entrenador. He podido estar más o menos de acuerdo con las cosas que me han dicho o las razones que me han dado, pero lo respeto. Soy una trabajadora. No tengo que caerle bien ni gustarle a todo el mundo. Sí que es verdad que muchas veces te planteas: “¿Y si a lo mejor no valgo para esto? Voy a leer entre líneas”. Y luego piensas: “es que si realmente creo en mí y pienso que puedo valer, pues a lo mejor este no es el lugar». Voy a intentarlo hasta que el cuerpo y la cabeza aguanten, o hasta que un club deje de aguantarme y soportarme (risas).

La posición de portero agota en muchas ocasiones y en mucha parte de mi tiempo, por esa montaña rusa emocional. Pero por otro lado me reta y me encanta. Es una relación amor-odio con la que cualquier portera o portero se va a sentir identificada.

«Me da miedo no saber quién soy si no soy futbolista»

Noelia Gil

Ahora mismo estoy en la crisis de los 30. De replantearme muchas cosas. Pero lo hablo con mis padres y me sueltan: “¿pero cómo lo vas a dejar? aún te quedan partidos importantes por jugar, cosas por conseguir”. Sinceramente, yo ahora siento que no podría dejar el fútbol y quedarme tranquila. Me arrepentiría toda la vida. Que llegue una lesión, o no encuentre equipo. Que decida la vida por mí. Si no, no me siento psicológicamente preparada. Todavía me quedan cosas que quiero vivir, que luego no tienen por qué ocurrir. Jugar contra el Barça y otros grandes equipos, o a lo mejor irme a otro país y vivir esa experiencia, o disfrutar un año entero en Primera División, jugando el 80-90% de los partidos. ¿Toda la vida luchando y ahora te vas a rendir? Me pico mucho con eso, soy muy cabezona.

Y luego está el miedo y el precipicio que veo cuando tenga que dejar el fútbol. Realmente va a ser un trabajo psicológico muy importante. Esto ya no es un cambio de profesión, es un cambio vital. Porque me da miedo no saber quién soy si no soy futbolista. Lo he sido toda mi vida. Tendré que aceptarlo porque algún día va a llegar, pero ahora mismo no sé cómo. Estaba estudiando las oposiciones de Educación Física para Madrid y este año lo he dejado. Me ha dado el agobio, no me motiva. Si es que yo lo que quiero es ser entrenadora de porteras. Quiero vivir esa experiencia desde el staff técnico. Por cómo soy, sé que me agobiaría entrando a los 32 años a un colegio. ¿Y si me quiero ir a Inglaterra a trabajar? Soy joven, ¡ahora los 40 son los nuevos 30! Por agobiarme por el futuro me da miedo no disfrutar el presente. Me lo decía Irene: “Noe, la vida del fútbol es corta. Disfrútala todo lo que puedas. Porque te arrepentirás si no lo haces. Incluso lesionada o siendo suplente. Aun así, esa vida es muy bonita. Deja de rallarte y vívela”.

Si hablas con las jugadoras de la generación del Europeo sub-17 de 2011 que colgaron las botas antes de tiempo, la mayoría te dicen: “esta vida es increíble sin el fútbol”. Seguramente lo pasarían mal en su momento, pero lo terminaron aceptando. A veces lo digo de coña, pero en realidad cuando deje el futbol es cuando realmente voy a empezar a vivir. Yo me he perdido muchísimas cosas por esto. ¿Te compensa? Pues a veces sí y a veces no. Está ese miedo a no saber si algo puede llenarte más que el fútbol. Pero del fútbol también se sale.

Alexia, Ivana Andrés, Nuria Mendoza, Mapi León, Moraza, Maitane, Celia Jiménez, Vir… es el problema de comparar. En el fútbol, como en la vida, siempre piensas en el “¿y sí?”. Pues a lo mejor a esa persona le faltan unas cosas que tú sí tienes. Y aunque es verdad que sientes envidia mala (risas), soy consciente de que cada una tiene sus propios problemas. Compararte solo va a servir para amargarte y frustrarte. 

¿Un consejo para las jugadoras de las categorías inferiores de la Selección que han logrado tantos éxitos en el último año? Que vivan y disfruten el presente. Un día estás en trayectoria ascendente y al siguiente te dan una mala patada o un mal gesto y se puede ir a la mierda todo. Disfrutad de esos momentos, porque quizá nunca vuelvan. Yo no voy a volver a vivir ese Europeo. No voy a volver a vivir el equipo que tuve en la temporada 21-22 en el Valencia. Intentad no darle vueltas a las cosas que no dependen de vosotras. Esforzarte por ti, para ti. Y disfrutar de todo, porque la vida son dos días y se te pasan volando. Está genial que tengáis sueños y las expectativas altas, pero estad preparadas mentalmente para lo que pueda pasar. No todo es color de rosa.

Noelia Gil, guardameta del Alhama CF ElPozo, equipo de la Primera División femenina

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Las historias de éxito y de superación siempre se cuentan. Pero lo normal no es eso. Eso solo lo consigue un 2%. Lo normal es que, casi siempre por cosas ajenas a ti, no consigas tu sueño.

Ser profesional es difícil en el fútbol. Por el camino se queda mucha gente, ya sea por no llegar al nivel exigido, por lesiones, o por sus familias, que no se lo pueden permitir. Yo he tenido la suerte de que mi familia siempre tuvo dinero para mantenerme a mí y que pudiera jugar y estudiar. Somos profesionales hasta hace muy poco, y la mayoría sobrevivimos más que vivimos, sin poder tener un ahorro para una vida posterior, cuando esto se acabe. De la generación que ganamos el Europeo sub-17 en 2011 con Vilda, la mayoría están en sitios que no te puedes imaginar. Te meten en la cabeza que tienes que triunfar, y cuando no lo consigues, que es lo más normal. ¿Qué pasa? En mi cuarto tengo un museo lleno de medallas y trofeos que a día de hoy me sirven cero. Aquí, la experiencia solo sirve si lo demuestras. Mantener la presión y tu sueño durante tanto tiempo, y que además no salga como tú quieres, es agotador. 

Yo en el fútbol era una chica súper introvertida, no tenía la autoestima suficiente,. Pero ser buena en tu deporte es lo que te da la confianza. Por contra, la falta de calidad deportiva es lo que te hace ser inferior.

Para mí fue un antes y un después el hecho de ir convocada con la selección madrileña y después con la española. En el colegio tenía un montón de amigos y era una chica súper sociable, pero en el fútbol mi personalidad era totalmente diferente. Los éxitos deportivos te hacen subir la autoestima a un nivel directamente proporcional. A esas edades es muy difícil tener una personalidad fuerte, sigues siendo una niña de patio de colegio: los buenos tienen amigos y los malos son marginados. No te paras a pensar que al final era la misma persona, que solo es un deporte y que no estamos salvando vidas ni nada por el estilo.

«Te meten en la cabeza que tienes que triunfar, y cuando no lo consigues, que es lo más normal. ¿Qué pasa?»

Noelia Gil

Y empiezas a soñar. Tenía 16 años cuando volví de ganar el Europeo sub-17. Volví flotando. Encima estaba en el filial del Atleti y ese mismo año subí al primer equipo. Yo empecé a pensar: “para arriba, para arriba, para arriba”. ¿Qué pasa? Que coincido con Lola (Gallardo) en el equipo, que también llega ese mismo verano. Ella es un año mayor, viene con un poquito más de experiencia. Los cuatro años siguientes suponen un frenazo total en mi carrera deportiva.

No me voy del Atleti porque tengo que acabar la carrera de INEF en Madrid. Se me plantea un dilema en el primer año: ¿apuesto por el fútbol y pierdo mis estudios, o al revés? Opté por los estudios, porque el fútbol femenino no disfrutaba entonces de la situación actual. Quizás ahora habría elegido otra cosa. Y quizá mi carrera habría sido de otra forma. Pero en ese momento no podía permitirme el lujo de priorizar el deporte. Decidí quedarme en el Atleti y aguantar los cuatro años de carrera. En cuanto acabé, me fui de mutuo acuerdo. Porque quería y necesitaba jugar.

No tienes por qué estar haciendo algo mal. Simplemente tu compañera es mejor. O le cae mejor al entrenador. O tiene que ver con la dinámica del equipo. Hay que tener esa suerte también. Muchas veces oyes eso de que “la segunda portera es muy mala”. En el 90% de los casos no es eso. Son otros los factores que influyen, y te toca aceptarlos o marcharte.

Nunca tuve un problema con Lola, siempre hubo buen rollo. Y no le echo la culpa de nada. Como mucho al entrenador, o a mí misma, que hay semanas que puedo bajar el rendimiento. Pero sí que es verdad que a lo largo de mi carrera he sentido que podía haber jugado más. Me considero muy objetiva y crítica conmigo misma. Si estoy mal, no me pongas. Pero si lo hago bien… El fútbol es injusto y punto, como la vida. Por eso es más que un deporte.

Fichar por el UDG Tenerife fue un triple cambio: demográfico, sociológico y deportivo. Lo bueno es que empecé a vivir con Paloma (Lázaro), que ya la conocía. No tenía miedo, sabía que iba a hacer amigas e iba a estar en un buen clima, y más allí (risas). Por suerte, siempre encuentras gente en la que te apoyas. No me arrepiento de nada, obviamente. Fue una experiencia súper gratificante a nivel personal y deportivo. 

«Muchas veces oyes eso de que ‘la segunda portera es muy mala’ En el 90% de los casos no es eso»

Noelia Gil

Lo malo es que me lesioné en pretemporada. Eso me restó bastantes puntos. Llegaba con ilusión y muchas ganas, y de repente, frenazo. Muchas veces tuve que jugar porque Noelia (Ramos) estaba en el Europeo sub-17 y lo hice lesionada. Fue muy frustrante, porque no podía demostrar de lo que era capaz, la lesión me estaba limitando. Fueron semanas muy duras. Luego me recuperé y pude acabar bien la temporada, sobre todo en Copa de la Reina, donde nos eliminó precisamente el Atlético en cuartos.

En la temporada siguiente empiezo a no jugar. Por las razones que fueran, no lo sé. Llega un punto en el que me bloqueo, me canso y pido salir. Y desde el principio el presi me dijo: “Si es lo que necesitas, te vamos a ayudar”. Me dio mucha pena, porque yo era feliz allí. Aunque a veces tuviera el síndrome de la isla, fue una época muy bonita. Surge la oportunidad en el Sevilla, porque la portera suplente se lesiona, y solo estaba Pam (Pamela Tajonar). Querían a una portera que le hiciese competencia. Y yo pensé: “me la juego”. Buscaba un cambio, porque me lo pedía también el cuerpo. Y además, era el Sevilla. Fue en este club donde empecé a ver la profesionalización de nuestro deporte, aunque hacía poco que habían ascendido y estaban en ese proceso de apostar por el equipo femenino. Veo un gimnasio enorme, la remodelación de todas las instalaciones, estábamos incorporadas en la estructura del club. Fue un cambio radical que solo había vivido en el Atleti.

Al verano siguiente fiché por el Málaga, en Segunda División. Sentí mucho miedo. Sobre todo por lo que podía pensar la gente. Siempre había estado en Primera, aunque jugara más o menos. ¿Dónde voy a quedar yo? ¿Y si es un paso atrás y no vuelvo?  Tenía oportunidades para irme fuera de España, pero también me daba miedo. Piensas, ¿y si no vuelvo? Ahora puedes ver todos los partidos, tener contactos y hacer un seguimiento más metódico, pero por entonces jugar en el extranjero implicaba el riesgo de que te perdieran la pista. Decido ir a Málaga porque conozco al entrenador. José (Herrera) era analista en el UDG Tenerife. Me llama y me convence. Yo tenía a mi pareja en Sevilla y quería estar cerca.

Y digo: “Mira, ya está. Necesito estar feliz, volver a jugar y disfrutar del fútbol. Lo mismo es un paso atrás para dar un impulso”. Y en Málaga estaba jugando todo, disfrutando, estaba todo guay… y en marzo llega el covid-19. Pensé: “si es que es mi vida, nunca me va a salir nada al cien por cien”. Pero casi mejor, cuando todo va bien no aprendes nada y luego te viene algo y no sabes gestionarlo. 

Volví a Primera súper reforzada y con mucha confianza. Es totalmente lo que me faltaba. No solo a nivel deportivo, sino a nivel mental. Es muy difícil jugar cinco partidos al año y hacerlo bien. Tienes que tener una seguridad que te la tienes que inventar. Jugar te lo da todo. Entrenando nunca vas a sentir lo que sientes en un partido. Y en Valencia, no sé si como consecuencia de ello o porque a nivel madurativo me sentía en un momento bastante pleno, jugué súper tranquila. Y eso nunca lo había vivido. 

Cuando recibo la primera llamada la entrenadora era Irene Ferreras, que es amiga y la conozco desde la carrera. Ella se pone en contacto conmigo en el mercado de invierno, pero hablé con el Málaga y el club me dijo que no les podía dejar. Yo tampoco me sentía a gusto yéndome a mitad del proyecto, más si habían apostado por mí. De Tenerife me había costado mucho también irme a mitad de temporada. Entonces llega el covid-19, a ‘Ire’ la echan y ocupa su puesto José Bargues. Igualmente ese verano seguía teniendo la oferta, así que la acepté. En Valencia conseguí una estabilidad deportiva y personal bastante buena. Si ahora me considero estable y madura es gracias a esa experiencia. Llevo como dos años jugando súper tranquila y para mí eso es clave para dar el máximo rendimiento.

El pasado verano, el Valencia decide que no continúe. Me sale la opción del Alhama y digo: adelante. Para lo poco que me queda aquí, no tengo ningún problema en ir a un club que desde fuera se pueda ver inferior o más humilde. Lo que quiero es jugar y disfrutar. Entendí la decisión del Valencia, al final Enith es portera de la casa. Sabía perfectamente el contexto en el que nos encontrábamos. De hecho, Enith es muy amiga mía. Somos muy frikis de Marvel. Ahora la echo muchísimo de menos porque nadie me acompaña al cine a ver las películas y me tengo que esperar a que salgan en Disney+ (risas). Y Pablo, que era el entrenador de porteras la pasada temporada, también es muy amigo mío. Hablamos de vez en cuando, comentando cositas de la portería, que nos gusta mucho. Del Valencia me fui con mucha tristeza porque me encantaba la ciudad, he sido muy feliz. Pero estamos aquí para jugar al fútbol y es totalmente respetable que busques otras cosas.

Neoelia empezó siendo titular en el Alhama (disputó seis de las primeras siete jornadas). El técnico, Randri García, decidió sustituirla por Laura Martínez. No juega un partido de Liga F desde finales de octubre.

Las dos primeras semanas me costó. Me vinieron todos los fantasmas del pasado. Pero a partir de ese momento me dije: Noe, esto ya lo has vivido. Tienes un máster en superar estas cosas. Sigues, te repones e intentas evadirte. Tratas de no pensar en “no juego, no juego, no juego”. Sigues entrenando para cuando llegue esa oportunidad, porque esto cambia de un segundo a otro. Entrenas igual o más que cuando eras titular y jugabas todo, porque es lo que te van a exigir si vuelves a salir».

Es verdad que en el momento del cambio te sientes un poco señalada, pero es algo que hablas con el entrenador y el equipo. Desde fuera la gente puede entender otra cosa que es ajena a la realidad. Te toca aguantar el chaparrón y esperar el momento en el que cambie, o no. Al final hay que seguir hacia adelante. Hay circunstancias que no puedes controlar. Puedes estar bien físicamente, hacerlo todo bien y estar bien de confianza. Pero esa parte es solo una de las tantas que tienen que darse.

«Voy a intentarlo hasta que el cuerpo y la cabeza aguanten»

Noelia Gil

No me he planteado salir. Como he dicho, me cuesta dejar las cosas a medias. Y es que no es solo lo deportivo: si me aseguraran jugar 20 partidos, a lo mejor lo cogería. Pero nuestra profesión es todo: cambio de vida, mudanza, integrarme en otro equipo, entender el modelo de juego de ese entrenador. Lo fácil cuando no juegas es irte. Voy a luchar e intentar dar la vuelta a la situación, aunque solo dependa de mí un 20 o 30%. Que por mí no quede. Estoy tranquila y feliz en Alhama. Entreno a gusto con Héctor, el preparador de porteras. Estoy aprendiendo muchas cosas que con otros entrenadores no había visto. Y todo el pueblo se ha volcado con el equipo. El club hace muchos esfuerzos dentro de los límites. Llegué a Alhama con la idea de no comparar, porque no sirve para nada. Y me sorprendió muy para bien. Todo lo que tienen lo intentan dar, en ese sentido no puedo quejarme.

Si de algo me siento orgullosa es de que todo el mundo puede quedarse con una buena imagen mía a nivel personal y deportivo. No me considero capaz de generar conflictos en un vestuario por no estar jugando, tampoco con mi compañera en la portería. Soy bastante empática en ese aspecto y siempre intento ponerme en el lugar del entrenador. He podido estar más o menos de acuerdo con las cosas que me han dicho o las razones que me han dado, pero lo respeto. Soy una trabajadora. No tengo que caerle bien ni gustarle a todo el mundo. Sí que es verdad que muchas veces te planteas: “¿Y si a lo mejor no valgo para esto? Voy a leer entre líneas”. Y luego piensas: “es que si realmente creo en mí y pienso que puedo valer, pues a lo mejor este no es el lugar». Voy a intentarlo hasta que el cuerpo y la cabeza aguanten, o hasta que un club deje de aguantarme y soportarme (risas).

La posición de portero agota en muchas ocasiones y en mucha parte de mi tiempo, por esa montaña rusa emocional. Pero por otro lado me reta y me encanta. Es una relación amor-odio con la que cualquier portera o portero se va a sentir identificada.

«Me da miedo no saber quién soy si no soy futbolista»

Noelia Gil

Ahora mismo estoy en la crisis de los 30. De replantearme muchas cosas. Pero lo hablo con mis padres y me sueltan: “¿pero cómo lo vas a dejar? aún te quedan partidos importantes por jugar, cosas por conseguir”. Sinceramente, yo ahora siento que no podría dejar el fútbol y quedarme tranquila. Me arrepentiría toda la vida. Que llegue una lesión, o no encuentre equipo. Que decida la vida por mí. Si no, no me siento psicológicamente preparada. Todavía me quedan cosas que quiero vivir, que luego no tienen por qué ocurrir. Jugar contra el Barça y otros grandes equipos, o a lo mejor irme a otro país y vivir esa experiencia, o disfrutar un año entero en Primera División, jugando el 80-90% de los partidos. ¿Toda la vida luchando y ahora te vas a rendir? Me pico mucho con eso, soy muy cabezona.

Y luego está el miedo y el precipicio que veo cuando tenga que dejar el fútbol. Realmente va a ser un trabajo psicológico muy importante. Esto ya no es un cambio de profesión, es un cambio vital. Porque me da miedo no saber quién soy si no soy futbolista. Lo he sido toda mi vida. Tendré que aceptarlo porque algún día va a llegar, pero ahora mismo no sé cómo. Estaba estudiando las oposiciones de Educación Física para Madrid y este año lo he dejado. Me ha dado el agobio, no me motiva. Si es que yo lo que quiero es ser entrenadora de porteras. Quiero vivir esa experiencia desde el staff técnico. Por cómo soy, sé que me agobiaría entrando a los 32 años a un colegio. ¿Y si me quiero ir a Inglaterra a trabajar? Soy joven, ¡ahora los 40 son los nuevos 30! Por agobiarme por el futuro me da miedo no disfrutar el presente. Me lo decía Irene: “Noe, la vida del fútbol es corta. Disfrútala todo lo que puedas. Porque te arrepentirás si no lo haces. Incluso lesionada o siendo suplente. Aun así, esa vida es muy bonita. Deja de rallarte y vívela”.

Si hablas con las jugadoras de la generación del Europeo sub-17 de 2011 que colgaron las botas antes de tiempo, la mayoría te dicen: “esta vida es increíble sin el fútbol”. Seguramente lo pasarían mal en su momento, pero lo terminaron aceptando. A veces lo digo de coña, pero en realidad cuando deje el futbol es cuando realmente voy a empezar a vivir. Yo me he perdido muchísimas cosas por esto. ¿Te compensa? Pues a veces sí y a veces no. Está ese miedo a no saber si algo puede llenarte más que el fútbol. Pero del fútbol también se sale.

Alexia, Ivana Andrés, Nuria Mendoza, Mapi León, Moraza, Maitane, Celia Jiménez, Vir… es el problema de comparar. En el fútbol, como en la vida, siempre piensas en el “¿y sí?”. Pues a lo mejor a esa persona le faltan unas cosas que tú sí tienes. Y aunque es verdad que sientes envidia mala (risas), soy consciente de que cada una tiene sus propios problemas. Compararte solo va a servir para amargarte y frustrarte. 

¿Un consejo para las jugadoras de las categorías inferiores de la Selección que han logrado tantos éxitos en el último año? Que vivan y disfruten el presente. Un día estás en trayectoria ascendente y al siguiente te dan una mala patada o un mal gesto y se puede ir a la mierda todo. Disfrutad de esos momentos, porque quizá nunca vuelvan. Yo no voy a volver a vivir ese Europeo. No voy a volver a vivir el equipo que tuve en la temporada 21-22 en el Valencia. Intentad no darle vueltas a las cosas que no dependen de vosotras. Esforzarte por ti, para ti. Y disfrutar de todo, porque la vida son dos días y se te pasan volando. Está genial que tengáis sueños y las expectativas altas, pero estad preparadas mentalmente para lo que pueda pasar. No todo es color de rosa.

Noelia Gil, guardameta del Alhama CF ElPozo, equipo de la Primera División femenina