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Nikola Jokić, MVP por aclamación

Juan Díaz @JuandiRgz 05-05-2021

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NBA Nikola Jokic

Aunque parezca muy lejano, hubo una época en la NBA, antes de que el small ball se apoderase de la liga, en la que los jugadores grandes sometían al resto. Destacaban los titanes que imponían su físico y talento desde la posición de pívot, “Goliats” especialistas en poner en evidencia la impotencia de sus defensores. Esa era ya se ha quedado atrás desde hace años pero, como si de justicia poética se tratase, esta temporada los astros se han alineado para que Nikola Jokić, desde lo más profundo de la zona, se coloque como favorito en la carrera a jugador más valioso de la temporada.

Hay que rebobinar hasta 2007 para encontrar a un MVP que juegue en posiciones interiores. En aquella ocasión, Dirk Nowitzki se llevó el galardón. Desde entonces, solamente Anthony Davis, cuando monopolizaba el juego de New Orleans Pelicans, estuvo en las quinielas para conseguir el distintivo.

Antes del comienzo de esta temporada, y por la dinámica que seguía la liga en las últimas temporadas, parecía difícil un cambio en esta tendencia. Muchos candidatos han tenido sus momentos a lo largo del año pero, para sorpresa de todos, es el jugador de los Nuggets el único que ha mantenido la regularidad necesaria para convertirse en favorito.

Nikola Jokić no pertenece a la clase de jugadores diseñados con el prototipo de MVP de esta década. Se sale del molde que forman Antetokounmpo, LeBron, Durant o Westbrook. A Jokic casi nunca le ves saltar. Sin embargo, el pívot serbio se ha vuelto imparable, incluso cuando juega a un ritmo apacible. Hay algo en la personalidad de Jokic que confluye también en su estilo de juego: cuentan que cuando Denver Nuggets le drafteó estaba durmiendo y, a pesar de las llamadas de su hermano entre celebraciones y champagne, no alteró su sueño. Imperturbable hasta en el éxito.

En un periodo en el que las oficinas centrales de la liga han comenzado a cavilar opciones para poder lidiar con la amenaza que supone la desaparición del juego interior, Jokic hace ballet dentro del perímetro. Sus defensores solo tienen dos opciones para detenerlo: pueden esperar que falle o pueden doblar su defensa contra él. Algunos ejecutivos piensan que Jokic se ha vuelto tan superior que todos los equipos necesitan un jugador grande en su plantilla capaz de igualarlo al menos en tamaño. Ese sería precisamente el motivo por el que Lakers firman a Andre Drummond para el tramo final.

Esta temporada sus promedios son de 26.2 puntos, con una excelente eficiencia desde cualquier ángulo del ataque, 10.9 rebotes y 8.5 asistencias por partido. Está en la parte superior del ranking de casi cualquier estadística que se te ocurra. Gracias al serbio, los Nuggets siguen luchando por los puestos más altos de la Conferencia Oeste a pesar de la ausencia de Jamal Murray, su gran socio.

Nadie puede ganar el título por sí solo, la unión y contribución del resto de jugadores de la plantilla es esencial. Es por eso que el juego de Nikola cobra tanta importancia: siendo sobresaliente, consigue hacer mejores a sus compañeros. Precisamente ese es el talón de Aquiles al que debe enfrentarse todo MVP, que sus actuaciones desemboquen en el éxito del equipo. Nikola no entra en el molde visual de lo que debe ser un MVP, pero en este aspecto cumple como el que más. Es por eso que está a punto de ganar el premio a mejor jugador del año incluso sin pretenderlo.

Imagen de cabecera: ImagoImages

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Aunque parezca muy lejano, hubo una época en la NBA, antes de que el small ball se apoderase de la liga, en la que los jugadores grandes sometían al resto. Destacaban los titanes que imponían su físico y talento desde la posición de pívot, “Goliats” especialistas en poner en evidencia la impotencia de sus defensores. Esa era ya se ha quedado atrás desde hace años pero, como si de justicia poética se tratase, esta temporada los astros se han alineado para que Nikola Jokić, desde lo más profundo de la zona, se coloque como favorito en la carrera a jugador más valioso de la temporada.

Hay que rebobinar hasta 2007 para encontrar a un MVP que juegue en posiciones interiores. En aquella ocasión, Dirk Nowitzki se llevó el galardón. Desde entonces, solamente Anthony Davis, cuando monopolizaba el juego de New Orleans Pelicans, estuvo en las quinielas para conseguir el distintivo.

Antes del comienzo de esta temporada, y por la dinámica que seguía la liga en las últimas temporadas, parecía difícil un cambio en esta tendencia. Muchos candidatos han tenido sus momentos a lo largo del año pero, para sorpresa de todos, es el jugador de los Nuggets el único que ha mantenido la regularidad necesaria para convertirse en favorito.

Nikola Jokić no pertenece a la clase de jugadores diseñados con el prototipo de MVP de esta década. Se sale del molde que forman Antetokounmpo, LeBron, Durant o Westbrook. A Jokic casi nunca le ves saltar. Sin embargo, el pívot serbio se ha vuelto imparable, incluso cuando juega a un ritmo apacible. Hay algo en la personalidad de Jokic que confluye también en su estilo de juego: cuentan que cuando Denver Nuggets le drafteó estaba durmiendo y, a pesar de las llamadas de su hermano entre celebraciones y champagne, no alteró su sueño. Imperturbable hasta en el éxito.

En un periodo en el que las oficinas centrales de la liga han comenzado a cavilar opciones para poder lidiar con la amenaza que supone la desaparición del juego interior, Jokic hace ballet dentro del perímetro. Sus defensores solo tienen dos opciones para detenerlo: pueden esperar que falle o pueden doblar su defensa contra él. Algunos ejecutivos piensan que Jokic se ha vuelto tan superior que todos los equipos necesitan un jugador grande en su plantilla capaz de igualarlo al menos en tamaño. Ese sería precisamente el motivo por el que Lakers firman a Andre Drummond para el tramo final.

Esta temporada sus promedios son de 26.2 puntos, con una excelente eficiencia desde cualquier ángulo del ataque, 10.9 rebotes y 8.5 asistencias por partido. Está en la parte superior del ranking de casi cualquier estadística que se te ocurra. Gracias al serbio, los Nuggets siguen luchando por los puestos más altos de la Conferencia Oeste a pesar de la ausencia de Jamal Murray, su gran socio.

Nadie puede ganar el título por sí solo, la unión y contribución del resto de jugadores de la plantilla es esencial. Es por eso que el juego de Nikola cobra tanta importancia: siendo sobresaliente, consigue hacer mejores a sus compañeros. Precisamente ese es el talón de Aquiles al que debe enfrentarse todo MVP, que sus actuaciones desemboquen en el éxito del equipo. Nikola no entra en el molde visual de lo que debe ser un MVP, pero en este aspecto cumple como el que más. Es por eso que está a punto de ganar el premio a mejor jugador del año incluso sin pretenderlo.

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