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No me grabes

No tuvo ni que preguntarle el periodista de la BBC a José Mourinho. Hablaba sobre la derrota del Tottenham ante el Everton y dejó un mensaje claro: “Me alegra no tener ahora a las cámaras de Amazon grabando lo que les digo en el vestuario”. El portugués, locuaz cuando le apetece, soltaba entre líneas que no había estado estos meses cómodo con un equipo televisivo a su lado en todas las conversaciones que tenía con presidente, jugadores y staff. Ahora tiene otras preocupaciones. Carlo Ancelotti se lo mostró en su propio estadio en un golpe de autoridad que presupone que este año, probablemente, ambas entidades estén mucho más cerca de lo que nos ha enseñado la historia reciente. Vaya Premier League que tenemos.

Si siempre fue importante tener a muchos futbolistas en plantilla, ahora, tras la maldita pandemia, es imprescindible. El coronavirus ha comprimido aún más el calendario y los spurs empiezan a ver las curvas del camino con tan solo un choque disputado. Por ello, el luso ya ha pedido un recambio de Harry Kane. No solo puede lesionarse: debe descansar ante la acumulación de encuentros provocada por la Capital One Cup y la Europa League. Ante los toffees requirieron algo más que de fondo de armario porque esta vez a su fútbol le faltó un planteamiento y mucho más esfuerzo en la presión. No todo son piernas. Mourinho todavía no le ha dotado de una idea futbolística a su cuadro, que sigue dependiendo de lo que inventen Son, Kane o Lucas Moura. Así es muy difícil.

Harry Kane no tuvo su mejor tarde ante el Everton.

Los de Merseyside, a sabiendas del reto que tenían delante, no se parapetaron en busca de un simple punto fuera de casa. Amarraron el balón, con un Allan soberbio, y dejaron sin opción a réplica a los locales, corriendo detrás del cuero. Puede que ese fuera un contexto que, en la previa, le pudiera sonar bien a Mourinho: esperar una pérdida de los de Ancelotti para correr a la contra; lo que mejor le salió al luso en su larga trayectoria. Sin embargo, esta vez el Tottenham persiguió sombras, y cuando pudo correr se encontró con la fiereza de Abdoulaye Doucouré, la sempiterna inteligencia posicional de Allan y las manos de un acertadísimo Jordan Pickford en las dos ocasiones que le probaron. Ya no hubo más.

Ya no es el resultado lo que preocupa en el seno de los londinenses. Son las sensaciones. Mourinho este curso tiene ante sí un reto diferente: adaptar a su escuadra a jugar en muy pocos días con constantes viajes a sitios donde no apetece jugar. Deberá mutar sus esquemas, cambiar su idea de juego según el desplazamiento y gestionar una plantilla en la que los jóvenes sí tengan algo que decir casi cada semana. Su primer pinchazo no ha sentado demasiado bien. Ahora toca ver, aunque sea sin cámaras en su despacho, cómo se levantan ante un calendario muy complejo.  

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No tuvo ni que preguntarle el periodista de la BBC a José Mourinho. Hablaba sobre la derrota del Tottenham ante el Everton y dejó un mensaje claro: “Me alegra no tener ahora a las cámaras de Amazon grabando lo que les digo en el vestuario”. El portugués, locuaz cuando le apetece, soltaba entre líneas que no había estado estos meses cómodo con un equipo televisivo a su lado en todas las conversaciones que tenía con presidente, jugadores y staff. Ahora tiene otras preocupaciones. Carlo Ancelotti se lo mostró en su propio estadio en un golpe de autoridad que presupone que este año, probablemente, ambas entidades estén mucho más cerca de lo que nos ha enseñado la historia reciente. Vaya Premier League que tenemos.

Si siempre fue importante tener a muchos futbolistas en plantilla, ahora, tras la maldita pandemia, es imprescindible. El coronavirus ha comprimido aún más el calendario y los spurs empiezan a ver las curvas del camino con tan solo un choque disputado. Por ello, el luso ya ha pedido un recambio de Harry Kane. No solo puede lesionarse: debe descansar ante la acumulación de encuentros provocada por la Capital One Cup y la Europa League. Ante los toffees requirieron algo más que de fondo de armario porque esta vez a su fútbol le faltó un planteamiento y mucho más esfuerzo en la presión. No todo son piernas. Mourinho todavía no le ha dotado de una idea futbolística a su cuadro, que sigue dependiendo de lo que inventen Son, Kane o Lucas Moura. Así es muy difícil.

Harry Kane no tuvo su mejor tarde ante el Everton.

Los de Merseyside, a sabiendas del reto que tenían delante, no se parapetaron en busca de un simple punto fuera de casa. Amarraron el balón, con un Allan soberbio, y dejaron sin opción a réplica a los locales, corriendo detrás del cuero. Puede que ese fuera un contexto que, en la previa, le pudiera sonar bien a Mourinho: esperar una pérdida de los de Ancelotti para correr a la contra; lo que mejor le salió al luso en su larga trayectoria. Sin embargo, esta vez el Tottenham persiguió sombras, y cuando pudo correr se encontró con la fiereza de Abdoulaye Doucouré, la sempiterna inteligencia posicional de Allan y las manos de un acertadísimo Jordan Pickford en las dos ocasiones que le probaron. Ya no hubo más.

Ya no es el resultado lo que preocupa en el seno de los londinenses. Son las sensaciones. Mourinho este curso tiene ante sí un reto diferente: adaptar a su escuadra a jugar en muy pocos días con constantes viajes a sitios donde no apetece jugar. Deberá mutar sus esquemas, cambiar su idea de juego según el desplazamiento y gestionar una plantilla en la que los jóvenes sí tengan algo que decir casi cada semana. Su primer pinchazo no ha sentado demasiado bien. Ahora toca ver, aunque sea sin cámaras en su despacho, cómo se levantan ante un calendario muy complejo.  

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Sonrojo en Goodison

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96
02-12-2021