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Muguruza y los fantasmas de la continuidad

David Sánchez @dasanchez__ 02-10-2018

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“Ahora tengo que partir de cero y sin demasiadas
expectativas. […] Cuando has ganado a lo grande y tienes grandes metas, siempre
es difícil no conseguirlas cuando trabajas duro. No lo puedes tener todo el
tiempo. Sé que es un proceso. No puedes estar constantemente ahí”, decía
Garbiñe Muguruza a su llegada al torneo asiático de Wuhan antes de despedirse,
ante Katerina Siniakova, una jugadora de la fase previa, en la tercera ronda.
Un nuevo revés para la hispanovenezolana en un 2018 donde navega a la deriva y
sin aparente rumbo concreto debido a las dolencias en su brazo derecho que, si
bien no son excusa, sí que es cierto han lastrado, con mayor ahínco, el último tramo
de su particular temporada.

Muguruza se encuentra lejos del tenis que la llevó a
encumbrarse, allá por mediados de julio del año pasado, sobre el césped del All
England Club. Este año, por primera vez en tres temporadas, se quedó sin un
Grand Slam después de encajar otra derrota prematura en la segunda ronda del US
Open. Fue su caída más dramática en un Grande
contra la 202ª jugadora del mundo, la joven Karolina Muchova. Garbiñe se disipa
entre lesiones, ausencias y eliminaciones tempranas.

De ella se esperaba un paso al frente este año después de
haber conquistado dos plazas importantes como lo fueron Roland Garros 2016 y
Wimbledon 2017. Sin embargo, Garbiñe, por el momento, solo tiene en su haber en
título en el torneo WTA de Monterrey. Sin duda, el momento de la ex número uno
mundial es delicado. Sin continuidad, fuera del top ten y sin una racha ganadora que le aporte confianza, la doble
campeona de Grand Slam sigue arrastrando la intermitencia como el peor de los
males en una carrera deportiva que, si no es mala, podría ser mucho más
prolífica.

El curso actual presenta muchos altibajos en sus
registros. En enero comenzó desde el segundo escalafón mundial y ahora se
encuentra fuera de las diez primeras espadas y con muy pocas opciones de poder
disputar la Copa de Maestras de Singapur, una cita que se perdería por primera
vez en tres años.

En Australia fue la china Su-Wei Hsieh (88 del mundo)
quien la sacó en la segunda ronda. En París, firmó su mejor resultado en un major este año alcanzando las semifinales
antes de que una gran Simona Halep la apartara de la lucha por el título. Sin
embargo, en Londres, también cedió en la segunda ronda anta la belga Alison Van
Uytvanck y, en Flushing Meadows, fue Muchova, también en la segunda estación,
quien se interpuso en su camino encajando su derrota más severa.

“Es un momento triste”, decía tras caer en la ciudad de
los rascacielos. “Nunca había jugado tan pocos partidos en verano”. Cierto es
que llegó a Nueva York con los dos choques de Wimbledon y solo uno jugado en
Cincinnati (sucumbió ante Lesia Tsurenko) después de perderse Montreal y San José
por una dolencia en el brazo.

Estrenó la gira asiática, en Tokio, con una convincente
victoria ante la suiza Belinda Bencic (6-2 6-4) pero volvió a ser un espejismo.
En segunda ronda, Alison Riske, de nuevo, la frenaba (6-1 6-2). Ahora, Wuhan
también se suma a la lista. Veremos qué sucede en la capital china (Pekín),
último WTA Premier Mandatory del año, pero lo que está claro es que el 2018 de
Garbiñe Muguruza requiere, como mínimo, de una buena reflexión.

Aunque la continuidad nunca ha sido su mejor sello, la
caraqueña tiene que volver a encontrar la sintonía y la confianza ciega en sí
misma que, en otras ocasiones, le ha llevado a acaparar portadas por su buen
hacer. Es capaz. Lo ha demostrado. Solo le falta creérselo.

Su potencial, con 24 años, sigue la estela de otras
tantas jugadoras que, con la misma edad, aún no habían llamado a la puerta de
un Grande. Ella, a diferencia del
resto, sí lo ha hecho y eso debe ser acicate suficiente como para no perder la
compostura y revalorizar a una jugadora con el futuro aún por construir. 

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“Ahora tengo que partir de cero y sin demasiadas
expectativas. […] Cuando has ganado a lo grande y tienes grandes metas, siempre
es difícil no conseguirlas cuando trabajas duro. No lo puedes tener todo el
tiempo. Sé que es un proceso. No puedes estar constantemente ahí”, decía
Garbiñe Muguruza a su llegada al torneo asiático de Wuhan antes de despedirse,
ante Katerina Siniakova, una jugadora de la fase previa, en la tercera ronda.
Un nuevo revés para la hispanovenezolana en un 2018 donde navega a la deriva y
sin aparente rumbo concreto debido a las dolencias en su brazo derecho que, si
bien no son excusa, sí que es cierto han lastrado, con mayor ahínco, el último tramo
de su particular temporada.

Muguruza se encuentra lejos del tenis que la llevó a
encumbrarse, allá por mediados de julio del año pasado, sobre el césped del All
England Club. Este año, por primera vez en tres temporadas, se quedó sin un
Grand Slam después de encajar otra derrota prematura en la segunda ronda del US
Open. Fue su caída más dramática en un Grande
contra la 202ª jugadora del mundo, la joven Karolina Muchova. Garbiñe se disipa
entre lesiones, ausencias y eliminaciones tempranas.

De ella se esperaba un paso al frente este año después de
haber conquistado dos plazas importantes como lo fueron Roland Garros 2016 y
Wimbledon 2017. Sin embargo, Garbiñe, por el momento, solo tiene en su haber en
título en el torneo WTA de Monterrey. Sin duda, el momento de la ex número uno
mundial es delicado. Sin continuidad, fuera del top ten y sin una racha ganadora que le aporte confianza, la doble
campeona de Grand Slam sigue arrastrando la intermitencia como el peor de los
males en una carrera deportiva que, si no es mala, podría ser mucho más
prolífica.

El curso actual presenta muchos altibajos en sus
registros. En enero comenzó desde el segundo escalafón mundial y ahora se
encuentra fuera de las diez primeras espadas y con muy pocas opciones de poder
disputar la Copa de Maestras de Singapur, una cita que se perdería por primera
vez en tres años.

En Australia fue la china Su-Wei Hsieh (88 del mundo)
quien la sacó en la segunda ronda. En París, firmó su mejor resultado en un major este año alcanzando las semifinales
antes de que una gran Simona Halep la apartara de la lucha por el título. Sin
embargo, en Londres, también cedió en la segunda ronda anta la belga Alison Van
Uytvanck y, en Flushing Meadows, fue Muchova, también en la segunda estación,
quien se interpuso en su camino encajando su derrota más severa.

“Es un momento triste”, decía tras caer en la ciudad de
los rascacielos. “Nunca había jugado tan pocos partidos en verano”. Cierto es
que llegó a Nueva York con los dos choques de Wimbledon y solo uno jugado en
Cincinnati (sucumbió ante Lesia Tsurenko) después de perderse Montreal y San José
por una dolencia en el brazo.

Estrenó la gira asiática, en Tokio, con una convincente
victoria ante la suiza Belinda Bencic (6-2 6-4) pero volvió a ser un espejismo.
En segunda ronda, Alison Riske, de nuevo, la frenaba (6-1 6-2). Ahora, Wuhan
también se suma a la lista. Veremos qué sucede en la capital china (Pekín),
último WTA Premier Mandatory del año, pero lo que está claro es que el 2018 de
Garbiñe Muguruza requiere, como mínimo, de una buena reflexión.

Aunque la continuidad nunca ha sido su mejor sello, la
caraqueña tiene que volver a encontrar la sintonía y la confianza ciega en sí
misma que, en otras ocasiones, le ha llevado a acaparar portadas por su buen
hacer. Es capaz. Lo ha demostrado. Solo le falta creérselo.

Su potencial, con 24 años, sigue la estela de otras
tantas jugadoras que, con la misma edad, aún no habían llamado a la puerta de
un Grande. Ella, a diferencia del
resto, sí lo ha hecho y eso debe ser acicate suficiente como para no perder la
compostura y revalorizar a una jugadora con el futuro aún por construir. 

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