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Necesidades

Edu Rodríguez @EduRodri1996 17-05-2018

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El Barcelona se ha acostumbrado a
llegar a verano con un sabor agridulce. Con títulos bajo el brazo, sí, pero
también la sensación de tener que renovarse. Otra vez. Desde 2014, el club no
termina de dar con la tecla, de confeccionar una plantilla que complete la
temporada con buenas sensaciones. En este contexto, la pregunta es siempre la
misma: ¿Qué le falta al equipo?

Para hablar de necesidades,
primero hay que saber y entender qué quiere uno ser. El mejor Barcelona ha sido
aquel que se ha hecho protagonista con el balón en los pies. Con el juego de
toque como guion y no como alternativa. El contragolpe/juego vertiginoso está
bien, pero siempre como recurso a emplear dependiendo del rival. No obstante,
la sensación es que la directiva no sabe qué quiere y así es difícil acertar en
el mercado.

Prueba evidente de que se van
dando tumbos en busca de que la respuesta llegue sola son los fichajes que
suenan y los que acaban concretándose. Interesarse por Verratti o Seri y acabar
fichando a Paulinho, por ejemplo. O la supuesta confianza en la cantera y
fichar a 34 jugadores para el B en tres temporadas. ¿Coherencia? La directiva
parece no saber lo que quiere ni cómo.

La plantilla del Barcelona actual
es buena. Muy buena. Pero podría ser aún mejor. Tanto defensa como centro del
campo necesitan retoques que hagan crecer la competencia y eleven, como
consecuencia, el nivel del equipo y las variantes. En ataque, el fichaje de
Griezmann, la adaptación de Coutinho y la explosión de Dembele deberían subsanar
la falta de desborde/individualidades, que tanto se echa en falta sin Neymar en
partidos cerrados.

Solucionado lo ‘sencillo’, llega
lo complicado. En condiciones normales, a Valverde no le vendría mal un
suplente de Piqué, alguien que le compita el puesto a Umtiti, otro a Alba y un
centrocampista organizador. Abarcar todo, pero, se antoja imposible vista la
economía del club. De todos ellos, pinta por tanto que llegará un central, un
centrocampista (¿Más allá de Arthur?) y Aleña.

Para afrontar todas las
operaciones, el club primero deberá aligerar la plantilla. Como ya comentamos,
salvo sorpresa, Douglas, Samper, Rafinha, André, Aleix, Deulofeu, Munir y
Alcácer saldrán seguro, con la incógnita de Yerry Mina. Lo más probable es que
salga cedido en cuanto llegue Arthur, que apunta a invierno. Del resto de
dudas: Vermaelen, dado su buen rendimiento, apunta a seguir una temporada más;
Digne seguirá salvo que la economía permita a última hora el refuerzo de algún
jugador que ponga en aprietos a Alba – quizá es pronto para Miranda con sus 18
años; Denis ha dejado buenas sensaciones en el tramo final de temporada, está
convencido de querer triunfar en Barcelona y parece complicado que salga, y
Dembélé cuenta con la confianza de Valverde más el aval de la edad.

Dicho esto, luego la realidad puede ser una
completamente distinta. Una cosa es lo que se necesita –lo conveniente– y otra
muy diferente el desenlace final. Por ejemplo, no habría que descartar la venta
de algún pez gordo. El club tiene un estadio que construir, una masa salarial
que rebajar y un mercado inflacionista. Y está claro que, con esta directiva,
todo puede pasar. Por enésima vez, se viene un verano movidito en Can Barça. 

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El Barcelona se ha acostumbrado a
llegar a verano con un sabor agridulce. Con títulos bajo el brazo, sí, pero
también la sensación de tener que renovarse. Otra vez. Desde 2014, el club no
termina de dar con la tecla, de confeccionar una plantilla que complete la
temporada con buenas sensaciones. En este contexto, la pregunta es siempre la
misma: ¿Qué le falta al equipo?

Para hablar de necesidades,
primero hay que saber y entender qué quiere uno ser. El mejor Barcelona ha sido
aquel que se ha hecho protagonista con el balón en los pies. Con el juego de
toque como guion y no como alternativa. El contragolpe/juego vertiginoso está
bien, pero siempre como recurso a emplear dependiendo del rival. No obstante,
la sensación es que la directiva no sabe qué quiere y así es difícil acertar en
el mercado.

Prueba evidente de que se van
dando tumbos en busca de que la respuesta llegue sola son los fichajes que
suenan y los que acaban concretándose. Interesarse por Verratti o Seri y acabar
fichando a Paulinho, por ejemplo. O la supuesta confianza en la cantera y
fichar a 34 jugadores para el B en tres temporadas. ¿Coherencia? La directiva
parece no saber lo que quiere ni cómo.

La plantilla del Barcelona actual
es buena. Muy buena. Pero podría ser aún mejor. Tanto defensa como centro del
campo necesitan retoques que hagan crecer la competencia y eleven, como
consecuencia, el nivel del equipo y las variantes. En ataque, el fichaje de
Griezmann, la adaptación de Coutinho y la explosión de Dembele deberían subsanar
la falta de desborde/individualidades, que tanto se echa en falta sin Neymar en
partidos cerrados.

Solucionado lo ‘sencillo’, llega
lo complicado. En condiciones normales, a Valverde no le vendría mal un
suplente de Piqué, alguien que le compita el puesto a Umtiti, otro a Alba y un
centrocampista organizador. Abarcar todo, pero, se antoja imposible vista la
economía del club. De todos ellos, pinta por tanto que llegará un central, un
centrocampista (¿Más allá de Arthur?) y Aleña.

Para afrontar todas las
operaciones, el club primero deberá aligerar la plantilla. Como ya comentamos,
salvo sorpresa, Douglas, Samper, Rafinha, André, Aleix, Deulofeu, Munir y
Alcácer saldrán seguro, con la incógnita de Yerry Mina. Lo más probable es que
salga cedido en cuanto llegue Arthur, que apunta a invierno. Del resto de
dudas: Vermaelen, dado su buen rendimiento, apunta a seguir una temporada más;
Digne seguirá salvo que la economía permita a última hora el refuerzo de algún
jugador que ponga en aprietos a Alba – quizá es pronto para Miranda con sus 18
años; Denis ha dejado buenas sensaciones en el tramo final de temporada, está
convencido de querer triunfar en Barcelona y parece complicado que salga, y
Dembélé cuenta con la confianza de Valverde más el aval de la edad.

Dicho esto, luego la realidad puede ser una
completamente distinta. Una cosa es lo que se necesita –lo conveniente– y otra
muy diferente el desenlace final. Por ejemplo, no habría que descartar la venta
de algún pez gordo. El club tiene un estadio que construir, una masa salarial
que rebajar y un mercado inflacionista. Y está claro que, con esta directiva,
todo puede pasar. Por enésima vez, se viene un verano movidito en Can Barça. 

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