_Italia

Nicolò Barella y la nueva Italia

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 12-04-2018

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Basta
con plantar la vista exclusivamente sobre él durante un par de partidos para
darse cuenta de que, pese a sus 21 años, Nicolò Barella es uno de esos
escasos futbolistas que entienden, conciben, pergeñan y ejecutan el fútbol a
360 grados de una forma natural, prácticamente innata. La aparición del
chico del Cagliari y de Cagliari surge a la estela de la nueva oleada de
jóvenes centrocampistas italianos en equipos del más alto nivel, representada
por Benassi, Gagliardini, Pellegrini y Locatelli, aunque
con otros nombres propios en un escalón inferior como Cristante o Mandragora.

Un
grupo en el que Barella puede presumir de ser el jugador más compacto de
todos a nivel potencial, por la aleación físico-técnico-táctica de sus
aptitudes y por esa capacidad de entender el juego como un conjunto de una
forma tan fluida y tan completa para su edad. Barella domina y ejecuta ya
varios registros, tales como un excelente control de pelota, dominio del giro
para casi nunca perderla, capacidad de piernas para cubrir amplias porciones de
terreno, un buen sentido de la anticipación y del tackling, un
fantástico pie derecho para el desplazamiento en largo y talento para romper
líneas mediante el pase vertical o la conducción.

Ese
valioso cúmulo de características le permite poder posicionarse y poder ser
protagonista en cualquiera de las posiciones del centro del campo,
ya sea como pivote único o acompañado, como interior zurdo o como interior
diestro. Esta última, la posición en la que parece encajar mejor en estos
primeros compases de su prometedora trayectoria, siendo un jugador que todavía
no se ha adscrito a un rol concreto, ya que en una estructura inestable como es
la actual medular del Cagliari está siendo requerido para ejecutar todas sus
virtudes en todas las demarcaciones -de iniciador a centrocampista enfocado a
pisar área, pasando por un clásico ‘box to box’- en función de la
necesidad puntual.

A
falta de conocer al cien por cien cuál es su perfil específico predilecto,
Nicolò Barella es cada jornada más consciente de su global dominio posicional,
la pide y ordena constantemente y guarda dentro esa pausa tan envidiada para
saber elegir bien siempre -aunque todavía esté por pulir-, especialmente en una
fase intermedia de la maniobra ofensiva. Sin embargo, su ímpetu todavía le
provoca correr más metros de los necesarios y cometer algún que otro exceso
recurrente en conducción, pese a adivinarse en él a un llegador
interesantísimo cuando se sitúa como el interior más avanzado de su equipo,
lo que provoca que no sea del todo constante a la hora de seguir a su marca
cuando le toca correr hacia atrás.

“Barella
tiene resistencia, raza. Es un Dunga con los pies de Rui Costa. Le hace falta
otro año en Cagliari, después estoy convencido que estará preparado para irse a
un grande”
. Así lo definía Massimo Rastelli,
el exentrenador del Cagliari. Barella es una promesa con el aspecto de un
centrocampista maduro. Es un futbolista físicamente muy estable, con un centro
de gravedad muy bajo y un tren inferior potente, lo que le permite, unido a su
técnica, ser tan completo, despegarse fácilmente de marcajes, dar mucho aire y
descongestionar a su equipo tras zafarse de ellos, y ser tan ávido y sagaz para
el quite. Cerebral e intenso. Y todo ello, dentro de un contexto de
dificultades clasificatorias que le permiten mostrar en cada partido un amplio
catálogo de virtudes, exaltar su dinamismo e intensidad por las necesidades
grupales, además de aprender a convivir con el agonismo. Un aprendizaje que le
será mucho más que útil en el futuro más cercano.

Desde
el mítico Gigi Riva, nadie tan joven acudía desde el Cagliari a una
convocatoria de la selección. Es cierto que lo hizo
debido a las bajas que tenía Giampiero Ventura en la parcela ancha de
cara a los dos últimos partidos clasificatorios del fatídico Mundial de Rusia y
que no llegó a debutar, pero no es menos cierto que su citación no ha sido para
nada fruto del azar o de una fútil y mera proyección, sino justificada por el
amplio abanico de su juego y fruto de su buen hacer en un equipo sin grandes
referentes, en el que Barella ya puede ser considerado su absoluto faro y, sin
duda, uno de los tres mejores futbolistas –junto al gran talento cada vez más
continuo de Simone Verdi y al infravalorado y curtido Lucas Castro-
entre los equipos de la parte baja de la clasificación de la Serie A.

Además
de todo ello, lo que más destaca en su fútbol es la personalidad y la velocidad
de ejecución con la que realiza todos sus movimientos.
Motivos sobrados, en su conjunción, para que todos los grandes del Calcio ya se
hayan lanzado a preguntar por la nueva perla italiana. Motivos sobrados, en su
conjunción, para calificar de inexplicable el por qué Luigi Di Biagio,
quien además lo hizo debutar en la sub-21, en la primera citación de la que
tenía y tiene que ser una nueva y regenerada Italia, no contó con Barella. Por
suerte, el futuro para demostrar que tiene que ser uno de los grandes
protagonistas de la reconstrucción de la Nazionale es suyo. Y todo apunta a que
lo será.

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Basta
con plantar la vista exclusivamente sobre él durante un par de partidos para
darse cuenta de que, pese a sus 21 años, Nicolò Barella es uno de esos
escasos futbolistas que entienden, conciben, pergeñan y ejecutan el fútbol a
360 grados de una forma natural, prácticamente innata. La aparición del
chico del Cagliari y de Cagliari surge a la estela de la nueva oleada de
jóvenes centrocampistas italianos en equipos del más alto nivel, representada
por Benassi, Gagliardini, Pellegrini y Locatelli, aunque
con otros nombres propios en un escalón inferior como Cristante o Mandragora.

Un
grupo en el que Barella puede presumir de ser el jugador más compacto de
todos a nivel potencial, por la aleación físico-técnico-táctica de sus
aptitudes y por esa capacidad de entender el juego como un conjunto de una
forma tan fluida y tan completa para su edad. Barella domina y ejecuta ya
varios registros, tales como un excelente control de pelota, dominio del giro
para casi nunca perderla, capacidad de piernas para cubrir amplias porciones de
terreno, un buen sentido de la anticipación y del tackling, un
fantástico pie derecho para el desplazamiento en largo y talento para romper
líneas mediante el pase vertical o la conducción.

Ese
valioso cúmulo de características le permite poder posicionarse y poder ser
protagonista en cualquiera de las posiciones del centro del campo,
ya sea como pivote único o acompañado, como interior zurdo o como interior
diestro. Esta última, la posición en la que parece encajar mejor en estos
primeros compases de su prometedora trayectoria, siendo un jugador que todavía
no se ha adscrito a un rol concreto, ya que en una estructura inestable como es
la actual medular del Cagliari está siendo requerido para ejecutar todas sus
virtudes en todas las demarcaciones -de iniciador a centrocampista enfocado a
pisar área, pasando por un clásico ‘box to box’- en función de la
necesidad puntual.

A
falta de conocer al cien por cien cuál es su perfil específico predilecto,
Nicolò Barella es cada jornada más consciente de su global dominio posicional,
la pide y ordena constantemente y guarda dentro esa pausa tan envidiada para
saber elegir bien siempre -aunque todavía esté por pulir-, especialmente en una
fase intermedia de la maniobra ofensiva. Sin embargo, su ímpetu todavía le
provoca correr más metros de los necesarios y cometer algún que otro exceso
recurrente en conducción, pese a adivinarse en él a un llegador
interesantísimo cuando se sitúa como el interior más avanzado de su equipo,
lo que provoca que no sea del todo constante a la hora de seguir a su marca
cuando le toca correr hacia atrás.

“Barella
tiene resistencia, raza. Es un Dunga con los pies de Rui Costa. Le hace falta
otro año en Cagliari, después estoy convencido que estará preparado para irse a
un grande”
. Así lo definía Massimo Rastelli,
el exentrenador del Cagliari. Barella es una promesa con el aspecto de un
centrocampista maduro. Es un futbolista físicamente muy estable, con un centro
de gravedad muy bajo y un tren inferior potente, lo que le permite, unido a su
técnica, ser tan completo, despegarse fácilmente de marcajes, dar mucho aire y
descongestionar a su equipo tras zafarse de ellos, y ser tan ávido y sagaz para
el quite. Cerebral e intenso. Y todo ello, dentro de un contexto de
dificultades clasificatorias que le permiten mostrar en cada partido un amplio
catálogo de virtudes, exaltar su dinamismo e intensidad por las necesidades
grupales, además de aprender a convivir con el agonismo. Un aprendizaje que le
será mucho más que útil en el futuro más cercano.

Desde
el mítico Gigi Riva, nadie tan joven acudía desde el Cagliari a una
convocatoria de la selección. Es cierto que lo hizo
debido a las bajas que tenía Giampiero Ventura en la parcela ancha de
cara a los dos últimos partidos clasificatorios del fatídico Mundial de Rusia y
que no llegó a debutar, pero no es menos cierto que su citación no ha sido para
nada fruto del azar o de una fútil y mera proyección, sino justificada por el
amplio abanico de su juego y fruto de su buen hacer en un equipo sin grandes
referentes, en el que Barella ya puede ser considerado su absoluto faro y, sin
duda, uno de los tres mejores futbolistas –junto al gran talento cada vez más
continuo de Simone Verdi y al infravalorado y curtido Lucas Castro-
entre los equipos de la parte baja de la clasificación de la Serie A.

Además
de todo ello, lo que más destaca en su fútbol es la personalidad y la velocidad
de ejecución con la que realiza todos sus movimientos.
Motivos sobrados, en su conjunción, para que todos los grandes del Calcio ya se
hayan lanzado a preguntar por la nueva perla italiana. Motivos sobrados, en su
conjunción, para calificar de inexplicable el por qué Luigi Di Biagio,
quien además lo hizo debutar en la sub-21, en la primera citación de la que
tenía y tiene que ser una nueva y regenerada Italia, no contó con Barella. Por
suerte, el futuro para demostrar que tiene que ser uno de los grandes
protagonistas de la reconstrucción de la Nazionale es suyo. Y todo apunta a que
lo será.

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Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96
21-01-2022