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Rafa Nadal: El príncipe ya es rey

Rafa Nadal ha vuelto a ganar un torneo de tenis. Puede parecer extraño, pero pese a que se le ha estado viendo con asiduidad en las rondas finales de los torneos que ha disputado en este 2017, no había conseguido levantar el título de campeón en ninguno de ellos.  No por su nivel, sino más bien, por el nivel de un suizo de 35 años que sigue deleitando y sorprendiendo a todos los aficionados de este deporte, Nadal no conseguía volver a levantar lo que a un animal competitivo como él le alimenta, los títulos. Pero hoy no es día hablar de Roger, hoy toca hablar de Rafa.

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Parece claro que Nadal ha sido el tenista dominador sobre la tierra batida en la última década (y lo que le puede quedar). A pesar de ello, los datos y estadísticas, dichosas ellas, decían que pese a que su hegemonía ha sido tiránica en los últimos lustros Nadal seguía sin ser el mejor jugador que se ha visto sobre una pista de tierra batida. Esto se debía en gran medida a que hace ya más de 40 años hubo un argentino al que no se le daba mal esto del tenis. Su nombre era Guillermo Vilas, y logró, nada más y nada menos que salir victorioso en 49 torneos de tierra batida, exactamente las mismas que tenía Rafa en el inicio de esta nueva gira de tierra batida de 2107. Hasta hace no muchos años se le consideraba el monarca de la tierra batida, el mejor de todos los tiempos sobre esta superficie. Pero las estadísticas están para romperse. Y Rafa las ha roto.

Rafa Nadal ha conseguido este domingo 23 de abril de 2017 su décimo trofeo del Masters 1000 de Montecarlo, ¡¡el décimo!! Una barbaridad. Una hazaña a la altura de lo que es su figura. Y es que hasta ahora nadie había conseguido ganar en 10 ediciones distintas un mismo Masters 1000. Ni 10, ni 9, ni siquiera 8. Y es precisamente en el torneo en el cual nadie consigue hacerle sombra, en el que ha superado esa legendaria cifra de 49 victorias en tierra.

Pero es que con Rafa Nadal hablar de hazañas históricas parece algo cotidiano. Y lo es. Pero no por ello hay que pasar de largo ninguna de ellas. Y la que ha logrado hoy en el principado hace que Rafa, por un lado, mantenga su puesto de príncipe adoptivo de los monegascos al ganar por décima vez el torneo que ellos organizan, y por otro, se corone como el rey de la arcilla.

Y es que en el principado de Mónaco hoy, con permiso del Príncipe Alberto, su “otro príncipe” se convirtió en rey.

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